LOS ILUSTRES ESCOLARES DE LEÓN

EN LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA.

1808 – 1810

 

Arsenio García Fuertes

Foro para el Estudio de la Historia Militar de España

“Porque yo también fui de aquellos

 que vivían, día tras día, sin pensar en nada,

hasta que  un día

escuché el sonido de la guerra,

lo dejé todo, y seguí al tambor”

(R. L. Stevenson)

                                                                           A la memoria del estudiante Isidro Balbuena, enviado desde León a Galicia, en junio de 1808, para anunciar la rebelión patriota; muerto en combate, cinco años después,  en una de las últimas batallas de la Guerra de la Independencia, siendo oficial de los Voluntarios de León.

Hoy tomamos la pluma para ofrecerles una historia poco conocida, la de varios cientos de jóvenes que, al inicio de la Guerra de la Independencia dejaron sus libros y sus pupitres para vestir la casaca militar. Hablamos de los cerca de 400 estudiantes (leoneses y foráneos que estudiaban en nuestra provincia) que en el verano de 1808 se alistaron voluntariamente a la llamada de la recién creada Junta Patriota del Reino de León, formando un pequeño y famoso batallón de infantería ligera, los “Ilustres Escolares Voluntarios de León”.

La existencia de unidades de voluntarios, adscritas a los cuerpos del ejército regular, tiene carácter excepcional y solo se ha producido en contadas ocasiones de la historia de España, hablamos de situaciones de guerra y de circunstancias críticas. Una de ellas tuvo lugar durante los primeros meses de la guerra contra Napoleón.

En muchas ciudades de España, sedes de universidades y colegios de gramática, los estudiantes, llevados de un sentimiento general antinapoleónico, se alistaron durante el verano de 1808 (a veces acompañados de algunos de sus profesores) logrando del mando militar y político patriota el privilegio de que pudieran servir en unidades formadas exclusivamente por estudiantes, no integrándose en las unidades regulares ni en el resto de nuevos cuerpos de voluntarios (formados por reclutas de leva y por voluntarios de extracción, mayoritariamente, campesina).

Así, en las universidades de Valladolid, Oviedo, Santiago de Compostela, Toledo y Salamanca se organizaron batallones y compañías de “Escolares”: los “Literarios de Santiago”, los “Voluntarios de Honor de Toledo”, los “Literarios de Oviedo”…; otras dos ciudades sin universidad lograron organizar, igualmente, dos cuerpos de infantería integrados por estudiantes: León y Benavente.

La enseñanza en España, entonces como hoy, se dividía en diferentes etapas. Se comenzaba con las “Escuelas de Primeras Letras”, luego (nunca antes de los nueves años) se pasaba al “Colegio o Escuela de Gramática” (equivalente a nuestra Enseñanza Secundaria); en la misma se impartía gramática y literatura latinas, geografía, historia, matemáticas, filosofía y doctrina cristiana. Estos estudios se prolongaban entre cuatro y seis años (eso si el alumno no repetía curso) y eran obligatorios para aquellos jóvenes que tuvieran intención de seguir la tercera y última etapa educativa: los estudios universitarios o la carrera eclesiástica.

En la ciudad de León estos estudios de “secundaria” se impartían en el seminario conciliar de San Froilán y en el colegio de San José, contándose además, en la provincia, con los seminarios de Astorga y de Valderas. Existían también pequeñas cátedras de la latinidad en algunas cabeceras de comarca de la provincia como Lois, San Feliz de Torío o Garrafe

Tenemos, pues, que los estudiantes preuniversitarios de los cursos superiores acababan sus estudios sobre los 15 – 16 años (la edad mínima exigida, por otra parte, para servir como cadetes en el Ejército Real). Los estudiantes más aventajados, como nos cuenta el estudiante burgalés Ramón Santillán en sus memorias (futuro oficial de la guerrilla del cura Merino durante la guerra, y, muchos años después, primer presidente del Banco de España), llegaban a matricularse en la Universidad de Valladolid con apenas 15 años.

En los primeros meses de 1808 la situación estudiantil (como la de todos los estamentos e instituciones del país) estaba muy revuelta por las discordias habidas en el seno de la familia real entre el monarca y su hijo el Príncipe de Asturias, por el descontento social contra el Príncipe de la Paz, a lo que se añadía una nueva guerra contra Portugal y la amenazadora entrada de las tropas “aliadas” francesas en España. Algunos cursos universitarios finalizaban a mediados de marzo y, precisamente, una de las medidas últimas dictadas, a comienzos de 1808, por el Secretario de Estado Manuel Godoy, Príncipe de la Paz, había sido la de aprobar un nuevo plan de estudios que alargaba el curso hasta San Juan, a mediados de junio. Ello motivó varias revueltas estudiantiles (la más sonada en Zaragoza, como nos cuenta, también en sus memorias, el estudiante aragonés Matías Calvo; pero el asunto no fue a más porque el 19 de marzo, el Motín de Aranjuez haría caer del poder a Godoy y al propio rey Carlos IV, que se vio obligado a abdicar en su hijo, el príncipe Fernando.

Todo ello, junto con la ya mencionada incertidumbre causada por la entrada en España de numerosas tropas francesas, contribuyó a que muchos universitarios no regresaran a sus facultades tras las vacaciones de Semana Santa y que el fin de curso se adelantara a la primavera de 1808. En la cercana Universidad de Salamanca se produjeron tumultos promovidos por los estudiantes el 22 de marzo tras conocerse los sucesos de Aranjuez; el Rector, Crespo Rascón, fue obligado a retirar de la Universidad el retrato de Godoy (que había sido distinguido por Carlos IV cinco meses antes con el Título de Juez Conservador de la Universidad salmantina), haciendo repicar las campanas de la Catedral y de la Universidad los escolares en señal de júbilo y apedreando el medallón con el busto del Ministro caído en la Plaza Mayor. Estos desórdenes se volverían a repetir el viernes 6 de mayo cuando llegó el Correo de Madrid con las noticias del motín acaecido en la Corte el lunes y de la feroz represión francesa. De manera inmediata, el Gobernador Zayas y el Ayuntamiento Salmantino solicitaran al Rector y Claustro de la Universidad que adelantaran el fin del Curso Académico, lo que se formalizó al día siguiente. La Universidad solicitó incluso ayuda al Gobernador para lograr que todos los estudiantes que no fueran salmantinos, regresasen a sus provincias con sus familias tras haberse adelantado las vacaciones “manu militari”.

Es por todo ello que, en mayo y junio de 1808, en León y en Astorga había numerosos estudiantes universitarios que habían regresado a sus hogares.

Todos estos estudiantes (los de las “Escuelas de Gramática” y Seminarios, junto con los de las Universidades) fueron protagonistas capitales de las manifestaciones de apoyo al nuevo monarca, el idolatrado Fernando VII, y de odio al ministro caído en los meses de marzo y abril. Es en este contexto en el que hay que situar las algaradas populares habidas en León el 28 de marzo (el “motín de la hogaza”) contra el administrador de la caja de consolidación de vales reales y comisionado para la venta de capellanías y obras pías en León, Felipe de Sierra y Pambley (estrecho colaborador de Manuel Sixto Espinosa, uno de los más leales servidores del caído ministro Manuel Godoy), y el de la mañana del domingo 24 de abril en el que el pueblo de León, tras amotinarse, haría levantar los pendones reales a un asustado ayuntamiento en honor de Fernando VII 

     En todas estas tumultuarias manifestaciones públicas en León habían tenido parte un señalado grupo de patriotas fernandinos como el ex guardia de corps y administrador del noveno y excusado, Luís de Sosa y Tovar, su primo el abogado Manuel de Villapadierna, el regidor Bernardo Escobar, Ramón Martínez Gutiérrez (visitador de rentas y también militar retirado), el caballero Francisco Álvarez Acevedo, el vizconde de Quintanilla (que luego sería diputado en la Junta Central), y el párroco de San Andrés del Rabanedo, el posterior destacado liberal, Juan Antonio Posse .

Otro grupo más joven acaudillaba a los colegiales leoneses: los estudiantes Isidro Balbuena y Tomás Díez Caneja(éste último pariente de Sosa), así como el hijo del secretario del ayuntamiento, Valentín González. Los dos primeros llevarían su compromiso por la causa patriota hasta el final, muriendo en combate en 1813 sirviendo en el 4º Ejército español del general Manuel Freyre, cuando los franceses estaban siendo expulsados por las fuerzas aliadas al otro lado de los Pirineos.

En Astorga la actuación de los estudiantes fue también decisiva en la rebelión patriota. Según una documentación inédita que hemos localizado recientemente en el Archivo Histórico Nacional (un escueto informe remitido por el Corregidor de Astorga Pedro Costilla y Abastas al Consejo de Gobierno en Madrid) sabemos que los estudiantes del seminario, azuzados sin duda por sus profesores, y tras conocer los sucesos del Motín de Aranjuez, quemaron públicamente el 4 de abril, en una gran asonada, el retrato del caído Manuel Godoy:

[…] lo ocurrido en aquella ciudad el día 4 y 5 que se juntaron los estudiantes y quemaron en una hoguera que hicieron el retrato de Godoy, habiendo precedido la fijación de varios pasquines el día 2 contra dn. Pedro García Escudero, subdelegado para la venta de heredades eclesiásticas y obras pías.

Como ya hemos apuntado, tras conocerse los sucesos del Dos de Mayo y las renuncias de Bayona con la entronización de José I Bonaparte, la rebelión abierta de las Provincias comenzó a sucederse por toda la geografía española. Una vez creada la Junta Suprema del Reyno de León (y sus subalternas, la Juntas Locales de Defensa y Armamento de Astorga, Villamañán, Valencia de don Juan, Villafranca del Bierzo, Ponferrada, Sahagún, Burón, Mansilla de las Mulas y La Bañeza) en los primeros días de junio de 1808, las nuevas autoridades patriotas publican bandos de alistamiento para formar unidades de voluntarios que apoyen a los regimientos regulares del Ejército Real en la guerra que se iniciaba. Como ya hemos dicho, los estudiantes de “secundaria” y los universitarios formarían unidades propias en muchos lugares de la España patriota, los denominados batallones de infantería ligera de “Escolares” o “Literarios”, en los que sus integrantes recibían al alistarse automáticamente la clasificación de “Soldados Distinguidos”, e incluso, algunos, como los Literarios de Santiago, el rango de “Cadetes” (con el derecho a portar sobre su hombro izquierdo el cordón amarillo distintivo de su rango).

El que estas unidades de voluntarios fueran clasificadas y entrenadas como “Infantería Ligera” y no de “Línea” tenía sus razones. La infantería ligera implicaba disponer de hombres jóvenes, con buena salud y vigor para el gran esfuerzo físico que el combate en orden abierto (emboscándose sobre el terreno) implicaba. Además, la Infantería Ligera requería de soldados capaces de actuar autónomamente, con mucha iniciativa y, a veces, alejados de sus oficiales. Estas cualidades estaban bien cubiertas, en teoría, por los estudiantes alistados. 

Alguno de estos cuerpos “escogidos”, no por su experiencia o valía militar en combate, sino por el alto grado de cualificación cultural de sus jóvenes soldados (en una Europa de Antiguo Régimen en la que casi el 70% de la población era analfabeta), supieron labrarse, tras un brutal choque con la dura realidad de la guerra y con los rigores de la vida en campaña, un reconocido renombre de sacrificio y de servicio. Ello no fue sencillo ni fácil; los soldados de origen campesino estaban más acostumbrados a las privaciones y el esfuerzo físico que imponían la guerra que los jóvenes estudiantes de las ciudades, procedentes de familias acomodadas (las cuales tuvieron que suplir con un alto coraje moral sus “deficiencias” de inicio).

La formación de unidades integradas por estudiantes en las guerras napoleónicas no fue un hecho exclusivo de España. Siguiendo precisamente el ejemplo español, en los estados alemanes sublevados en 1813, en una verdadero alzamiento nacional contra el domino francés (luego de la derrota de Bonaparte en Rusia el año anterior) se crearían también unidades de voluntarios de infantería ligera (“Jägers”) bajo la denominación de “Friekorps”. Uno de los cuerpos más famosos fue el organizado en febrero de 1813, en el seno del Ejército Prusiano, bajo el nombre de “Königlich Preubisches Freikorps von Lützow” (Real Cuerpo de Liberación Prusiano de von Lützow) y que, al mando de este militar profesional, el general Ludwig Adolf Wilhelm von Lützow, estuvo integrado mayoritariamente por estudiantes, y jóvenes profesionales liberales de formación universitaria, de habla alemana no prusianos. Dado que Prusia atravesaba graves problemas económicos para levantar un nuevo y numeroso ejército regular, los estudiantes alemanes tuvieron que equiparse a su costa. Por ese motivo, el color elegido para el uniforme de esta unidad fue el negro, ya que era el único que podrían utilizar tiñendo sus ropas civiles. Las divisas fueron de color rojo y los botones eran de bronce dorado, creando una combinación (negro, amarillo y rojo) que se asoció a los ideales republicanos en la revolución de 1848 y es la actual bandera de Alemania.

Los freikorps (“cuerpos francos” o “cuerpos libres”) fueron inicialmente vistos con desconfianza por el Ejército Regular Prusiano, de modo que fueron utilizados para misiones auxiliares y de guerra irregular al considerarse unidades inexpertas. Por el contrario, los batallones de estudiantes españoles, debido a las penurias del Ejército Real Español, fueron clasificados y empleados como unidades de combate, de primera línea, desde su creación.

Volviendo a los Escolares de León, el primer encuadramiento de los estudiantes de la provincia en edad militar fue ordenado por la Junta de León en los primeros días del mes de junio. Para la formación y organización de los primeros cuerpos militares leoneses de nueva creación (a los que Cuesta asignó el nombre de “Tercios Provinciales de Voluntarios de León”) se contó con la circunstancia favorable de que, desde finales del mes de mayo, habían comenzado a llegar a León varios Guardias de Corps huidos de la Corte al no querer servir a José I Bonaparte. De ellos echaría mano la Junta para encuadrar e instruir a sus reclutas. Muchos de ellos eran de origen leonés, como Félix Alvarez Acevedo (natural de Otero de Curueño), Carlos Villapadierna e Isidro Manuel Díaz (León capital), Alejandro Gómez de Cosío (Sahagún), o el teniente y, luego famoso general, Federico Castañón y Lorenzana (Vegamián).

Junto con otros compañeros suyos que trajeron consigo a León, (Francisco Borrás , José de Orús y Pallarés, Juan José Siero, Francisco Llorach Boix, Manuel Ribas, José Iriarte, …) serían reconocidos por la Junta como oficiales, y puestos como instructores y mandos de las nuevas divisiones de Voluntarios Leoneses.

 A dos de ellos, Isidro Manuel Díaz y Juan José Siero, se les encargó especialmente la instrucción de los primeros estudiantes reunidos en la capital, a los que se les denominó como “Tercio de Guarnición Escolar”.

En los primeros días de julio la reunión e instrucción de los estudiantes había avanzado de manera tan satisfactoria que la Junta de León solicitaría el día 4 al Capitán General Gregorio de la Cuesta que se permitiera a los Escolares formar un batallón propio, separado de los nuevos alistados de leva. Seis días después, con motivo de una solemne misa en la Catedral a la que asistiría la Junta de León, encabezada por su presidente, el burgalés Antonio Valdés y Bazán (antiguo Ministro de Marina con Carlos IV), el cortejo iba escoltado por:

La División de valientes Estudiantes que olvidados de su primer destino se hallan convertidos ya en unos diestros soldados.

Tras un apresurado bautismo de fuego en la batalla de Medina de Rioseco (la primera de la guerra librada el 14 de julio, que acabó en derrota y en la que se distinguió el famoso 3º Tercio de Voluntarios de León, al que los astorganos llamaron “Batallón Clavijo”) la compañía de “Escolares de León” presente en aquella jornada (integrada como 1ª compañía al mando del capitán Santos Diez Sopeña, del 1º Tercio de Voluntarios de León del coronel José Antonio Zappino) sería reorganizada a comienzos de agosto, junto al resto de estudiantes de la Guarnición Escolar que habían permanecido en la capital, en un medio batallón de unos 400 estudiantes y mandos. El nuevo batallón Escolar habría de formar parte de una poderosa “División de Infantería Leonesa” de nueva leva formada por 5 regimientos de Voluntarios de León y otro batallón ligero de Cazadores; en total 12 batallones de Infantería con unos 6.700 hombres. Toda esta tropa, y la gran mayoría de los mandos, carecían de cualquier experiencia militar previa.

Al frente del batallón de Escolares la Junta de León pondría, interinamente, a un joven abogado de 24 años habilitado de Capitán, Vicente Bernal, natural de Fuentelsaz en Guadalajara y que se había establecido profesionalmente en León. Como Ayudante Mayor sería nombrado otro licenciado en leyes, Ramón González, natural de Villalpando, que había cursado seis años de estudios mayores en la Universidad de Valladolid, y contaba con 26 años de edad.

 En palabras de la Junta de León, todos los estudiantes que hubiera en la provincia en edad militar (mayoritariamente leoneses pero también de cualquier otra procedencia) habrían de formar:

[…] un batallón separado con la fuerza de 200 á 300 hombres que podrán reunirse con la denominación de Cuerpo Ylustre Escolar. Su Plana Mayor constará de un Comandante, un Sargento Mayor, y dos Ayudantes 1º y 2º, dividido en cuatro Compañías a la mayor fuerza que alcance, con los mismos tres oficiales cada una (Capitán, Teniente y Subteniente).

Su uniforme, pantalón y casaquilla corta de paño pardo, solapa anteada, collarín celeste, vuelta morada, y todo vivo encarnado. En el collarín dos letras iniciales, al lado izquierdo una Y, y al derecho una E, y en la vuelta un galoncito de oro estrecho tirado. Sombrero redondo tendido, y al fin de la copa su plumero chico encarnado, ó escarapela que lo figure.

La mayoría de estas unidades de estudiantes desaparecieron en los primeros meses de la guerra. Algunas porque no lograron reclutar más de un centenar de jóvenes (que tras ser ascendidos a Subtenientes – los más aptos de los que sobrevivieron en los primeros meses de lucha – eran destinados a los regimientos regulares ante la escasez de mandos); otras porque fueron disueltas o diezmadas tras los primeros combates. Solo dos unidades de estudiantes lograron organizarse y sobrevivir como verdaderas unidades de combate de Infantería Ligera el tiempo suficiente para hacerse un nombre entre los veteranos del Ejército Regular: los “Literarios de Santiago” y, para olvidada gloria de nuestra patria chica, el “Ilustre Cuerpo Escolar”, los Escolares de León. Sin embargo, el carácter “exclusivo” de sus integrantes hacía también, prácticamente imposible el renovar las unidades con nuevos contingentes de estudiantes en medio de la guerra, con la mayor parte del país ocupado por los invasores y casi todas las universidades cerradas.

Entre las bajas de los primeros meses no todas fueron destacadas por el valor. Una vez pasada la euforia patriota inicial los ánimos de muchos jóvenes se fueron enfriando, certificándose que si todas las sociedades han honrado siempre el valor, el coraje y el espíritu de sacrificio de sus miembros más destacados es porque tales virtudes personales no son la norma común en una colectividad, sino, más bien, el egoísmo y el miedo, que son cualidades muy humanas y muy extendidas. En este punto hay que reseñar que en el caso de los Literarios de Santiago el Comandante en Jefe del Ejército de Galicia, Joaquín Blake y Joyes, hizo formar a su presencia al batallón de Literarios de Santiago en Mansilla de las Mulas en la tarde del 29 de agosto; se habían empezado a producir deserciones y era necesario actuar:

[…] llamó a todos los Comandantes de las Compañías y les dijo que este Cuerpo tan distinguido por su constitución debería de ser el primero en las acciones […] pero que si alguno de los Cadetes no tenían la voluntad de seguir la campaña saliesen al frente del batallón para tomándose sus nombres se participase a el Reyno (de Galicia) y fuesen licenciados.

De los 652 jóvenes presentes 352 salieron de sus filas, ordenando Blake que entregasen sus armas y fueran llevados a León donde habrían de esperar que decisión sobre ellos tomaba la Junta de Galicia. Regresarían muchos a sus casas, y a la Universidad, donde fueron mal recibidos según nos cuentan las crónicas. Sin embargo, los Literarios que permanecieron junto a sus banderas combatirían con señalado valor y distinción en las campañas que se sucedieron en el seno del Ejército de la Izquierda, lavando el nombre que habían ensombrecido sus compañeros de alistamiento.

En el caso de los Escolares (que se estaban concentrando en el santuario de la Virgen del Camino para reorganizarse tras la batalla de Medina de Rioseco) no se tuvo que acudir a una medida de gracia tan extraordinaria, pero si hubo algunos casos de deserción o de no incorporación a la unidad tras haberse realizado voluntariamente el alistamiento. Varios mandos y estudiantes del batallón denunciaron ante la Junta de León que muchos compañeros de estudios, englobados en las órdenes de alistamiento, desobedecían las mismas, permaneciendo en sus hogares.

En palabras del Comandante interino de la unidad, el Capitán Vicente Bernal a la Junta Local de Astorga, el 27 de agosto, había algunos estudiantes que, pasado el entusiasmo inicial, no obedecían las órdenes de convocatoria:

[…] que después de haberse presentado se han vuelto a sus casas con pretexto de hacer su capricho; y perteneciendo los referidos al Cuerpo que me han destinado, se presentarán inmediatamente al Teniente del mismo Cuerpo para mandar conducirlos a este pueblo de la fecha donde se hallan reunidos la mayor parte de estudiantes de la Provincia y pronto se hallarán todos. Si por debilidad, para mi increíble, sigue la morosidad, serán traídos como desertores, que ya en el día lo son por lo que tengo expuesto.

Aún así, reunido el batallón en León, durante las jornadas siguientes, antes de entrar en campaña, Vicente Bernal confiaba en poder reunir a la mayoría de los ausentes:

Se vio un oficio de don Vicente Vernal, Comandante del Cuerpo Escolar, fecha en Mansilla de las Mulas, veinte y ocho del presente, en que manifiesta que muchos de sus individuos, que no tiene por sospechosos, no se han presentado, que para su mas pronta reunión espera se publique un bando para que todos los de dicho Cuerpo, especialmente los naturales de esta ciudad, se presenten inmediatamente en dicho Cuerpo.

A pesar de estos hechos, propios de toda nueva unidad militar de nueva leva, los jóvenes encuadrados que se mantuvieron bajo las banderas de los Escolares y Literarios, superando su bautismo de fuego, dejarían, como hemos apuntado, un recuerdo de coraje y pundonor probados en el Ejército y entre los mandos profesionales con los que sirvieron.

A finales de septiembre comenzarían a partir hacia Arévalo (Cuartel General del Ejército de Castilla del mando de Gregorio García de la Cuesta) los cinco regimientos de Voluntarios de León y el batallón Escolar organizados por la Junta del Reino de León. Así lo comunicó el Mayor General de Armamento, el Coronel Ramón Martínez Gutiérrez a su Junta Provincial:

Pongo en noticia de VSS. que el 28 a medio día salió de esta para el Cuartel General el Ilustre Cuerpo Escolar a las ordenes de don Vicente Bernal Comandante interino con la fuerza de trescientos diez y seis hombres provistos de armamento útil corriente y el correspondiente número de cananas. Hoy lo ha verificado el 5º regimiento del Bierzo con mil ciento doce plazas a las ordenes del Teniente Coronel de infantería y Coronel interino de él, don Leandro Osorio el que igualmente va con todo su armamento útil y como a VSS. tengo dado parte anteriormente con fecha de veinte, todos los regimientos han llevado su armamento completo y corriente, y varios cajones de municiones para el surtimiento de las plazas el primero y Cuerpo Escolar al completo de cananas, y el segundo y tercero como la mitad de la fuerza provistos de este utensilio, y todos con cierto número de vaquetones con su saca de trapos para la limpieza del fusil; además el primer regimiento llevo cuarenta calderas y ollas para rancho, y el cuerpo Escolar once, pero los otros carecen de ellas todos, lo que comunico a esta Suprema Junta para su inteligencia y debido conocimiento

Como decimos, el batallón de estudiantes entraría en campaña, formado a su salida de León, por 274 Soldados, 2 Tambores, 30 Cabos, 10 Sargentos, 6 Subtenientes, 4 Tenientes, 4 Capitanes, 1 Capellán y 1 Comandante asistido por 2 Ayudantes. El pequeño batallón de Escolares había quedado organizado en cuatro compañías (la primera de granaderos) de a 96 hombres, hasta un total teórico de 387 efectivos.

Entre estos hombres estaban los astorganos Benito María del Mazo y Rafael María Moreno y Paz. El segundo, antiguo estudiante en Salamanca con de 30 años de edad, sería nombrado por la Junta de León Capitán de una de las cuatro compañías del batallón. También encontramos al cepedano Antonio Magaz Cabezas, natural de Quintana, el cual consigna en su hoja de servicios que había cursado cuatro años de gramática, tres de filosofía y siete de teología. Antonio Magaz sería nombrado Teniente de la 4ª compañía.

Las tropas partieron de León camino de Segovia y Arévalo, pero enseguida recibieron la orden de variar su marcha hacia Burgos, pues las tropas del Ejército de Castilla se encaminaban ya hacia el Burgo de Osma. En los primeros días de octubre, tras penosas y agotadoras marchas bajo la lluvia, los batallones leoneses comenzaron a entrar en Burgos:

Desde el día 9 del presente han entrado en esta ciudad 6.000 hombres del Partido de León, y 500 del de Benavente, y se asegura que el 19 entrará Pignatelli con 8.000 castellanos; todos se dirigen a Calahorra

   La llegada de las tropas leonesas, las primeras patriotas que veían los burgaleses desde la retirada de los franceses en la mañana del 22 de septiembre, llenó de entusiasmo a la ciudad:

[…] hasta la llegada de algunos batallones de paisanos de la de León, a principios de octubre. De ellos solo quedó en Burgos el de Literarios, que así se llamaba por componerse de estudiantes de aquella provincia, habiéndose marchado otros tres hacia la Rioja

   En Burgos quedaron el regimiento de Benavente (dos batallones) y el batallón de Escolares de León, siguiendo órdenes del general Cuesta a instancias de la Junta Suprema Central. Se quería asegurar el camino real hacia Francia y poner en armas a la provincia. El Coronel del regimiento de Benavente, Felipe de Mier y Berdeja, es nombrado Comandante de Armas de la ciudad. A sus órdenes tiene a Vicente Bernal, Comandante de los Ilustres Escolares.

Según el astorgano Rafael Moreno, los escolares llegaron a Burgos el 9 de octubre. Acuartelados en el castillo de la ciudad comenzaron a recoger provisiones y a destacar puestos avanzados en Castañares, Quintanapalla, Monasterio y Zalduendo a fin de observar los movimientos franceses. La situación se prolonga hasta el 10 de noviembre en que tendrá lugar la contraofensiva francesa y la funesta batalla del bosque de Gamonal, a las puertas de la Burgos. En la misma, las bisoñas e inferiores en número tropas españolas del Ejército de Extremadura (formado por campesinos de nueva leva recién llegado a la ciudad desde el sur), al mando del conde de Belvedere, serán derrotadas por los imperiales, a cuyo frente estaba el mismo Napoleón.

El Capitán Rafael Moreno nos relata en una certificación de la Junta de León estos hechos, así como su posterior asignación como correo de confianza ante la Junta Suprema Central:

Como Presidente que he sido de la Junta de la Provincia y Reyno de León, Certifico que don Rafael Moreno natural de la Ciudad de Astorga y de una de las principales familias de ella, luego que en esta Ciudad de León se trató de poner fuerza armada para oponerse a los intentos del tirano Napoleón y defender la Patria, se presentó voluntariamente; y a consecuencia y mediante a que era bien distinguido por sus luces naturales y adquiridas, se le colocó en clase de Capitán en uno de los Tercios que según disposición del Excmo. Sr. Don Gregorio de la Cuesta se formaron en esta Ciudad por orden de la Junta, en el que fue a la batalla de Rioseco; que habiéndose hecho después de esta nuevo arreglo de Cuerpos, se le puso con la misma graduación en el titulado de Escolares de León en principios de agosto de 1808, y en él fue a la ciudad de Burgos en la que estuvo defendiendo el castillo, que habiéndose apoderado el enemigo de esta ciudad y agregándose por consiguiente el batallón a la División de Extremadura, siguió en ella hasta la retirada del Ejército a esta ciudad en el mes de diciembre de dicho año; que teniendo entera confianza la Junta de su patriotismo, le envió enseguida a la Junta Central con pliegos en que daba cuenta del estado de las cosas, los que con efecto entregó en Sevilla; que allí le dio dicha Suprema Junta otros para la Junta de esta Provincia y para el Excmo. Sr. marqués de La Romana

Durante la batalla y retirada de Burgos varios escolares caen prisioneros de los franceses, como Juan Reyero (con cinco años de estudios en el seminario de León), aunque conseguirá escaparse y regresar a su unidad. Otros, como José de la Red Prado, tras evadirse, se integrarán en una partida de guerrillas. Por otra parte, aunque las fuentes documentales en este punto no son concluyentes, es muy posible que los Escolares perdieran su bandera en esta aciaga batalla, pues se atestigua la toma por los franceses de la enseña de un batallón de estudiantes sin identificar, que, aún hoy, se conserva en un museo francés y que algunos asignan al regimiento de Benavente, pero que yo considero es la del batallón de Escolares de León.

Por su parte, la batalla de Gamonal tuvo un breve desarrollo, solo algunas unidades regulares veteranas consiguen resistir (como el 4º batallón de las Reales Guardias Valonas que forma el cuadro); el resto de cuerpos de nueva leva, integrados por campesinos mal equipados, mal disciplinados, y con apenas ocho semanas de mala instrucción, se desbandan:

[…] sólo habían llevado, desde su salida de Extremadura, un grande sentido patrio, de defensa de la tierra que les había visto nacer, y tristemente […] de su rey.

A duras penas los restos del batallón de Escolares logran regresar a León. Tras reorganizarse, los estudiantes son destinados, junto con otras unidades, a defender el puente de Mansilla de las Mulas, sobre el Esla, principal punto de entrada a León desde Burgos y Palencia. El 27 de noviembre de 1808 la unidad, con la llegada de nuevos voluntarios, volvía a contar con 14 mandos y 378 soldados.

En esos días llegaría también a León desde las montañas de Cantabria, el derrotado Ejército de la Izquierda al mando del marques de La Romana. El batallón de estudiantes sería adscrito a su División de Vanguardia (la que, junto a otras unidades ligeras, era la que encabezaba los avances y cubría las retiradas, siendo considerada por ello, en teoría, la División más selecta y firme de todo el Ejército). En diciembre, la Junta de León, con la aprobación del marqués, daría el mando del batallón al Capitán Fernando Capacete, soldado profesional malagueño (que ya había estado al frente del mencionado batallón astorgano de “Clavijo” en Medina de Rioseco (el “3º Tercio de Voluntarios de León” en su denominación oficial). El anterior Comandante, Vicente Bernal no había sabido, o podido, ejercer en condiciones el mando, siendo un claro ejemplo de la falta de aptitudes de muchos de los civiles sin experiencia militar habilitados como oficiales a toda prisa por las Juntas Provinciales al comienzo de la guerra. Otro Capitán del batallón, Manuel Lorenzana (natural de la ciudad de León con 23 años de edad), comandante de la 3ª compañía del batallón, tampoco demostraría demasiadas aptitudes para su cargo.

El batallón había sufrido en su retirada desde Burgos numerosas pérdidas de personal por enfermedades, agotamiento, dispersión o simples deserciones; situación que se incrementaría en las semanas siguientes con la retirada a Galicia desde León de todo el Ejército de la Izquierda. Otro mando profesional del viejo Ejército Real sería adscrito al batallón en estas fechas como Sargento Mayor para reforzar su instrucción; hablamos del navarro Antonio Rabanera y Eraso, procedente del batallón de infantería ligera de Voluntarios de Navarra y que había adiestrado, durante tres meses, a los Literarios de Santiago.

Tras la entrada de Napoleón en Madrid el 4 de diciembre, el emperador decidió avanzar desde allí hacia Astorga en persecución de las tropas aliadas británicas del general Moore y de las españolas del marqués de La Romana acantonadas en León.

Dentro de esta ofensiva los franceses fuerzan el 29 de diciembre el paso sobre el puente de Mansilla. Los españoles (entre ellos los Escolares de León) sufren otra derrota, dispersándose y llegando sus restos hasta Astorga.

Todas las fuerzas aliadas se repliegan (en medio de grandes nevadas, hambre y una epidemia de tifus que diezman las tropas) hacia Galicia por los puertos de Manzanal, Foncebadón y Piedrafita. Allí, tras el reembarque de los británicos en La Coruña y Vigo, las tropas del marqués de La Romana logran refugiarse en Orense. En pocas semanas el pueblo gallego se alza en armas contra la ocupación francesa.

Entre tanto, tras cruzar las montañas, las tropas de La Romana caen, el 18 de marzo del nuevo año de 1809, sobre la guarnición imperial de Villafranca del Bierzo a la que derrotan y hacen entregar las armas. Allí se destacaron los Escolares de León. La documentación nos habla de apenas 52 escolares presentes en la acción, los únicos con armas y capaces de combatir. Después de muchos meses los estudiantes leoneses toman parte destacada en la primera victoria sobre los franceses de las tropas del buen marqués de La Romana. En palabras de su Comandante Fernando Capacete en su hoja de servicios (que fue ascendido al grado de Teniente Coronel por esta acción):          

En Diciembre de 1808, en cuyo tiempo obtuvo la comandancia del batallón ligero Escolares de León por la Junta de aquel Reino, con aprobación del excelentísimo señor Marqués de La Romana, siguiendo la Vanguardia de dicho Ejército de la Izquierda, en todas las marchas y expediciones que se hicieron en Galicia, e incluso en el ataque y rendición de Villafranca del Bierzo en 18 de marzo de 1809, en cuya acción se apoderó del hospital de San Roque y guardia enemiga, haciéndola prisionera de guerra como igualmente los enfermos que había en dicho hospital que dejó escoltados por tropas de su batallón. En este mismo día bajando por la calle del Agua desalojó a los franceses que había en el puente y siguió por ella batiéndolos hasta que se encerraron en la fortaleza que se rindió a dicha vanguardia; fue recomendado por este hecho al General en Jefe del Ejército

En abril, los Escolares pasan desde Lugo a operar en Asturias, combatiendo el 5 de abril en el valle del Piquín, y  los días 9 y 14 en Navia de Suarna. Por esta época, los estudiantes forman un reducido cuerpo de 11 mandos y 171 hombres (apenas una compañía de infantería reforzada).

Por ello, el 30 de abril el comandante de la División de Vanguardia, Gabriel de Mendizábal, comisionaría al capitán Bernal para marchar al puerto de Pajares donde se habían concentrado varias docenas de escolares dispersos de su batallón y que se habían refugiado en Asturias desde la acción de Mansilla de las Mulas en diciembre. En el mismo sentido, el teniente Santiago Lobato (comisionado en misiones de espionaje –disfrazado de criado- sobre Astorga, León y el Bierzo), comunicaba desde Páramo del Sil a Mendizábal el 6 de mayo que había allí concentrados 44 escolares prestos a reincorporarse a su unidad y le avisaban que Luis de Sosa tenía con él en la “reunión” de Valdelugueros a otros 60. El 10 de mayo los escolares vuelven a entrar en combate en una acción sobre Cancelada (al norte del Camino Real de Lugo a Villafranca) contra un convoy militar francés que, con fuerzas superiores, daba escolta al ministro de Marina josefino Mazarredo. La acción se prolonga durante cinco horas desde la altura de Cotines de Marcelles hasta Castro Roto, logrando detener su marcha hasta la llegada de la noche en que los enemigos:

[…] casi dispersos se retiraron escarmentados.

Finalmente, en el verano de 1809 los franceses serán expulsados de Galicia por la unión de los esfuerzos del pueblo gallego y las tropas españolas. Esta retirada imperial fue una gran victoria (sangrienta y trabajada) de la causa patriota.

Tras avanzar hasta Astorga con sus tropas, desalojando los cuerpos de la Vanguardia (y entre ellos los Escolares) a los franceses de la Bañeza el 7 de agosto, el marqués de La Romana, con el Ejército formado bajo sus murallas, daría a la luz el 24 de agosto una emotiva proclama despidiéndose de sus tropas, al tener que ceder el mando por haberle reclamado la Junta Central para pasar a Sevilla a fin de ser uno de sus vocales:

[…] Galicia queda cubierta de cadáveres franceses. Ni la antigua Cartago ni la reciente Francia pueden comparar sus marchas con las incesantes que, en seis meses de desnudez, hambre y miseria, habéis hecho por los impenetrables Alpes de Castilla, Galicia y Asturias, en la estación más irresistible […] no habéis dado ruidosas batallas pero habéis aniquilado al más soberbio ejército del Tirano[…] fatigando las tropas enemigas, destruyéndolas en pequeños combates y reduciendo su dominación al terreno que pisaban, habéis cumplido las más altas obligaciones del Soldado[…]

El renacido Ejército de la Izquierda continuó su marcha hacia Salamanca. Allí, su nuevo Comandante en jefe, el duque del Parque, libraría en la tarde del 18 de octubre de 1809 una famosa batalla en la villa de Tamames, la cual culminó con una gran victoria española. Tras varias horas de aguantar los ataques imperiales, al anochecer, y para sorpresa de los franceses, las bisoñas tropas españolas habían rechazado con vigor todos sus ataques causándoles cientos de bajas. Cuando del Parque dio la orden de ataque y los regimientos españoles descendieron de las colinas batiendo sus tambores el paso de “calacuerda”, los franceses fueron incapaces de resistir, retrocediendo en desorden y “quedando el día” para las cruces de San Andrés.

El entusiasmo recorrió el Ejército; Tamames era la primera victoria española conseguida tras la de Bailén, el año anterior, y luego de numerosas y calamitosas derrotas. El pequeño batallón no padeció bajas severas: 1 soldado muerto, 2 desaparecidos y 5 heridos, entre ellos su propio comandante Fernando Capacete que recibió una fuerte contusión por un balazo de rebote.

Por entonces nuestro medio batallón de Escolares se había reducido a poco más de una compañía que no rebasaba el centenar de jóvenes entre mandos y soldados. Para intentar rehacer el batallón con nuevos efectivos la Junta de León reactivó el 13 de noviembre una orden de la Junta Suprema Central por la que se autorizaba a recoger a todos los alistados leoneses encuadrados en los cuerpos de la 4ª División del Ejército de la Izquierda (la cual había quedado en León y norte de Zamora cubriendo las entradas a Galicia), enviando a los estudiantes al batallón de Escolares, y al resto, al regimiento de Voluntarios de León:

[…] que al batallón de Escolares de León que está en el mismo Ejército, y que se ha distinguido con el mayor valor en toda la campaña de Galicia se envíen todos los estudiantes y mozos de mejor conducta que haya en los demás cuerpos de él, hasta completar el citado batallón, al que pasarán con sus armas.

Tras la victoria en Tamames, el Ejército del duque del Parque avanzó hacia el Duero liberando Salamanca y Tordesillas. Pero la derrota en la batalla de Ocaña de un gran ejército español que desde Andalucía avanzaba sobre Madrid, hizo detenerse al general español; previendo el contraataque francés del general Kellerman (que ocupaba Castilla la Vieja y contaba con una numerosa y experimentada caballería) del Parque dio la orden de retirada hacia Alba de Tormes.

A mediodía de un frío 28 de noviembre, las tropas españolas habían alcanzado la relativa seguridad del río Tormes en su villa de Alba. Sin embargo, los franceses (habiendo recibido ya de Madrid los refuerzos pedidos) les seguían los talones. El general español confiado en haber dejado muy atrás a los imperiales ordenó el alto a sus agotadas tropas a fin de darlas de comer en torno al Tormes. En un gravísimo error solo dos de sus divisiones, la 3ª y la 5ª, cruzaron el río para acampar; pero las otras tres: la Vanguardia, la 1ª y la 2ª acamparon del lado francés, en la misma ciudad de Alba.

Cuando las tropas se encontraban relajadas preparando sus escasos ranchos varios piquetes de jinetes españoles se precipitaron sobre ellas al grito de que llegaba la caballería francesa. Un desastre de proporciones inimaginables se le presentó a del Parque: la mitad de su Ejército no podría ayudar a su otra mitad al estar separados por un caudaloso río y un largo y estrecho puente.

La Caballería española (mal montada y peor adiestrada) apenas pudo resistir unos minutos; arrollada huye. Los infantes españoles de la 1ª División de Javier Losada, sin apenas tiempo para formar y coger las armas ven como tres mil jinetes franceses caen sobre ellos al arma blanca. Cientos de muertos y heridos quedan tendidos en el campo. Otros 2.000 españoles caen prisioneros con toda la artillería divisionaria. El resto huye atropelladamente hacia el puente bloqueando a las tropas que del Parque trataba de hacer pasar al otro lado.

Su sacrificio dio unos minutos a los hombres de la División de Vanguardia, al mando de los generales Gabriel de Mendizábal y Martín de la Carrera (en la que se integraban los Escolares de León con unos efectivos de 75 hombres), para formar un gran cuadro (“cuadrilongo”) de espaldas al Tormes, sobre una pequeña colina. Mendizábal y La Carrera pudieron reunir con ellos 3.941 hombres de 14 débiles batallones. Su situación era crítica, habían sido derrotados, no podían vadear el río; un solo movimiento y los jinetes franceses les arrollarían…

[…] ¡Qué infernal confusión !¡Qué gritería,

que estruendoso tropel, que horrible aspecto

presentaba la lid!¡Tres mil dragones

contra tres mil infantes fatigados,

sin comer, sin dormir, sin un caballo,

sin tener un cañón, sin otro escudo,

que su propio fusil ! Jamás Europa,

ni el sol vio cosa igual […]

La noche invernal se echaba encima y estaban prontos a llegar al campo de batalla la artillería e infantería imperiales. Cuando ello tuviera lugar a las tropas españolas solo les quedaría capitular o sucumbir. En medio de las brumas del atardecer invernal Mendizábal ordenó a Fernando Capacete que saliera del cuadro para reconocer a la caballería que volvía a formar sobre unas colinas, con la esperanza de que fuera la española que regresaba, reorganizada, al campo de batalla para apoyar a sus desamparados infantes:

[…] salió con orden del Excmo. Sr. don Gabriel de Mendizábal a reconocer la caballería enemiga, a la que se acercó tanto que le intimaron a la rendición e hicieron fuego con tiro de pistola, volvió al cuadro y dio parte a dicho General de ser efectivamente la caballería enemiga, antes de que atacaran.

Tras coger aliento, los franceses reanudaron sus cargas, pero para recuerdo de la historia, los españoles defendidos por la muralla que, con sus cuerpos y bayonetas, formaron de espaldas al río, resistieron todos los embates causándoles numerosas bajas con las descargas cerradas de sus mosquetes que, disciplinadamente, hicieron aguantando hasta que los jinetes llegaron a cincuenta pasos de su línea. Así nos lo relata, de nuevo, el Comandante de los Escolares Fernando Capacete:

[…] fueron rechazados por tres veces; se retiró con dicho cuadro sufriendo el vivo fuego de cañón  hasta unirse dicha Vanguardia al Ejército

Los franceses intimaron a la rendición a los españoles. Por toda respuesta Mendizábal ordenó una descarga cerrada a sus fusileros. La caballería francesa, con Kellerman a su cabeza, desistió en sus cargas; sus escuadrones de dragones, cazadores y húsares habían sufrido numerosas bajas. Los “Cuadros de Alba“ pasarían a la historia y a leyenda de la Guerra de la Independencia. Los nombres de los regimientos de la División de Vanguardia que lograron resistir formando el cuadro se repitieron, con admiración, en los meses y años siguientes. Así lo dejaría escrito en un hermoso poema el Teniente gallego Ramón Novoa presente en la batalla:

Gloria a los hombres

de Cataluña, de la fiel Gerona,

del invicto Barbastro, y la Victoria

terror y espanto de los enemigos.

Gloria al Cuerpo Escolar, gloria a Monforte,

Morrazo, Lemus, Zaragoza y Muerte,

al Príncipe también, eterna gloria,

nombres que vivirán siempre en la Historia.

Cerrada la noche, Mendizábal y La Carrera, cuando la Infantería y Artillería imperiales se hacían presentes ya, ordenaron a sus batallones, al amparo de la luna, avanzar a paso de carga hacia el puente de Alba a fin de cruzarlo como fuese.

Bajo los relámpagos del fuego de los cañones y obuses imperiales, los españoles comenzaron a abrirse paso; algunos iban cayendo alcanzados, nadie les recogía pues las órdenes eran las de proseguir sin detenerse; los franceses fueron arrollados. Con pérdidas, pero invictos en medio de la derrota, los regimientos de la División de Vanguardia consiguieron cruzar el río y reunirse con del Parque. En medio de mil penalidades, el Ejército de la Izquierda logró retirarse hacia la frontera portuguesa a pasar el invierno.

Con el comienzo del nuevo año de 1810, lo que quedaba del batallón de Escolares pasa en marzo a la guarnición de Badajoz. Allí permanecería hasta el 18 de junio en que el batallón (junto con otros cuerpos diezmados) sería disuelto ante la imposibilidad de conseguir cubrir las bajas con nuevos colegiales. De los pocos estudiantes que habían sobrevivido, los de más edad y más aptos fueron ascendidos a Subtenientes y destinados como mandos a las unidades regulares del Ejército; el resto, los más jóvenes, fueron enviados a las Academias Militares de Extremadura (al nuevo Colegio Militar de Valencia de Alcántara) junto con otros cadetes del también extinguido batallón Literario de Santiago; otros cuarenta y ocho escolares más partieron hacia Galicia (con destino al Real Colegio Militar de Santiago de Compostela) para que acabaran de formarse como nuevos oficiales.

  En el Ejército de la Izquierda, La Romana se vio obligado a efectuar una drástica reorganización. Muchos de sus regimientos tenían sus plantillas muy bajas de efectivos, por lo que la proporción de jefes y oficiales respecto a la tropa era muy alta, restándoles eficacia operativa. Por ello se hizo regresar a Galicia a los “cuadros” (jefes, oficiales, sargentos, cabos, tambores y asistentes) de 17 regimientos de los 35 que componían el Ejército. Los que permanecieron en Extremadura recibieron la tropa de los que marchaban al norte peninsular para rehacerse con nuevas levas:

Día 9 de junio de 1810

En razón de la absoluta necesidad de disminuir en el Ejército el crecido número de jefes y oficiales que hay con proporción a la tropa que hay, y por la falta que estos dignos servidores del Rey hacen en algunas Provincias de España para la pronta instrucción de los conscriptos y gente de nueva leva, ha resuelto el Excmo. Sr. Marqués de La Romana que con las tropas de unos cuerpos se completen otros, debiendo marchar a Galicia los cuadros de lo que entregan su gente para tomarla en aquel Reyno.

El cuadro de mandos de los Escolares sería uno de los enviados de vuelta a Galicia, al mando todos del general Javier Losada, conde de Maceda. Así nos lo relata Fernando Capacete:

Pasó con su batallón de Escolares en cuadro a completarle a las provincias de Galicia y León en donde fue refundido aquel cuerpo en el regimiento de infantería Voluntarios de León, quedando de Comandante agregado en los Cazadores del Rey

El cuadro de nuestro batallón llegaría a Santiago de Compostela, desde Vigo, el 12 de julio, pasando sus mandos al Bierzo. Efectivamente, el 13 de septiembre, los antiguos mandos del batallón de Escolares, con Fernando Capacete al frente, se presentaron ante la Junta de León en el monasterio de Carracedo solicitando nuevos destinos. Nicolás Mahy, Capitán General de Galicia, León y Asturias, les destinaría a nuevas unidades, con preferencia al regimiento de Voluntarios de León que volvía a reconstruirse tras haber caído prisionero en el 1º Sitio de Astorga en abril de aquel año.

Meses después, el nuevo Capitán General Javier Castaños, remitió un informe al subinspector del 5º Ejército Español desde Olivenza el 11 de junio de 1811. En el mismo certificaba que todos los antiguos Escolares de León tenían sobrados méritos para ser considerados candidatos al rango de Subteniente:

Los individuos del batallón de Escolares Voluntarios de León, que por su extensión pasaron a incorporarse en los Literarios de Santiago, al regimiento del General, unos y otros al Colegio Militar de Valencia de Alcántara, son todos en una misma clase, y con iguales derechos a ser ascendidos a Subtenientes, si por su aplicación no lo desmerecen. Los Escolares de León son tanto más dignos a esta gracia cuanto que el sacrificio que han hecho, desde el principio de esta justa guerra, de su carrera literaria, y sus buenos servicios son conocidos en el Supremo Gobierno, en cuya inteligencia han sido promovidos algunos a la clase de Subtenientes así como los de Santiago, y sería agraviar el verdadero mérito de éstos dignos jóvenes, como en la moderación de la Junta de León cuando organizó este Cuerpo, en no declarar Cadetes a estos individuos, no obstante el ejemplo que en aquellas circunstancias la dio la Universidad de Santiago; fuera en perjuicio del que se han adquirido por sus circunstancias y sangre que tienen derramada […].

El estudiante de Villalón de Campos, Antonio Ramos Cantero (que serviría luego en la guerrilla del cura Merino en el regimiento de infantería de Arlanza), dejaría también en su hoja de servicios una orgullosa aseveración sobre el antiguo batallón Escolar al que había pertenecido y en el que fue:

[…] indudable la constancia y buenos servicios que han hecho los jóvenes que lo componían.

Acabada la guerra, algunos de estos estudiantes continuarían en la carrera militar; otros volverían a sus estudios en la Universidad, recibiendo el derecho a guardar sus uniformes y utilizarlos en ocasiones señaladas. Así, siempre podrían hacer recordar que en su juventud, en la gran guerra contra Napoleón, habían sido Ilustres Escolares de León.

Al contrario que los Literarios de Santiago, con una hermosa placa en bronce, sita junto a la catedral del Patrón de España (inaugurada en 1896), en ningún lugar de nuestra Provincia, Centro Educativo, Plaza o Vía Pública, hay nada que recuerde a los “Ilustres Escolares de León”, salvo estas pequeñas líneas que, hoy aquí, publicamos en recuerdo suyo.

Nihil in fastis simile

Apéndice.

LISTADO DE OFICIALES Y ESTUDIANTES ALISTADOS EN

 EL BATALLÓN DE ILUSTRES ESCOLARES

Plana Mayor.-

  • Primer Comandante Fernando Capacete, natural de Málaga, Subteniente de infantería al comienzo de la guerra; ascendido a Capitán del 3º de Voluntarios de León (batallón “Clavijo” astorgano) por el general Cuesta en julio de 1808, y a Comandante del batallón de Escolares de León en diciembre de 1808 por la Junta de León con aprobación del marqués de La Romana. Al final de la guerra manda como Coronel el regimiento de Cazadores del Rey.

  • 2º Comandante Vicente Bernal, abogado, natural de Fuentelsaz, en Guadalajara, residente en León al comienzo de la guerra, nombrado Capitán del batallón de Escolares por la Junta de León. Reúne y organiza a la unidad de estudiantes en agosto de 1808 en la Virgen del Camino. Sirve en el batallón durante toda su existencia (dos años, diez meses y once días), desde Burgos a Galicia, y en la batalla de Alba de Tormes. Tras la disolución de la unidad para a servir en el regimiento gallego de los Voluntarios del Ribero.

  • Sargento Mayor Antonio Rabanera y Eraso, natural de Navarra, militar profesional del batallón de infantería ligera de Voluntarios de Navarra. Tras pasar por el batallón de Literarios de Santiago es adscrito a los Escolares de León. En 1810 pasa al regimiento del Ribero; comisionado para reorganizar las guerrillas de Vizcaya del 7º Ejército; jefe de instrucción en el regimiento de Toledo. Participa junto con los Voluntarios de León en la reconquista de Laredo y Santoña al finalizar la guerra.

  • Manuel Santos Fernández, capellán cura castrense, nombrado por la Junta de León en septiembre de 1808.

  • Ayudante Mayor Ramón González; contaba con seis años de estudios mayores en la Universidad de Valladolid, y tenía 28 años de edad en 1808.

  • Ayudante 2º, Manuel Fariñas.

  • Dionisio Zubillaga y Cáceres, Oficial habilitado del batallón (responsable de las finanzas); natural de Riello, estudiante de cánones en la Universidad de Salamanca en junio de 1808 con 20 años de edad. Ascendido a Teniente en diciembre de 1809. En 1810 pasa a los Voluntarios de León asistiendo al primer Sitio de Astorga donde cae prisionero; consigue fugarse pero los sufrimientos, y tensión, padecidos y su débil constitución le generarán una dolencia esquizofrénica que le obligarán a retirarse del servicio (contra su voluntad) en octubre de 1812.

1ª Compañía (Granaderos).

  • Capitán Antonio Flórez de Coca y Osorio, natural de la ciudad de León, vizconde de Quintanilla de Flórez, alistado como Capitán por la Junta de León en junio de 1808. Tras disolverse el batallón pasa al regimiento del Ribero y llega con él hasta Francia al final de la guerra; declarado liberal.

  • Teniente Toribio Alonso del Riego, natural de Veguellina, con 10 años de estudios cursados en la Universidad de Valladolid y 26 años en 1808. Regresa a León y se alista en los Escolares en agosto de 1808, hecho Teniente; en diciembre de 1809 es Capitán. Veterano de Burgos, comisionado en misión de espionaje por la Junta de León a Somosierra en noviembre de 1808. Regresa a León y acompaña a Luis de Sosa en la reunión de los Voluntarios de León en Valdelugueros; pasa a los Voluntarios de León; en la defensa de Astorga con Santocildes; en la acción de Cogorderos en junio de 1811; en Otero de las Dueñas el 6 de abril de 1812; 2º Sitio de Astorga; Campaña de 1813 y presente en San Marcial y el paso del Bidasoa; en 1814 en el bloqueo de Santoña y toma de los fuertes de Laredo (es comisionado para llevar a los prisioneros franceses hasta La Coruña). En 1820 pide licencia para retirarse a vivir en Astorga con su esposa y dos hijos, donde tenía propiedades.

  • Salvador Porrero, soldado de la 1ª compañía, fallecido en los hospitales militares de Ciudad Rodrigo en los primeros días de noviembre de 1809; natural de Castroverde.

2ª Compañía.

  • Capitán Rafael María Moreno y Paz, natural de Astorga, estudiante en la Universidad de Salamanca, se alista en los Escolares y es hecho Capitán por la Junta de León, veterano de Rioseco y Burgos; es enviado para recoger correspondencia del gobierno portugués para el marqués de La Romana. Pasa a los regimientos de Toro y Compostela; Comandante de Armas de Alcañices. En noviembre de 1813, al final de la guerra, pide la licencia para pasar a Astorga y hacerse cargo de sus propiedades y casa por haber muerto todos sus familiares desde el inicio de la guerra.

  • Teniente Santiago Lobato, 2ª Compañía, natural de Villalpando, alistado como Subteniente en los Escolares; veterano de la defensa de Logroño y la reconquista de Villafranca del Bierzo. Comisionado para el transporte y cuidado de los heridos; participa en las acciones de La Bañeza y batalla de Tamames, Medina del Campo y Alba de Tormes. Pasa a los Voluntarios de León y al regimiento del Ribero, siendo ya Teniente.

  • Gregorio García, Soldado de la 2ª compañía, fallecido el 30 de diciembre de 1809 en los hospitales militares de Plasencia, natural de Astorga.

  • Pedro Antonio Casado, iniciado de prima tonsura, Soldado de la 2ª compañía, fallecido en los hospitales militares de Ciudad Rodrigo, el 19 de diciembre de 1809, natural de Almanza.

  • Antonio Flórez, Soldado de la 2ª compañía, fallecido en el hospital militar de Badajoz el 10 de abril de 1810, natural de Torre de Babia.

  • Manuel García, soldado de la 2ª compañía, fallecido en el hospital militar de Coria el 26 de marzo de 1810, natural de Astorga.

3ª Compañía.

  • Capitán Manuel Lorenzana, Capitán de los Escolares, poca aptitud y mala salud.

  • Teniente Francisco Sanz.

  • Santiago Alvarez, Soldado fallecido por enfermedad en León el 28 de diciembre de 1808.

  • Santiago Alvarez, Soldado fallecido por enfermedad en León el 28 de diciembre de 1808.

  • Domingo Benavides, Soldado, natural de Quintana del Marco, fallecido por enfermedad el 21 de abril de 1809 en Páramo del Sil.

  • Julián Colinas, soldado de la 3ª compañía, fallecido en el hospital militar de Badajoz el 13 de abril de 1810, natural de san Pedro de Bercianos.

4ª Compañía.

  • Dionisio Martínez, Capitán al mando de la 4ª compañía, fallecido en Santa María de Anllares, concejo del Sil, el 1 de mayo de 1809; natural de Molina de Aragón.

  • Teniente Antonio Magaz Cabezas. Estudiante con cuatro años de gramática, tres de filosofía y siete de teología (acreditaba conocimientos de historia, geografía y matemáticas); natural de Quintana de Cepeda, veterano de Rioseco, Tamames y Alba de Tormes. Tras la disolución del batallón pasa al regimiento del Ribero.

  • Pedro Villavilla, natural de Huermeces (Burgos), Soldado de la 4ª compañía, muerto en combate en la reconquista de Villafranca del Bierzo a los franceses el 18 de marzo de 1809.

  • Melchor Valladares, Soldado de la 4ª compañía, muerto en combate en la batalla de Tamames, natural de Valle de las Casas (jurisdicción de Almazcara).

  • Lucas Melcón, Soldado de la 4ª compañía, fallecido en los hospitales militares de Plasencia, natural de Rosales.

  • Francisco García, Soldado de la 4ª compañía, fallecido en los hospitales militares de Plasencia el 11 de diciembre de 1809, natural de Cuevas del Sil.

  • Fulgencio Fernández, Soldado de la 4ª compañía, fallecido en el hospital militar de Alberca de la Sierra, el 31 de diciembre de 1809, natural de Villameca.

  • José Rodríguez, Soldado de la 4ª compañía, fallecido en los hospitales militares de Plasencia el 15 de noviembre de 1809, natural de Astorga.

Escolares de los que se desconoce la Compañía en la que sirvieron.-

  • Teniente José Pinto Gómez.

  • Teniente Pedro Ruiz de la Peña, Subteniente en 7 de agosto de 1808; en septiembre de 1809 pasa de Teniente a los Voluntarios de León.

  • Alférez Miguel José de la Rigada, ascendido a subteniente posteriormente.

  • Subteniente Francisco Pérez Mercadillo y Guerra, natural de Berlanga del Bierzo, alistado en junio de 1808 en los Escolares con el premiso paterno, acaba la guerra con el grado de Subteniente. Veterano de Rioseco, Burgos, retirada a Galicia, reconquista de Villafranca del Bierzo, acciones sobre La Bañeza y León, batallas de Tamames, Medina del Campo y Alba de Tormes. Tras la disolución de los Escolares pasa como cadete al Colegio Militar de Valencia de Alcántara, y de allí a los regimientos del “General del 6º Ejército”, Voluntarios de Navarra y 1º de Cataluña. Veterano del sitio de Badajoz, y batalla de La Albuera. Pasa a América en 1816 y regresa en 1823; declarado liberal combate a los Cien Mil Hijos de San Luis y es apresado y deportado a Francia. En 1834 se reincorpora al Ejército como Teniente Coronel y combate a los carlistas.

  • Antonio Ramos Cantero, natural de Villalón de Campos, seminarista en León, se alista como Cabo en el batallón de Escolares; hecho Sargento 2º por elección de sus compañeros en septiembre. Al final del conflicto era Teniente Coronel. Veterano de Rioseco y Burgos, queda aislado del batallón y sirve en las guerrillas del cura Jerónimo Merino (futuro regimiento de Arlanza) hasta el final de la guerra. Declarado liberal en la postguerra. Hecho Coronel combate a los carlistas en 1835.

  • Tomás Díaz Caneja, natural de Oseja de Sajambre, sobrino de Luis de Sosa, Soldado distinguido en los Escolares de León, veterano de Rioseco y del sitio de Astorga de 1810, realiza misiones de espionaje tras las líneas francesas; muere en los últimos meses de la guerra sirviendo como Teniente en los Voluntarios de León.

  • Subteniente Toribio Rico.

  • Subteniente Gregorio Sánchez.

  • Subteniente Manuel Miranda.

  • Benito Bocinos, Cabo 1º, natural de Boñar; en 1809 es hecho Teniente de los Voluntarios de León y secretario del Comandante General Luis de Sosa.

  • Eusebio Rodríguez, Soldado distinguido; hecho Subteniente abanderado del regimiento nº 2º de Voluntarios de León en agosto de 1808. Muerto en la defensa del fuerte del Puntal de Laredo en febrero de 1814 siendo Teniente de los Voluntarios de León.

  • Felipe Garrido y Garrido, Soldado Distinguido, natural de Valencia de don Juan, alistado en los Escolares en junio de 1808, veterano de Burgos. Pasa a los Voluntarios de León; nombrado Subteniente, actúa en varias comisiones de espionaje tras las líneas enemigas. Veterano de la acción de Cogorderos. En 1816 estaba retirado con el grado de Teniente.

  • Juan Reyero Reyero, estudiante manchego, Soldado distinguido; en abril de 1809 es hecho Sargento 1º de Voluntarios de León; al final de la guerra era Teniente en el 2º de Asturias.

  • Francisco Isla, natural de Valencia de don Juan, Soldado distinguido, fue hecho rápidamente Capitán por la Junta de León; en 1813 servía con el mismo grado en el regimiento de Toledo.

  • Santiago Conejo, Soldado fallecido en Corias (Asturias) el 13 de mayo de 1809; natural de Algadefenulias.

  • Bernardo Martínez, con siete años de estudios mayores, Soldado distinguido desde octubre de 1808; pasa a los Voluntarios de León y es hecho Subteniente. En 1813 era Teniente en el regimiento de Betanzos.

  • Francisco Ferreiro y Valentín Gutiérrez, Soldados Distinguidos del batallón de Ilustres Escolares de León, fallecidos el 25 de junio y el 15 de julio de 1809 en san Juan de Seoane, obispado de Lugo, se ignoran sus padres y lugar de nacimiento.

  • Benito María del Mazo Ballesteros, natural de Astorga, Soldado distinguido, veterano de Burgos, Tamames y primer Sitio de Astorga donde cae prisionero y es llevado a Francia en la que permanece cautivo hasta el final del conflicto.

  • Francisco Vargas Gironda, estudiante extremeño residente en León, alistado en los Escolares como Soldado distinguido; en 1810 pasa al regimiento de Castilla; al final de la guerra se retira a vivir en León como Subteniente, convaleciente de cuatro heridas recibidas en San Marcial.

  • José de la Red Prado, natural de la Vega de Almanza (Sahagún), con cuatro años de estudios mayores, alistado en los Escolares como Soldado distinguido. En febrero de 1809 pasa los Voluntarios de León y luego al cuerpo guerrillero de la Legión de Castilla ya como oficial. Ayudante de Campo del Brigadier leonés Federico Castañón en 1810; veterano de 36 acciones de guerra, del sitio de Astorga de 1812, batalla de San Marcial y bloqueo de Laredo y Santoña. Declarado liberal en la primera guerra carlista, Coronel en 1825, muere pobre en Madrid en 1851.

  • Gregorio Díez, Soldado distinguido; se incorpora a los Voluntarios de León como 2º Subteniente de la 2ª Cª del 3º batallón.

  • Joaquín Machado, Soldado Distinguido, natural de Otero (Castilla la Vieja), de 22 años en 1808. Pasa el resto de la guerra en el batallón de Arlanza del cura Jerónimo Merino como Capitán.

  • Juan Fernández, Soldado Distinguido, en 1810 se le concede la gracia de ingresar en el Colegio Militar de Santiago. El 14 de agosto de 1812 solicita al ayuntamiento de León la gratificación concedida a los de su clase (José Magín González Laíz, Archivo Municipal de León – 182).

  • Antonio Juan Fernández Fernández, natural de Astorga, arrabal de Rectivía, seminarista clérigo de menores, Soldado Distinguido en el verano de 1808. En agosto de 1809 pasó de cadete al regimiento de Infantería de Línea de Zaragoza, su madre viuda, María Fernández Arias le asignó, por escritura notarial del 4 de agosto de 1809 dinero para poder mantenerse hasta ser ascendido a Subteniente (José Magín González Laíz, Archivo Histórico Provincial de León C–10.856).

  • Francisco González Escanciano, natural de Burón, Seminarista, Soldado Distinguido, veterano de la batalla de Medina de Rioseco, de donde trajo custodiada la bandera de su Tercio sin mancha ni rasguño (José Magín González Laíz).

  • Antonio Rodríguez, Soldado Distinguido, el 23 de marzo de 1809 estaba en León con licencia a fin de poder atender la administración de unos bienes familiares antes de reincorporarse a su batallón, con 24 años (José Magín González Laíz, Archivo Histórico Provincial de León, C- 1.034).

  • Pablo de Vega López, Soldado Distinguido, natural de san Román de la Vega, en 1809 sirve en el batallón con 23 años (José Magín González Laíz, Libros Parroquiales de san Román de la Vega).