La Historia del pendón de Clavijo como enseña del Tercer Tercio de Voluntarios de León.

Comienzos de la Guerra de la Independencia en Astorga

 

Arsenio García Fuertes.

Doctor en Historia por la ULE

 

…Volviendo a Astorga, la cuestión que más nos importa acaeció en la mañana del día 11 de junio. Desde León llegó un Memorial presentado en mano por parte de los mandos de la Tercera División de alistados que se estaba formando con el núcleo de reclutas astorganos y de la comarca. En él se solicitaba como enseña de la unidad una antigua bandera de origen medieval y perteneciente a los Marqueses de Astorga y depositada desde hacía más de trescientos años en las Casas Consistoriales de la Ciudad. Recibía el sobrenombre de “ Clavijo “ pues según la tradición un antepasado de los Osorio la había ondeado en aquella batalla legendaria de la reconquista[1].

   El cuerpo de oficiales del Tercio encabezado por su Comandante Fernando Capacete, el único militar profesional de todos ellos, encabezó una propuesta el 11 de Junio desde León capital a los Regidores  de Astorga pidiéndoles que se les cediera aquella antigua bandera:

 

“  Con el motibo de la forzosa marcha  a que estamos comprometidos , no es posible a esta Junta equiparnos de las correspondientes Vanderas y Divisa de que hay costumbre, por lo tanto, savedores de que en este Pueblo se conserva una Vandera del mayor aprecio con el sobrenombre de Clabijo esperamos de la Justificación, Zelo, Amor y Patriotismo de los yndibiduos y avitantes de la espresada Ciudad, nos la franquee con la protesta que hacemos los arriva referidos, y tropas de ese Partido destinados al mismo Cuerpo, de derramar la última gota de sangre en su defensa…

Firmado

Don Fernando Capacete

don Antonio Rodríguez de Cela         don Antonio Joseph Salbadores

           don Alejandro Manrique       don  Manuel Suquilvide y Ariza

don Pedro Rodríguez de Cela. ”[2]

 

   Esta carta aparecía rubricada, como vemos, por varios jóvenes de notorios apellidos astorganos de familias distinguidas que, ante la escasez manifiesta de militares regulares en la provincia, habían sido ascendidos al grado de oficiales por la Junta Suprema de León a fin de encuadrar a las nuevas levas.

   La Junta confiaba que al elegir a jóvenes de familias de la pequeña nobleza urbana y rural, su condición de privilegiados les haría ser respetados y obedecidos por reclutas que en su inmensa mayoría eran plebeyos: campesinos, artesanos, jornaleros, criados, estudiantes…. como vemos, se atendió más a la nobleza del apellido que a las cualidades necesarias para ejercer un mando militar en combate.  Más adelante, cuando tratemos de los cuadros de mando y organización de los Tercios de Voluntarios de León, volveremos sobre este punto.

   La Junta Local de Astorga trató este asunto en la mañana del 12, la bandera era muy valiosa por su antigüedad y prestigio y el Ayuntamiento la guardaba como un verdadero tesoro:

“ Se presentó y dio parte de un memorial dirigido por los Caballeros Oficiales de las Compañías formadas en la Capital de la Provincia de los alistados de esta Ciudad en el que solicitan de esta Junta se les entregase una Bandera que posee la Ciudad llamada con el nombre de Clabijo. Se reflexionó que no hera a propósito para conducirse a los Campos de Batalla por tener la forma de un pendón pequeño, mas sin embargo, advirtiéndose la Urgencia, y que el apurado tiempo no dejaba arbitrio para disponer otra mas cómoda. Se acordó entregarla inmediatamente a los Comisionados que se presentaron a buscarla bajo el correspondiente recibo, y con la protesta de derramar toda su sangre en el Campo del Honor, antes que abandonar tan renombrada divisa “

   Como vemos la propuesta que fue atendida favorablemente por la Junta Local patriota de Astorga. Las banderas y enseñas militares tenían un simbolismo e importancia que hoy se nos escapa con nuestra mentalidad moderna. Heredaban la tradición de los estandartes de las legiones romanas y resumían en sí el honor, el espíritu de cuerpo, y simbolizaban la dignidad y el orgullo, en medio de las penalidades de la vida militar, de los cientos de hombres que formaban cada unidad. Perder una de ellas en combate era la mayor desgracia que podía acontecer a un Cuerpo ( junto con el de ser disuelta la unidad por rebelión o cobardía ); así como capturar una bandera enemiga era la mayor prueba de valor. La batalla podía ser perdida y sufrirse muchas bajas, pero si se salvaban las enseñas la derrota no lo era tanto.

   Servían, igualmente, para agrupar a los soldados de un Cuerpo en medio de la confusión de la batalla si el enemigo rompía la línea y se mezclaban las unidades. Hay historias terribles llenas de heroísmo de hombres que salían de una batalla con docenas de heridas por salvar las banderas que les habían dado en custodia, y a veces  muriendo con ellas, por preferirlo a sufrir la vergüenza ante sus compañeros de perder la enseña que se les había confiado.

  Las banderas eran llevadas por hombres escogidos, siempre con una escolta de algún cabo y suboficial. Nadie se presentaba voluntario para el puesto, hubo casos, en alguna batalla, de tener una bandera hasta cuatro o más abanderados al ir muriendo uno tras otro en la lucha: y era lógico, el enemigo, sobre todo la artillería, solía tomar como blanco el lugar de la línea donde se situaban las banderas, y en esa zona era donde más enconado era el combate cuerpo a cuerpo.   

 

 


[1] A nuestro juicio es una de tantas falsificaciones “históricas” con que muchas familias nobiliarias trataban de reforzar la pretendida antigüedad de sus linajes a sucesos pretéritos o, como en este caso, batallas existentes sólo en la leyenda popular. De todas maneras se le rendía gran consideración a esta bandera que el Ayuntamiento astorgano sacaba anualmente en solemne procesión el día de la Asunción, con “estampido de batalla”, y con escolta de la milicia ciudadana gremial desde el siglo XV, y a la que se rendían honores de Capitán General. Era recibida en la Catedral por el Cabildo bajo dosel, y por ello el Marqués pagaba 60.000 maravedíes al mismo. Aunque con los años, los marqueses, residentes en la Corte, dejaron de realizar los pagos y la procesión se iría perdiendo. La Bandera se guardaba en un cofre de tres llaves a cargo cada una, del Corregidor, del Síndico del Común, y del representante del Marqués.

[1] Documento nº 283, Legajo nº 8, Actas de la Juntas Local de Defensa y Armamento, y documentación aneja. AHMA.