El Brigadier

Diego del Barco de la Cendeja

en la Guerra de la Independencia

(La Coruña 1780 – Laredo 1814)

 

FAMILIA Y JUVENTUD

“Una de las mayores infelicidades que puede haber en los hechos de los hombres es faltarles historiadores que, con sus diligentes y católicas plumas, den vida, conserven y guarden todo cuanto la continuación de los siglos y flaca memoria de los hombres consume y deshace; y así, a favor de aquesta verdad, muchos notables varones confieren diciendo que recibió más daño el Pueblo Romano, en perder lo mucho que de las historias de Tito Livio, su Cronista, nos falta, que en la declinación y ruina de su Imperio y Monarquía, que fue la mayor del Mundo”

 

Historia de la Nueva Méjico

Capitán Gaspar de Villagrá, Alcalá de Henares 1610

Diego del Barco de la Zendeja.

Un Brigadier coruñés de lo Reales Ejércitos de España durante la Guerra de la Independencia.

   En el Archivo General Militar de Segovia, 1ª Sección, Legajo B – 709, se conserva la Hoja de Servicios de un oficial español de artillería, natural de La Coruña, que con 28 años asistió a la primera gran batalla de la Guerra de la Independencia, Medina de Rioseco, el 14 de julio de 1808. En ella estuvo al mando de una de las cuatro baterías de artillería que el Ejército de Galicia desplegó en aquella batalla.

   Diego era hijo de don Pedro del Barco, Teniente retirado de la Real Armada, con 47 años de servicio en los Correos Marítimos, y de doña Manuela de la Zendeja. El matrimonio, asentado en La Coruña, tuvo 7 hijos, de ellos cuatro varones, todos militares y artilleros: Diego (nacido en 1780), Pedro (1784), Agustín  (1786) y José (1790). Las hermanas se llamaron Florentina, María Manuela y Josefa. Las dos primeras se casaron también con dos militares: Martín González de Menchaca que llegó al grado de Teniente General de Infantería, y la segunda con otro oficial de artillería, Mateo Hernández y Urcullu.

   El padre, Pedro del Barco, fue a lo largo de toda su vida un hombre emprendedor. Hidalgo pobre hubo de buscarse un medio de vida en la Marina Mercante. En ella escaló todos los puestos en el servicio de los Correos Marítimos desde la categoría de marinero, en la que comenzó su singladura con 20 años de edad en 1767, hasta la de piloto y, por último, la de Capitán Primero. Al final de su vida profesional y al ser militarizados los Correos Marítimos, fue asimilado a la graduación de teniente de Fragata.

   En su carrera llevó a cabo más de medio centenar de travesías oceánicas entre la Península y las colonias de América. Anciano y enfermo, se retiraría en 1802 pasando a la Comandancia de Marina de La Coruña, como 2º al mando. Uno de sus más ardientes deseos fue el de dar carrera a sus hijos, logrando el que fuesen admitidos en el elitista Colegio Militar de Artillería de Segovia en el que se formaban los oficiales del Real Cuerpo de Artillería.

   Sus estrecheces económicas y la necesidad de conseguir apoyos y recomendaciones para sus hijos llevaron a Pedro del Barco a aceptar la vuelta momentánea al servicio activo al ponerse al mando de la Corbeta “María Pita“ que llevó las primeras muestras de la vacuna de la Viruela a la América colonial española de la mano del médico de Cámara del Rey, el alicantino don Francisco Javier Balmis y Berenguer. La expedición partió de La Coruña el 30 de noviembre de 1803.

   Un deseo expresado por el padre, en varias ocasiones, fue el de ver a sus cuatro hijos como oficiales del 4º Regimiento de Artillería, el cual tenía su guarnición en la propia ciudad de La Coruña. Así lo recoge una carta dirigida por el mismo al Secretario de Guerra don José de Urrutia:

“ Excmo. Sr.

   Doy a V.E. muchas gracias por la colocación de mi hijo José María en el Colegio de Segovia, y haber dejado en este regimiento a Diego; y espero en la bondad de Vuestra Excelencia que cuando salgan a oficiales los otros dos hijos que tengo en el Colegio de Segovia los destinará a este mismo regimiento para poder reunirlos todos en él.

   Con la reunión de Correos Marítimos a la Real Armada he pasado a Teniente de Fragata y me han destinado de segundo Comandante Militar de Marina en este Puerto, en cuyo destino y en todos podrá V.E. mandarme seguro de mi obediencia y que pediré a Dios conserve la importante vida de V.E. muchos años.

   Coruña, 1 de Septiembre de 1802.

    Beso la mano de V.E. su más atento y seguro servidor.

( rubricado ) Pedro del Barco.

  

Diego del Barco, el hijo primogénito, nació en La Coruña ( como todos sus hermanos ) el 12 de noviembre de 1779, siendo bautizado al día siguiente en la Parroquia de San Jorge.

    Tras pasar su niñez en La Coruña, el joven Diego ingresó en el Real Colegio de Artillería de Segovia como Cadete el 30 de marzo de 1796 ( Promoción 31, nº 8 ). Tres años después ya era Subteniente del Cuerpo. En abril de 1808, un mes antes de comenzar la Guerra de Independencia, fue ascendido al grado de Capitán, participando en la invasión de Portugal.

   Durante la guerra su carrera, merced a su valor y capacidades, fue vertiginosa. Ascendido a Coronel en octubre de 1810. En junio de 1811 ya era Brigadier de Infantería, y dentro de la escala del Cuerpo de Artillería, en la que los ascensos eran por rigurosa antigüedad, alcanza el grado de Teniente Coronel. Su Hoja de Servicios es un impresionante rosario de casi una veintena de batallas, sitios y acciones campales en las que este joven oficial coruñés recorrió toda la geografía peninsular hasta morir con gloria en la última batalla de la Guerra de la Independencia. 

    Como decíamos anteriormente, Diego, comenzó la guerra en las batalla de Medina de Rioseco. En la misma y aunque las Hojas de Servicio de los oficiales del Real Cuerpo de Artillería son muy escuetas y se suelen limitar a mencionar las acciones y batallas en las que estuvieron presentes, sin descender ( para desgracia del historiador ) a detalles de actuaciones personales, tenemos muy fundadas razones para pensar que Diego del Barco estuvo al mando de la batería de Artillería a Caballo, adscrita al Cuartel General del Comandante en Jefe don  Joaquín Blake, y que en la batalla desplegó con la 4ª División del Mariscal de Campo marqués de Portago.

      Ello es así porque durante el resto de la guerra estuvo siempre destinado al frente de la Brigada Maniobrera de Artillería del los Ejércitos de Galicia, Izquierda, 5º y 4º Ejércitos de operaciones; primero como Capitán de una de las Compañías de Artillería a Caballo del Ejército del Marqués de La Romana, y luego como Comandante de Escuadrón del mismo Cuerpo.

    Otras batallas que forman parte de la historia de la Guerra de la Independencia en las que Diego participó fueron las de Zornoza, Durango Gueñes, Balmaseda y Espinosa de los Monteros en 1808.

    Durante 1809 combate con las fuerzas gallegas de la División Miño en la legendaria y victoriosa acción del Puente de San Payo en la que conseguiría el grado de Teniente Coronel y una medalla de distinción.

   Asistió también a la Sorpresa de Benavente y ataque sobre la Plaza de Zamora en septiembre y octubre de 1809. también asistió a las batallas de Medina del Campo y a la sangrienta derrota de Alba de Tormes en la fue herido y cogido prisionero. Merced a los esfuerzos del comerciante francés, naturalizado español, Juan Francisco Barrié, consiguió fugarse semanas después, reincorporándose al 4º Regimiento en la Coruña el 3 de febrero de 1810.

    Entretanto sus hermanos y también oficiales de artillería, libraron sus propias penalidades y batallas: Agustín (Promoción 37, nº 8), siendo teniente del cuerpo, cayó prisionero de los franceses en enero de 1809 en El Ferrol; al negarse a prestar juramento a José Bonaparte fue confinado en Francia. Allí permanecería hasta conseguir su fuga en octubre de 1812. Vuelto a España sirve en el 3º Ejército Español en Andalucía. Fue el único de los cuatro hermanos que no murió en acción de guerra, haciéndolo, ya con 66 años en Sevilla en noviembre de 1856 con la graduación de Mariscal de Campo.

    El hermano pequeño, José (Promoción 38 de artillería, nº 12) fue el primero de todos en abandonarles. Murió en combate el 28 de mayo de 1811 como teniente de artillería en el sitio y toma de Tarragona por las tropas imperiales. Tenía 21 años de edad.

    El segundo de los hermanos, Pedro (Promoción 35, nº 12), conseguiría sobrevivir a la guerra, habiendo alcanzado la graduación de Sargento Mayor y 2º Teniente Coronel. De ideas liberales, sería un ferviente defensor de la Constitución. Al igual que su hermano mayor Diego, y el pequeño, José, dio también fin a sus días en acción de guerra. En una muerte digna de artillero y patriota, una bala de cañón absolutista francesa le llevó la cabeza cuando defendía la Plaza de La Coruña ante el ejército absolutista de los Cien Mil Hijos de San Luis. Era el 6 de agosto de 1823; tenía 39 años.

Excmo. Sr.

    El Excmo. Sr. Subinspector del 4º Departamento; Coruña, con fecha 10 del actual me participa que en el día 6 del mes próximo pasado falleció el Teniente Coronel del Real Cuerpo de Artillería Don Pedro de Barco, de una bala de cañón que, hallándose en una de las baterías que formaban la 1ª línea, le llevó la cabeza, lo que manifiesto a V.E. por si tiene a bien elevarlo al conocimiento de S.A.S. la Regencia del Reyno.

   Dios Guarde a V.E. Ms. As.

   Madrid 16 de septiembre de 1823.

   Excmo Sr. ( rubricado ) Hore Sanjuán.

   ( dirigido a ) Excmo. Sr. Secretario del Estado y Despacho de la Guerra “.

    Efectivamente La Coruña, de fuerte tradición liberal, fue de las últimas ciudades de España que resistió a los ejércitos absolutistas de Fernando VII. Tras un cruento asedio que duró desde el 16 de julio hasta el 21 de agosto de 1823, y que causó la destrucción de numerosas viviendas y fábricas por el intenso bombardeo francés, la Coruña hubo de capitular.

   Volviendo al hermano mayor, Diego del Barco, tras su fuga y de regreso a Galicia es destinado al Ejército de la Izquierda que opera en Extremadura y Andalucía. En él, y como Comandante de artillería del 4º Escuadrón a Caballo, participa en las acciones de Canta el Gallo y Fuente Cantos en agosto y septiembre de 1810. Pasa después a Cádiz y desde allí marcha con el Cuerpo Expedicionario del general don Joaquín Blake a Levante. Allí combate en la famosa batalla de Sagunto el 25 de octubre de 1811, al mando de la artillería de la división del mariscal Lardizábal. Tras la derrota vuelve a caer preso con todos los restos del ejército de Blake en la capitulación de Valencia de enero de 1812. Al igual que tras Alba de Tormes, consigue fugarse y regresar a Cádiz.

   Desde allí, regresa destinado a Galicia, dentro del 6º Ejército Español y a las órdenes de los generales Javier Castaños y José María de Santocildes. En el verano de 1812 es el comandante de la artillería española en el sitio y reconquista de Astorga a los franceses.

  Tras la caída de Astorga, Diego del Barco fue comisionado para conducir a Betanzos 24 piezas de artillería tomadas a los franceses en los Arapiles y la Plaza de Astorga, habilitando seis para formar una batería para una nueva División de Infantería. Llegado a Villafranca del Bierzo con la misma fue reclamada su presencia en el Estado Mayor del 6º Ejército, en Burgos. Llegado a a Vivar del Cid, Castaños le daría el mando, el 24 de septiembre, de una Brigada de Infantería, la 2ª de la 1ª División del 6º Ejército. Con la misma se retiraría, tras el fracaso de Wellington en la toma del castillo de Burgos, junto con todo el Ejército aliado, hacia Portugal.

  En la primavera de 1813, el 5º, 6º y 7º Ejércitos serían refundidos por el Estado Mayor General español en un solo Ejército, el 4º. Dentro del mismo, Diego del barco fue asignado para el mando de la 1ª brigada de la 3ª División al mando del mariscal de campo Francisco Javier de Losada Pardo Pol y Figuerora, Conde de Maceda y de San Román. Con la misma participaría en la última ofensiva en la que, junto a las tropas aliadas británicas y portuguesas al mando de Wellington, arrojaría finalmente de España a las tropas imperiales poniendo fin a la guerra.

    Tras la batalla de San Marcial del 31 de agosto de 1813, Diego fue puesto al mando de toda la 3ª División del 4º Ejército, sustituyendo al general Losada que había sido herido en la misma. Al frente de dicha gran unidad encabezó el paso del río Bidasoa el 7 de octubre de 1813, pisando suelo francés.

   No llegó a ver acabada la guerra. A fines de 1813 el brigadier Diego del Barco, al frente de su veterana  1ª Brigada, fue enviado a las operaciones de bloqueo sobre Santoña y Laredo, poniéndose al mando de 9.000 soldados españoles que, agrupados en tres brigadas de infantería, trataban, desde hacía meses, de tomar la fortificada plaza cantábrica del Peñón de Santoña. El enclave era ambicionado por franceses y británicos, y se corría el peligro de que en las negociaciones de paz, la Plaza se perdiera para España, dando lugar así a un nuevo “Gibraltar “ en el Cantábrico.

    Fue por ello que el brigadier Diego, a pesar de que carecía de las fuerzas necesarias en artillería e ingenieros como para tomar a viva fuerza ambas fortalezas, llevó a sus tropas a una sangrienta ofensiva a fin de conseguir recobrarlas para España antes de que se hiciera la paz.

   Para dar ejemplo a sus tropas, se puso a caballo al frente de las mismas en el ataque nocturno que en la noche del 21 de febrero de 1814 realizó su infantería sobre los fuertes de la Rochelle y la Soledad, en la colina del Rastrillar que domina Laredo. Al poco de iniciado el sangriento ataque, un casco de granada le hirió de gravedad en una pierna. Le sustituyó su segundo, el coronel, y también coruñés, Juan José San Llorente. Evacuado a la cercana villa de Colindres, para consternación de todos, y como solía pasar en la época, la herida se gangrenó.

    Al igual que su hermano José, Diego moriría finalmente de resultas de una acción de combate, junto al mar que le había visto nacer, y, lo que es más triste, cuando la guerra ya estaba prácticamente acabada. A los cinco días de haber sido herido, el 26 de febrero de 1814, el brigadier Diego del Barco dio fin a su joven e insigne vida.

   Ese mismo día, el coronel San Llorente comunicaba a sus superiores tanto la toma de Laredo y de los fuertes exteriores de Santoña a las tropas imperiales como la muerte del joven héroe:

 “ Con indecible alegría participaría a V.E. estos felices resultados, si no tuviese el debido sentimiento a la desgracia del Brigadier D. Diego del Barco, cuyo valor y conocimientos le han acarreado el aprecio general de todo este ejército…Mañana se dará sepultura con todos sus fúnebres honores al virtuoso español y acreditado militar el Brigadier Barco, que en estos momentos acaba de morir de sus heridas, a quien acompañarán más allá del sepulcro el sentimiento y amor de cuantos le obedecían.

   El Todopoderoso conserve la vida de V.E. dilatados años. Cuartel General de Laredo, 26 de Febrero de 1814. Excmo. Sr., de V.E. con el mayor respeto. ( rubricado ) Juan José San Llorente. ( dirigido a ) Excmo. Sr. Don Manuel Freyre. “

   Los mismos generales Wellington y Manuel Freyre ( Generalísimo el primero de todas las fuerza aliadas españolas, portuguesas y británicas , y Comandante en Jefe del 4º Ejército español el segundo ), dirigieron al Gobierno español de la Regencia la siguiente misiva:

“ El Señor Duque de Ciudad Rodrigo y el General en Gefe del 4º Exercito Don Manuel Freyre en sus partes dados en 8 de marzo ultimo con motivo de la toma  de Laredo y de sus fuertes, hicieron el mas alto elogio del mérito y distinguidas calidades del Brigadier Don Diego del Barco, Teniente Coronel Comandante de Escuadrón del Real Cuerpo de Artillería, que había fallecido de resultas de las heridas recibidas en la noche del 21 de febrero anterior dirigiendo las operaciones de aquel asedio, como Comandante General de las fuerzas destinadas en aquel punto.

  Y ambos Generales expusieron que, supuesto no podía Barco por su desgracia recibir de la Patria el digno premio a que le hacían acreedor sus recomendables circunstancias y el importante servicio que acababa de ofrecerla, les parecía justo que, pues ya ni existe él, y si su laudable memoria, se conservase esta haciendo extensiva en algún modo la gracia con la que hubiera reconocido sus servicios, fijando el premio en uno u otro de su familia…”

   Días después los Secretarios de Despacho de Hacienda y de Gracia y Justicia acordaron conceder, previo acuerdo de la Regencia, la pequeña Cruz de la Real Orden de Carlos III al padre, don Pedro del Barco, y a la madre de Diego y a sus dos hermanas pequeñas, Manuela y Josefa, el disfrute, como pensión vitalicia, del sueldo de Diego como Comandante de Escuadrón de Artillería:

 “  Excmo. Sr.,  A los Señores Secretarios del Despacho de Hacienda y Gracia y Justicia digo con esta fecha lo siguiente: El Señor Duque de Ciudad Rodrigo, y el General en Gefe del 4º Exercito Don Manuel Freyre en sus partes dados en 8 de Marzo último con motivo de la toma de Laredo y de sus fuertes hicieron el más alto elogio del mérito y distinguidas calidades del Brigadier Don Diego del Barco Teniente Coronel Comandante de Escuadrón del Real Cuerpo de Artillería que había fallecido de resultas de las heridas recibidas en la noche del 21 de febrero anterior dirigiendo las operaciones de aquel asedio, como Comandante General de las fuerzas destinadas en aquel punto; y ambos Generales expusieron que, supuesto no podía Barco por su desgracia recibir de la Patria el condigno premio a que le hacían acreedor sus recomendables circunstancias y el importante servicio que acababa de ofrecerla, le parecía justo que, pues ya no existe él, y si su laudable Memoria, se conservase esta haciendo extensiva en algún modo la gracia con la que hubiera reconocido sus servicios, fijando el premio en uno u otro de su familia. Asimismo han acudido al Rey los Padres de este benemérito oficial, residentes en La Coruña, implorando las piedades de S.M. con tan sensible como glorioso motivo, para si y dos hijas de Estado honesto, expuestas a carecer de lo necesario para su subsistencia por haber invertido su patrimonio en dar carrera al Don Diego y sus tres hermanos Don José que murió de capitán del referido Real Cuerpo en el Sitio de Tarragona, Don Pedro y Don Agustín, sargento Mayor y capitán también del mismo en la actualidad, agregando además al mérito de estos oficiales cuarenta y siete años de Servicios del Padre en los Correos Marítimos, y los contraídos por su hermano político el Mariscal de Campo Don Martín González de Menchaca que ha unido su súplica a la de sus Padres.

   Enterado de todo S.M., y queriendo enjugar en la parte posible las lágrimas de tan recomendable familia, ha tenido a bien, usando de su generosidad paternal, conceder a Don Pedro del Barco, padre de los referidos oficiales, y Teniente retirado de la Real Armada, la Cruz Chica de la Real Orden de Carlos III, y a su Madre Doña Manuela de la Zendeja, en unión con sus hijas Doña Manuela y Doña Josefa del Barco, de estado honesto, en calidad de pensión vitalicia. El sueldo que disfrutaba a su fallecimiento el expresado Don Diego en su clase de Comandante de Escuadrón de Artillería, equivalente al de Caballería de línea.

  Lo que traslado a V.E. de orden del Excmo. Señor Duque de Ciudad Rodrigo para su conocimiento “ 

    El nombre de Diego pronto cayó en el olvido, pues a los pocos días finalizó la guerra y Fernando VII regresó a España. Su hazaña y la de los hombres bajo su mando, junto con su sacrificio final nunca recibieron el justo reconocimiento de la historia. Sin embargo, su muerte y la de sus soldados no fueron en vano; la guerra de la Independencia no acabó con un nuevo “ Gibraltar “ en el Cantábrico.

   De todas maneras, han hecho falta 190 años para recuperar sus nombres. De haber sobrevivido a la guerra, el destino, seguramente, hubiera deparado a Diego grandes momentos en la historia de España del siglo XIX; aunque, igualmente, su ideología liberal le hubiera llevado también a ser perseguido, como le sucedió a  muchos de sus compañeros de armas, durante el posterior reinado del infame rey Fernando.

    Tal vez por ello, la muerte, celosa de su gloria, le llevó, aún joven, a parte; a su quietud…

Partida de Defunción de Diego del Barco.

“ El Brigadier Don Diego del Barco.

   En veinte y siete de Febrero del año de mil ochocientos y catorce se enterró en esta Iglesia Parroquial Santa María de la Villa de Laredo con aparato de honra mayor gracis, el cadáver del Brigadier Don Diego del Barco General de la 1ª Brigada de la 3ª División del 4º Exercito, mozo soltero de edad de treinta y quatro años poco mas, o menos, Natural de la Ciudad de la Coruña en el Reyno de Galicia, hijo legítimo de Don Pedro del Barco, y de Doña Manuela de la Cendeja vecinos de dicha Ciudad, y Naturales del Lugar de Ciervana en el Señorío de Vizcaya; murió en el Lugar de Colindres el día veinte, y seis de Febrero de este año de resultas de una herida gravísima de casco de granada, que recibió la noche del veinte, y dos de este mes en el ataque, y asalto a los fuertes de la Soledad, y Rochela que dirigía; desengañado por los facultativos del mal estado de su salud, y del peligro en que se hallaba, pidió los Santos Sacramentos unicamente atento al bien de su Alma, y se le administraron el de la Penitencia, Viatico, y Extrema Uncion aplicándosele tambien la Indulgencia plenaria pro mortis articulo: Hizo Testamento militar, el dia veinte, y seis de dicho Febrero de este año, en referido Lugar de Colindres, por el que dispuso que su cadáver después de su muerte se trasladase a esta villa, y se enterase en la Iglesia Parroquial de la misma, como se executó, no dexo pia memoria, y se le dio tierra antes del tiempo regular por la general gangrena que obligó a ello, y en fe lo firmo, fecho ut supra.

  ( Rubricado ) Bachiller Francisco del Castillo ”

 ( Archivo de la Catedral de Santander. Libro de Difuntos, Iglesia Parroquial de Santa María de la Asunción, 1812 – 1829. Signatura 3. 345, folios 24 vuelto y 25 recto )

Arsenio García Fuertes y José Navas Ramírez-Cruzado.