La Rebelión de Galicia de 1809. El Regimiento de la Muerte.

EL REGIMIENTO DE LA MUERTE O VICTORIA.

LA REBELIÓN DE GALICIA A LA INVASION FRANCESA

 Y LAS CAMPAÑAS DEL EJÉRCITO DE LA IZQUIERDA

(AÑO DE 1809)

 

Arsenio García Fuertes

Doctor en Historia por la Universidad de León, FEHME.

 

“A la gloria eterna de la Infantería”

Robert A. Heinlein, 1960.

   La escasa documentación, hoy por hoy localizada[1], del Regimiento de Infantería de La Muerte, de corta, sangrienta e intensa vida (combatió como unidad regular del Ejército Español entre mayo de 1809 y julio de 1810), y que el célebre Teniente General Serafín María de Sotto y Longton, III Conde Clonard[2], oficial de la Guardia Real durante la Guerra de la Independencia y luego, también, historiador militar (autor de la famosa Historia Orgánica de las Armas de Infantería y Caballería Españolas publicada entre 1851 y 1859) eligió como uno de los cuatro Regimientos de Infantería simbólicos de la Guerra de la Independencia (Patria, Fe, Fernando VII y Muerte), no nos permite conocer muchos detalles de este cuerpo gallego de voluntarios levado a finales del invierno de 1809 por el Comandante General de Armas de Galicia, el Coronel de milicias coloniales, Manuel García del Barrio[3]. Este activo patriota, castellano de la montaña de nacimiento, sin ser militar de profesión, pero gracias a sus aptitudes y actuaciones como agente patriota en el comienzo de la guerra en el norte de Castilla al servicio de los generales Cuesta, Blake, La Romana y del mismo John Moore, logró ser enviado por la Junta Suprema Central desde Sevilla hacia Galicia, el 16 de febrero de 1809, con la misión de reactivar la resistencia patriota y ayudar al marqués de La Romana a derrotar a los mariscales Ney y Soult. Estos, habían invadido Galicia en enero de 1809 dentro de las operaciones que habían llevado a la derrota y retirada de las tropas aliadas de La Romana y del general John Moore, al fidelísimo reino, desde Astorga, el 30 de diciembre de 1808, luego de la entrada del propio Napoleón en Madrid días antes.[4]

   Las fuerzas francesas se componían de dos Cuerpos de Ejército, el II de Soult y el VI de Ney. El primero contaba con 26.343 hombres en 4 Divisiones de infantería y 3 Divisiones de caballería. El segundo cuerpo tenía 17.000 hombres, con 2 Divisiones de Infantería y 1 de caballería. Ney tenía la misión de controlar el territorio gallego, para lo que desplegaría una brigada en Lugo (con los almacenes y hospitales del ejército); otra brigada, con dragones de caballería, en Mondoñedo; una tercera brigada en Santiago, y guarniciones en La Coruña y el Ferrol. Por su parte, Soult ocuparía el sur de Galicia, con fuertes guarniciones en Vigo y Tuy, e invadiría Portugal hasta Oporto. Ney, por la suya, habría de quedar como gobernador de Galicia.

   Por su parte, La Romana solo estaba al mando de los restos del que había sido el Ejército de la Izquierda. Si éste, bajo las órdenes del general Joaquín Blake, pudo presentar en la batalla de Espinosa de los Monteros, los 10 y 11 de noviembre de 1808, hasta 23.000 hombres, la derrota y retirada invernal hacia León, por las montañas cantábricas, redujo el ejército presente en León, el 4 de diciembre (ya al mando del marqués de La Romana) a apenas 16.106 efectivos, y de ellos, solo 9.980 eran soldados veteranos (el resto eran nuevos reclutas), estando más de la mitad enfermos, sin fusiles y sin equipo militar.[5]

   La retirada invernal hacia Galicia provocó la dispersión final del ejército, de tal manera que el 15 de enero de 1809, en el sur de Orense, La Romana solo disponía de 4.474 hombres agotados, enfermos y casi desnudos (y de ellos 1.497 eran nuevos reclutas desarmados). El 27 de enero el marqués comenzaría el largo proceso de reconstrucción de sus tropas, reorganizando el ejército en tres diminutas Divisiones: Vanguardia (Gabriel de Mendizábal), 1ª (Nicolás Mahy) y 2ª (Francisco Gil Taboada).[6] El dato es significativo pues tres meses antes el Ejército de la Izquierda había llegado a contar con ocho Divisiones (Vanguardia, 1ª, 2ª, 3ª, 4ª, Reserva, División del Norte y División Asturiana, con 44.000 hombres y 38 piezas de artillería, antes de ser derrotado en Espinosa de los Monteros[7]).

  Habrían de pasar varios meses hasta que el Ejército de la Izquierda pudiera volver a ser una fuerza operativa de combate. En el resto de España la situación no era mejor. Formalmente la España patriota había perdido la guerra; todos sus ejércitos habían sido derrotados y se batían en retirada o se habían dispersado; Napoleón había entrado en Madrid el 4 de diciembre, José Bonaparte había recuperado su trono y la Junta Suprema Central había huido a Sevilla. Afortunadamente España no tenía un Rey para negociar una paz y admitir la derrota; la Junta Central, las Juntas Provinciales, el Pueblo y el Ejército españoles no reconocieron lo evidente y la lucha seguiría en los años siguientes.

     En palabras de Manuel García del Barrio al relatar el comienzo de su misión de impulsar la resistencia patriota en Galicia tras la ocupación francesa:

   “En este estado admití la comisión de restaurador de Galicia, para lo cual ni tenía, ni me han dado más hombres que un oficial (el capitán Pablo Morillo) y un canónigo (Manuel Acuña) y 5.000 reales, sin otras armas, municiones ni pertrechos que los que la Providencia me proporcionase” [8]

 

   A su llegada a Galicia, Manuel García del Barrio se presentó a La Romana en Lama de Arcos el 1 de marzo de 1809; ésta era una villa portuguesa en la misma raya de la frontera al sur de Orense, donde el general español había instalado el cuartel general de los restos de un Ejército de la Izquierda que trataba, tanto de salvar de la persecución francesa, como de reorganizar y acrecentar con dispersos, nuevos reclutas y equipo. En aquellas primeras semanas de 1809, la situación de Galicia y del Ejército de la Izquierda del marqués, eran desesperadas:

 “La escandalosa dispersión que sufrieron nuestras tropas en su retirada (desde Astorga), en la que fueron incluidos coroneles, brigadieres y aún generales, favorecidos a este fin por el desorden introducido con motivo de haberse mezclado a nuestras tropas la división inglesa que se dirigía a Vigo[9], por lo cual se han perdido, cañones, mulas, caballos y varios pertrechos militares, han puesto al marqués de La Romana en circunstancias muy críticas y apuradas; pero este celoso y patriota General no desesperó por eso, ni dejó de trabajar en medio de sus angustias” [10]

   Los dos mariscales franceses habían ocupado con facilidad las capitales, puertos y ciudades de las siete provincias gallegas[11], tras la batalla de Elviña el 16 de enero que ocasionó la muerte del general Moore y el reembarque de las tropas británicas hacia Inglaterra. Galicia y su Junta no pudieron oponer resistencia, tanto por la carencia de tropas regulares de guarnición (casi todos los cuerpos gallegos estaban en el Ejército de la Izquierda, derrotado en Espinosa de los Monteros), como por la caótica retirada británica hacia La Coruña y Vigo (retirada en la que los británicos ocultaron su conocimiento a las autoridades gallegas, interceptando todos los correos españoles que marchaban hacia Galicia - incluso los del marqués de La Romana - anunciando la ofensiva francesa) y por la rapidez con que se produjo la invasión imperial en enero de 1809 en su intento de copar y derrotar a los británicos antes de que pudieran llegar a los puertos gallegos donde se pondrían al resguardo de su flota, en un calamitoso Dunquerque napoleónico.[12]

  “Los enemigos se posesionaran de todas las ciudades, plazas y pueblos del Reino que, descansando en las providencias y noticias de sus autoridades se hallaron sin fuerza que oponer, ni noticia antecedente que los previniese. El objeto y función de los mariscales era sacar de los pueblos sus exorbitantes contribuciones, y creyéndose ya tranquilos poseedores, esparcieron sus fuerzas para asegurar las exacciones y las subsistencias[13]. Feliz error de los mariscales que proporcionó el buen éxito de las operaciones de los valientes gallegos, quienes, con mucha previsión de este resultado, empezaron desde un principio a negar las contribuciones ínterin la fuerza armada no las compelía, a cuyo fin fue casi indispensable la diseminación de los franceses” [14]

   El marqués de La Romana recibió de buen grado al comisionado de la Junta Central Manuel García del Barrio y le informó que la resistencia de los pueblos gallegos a la ocupación francesa estaba dando sus primeros pasos. Ya el 10 de febrero, la villa orensana de Puebla de Trives se había resistido, con las armas, a una columna francesa llegada con ánimo de saquear la localidad en busca de víveres y dinero. Su ejemplo había animado a los párrocos de Casoyo y Valdeorras a imitar a los vecinos de Trives y de su comarca, poniéndose al frente de sus feligreses, e iniciando un levantamiento armado capaz de resistir las incursiones imperiales. [15]

   Otra de las primeras y célebres resistencias populares fue acaudillada por (el luego famoso religioso orensano de 39 años) Mauricio Troncoso de Lira y Sotomayor, abad de San Jurjo, de Vilar Crecente y de San Bartolomé de Couto (lugar éste último que le daría su sobrenombre de guerra, el Abad de Couto):

“En 9 de febrero de 1809 la División de Soult que ocupaba la Provincia de Tuy y Santiago, pasa oficio a las Justicias de los Partidos de Crecente y Albeos, para que le remitiesen 20.000 raciones diarias de pan, vino, carne, gallinas y huevos, pidiendo juntamente caballerías y capotes, por lo que el Ayuntamiento no ha tenido otro remedio sino despachar las órdenes para cumplir con todo ello, mandando que se juntase todo lo pedido en casa del Regidor decano para dirigírselo a la ciudad de Tuy y sus comarcas; y visto esto por dicho Abad pasa con unos pocos mozos a la casa del Regidor donde estaban concurriendo las gentes con los ganados, caballerías y capotes. Sorprende a la Justicia e individuos del Ayuntamiento quitándoles todo lo que tenían dispuestos para enviar al enemigo, y al instante pasa órdenes a los caudillos y justicias, poniéndoles pena de la vida para que, inmediatamente, todos los hombres sin excepción de persona, aún de clérigos y frailes, se presenten con armas ocupando los puentes como ha sido el de Mouretán, Esmoriz, Tayn y el de Achas, lo que se ejecutó en el mismo día cubriendo, aunque con poca gente dichos puentes; y viendo los enemigos que lo que ellos pedían se retardaba, el día 14 del mismo llega una partida de caballería por la puente Mouretán caminando hacia Crecente, se les hace fuego y se les ha muerto quince y quitándoles sus caballos se remitieron a Oimbra al Excmo. Sr. Marqués de La Romana, y al mismo tiempo cogiendo 51 prisioneros, los cuales se remitieron al Corregidor de la Plaza y Villa de Melgaço […][16]

   Desde toda Galicia comenzarían a llegar al marqués de La Romana (perseguido por los franceses, había trasladó su cuartel general en la aldea de orensana de Oímbra, en la raya con Portugal), peticiones de socorro. Ante ello, el general español comenzaría a dar a la luz proclamas animando a la rebelión y resistencia al invasor, remitiendo instrucciones, (redactadas por su jefe de estado mayor el Coronel Juan José Moscoso), a las autoridades locales y párrocos gallegos sobre cómo llevar a cabo una guerra irregular (normas para las alarmas, ordenes de nuevas levas, reunión de víveres y armas, instrucciones para reunir información y atacar a los franceses, tácticas de lucha, etc.)[17]. En este proceso de rebelión armada, la especial orografía de Galicia, un país de relieve accidentado y boscoso, ayudó mucho a fomentar y asegurar una resistencia factible ante el ejército imperial.

    Ya el 25 de febrero el mariscal Soult recibió una petición de su homólogo Ney en la que le urgía a que no iniciara la invasión del norte de Portugal ante los brotes de rebelión que se estaban produciendo en Galicia. Pero el duque de Dalmacia le contestó que no podía desobedecer las órdenes del Emperador y le aconsejó que formara columnas móviles para dispersar y destruir a las partidas de paisanos armados.

   En sus Memorias, Soult dice recordando los comienzos de 1809 en Galicia:

“El 23 de enero de 1809 mi vanguardia llegó a Allariz, donde noté cierta ebullición local, mantenida por emisarios, debida a la cercanía del marqués de La Romana. Yo intentaba en vano darle alcance. Sin embargo el 6 de marzo, Franceschi logró alcanzar su retaguardia en Osoño. Este general realizó una brillante acción que costó a los españoles 1.200 muertos y 400 prisioneros. Los supervivientes huyeron hacia las montañas de León y Castilla la Vieja.

   El Cuerpo de La Romana parecía destruido, pero en este género de guerra los éxitos no pueden tener más que resultados efímeros. Las guerrillas raramente oponían una resistencia seria. Al primer contratiempo se dispersaban, pero reaparecían muy pronto en un punto con frecuencia muy alejado, donde se habían citado ¡había que empezar de nuevo! Yo intenté poner fuera de juego al Cuerpo de La Romana antes de entrar en Portugal. La dirección emprendida por el II Cuerpo, de Orense a Verín, tenía la doble ventaja de acercarlo a Portugal y de perseguir a los rebeldes. Confié esta persecución a Franchesi, apoyado por las Divisiones de Infantería […] pero La Romana se esfumaba sin cesar, como el mismo Franchesi escribía, dos días después de la acción de Osoño. Allí donde estaba Romana se formaba muy pronto un Ejército, porque a su voz todas las Poblaciones se levantaban.  No he podido saber donde está realmente. Cuando se le ataca escapa; cuando se retrocede vuelve.

  Después del combate del 6 de marzo el II Cuerpo no podía continuar persiguiéndole. La conquista de Portugal estaba combinada con el movimiento de otros dos Cuerpos. La custodia de Galicia estaba encomendada al mariscal Ney y la de castilla al mariscal Bessiéres, correspondía a uno y otro de estos jefes acabar la persecución del enemigo en sus respectivos territorios”.[18]

 

    Efectivamente la acción de Osoño o de la Trepa del 6 de marzo de 1809, al este de Verín, fue la última a que se vio forzado La Romana en sus movimientos por Galicia. En la misma los escuálidos batallones de la 1ª División del Ejército de la Izquierda (Regimientos de la Corona, 1º de Barcelona, Mallorca, Zamora, Aragón y Provincial de Betanzos) apenas 1.200 hombres, fueron cargados por cuatro regimientos de caballería, y otro de infantería franceses, en el atardecer de aquel día. Tras una primera resistencia, la línea española que se detuvo a proteger la retirada del resto del ejército por el Camino de Castilla hacia Puebla de Sanabria, fue quebrada, perdiéndose tres banderas y unos 700 hombres entre muertos, heridos y prisioneros (entre estos últimos, los franceses asesinaron a sangre fría a los reclutas que habían combatido sin uniforme al no considerarlos soldados).[19]

   Como hemos dicho, La Romana haría lo imposible para no volver a entablar combate hasta no haber dado descanso y reconstituido sus tropas, pasando a maniobrar continuamente, sin dejarse atrapar por las fuerzas francesas. Solo días después, tras cruzar las montañas y entrar en León, caería con su reducida División de Vanguardia sobre Villafranca del Bierzo, el 17 de marzo, donde, aprovechando, la sorpresa y una pequeña superioridad en número, atacaría, derrotaría y haría presa a la guarnición francesa, el 3º batallón del 6º ligero. Una acción victoriosa cuyo eco corrió por toda Galicia dando mas fuerza a la rebelión patriota.[20]

   El movimiento retrógrado de La Romana hacia Zamora, en lugar de internarse en Portugal, frustró los planes de Soult y salvó, una vez más, a su ejército. Así nos le certifica el gran historiador británico Charles Oman en su monumental obra sobre la Guerra Peninsular:

  “[…] esa decisión fue sabia y prudente. La misma desbarató los planes de Soult, puesto que fracasaron sus intenciones de destruir al Ejército de Galicia, que así escapaba de él y se situaba a su flanco y retaguardia en lugar de a su frente. Fue un pequeño consuelo para el mariscal francés que Franchesi cargara contra la retaguardia de Romana en la Trepa y la destrozara. Pero el grueso de las tropas de Romana se había retirado indemne y Soult había fracasado en el golpe que intentaba” [21]

  En pocos días, el 1 de abril, La Romana pasaría a Asturias, escoltado por el Regimiento de la Princesa, en busca de nuevos recursos para acrecentar las reliquias de su ejército. Solo resta acudir a las anteriores palabras de su enemigo, Soult, para reseñar el éxito final de su estrategia y el elogio indirecto al Teniente General español.

                                              

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   Pasando al inicio de la resistencia armada popular e irregular (aprobada e impulsada desde el seno del propio Ejército Español) hay que decir que los historiadores tampoco han reparado, hasta el día de hoy, en que siglo y medio antes de las guerras revolucionarias que acabaron con los imperios coloniales occidentales tras la segunda guerra mundial (Indochina, Argelia, Vietnam, 1ª Guerra de Afganistán, etc.), el ejército y los gobiernos patriotas españoles (centrales, regionales y locales) elaboraron y llevaron a la práctica, por primera vez en la historia contemporánea, las bases de la guerra irregular, no convencional, contra un poder militar invasor hegemónico, al que tras largos años de guerra de guerrillas y desgaste, se lograría debilitar, hasta tal extremo de que pudo ser derrotado y expulsado de España a partir de 1813, gracias al esfuerzo conjunto de los más pequeños ejércitos regulares españoles y del anglolusitano del generalísimo Arthur Wellesley, duque de Ciudad Rodrigo y Wellington.

   Dentro de las instrucciones que el Ejército de la Izquierda envió, a partir de enero de 1809, a los alcaldes, párrocos y jueces que encabezaron la rebelión popular gallega, destacaban aspectos que luego aplicarían, también, los célebres cuerpos francos de guerrillas de hombres como el cura Merino, Francisco Espoz y Mina, el brigadier Juan Díaz Porlier o Francisco Longa entre los más famosos:

   […] la clase de guerra con que se ven atacadas las Provincias de España exige también que se mude inmediatamente de sistema. La Guerra en Partidas es indispensable […] Los valientes habitantes de las comarcas amenazadas de enemigos, u ocupadas por partidas sueltas de ellos, deben hacer este género de guerra juntándose en gruesas cuadrillas armadas a su manera, apostadas en parajes que les sean conocidos, donde puedan estar a la espera de golpes seguros, aunque sean pequeños, que les afiance la presa y les satisfaga e indemnice de sus trabajos y constancia. Los caminos por donde los enemigos introducen sus convoyes deben ser continuamente observados, atacados y saltados por partidas numerosas de paisanos armados que hagan la guerra de bandidos […] todos los partidos deben estar en correspondencia secreta y reservada para ayudarse y contribuir al éxito de tan interesantes empresas […].

   La noche es protectora de los valientes y emprendedores cuando tienen conocimiento del terreno; este es el tiempo de obrar contra enemigos recién llegados, descuidados o entregados al descanso o a la embriaguez; de noche se debe interrumpir continuamente su reposo, sea con falsas alarmas, y privarle de las ventajas de su mayor práctica, atacándolo en la oscuridad, sin que se manifieste ni el orden ni el número […] Para atacar a las partidas enemigas se debe esperarlas emboscadas en pasos precisos y ventajosos, difíciles, peñascosos y conocidos por los naturales. Los escopeteros paisanos o tiradores de las partidas militares que deberán auxiliarlos […] avanzarán en libre alineación, buscando siempre puntos que los cubran y defiendan, marcharán con resolución, sosteniéndose unos a otros, sin abandonarse jamás, haciendo fuego con acierto, sin consumir inútilmente sus municiones y sin tirar antes de tiempo, teniendo siempre presente que el enemigo para ser vencido, ha de ser atacado con intrepidez, estrépito, firme y decidida resolución y casi con imprudencia.

   Por un axioma conocido, el que más sabe debe dirigir y mandar a los demás cuando no hay ya una Autoridad determinada por el Gobierno para hacerlo; así los pueblos deben unirse y sujetarse a la Autoridad Superior de cada Partido, o a aquel cuya mejor disposición le hiciese distinguir y sobresalir entre los demás […] En caso de haber de defenderse dentro de una población se procurará cerrar o dificultar las avenidas haciendo cortaduras en los pasos estrechos y precisos, atravesando árboles cortados […] la puertas del pueblo atacado se cierran con fuertes maderos atravesados, carros cargados de piedras, etc., se tapan y condenan las bocacalles […] se construyen parapetos o espaldones, se abren grandes zanjas, se atraviesan maderas y cuerdas por las calles, se hacen cortaduras, se abren troneras en las paredes y comunicaciones entre las casas para pasar con seguridad de unas a otras.

   La Caballería en el ataque de las poblaciones es enteramente inútil; si se trata defenderse, cuatro hombres solos, resueltos, y mucho más si son buenos tiradores, pueden poner en fuga una partida de caballería; la confianza de no encontrar resistencia es la que ha hecho introducir en poblado la caballería enemiga.

    Los jefes de partidas, tanto paisanos como militares, han de atacar siempre con muy superiores fuerzas (principio general y único de todas las tácticas) […] con esta clase de guerra en partidas se incomoda continuamente al enemigo, se le cansa, destruye y desanima, se le aterra aún, y se le pone en la precisión de mantenerse unido, de no poder destacar partidas sueltas para las subsistencias, y por consiguiente de dificultar su establecimiento en diversos parajes y países; ventaja de la mayor importancia cuando el primer objeto es el de vivir sobre el país y enriquecerse a expensas de los naturales […].

   El Terror debe ser repelido con el Terror mismo, con crueldad, con atrocidades espantosas se debe contener el furor con que los enemigos quieren hacer la guerra a los pueblos e introducirse en ellos.

  Así en cada partida deberá extenderse la expresa orden de que, todo francés que sea aprendido dentro de un pueblo quemado por ellos, o a sus inmediaciones, será al punto muerto […][22]

 

   Efectivamente, ante las usuales prácticas de tierra quemada y represalias que el Ejército Imperial comenzó a utilizar para reprimir los primeros conatos de resistencia armada de los pueblos y concejos gallegos, la actitud resuelta de los patriotas a utilizar las mismas armas hizo ineficaces aquellas tácticas y prácticas sanguinarias que, aplicadas dos décadas antes en la rebelión popular realista de la Vendée, no eran válidas en España.

   Las Reflexiones para la Guerra de Partidas (redactadas, como hemos dicho, por los militares españoles profesionales del estado mayor del Ejército de La Izquierda) culminaban con la expresión de un deseo y ambición de victoria sobre el invasor, que trascendía de la situación de la aparente derrota militar  de España en los comienzos de 1809:

 

   “Tiempo y constancia necesitamos solo para sostenernos y al enemigo se arrepentirá, e irritará hasta el furor de habernos puesto en la estrecha precisión de aprender a vencerlo, a destruirle, tal vez a disponer de su próxima y entera ruina. Este es nuestro consuelo, nuestra dulce, nuestra fundada esperanza”[23]

 

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   A fin de apoyar a los pueblos sublevados y coordinar sus esfuerzos armados, siguiendo y aplicando las órdenes anteriormente expuestas, La Romana entresacaría de sus debilitados regimientos algunos destacamentos, al mando de buenos oficiales y soldados veteranos (se pidieron voluntarios), con la misión de apoyar, instruir y encuadrar a los grupos de paisanos armados que comenzaban a organizar la resistencia de sus pueblos y aldeas contra los franceses. De la mano de uno de estos destacamentos nacería, semanas después, el Regimiento de Infantería de la “Muerte o Victoria” del que tratamos en este trabajo. En palabras del, ya aludido Comisionado por la Junta Suprema Central en Galicia, el Coronel Manuel García del Barrio:

   “De todas partes pedían auxilios y socorros al marqués de La Romana, quien apenas podía cuidar de su existencia, por lo que despachó a Cotobad al Capitán de la Victoria don Francisco Colombo con un destacamento y algunos oficiales subalternos, y al Rivero a don Bernardo González, capitán de milicias; cuyos dos jefes ha puesto a mis órdenes, después de haber reconocido y aplaudido mi comisión. Me manifestó en consecuencia que después de hacer algunas diversiones al enemigo, abrigándose de las tropas portuguesas al mando de Silveira, caería sobre las guarniciones de Villafranca y Astorga, aparentando tomar el camino de Castilla por Braganza, y en último resultado pensaba ir a Asturias a reforzarse; que, por consecuencia, esperase yo a que Soult entrase en Portugal para que debilitadas las fuerzas por esta parte de Galicia, principiase por ella las operaciones militares; en inteligencia de que estaba resuelto a sepultarse en Galicia antes que renunciar a su restauración”[24]

 

   Siguiendo al Comandante Francisco Colombo, la llegada de Manuel García del Barrio a Galicia con sus credenciales, firmadas por la Junta Suprema Central en Sevilla ayudó mucho a recuperar el ánimo entre las autoridades locales gallegas para emprender la resistencia frente a los franceses:

 “[…] Como Comisionado por la Junta Central por la presentación de sus credenciales tranquilizó al País asegurando la existencia de un Gobierno del que allí se dudaba” [25]

 

    También en el juicio de la historia, aún resta hoy que se reconozca que buena parte del mérito y del éxito de la rebelión del pueblo gallego contra la ocupación francesa en el invierno de 1809, se debió a la acción, aliento, coordinación y presencia del marqués de La Romana y de los oficiales comisionados, cuadros de mandos subalternos y pequeñas partidas de tropas regulares de los restos del Ejército de la Izquierda que envió en ayuda de las autoridades locales que trataban de poner orden en la resistencia armada de la población gallega. Fustigado La Romana, injustamente, por algunos cronistas españoles contemporáneos e historiadores posteriores por sus tácticas dilatorias de no presentar nunca batalla abierta a los franceses, y por haber disuelto, en virtud de la autoridad que le había entregado la Junta Suprema Central, manu militari, la Junta Patriota de Asturias (el dos de mayo de aquel año de 1809) debido a la incompetencia, egoísmo provinciano y desobediencia abierta de la institución patriota a sus órdenes, Pedro Caro y Sureda era muy consciente que, en aquella guerra abierta contra el Imperio, la única posibilidad real de victoria era lograr la unidad de mando y el resistir en una guerra de desgaste. Buen conocedor del poder del Ejército Imperial, con el que había operado en Alemania y Dinamarca en 1807 y 1808, así como de la debilidad de los ejércitos españoles, el Teniente General mallorquín, hombre culto, instruido y dotado de un gran sentido común (también hay que anotar que siempre destacó por ser más un “general político” que un conductor de hombres en el campo de batalla), aplicó una estrategia dilatoria, de continuos movimientos, en una guerra de pequeñas acciones y desgaste, apoyando a la rebelión popular y ganando tiempo para lograr la reconstrucción del Ejército de la Izquierda. La historia nos enseña que esta táctica dio sus frutos, con la derrota y expulsión de Galicia de los franceses en el verano de 1809.

   Así explicaba la estrategia a seguir La Romana a uno de sus Comandantes de División y 2º Jefe del Ejército, el Mariscal de Campo Nicolás Mahy, desde Oviedo en abril:

 

   “Amigo Mahy [...] crea que uno, aunque poca, tiene alguna experiencia de la guerra y ha leído y meditado sobre ella; esos vapores de atacar sin calcular los medios y tener asegurada la probabilidad de la victoria, no deben escucharse, ni darles mérito; y no haremos poco si empleando con oportunidad nuestras pocas y miserables fuerzas logramos embarcar al enemigo en La Coruña. Yo creo que Vmd. se persuadirá de la sinceridad de mis sentimientos [...]  y que procuraría por todos los medios disipar todas las habladurías del Ejército, sobre si avanzamos u si no avanzamos, acuérdese Vd. de Fabio Máximo que nunca se atrevió de presentar batalla ni a descender en llano, provocado por Aníbal; le cubrieron de dicterios, pero salvó a Roma”[26]

 

    Efectivamente, la estrategia librada por el Ejército de la Izquierda en los seis primeros meses de la guerra en 1808, al mando de su antecesor, el Teniente General Joaquín Blake, combatiendo en una guerra regular clásica y buscando la batalla directa, no logró más que cosechar derrotas, el desgaste y casi la total dispersión del ejército patriota español en el noroeste de la Península Ibérica en enero de 1809. Este era el resultado de su inferioridad de número, instrucción, equipamiento y doctrina operativa[27] frente al mejor ejército del mundo en su época:

-         “Blak es un buen militar y honrado español, pero no entendió ni entiende esta guerra, porque se empeña en pelear con los franceses del mismo modo que si nuestros llamados ejércitos pudiesen medir sus fuerzas con las tropas enemigas, aguerridas, disciplinadas y provistas de todo”[28]

 

   Oficiosamente, el regimiento de la “Muerte o Victoria” comenzó a formarse el 23 de marzo de 1809 a instancias del Coronel Manuel García del Barrio y echando mano del Capitán Francisco Colombo y Geraes[29], del batallón de Voluntarios de la Victoria, al que el marqués de La Romana había destacado, el mes anterior, con media compañía de soldados regulares de su unidad, y la orden de prestar apoyo y alarmar a los pueblos de las provincias de Tuy y Santiago contra los franceses, tras recibir una petición de ayuda del Juez de Cotobad. La razón de la elección de Colombo por el mismo La Romana no fue otra que el conocimiento de las operaciones que, antes de la guerra, había llevado a cabo Colombo (por entonces capitán del regimiento de infantería Inmemorial del Rey, de guarnición en Galicia –uno de sus batallones estaba acantonado en Ares[30]-) en aquellas mismas comarcas en la persecución de malhechores. Según su hoja de servicios:

“Desde 1º de febrero hasta fin de junio de 1808 que salió a campaña en la guerra de la revolución contra Francia estuvo comisionado en la persecución de ladrones y contrabandistas y formación de sus causas en las provincias de Santiago y Tuy, habiendo aprehendido 26 ladrones y cuatro capitanes de gavilla que presentó en la cárcel de La Coruña y a los que formó causa”.[31]

 

   Estas mismas comarcas gallegas, tan bien conocidas por Colombo, eran las que, en febrero de 1809, se preparaban a resistir la ocupación y rapiñas francesas. Siguiendo las palabras de Colombo en su expediente personal:

 

   “El 23 del mismo fue comisionado por el Excmo marqués de La Romana con una Partida de Guerrilla (50 voluntarios) para alarmar y proteger al paisanaje de las Provincias de Santiago y Tuy invadidas por los enemigos”.[32]

 

   El carácter enérgico y activo del capitán Colombo, valenciano de origen, lo había demostrado ya cuando, al comienzo de la guerra (Galicia se alza en armas contra José I Bonaparte el 2 de junio[33]), el Teniente General Joaquín Blake lo había designado, el 24 de junio de 1808, como uno de los mandos del nuevo batallón de Voluntarios de la Victoria, un cuerpo de infantería ligera organizado en El Ferrol con marinos y penados de la Armada (por delitos menores); se requería, energía, temple y coraje para mandar, y hacerse obedecer, en una unidad de este tipo, un verdadero “batallón disciplinario” que, sin embargo, combatió con distinción durante las campañas de 1808 y 1809 dentro del Ejército de la Izquierda. Como relató en sus Memorias de guerra el famoso guerrillero, y luego brigadier del Ejército Español, Francisco Espoz y Mina, “No todos los hombres son para todas las cosas”.[34]

   Volviendo a la hoja de servicios de Colombo:

    “Con el ejército de Galicia se halló en las acciones de Menagaray, toma de Valmaseda, Dueñas, retirada de Valmaseda y batalla de Espinosa de los Monteros […][35]

     Ya hemos apuntado que luego vendría la retirada terrible del ejército desde el norte de Burgos y Santander hacia León por la cordillera cantábrica en noviembre  de 1808, a la que se uniría, a final de mes, la nueva retirada hacia Galicia provocada por la contraofensiva del propio emperador desde Madrid en dirección a Astorga con el ánimo de destruir al ejército británico de John Moore, que se había reunido con La Romana en León. El general británico decidiría emprender la huida hacia La Coruña y Vigo a fin de reembarcar sus tropas, dado que consideraba, tras la toma de Madrid por los franceses y la derrota y dispersión de todos los ejércitos españoles, ya vencida la causa patriota.

   En una carta de un soldado español a un familiar, interceptada por los franceses en Aranjuez el 2 de diciembre, se reflejaba el desaliento patriota ante el avance imparable de las fuerzas imperiales a finales de 1808: 

“Querido Pedro, todo se lo llevó pateta[36], a los Ejércitos y a la Junta, que también se disipó ayer. Los franceses han roto todas nuestras líneas, y están muy cerca de Madrid. Nos han arrollado en todos los puntos, y nuestros generales dicen que quien pensará que no hubiesen de venir por el Camino Real; aprende otro oficio pues urge y a Dios; Ignacio. El arzobispo fue el segundo que salió ayer sin detenerse a comer”[37]

                                              *     *     *     *

   En la caótica retirada hacia Galicia, emprendida desde Astorga el 30 de diciembre, el Ejército de la Izquierda acabó de desorganizarse y muchos cuerpos sufrieron una gran deserción y dispersión de sus efectivos en su calamitosa marcha invernal hacia Orense y la frontera portuguesa. Entre ellos estaría el propio Capitán Colombo, que (no sabemos en qué circunstancias) perdió el contacto con su batallón y acabó llegando a Vigo, ciudad en la que vivía su esposa. Allí le sorprendería la llegada francesa, cayendo prisionero; aunque lograría evadirse para, cumpliendo con su deber, reincorporarse a sus banderas:

“El 31 de enero de 1809 fue prisionero en la plaza de Vigo, de la que se fugó presentándose el 8 de febrero en el cuartel general”[38]

   Como ya apuntamos, el 22 de febrero el marqués de La Romana había ordenado a Nicolás Mahy, Comandante de su 1ª División, a través del brigadier José María de Carvajal, que entregara al Capitán Francisco Colombo 50 hombres de su antiguo batallón de Voluntarios de la Victoria…”que los elija con un subalterno, sargentos y cabos a su satisfacción”[39]

   Como recuerda Colombo, en unos momentos en los que algunos oficiales y mandos (en medio de la desmoralización general de un ejército derrotado y casi destruido) “escurrían el bulto” reusando ser asignados a ninguna misión, el valenciano se presentó voluntario ante La Romana para ponerse al mando de una partida de soldados regulares de su “batallón disciplinario” (y que llegaría a encuadrar a unos 500 paisanos en las semanas siguientes):

 

“Que lo cierto es que desde Oimbra (cuando todos reusaban, sino otra cosa) fue Colombo voluntariamente a la alarma que produjo la formación de los regimientos que se citan (los de la futura División del Miño) y el resultado fue la toma de Vigo y demás que expresa”[40]

   Con la partida a su mando y, tras auxiliar a varios pueblos de las incursiones francesas, Colombo asistiría, tres semanas después, al sitio y rendición francesa de Vigo, junto al Capitán de los Granaderos Provinciales de Galicia Bernardo González del Valle (“Cachamuiña”) que mandaba otra columna de medio millar de paisanos y soldados y el Capitán Pablo Morillo (llegado a Galicia con Manuel García del Barrio desde Sevilla).

    Tras la reconquista de Vigo por los patriotas gallegos, Colombo daría parte de sus acciones al marqués de La Romana el 7 de abril en un extenso informe que vamos a reproducir y que nos muestra con detalle el alcance, tanto de la rebelión patriota popular como el apoyo que La Romana prestó a la misma con el envío de numerosos destacamentos de tropas regulares al mando de buenos oficiales:

“Varias veces he noticiado a V. E. mis sucesos y operaciones y no habiendo recibido contestación quizá por extravío de mis oficios, me veo obligado en este momento a poner en conocimiento de V. E. un relato de todo para su inteligencia.

   El 23 de febrero próximo pasado me separé de VE con una partida de voluntarios de mi batallón compuesta del 2º Capitán don Manuel Benedicto, el teniente don Alonso de Sierra, 3 sargentos, 2 tambores y 60 cabos y voluntarios auxiliando a don Manuel Taboada y Cotón, Juez de la jurisdicción de Cotobad en la Provincia de Santiago, y Comisionado por VE, para el armamento y defensa de aquella Provincia con lo demás que VE tuvo a bien prevenirle.

  Cruzando siempre por entre los enemigos logré ponerme en la orilla del Miño, habiendo reunido […] al Capitán del Regimiento de León don Francisco Miranda con 30 hombres, entre ellos su hijo don Francisco y don Antonio Boan, familiar del obispo de Orense, que le acompañaban como Voluntarios distinguidos; dicho Capitán se hallaba comisionado por V. E. en La Limia reuniendo gente para el Ejército y asistiendo a todas las acciones que hubo en Guizo y sus inmediaciones. En la feligresía de Azado se me unió el Capitán don José Tomarco, Teniente del Regimiento de Zamora y el Teniente don Antonio Nicolás, Subteniente del mismo cuerpo con su partida compuesta de 60 hombres, quien habiendo pasado a auxiliar al Abad de Couto fue perseguido por un destacamento de 700 franceses y obligado a repasar el Miño.

   Solo el paso de este río en ocasión que se verificaba el del ejército enemigo me costó tres días, pero lo conseguí felizmente y también la llegada a Cotobad”.[41]

 

   Sin embargo, la localidad estaba amotinada contra el mismo Juez Manuel Taboada al que consideraban un traidor afrancesado, momento en que los vecinos comenzaron a armarse también contra el propio Colombo al considerar que llegaba para reprimirles y asentar la autoridad del Juez: A Colombo no le quedó otra que arrestar al Juez y arengar enérgicamente al pueblo reunido y a sus caudillos, comunicando las órdenes del marqués de La Romana de armar a los pueblos y resistir la invasión francesa. Ello logró tranquilizar los ánimos y que se le aceptase como autoridad militar en el Partido.

 “En esta disposición y habiendo aumentado mi fuerza hasta un número de 300 hombres empecé a maniobrar al frente del enemigo que se encontraba en Pontevedra, circulando órdenes para la reunión de gente y defensa de las jurisdicciones […] Al momento procuré establecer comunicación con el Capitán de Granaderos Provinciales don Bernardo González que en comisión de V. E. se hallaba en el Ribero con el Abad de Couto y con otros varios que mandaban trozos o divisiones de gente armada a fin de que obráramos todos en común acuerdo; en efecto lo conseguí”

 

    Continua relatando Colombo como la guarnición francesa de Santiago envió contra él y González tres columnas con 1.600 hombres para batirlos y continuar luego hasta Vigo. Las partidas de los dos Capitanes, ya muy reforzadas, se asentaron sobre las alturas de Pontevedra, y aunque los franceses entraron en la ciudad no se atrevieron a atacarles y se retiraron de nuevo a Santiago, acosada su retaguardia por las partidas de Colombo. Este ocuparía Pontevedra, donde aquietó los ánimos populares haciendo elegir nuevas autoridades, pues a las titulares se las consideraba traidoras por haber acatado a José I, o estaban huídas.

   Tras levantar la ciudad y aumentar la gente armada, Colombo y González decidieron marchar sobre Vigo, donde la guarnición francesa estaba asediada por varias partidas patriotas con el apoyo de algunos buques británicos.

[…] preparando nuestras fuerzas con dos Divisiones, aumentando la mía hasta el número de 500 hombres con paisanos armados de la Jurisdicción de Cotobad y Cadebergazo y colocando en cada uno de ellas una Bandera de dos viejas y correspondientes al Regimiento Provincial de Pontevedra que se hallaban en el Consistorio desde años atrás”.

   

    De esta manera llegarían Colombo y González a Vigo, donde lograrían coordinar los esfuerzos que llevarían a la rendición de la guarnición francesa el 28 de marzo, tras haber dado la preeminencia en el mando al Capitán Pablo Morillo, al que, por contar con credenciales firmadas por la Junta Suprema Central desde Sevilla, se ascendió oficiosamente a Coronel a fin de que el Comandante francés se decidiera a capitular, con sus 1.500 hombres, de manera más honrosa para él.

    Desde Vigo partiría Colombo hacia Tuy a fin de reforzar el asedio que otras partidas patriotas hacían sobre la guarnición imperial en aquella plaza (fuerte de unos 1.300 hombres) y a la que llegaría el 3 de abril. Allí fue apoyado por García del Barrio, el cual lograría, a su vez ser reconocido como Comandante General interino de la Provincia de Tuy, coordinando a duras penas las numerosas partidas armadas por caudillos populares que se resistían a ponerse a las órdenes de otras autoridades patriotas superiores. Acababa su misiva Colombo al marqués de La Romana desde el sitio de Tuy:

“La falta de municiones nos ata las manos para todo, pero confío que luego que llegue alguna artillería que se está buscando, tendré la satisfacción de que se rindan, no obstante lo fuerte que se hallan y nuestra poca unión” [42]

   Tuy sería evacuada, finalmente por los franceses el 16 de abril, en que, incapaces de mantener la plaza, la abandonaron logrando su guarnición, con la ayuda de refuerzos,  encaminarse hacia Oporto.

   Por su parte, el Comisionado de la Junta Central Manuel García del Barrio, tras varias acciones y combates librados con éxito en febrero y marzo, a lo largo y ancho de las siete provincias gallegas, dentro del proceso de organización de la resistencia civil y militar patriota en Galicia, daría impulso también, apoyado por La Romana, a la formación de varias Juntas Patriotas que como las de Lobera, Monforte de Lemos, Cangas y Morrazo, comenzarían a organizar, desde la base de sus cuerpos de alarmas, nuevos batallones reglados de infantería encuadrados por oficiales, mandos subalternos y soldados veteranos del Ejército de la Izquierda remitidos por La Romana. Hay que reseñar también, que la población y autoridades locales eran más favorables al alistamiento en estos nuevos cuerpos de recluta local, cuasi de milicias, que en los batallones regulares del Ejército Real. Con todos ellos, Manuel García del Barrio crearía la poderosa “División del Miño”, que se integraría, en la primavera de 1809, en el Ejército de la Izquierda.

  Recordando el proceso de organización de la Junta de Lobera y el armamento de su partido, del Barrio explica cómo se logró, en pocos días organizar un batallón de infantería:

“De acuerdo con la misma Junta dispuse organizar y regimentar la gente reunida y que se iba juntando; se dio parte de la instalación de aquella Junta a todo el Partido desocupado y a mucha parte del ocupado. llenos del mayor entusiasmo se pusieron en movimiento todos los resorte para buscar armamento, vestuario y cuanto conducía al pronto apresto de lo necesario; asistían los vocales a los trabajos de las armerías, de los zapateros y a todos los puntos en que podía activarse la completa organización del 1º batallón del Regimiento de Lobera, y en efecto, el 26 de marzo, a los cinco días de organizada la Junta en esta forma quedó completo el 1º batallón del Regimiento de Lobera, completo de 752 plazas, de los cuales estaban armados con fusiles o escopetas 400, todos municionados, pagados y con dinero en caja, completo los Oficiales, Sargentos y Cabos, con bandera y música, y a quien debió Galicia tantos gloriosos sucesos”.[43]

   Otro de estos nuevos cuerpos sería el regimiento de la Muerte o Victoria, formado por mozos gallegos, encuadrados por aquella partida del batallón disciplinario de la Victoria al mando del capitán Colombo y que contaría con el refuerzo de varios cadetes universitarios dispersos del batallón Literario de Santiago, veteranos de la campaña de 1808, y que se habían puesto a las órdenes de Manuel García del Barrio. En palabras suyas:

“En 23 (de abril) faculté al Capitán Colombo para que aumentase y organizase sus partidas, convirtiéndolas en un Regimiento con el nombre de Victoria o la Muerte. Le previne por oficio, como lo había hecho con Morillo y Aguirre, que hiciese las propuestas de oficiales, eligiendo a los que más se habían distinguido en las anteriores acciones, según su conocido y calificado mérito, y me reservaba la aprobación interina, y a disposición del gobierno supremo, a fin de pesar por mi mismo las razones de justicia distributiva y precaver que la intriga no colocase algunos oficiales cobardes, que se habían metido en la plaza de Vigo, mientras los dignos y activos patriotas se hallaban batiendo con los enemigos. Así fue que estos cuerpos nuevos, hijos de las circunstancias, y a quien debe su libertad Galicia, siempre se han llenado de gloria, así en aquel Reino como en Tamames, Alba de Tormes y Extremadura, solo porque una rigurosa justicia  había pesado el mérito de cada oficial en particular, y cualesquiera que hayan sido las posteriores intrigas que se han formado para anonadarlos, tendré siempre el honor de la creación de unos Regimientos dignos del nombre español”[44]

   El valenciano Francisco Colombo demostraría a lo largo de su carrera ser un buen soldado profesional, tal vez más arrojado que instruido, valiente y jovial de carácter; en palabras de su superior, el general Martín de La Carrera, tras la derrota y expulsión de los franceses de Galicia, a comienzos del verano de 1809:

  “Este Colombo es un comandante intrépido, benemérito que sabe muy bien lo que trae entre manos; aunque jura siempre, dice que no es a Dios, sin duda será a Mahoma [] Cual sea en la victoria o en la derrota, todos vemos a Colombo contento; envidiable es su humor [] (en palabras del propio Colombo) El buen militar no debe morir de enfermedad sino en el campo de batalla. Juro no a Dios que ni de bala de fusil quiero morir, sino de bala de cañón, para que me pongan un epitafio que diga: “Aquí yace Colombo, que por tragarse las balas de fusil como los muchachos las ciruelas, la muerte para llevárselo tuvo que emplear un cañonazo[45]

 

    Organizados dos de estos nuevos cuerpos, el de la Muerte de Francisco Colombo y el de la Unión de Pablo Morillo, se bendijeron sus banderas el 14 de abril en Vigo, en una ceremonia con las dos tropas formadas, ante la explanada del Castro. Dos días después La Romana confirmaría el ascenso de Colombo de Capitán al grado de Teniente Coronel, y el dos de mayo en Orense, el Comisionado de la Junta Central, Manuel García del Barrio le entregaría por escrito el nombramiento de “Coronel Comisionado” del Regimiento de la Muerte (nuevo ascenso que La Romana de momento, y como veremos, no admitió).

   Los suministros de armamento y equipo británico y español traídos a Galicia por el Conde de Noroña[46] a Vigo el 25 de mayo, desde Cádiz y Lisboa (llegaría con un cuadro de 29 oficiales y 110 mandos subalternos, más dos millones de reales, 2.400 fusiles, 1.500 sables, 5.000 chuzos, 20.000 piedras de mosquete, 8.000 pares de zapatos, 200.000 cartuchos y otros efectos), y por el religioso franciscano Andrés Villageliú, habilitado como Teniente Coronel honorario y que pasó a Inglaterra en junio de 1809 (como Comisionado de la Junta de Galicia) regresando con 10.000 fusiles y 5.000 uniformes y equipos de infantería, lograron que, en el verano de 1809, los nuevos regimientos gallegos de la División del Miño pudieran ponerse en campaña.[47]

   Como sabemos, entre estos cuerpos destacó por su peculiar uniforme y divisas el Regimiento de La Muerte, características que le harían entrar en la historia de la Guerra de la Independencia española, de la mano del Conde de Clonard en su obra ya citada:

  “Pantalón gris, casaca verde oscuro con bocamangas y cuello azul celeste, botones plateados, correaje negro, morrión cónico negro con un pompón verde y una calavera de metal blanco al frente, como distintivo del nombre del regimiento”

 

  En la formación del regimiento de la Muerte o Victoria participaría, también, otro veterano militar gallego del regimiento de Milicias Provinciales de Monterrey, el ya citado anteriormente, Capitán Francisco Miranda[48]. Este oficial, de 40 años de edad en 1808, se hallaba en situación de retiro al comenzar la guerra, reincorporándose al servicio en agosto de aquel año en el Regimiento de Infantería de línea de León. Recogería dispersos tras la derrota de Medina de Rioseco (al frente de una partida de 60 soldados y 200 paisanos) y haría la segunda campaña del Ejército de la Izquierda en el otoño de 1808, desde la batalla de Espinosa de los Monteros hasta la retirada hacia León y Galicia. Siguiendo a sus banderas con La Romana hasta Galicia, según relata en su hoja de servicios, el marqués le comisionó también para recoger dispersos y desertores en febrero de 1809:

“[…] Prestando grandes servicios en la reorganización del ejército que entró en Galicia en completa dispersión”. [49]

   Al crearse el Regimiento de la Muerte, el Coronel García del Barrio le haría (al ser el Capitán más antiguo de las partidas bajo su mando) Teniente Coronel y 2º  Comandante del nuevo regimiento (a las órdenes de Francisco Colombo); cuerpo que Miranda asegura se formó también: “…Con los dispersos que recogió en buena parte[50].

   Indudablemente, fue gracias al pueblo gallego y al celo de sus autoridades patriotas locales (junto al excelente trabajo organizativo de Manuel García del Barrio, con el aval del marqués de La Romana) que se logró la puesta en campaña, a lo largo de los meses de marzo, abril y mayo de 1809, de nueve cuerpos de infantería ligera gallegos, de nueva leva, integrados por los mejores voluntarios y conscriptos entresacados de las partidas de civiles organizados en Alarmas que llevaban dos meses combatiendo con éxito a las columnas francesas, a lo largo y ancho del Fidelísimo Reyno. Todos estos nuevos cuerpos los integraría Manuel García del Barrio en lo que se llamaría la División del Miño, o Ejército Patriótico. Tras ello, y buscando el asegurar el mayor rendimiento y eficacia militar de estas tropas, entregaría su mando García del Barrio al brigadier Martín de La Carrera, el 7 de mayo en Orense.

   Dicha División se componía de los siguientes cuerpos gallegos, con una fuerza y organización de, según un estado de abril de 1809:

         Regimiento de Voluntarios de Lobera[51].-           3 batallones con 1.324 hombres.

                 (Cte. José Joaquín Márquez Donallo) 

         

         Regimiento de la Unión[52] .-                                  3 batallones con 2.360 hombres.

                 (Cte. Pablo Morillo)

        

          Regimiento de la Muerte o Victoria[53].-               1 batallón con 284 hombres

                  (Cte. Francisco Colombo)        .

       

          Regimiento de Morrazo.-                                     1 batallón con 602 hombres

                  (Cte. el Capitán Joaquín Guijarro[54])

       

         Regimiento de Mouretán[55].-                                  1 batallón con 800 hombres

                   (Cte. el Capitán Joaquín Aguirre)                  

       

          Regimiento de Monforte o Cazadores de Lemos[56].- 1 batallón con 381 hombres

                  (Cte. el Teniente Coronel Antonio Ponce[57])                

   Junto con otras unidades regulares que se le añadirían (Zapadores - 124 hombres -, 1º de Cataluña – 394 -, Tiradores del Ejército – 269 -, Literarios de Santiago – 230 -, Regimiento del General – 560 -, Benavente – 448 -, Artillería - 9 piezas de a 4 y 204 hombres - y caballería – 129 -, harían un Total de 7.929 hombres, de los cuales 1.349 estaban ausentes por hospitalizaciones y diversas comisiones, quedando 6.850 hombres disponibles, de los que solo 4.000 tenían fusiles)[58].

    A estos cuerpos se les agregaría más tarde la Legión del Rivero, organizada por el ya Comandante, Bernardo González (alias “Cachamuiña”) con tres batallones (el 1º del Tte. Coronel Félix Carrera, veterano de la División del Norte; el 2º del Tte. Coronel José María de Senra, oficial de los Granaderos Provinciales de Galicia; y el 3º del Comandante Pedro Marcó del Pont), de 1.000 plazas cada uno; los cuales se agruparían, a partir de julio de 1810, en un único regimiento de tres batallones.

  También existió otro cuerpo denominado Tiradores de Tuy, que llegó a alcanzar la entidad de un batallón (unos datos hablan de unos 260 hombres, que se habían elevado a 550 en abril) y que estuvieron al mando del presbítero Felipe de la Concha, participando en el sitio de Tuy, en la toma de Santiago y en la batalla de Puente San Payo.[59]

   El 16 de abril el marqués de La Romana daría desde Oviedo su aprobación y gratitud al Coronel Manuel García del Barrio por todas sus operaciones y trabajos en la creación de las numerosas Juntas Patriotas, como las de Lobera, Mouretán, Orense, Monforte o Valdeorras, que habían impulsado la resistencia al invasor, así como por la formación de los nuevos cuerpos de infantería ligera creados a partir de los cuerpos armados de paisanos con los cuadros proporcionados por el Ejército de la Izquierda de su mando. García del Barrio había informado detalladamente de todo el 6 de abril desde Tuy (plaza que estaba asediada por las fuerzas gallegas de la División del Miño) al que era Capitán General de Galicia, Asturias y León, marqués de La Romana. Así se lo manifestó éste a García del Barrio:

  “He recibido el oficio de Vmd. […] en que me hace relación de todos sus acontecimientos desde que nos vimos en Lama de Arcos hasta la feliz situación que S. M. Divina ha puesto a Vmd., en todo ello se ve la mano poderosa del Altísimo, que protege a Vmd. y nuestra causa, ayudando su infatigable celo de Vmd. que espero irá en aumento venciendo todas las dificultades inseparables del desorden en que han quedado las cosas, aún todo lo que está sucediendo parece un milagro, que es de esperar que si se logra la empresa de Tuy, podremos contar con empresas de mayor consideración.

    No puedo por menos de dar mi aprobación a todas las disposiciones y arreglos que Vmd. ha tomado.

  A Colombo se le dará el grado de Teniente Coronel, y todos los demás que me ha recomendado ascenderán al grado inmediato del que tienen; pero podrá Vmd. decir reservadamente a Colombo que a medida de lo que vaya obrando y se distinga, así correrán sus ascensos; que como soy escaso en repartirlos con gente tibia, así soy pródigo y liberal con los beneméritos; y que esta es la ocasión de hacerse un hombre de volar en la carrera.

  Por el Abad de Araujo, dador de esta, envío cuarenta quintales de pólvora; pero fusiles no los podré remitir por no tenerlos de sobra, pero si se hace una rebusca, no hay duda se encontrarán infinitos escondidos en las aldeas, lugares y casas de los paisanos […].

   Nosotros vamos pronto a empezar nuestras operaciones por acá, para lo que estamos a toda priesa acabando de armar y vestir a la gente, y dentro de pocos días es regular que entremos en campaña.

  Páselo Vmd. bien, salga victorioso de Tuy, y vea en que le puede servir su afectísimo, Marqués de La Romana.

   Oviedo 16 de abril de 1809.

    Sr Dn. Manuel García del Barrio”.[60]

  

   Con estos nuevos cuerpos citados, que durante muchas semanas combatieron con armas de fortuna y escasas municiones, Manuel del Barrio y los caudillos gallegos, librarían decenas de pequeñas acciones, maniobrando, dando golpes de mano y emboscadas e impidiendo el libre movimiento de las columnas francesas que, desde las grandes ciudades y villas gallegas, trataban, tanto de sofocar la rebelión popular, como de conseguir los suministros y recursos que les eran necesarios para subsistir. Hay que reseñar aquí las acciones y combates del Padrón y el Puente de Cesures, el 27 de abril, o la batalla, a campo abierto, de la ermita de Saude.

  Como ya hemos dicho, finalmente, Manuel del Barrio, con buen criterio, decidiría ceder el mando de los nuevos cuerpos de la División del Miño al brigadier del ejército regular, Martín de La Carrera (a quien La Romana había dejado apostado en Puebla de Sanabria con una pequeña División de 1.500 regulares de infantería, 70 caballos y 9 piezas de artillería). La entrega del mando se haría en Orense el 7 de mayo.

   En dicha ciudad, el ya nuevo Comandante en Jefe de la División, Martín de  La Carrera, ordenaría a Francisco Colombo elevar los efectivos del nuevo regimiento de la Muerte (que apenas contaba en aquellos momentos, según el brigadier español, con 250 soldados y algunos oficiales presentes) al pie de un batallón de línea, facilitándole nuevos mandos y alistados. Entre estos hemos podido localizar un Capitán gallego del Regimiento de Zamora, José Tomaso y Ribera[61] y un joven Subteniente catalán del mismo cuerpo, Antonio Francisco de Nicolau y de Foch.[62], mandos profesionales del Ejército Real y veteranos de la División del Norte con La Romana en Alemania y Dinamarca. El marqués los destinó en enero, con un destacamento de su unidad, a alarmar al paisanaje gallego. Ambos serían agregados, con algunos de sus hombres, a nuevo cuerpo de La Muerte.[63]

   Con su nueva y reforzada División, La Carrera decide avanzar sobre Santiago de Compostela, guarnecida por 2.600 soldados imperiales, a los que derrotaría en batalla campal, en los Campos de la Estrella, el 23 de mayo; significativa y meritoria victoria lograda con cuerpos de reciente creación y una instrucción muy básica, pero bien mandados y dotados de una alta moral de lucha.

   A raíz de esta victoria se produciría una contraofensiva francesa al mando del mariscal Ney que, desde el norte de Galicia, avanzó hasta Puente San Payo, donde tendría lugar la famosa batalla del mismo nombre, librada entre el 7 y 9 de junio, y ganada de nuevo por los españoles con la acción destacada de la División del Miño al mando de Martín de La Carrera, y, dentro de ella, de los regimientos de la Unión (que recibió el sobrenombre del “León de San Payo”) y el de La Muerte.

   Recapitulando todas las anteriores acciones de guerra, en palabras del Teniente Coronel Francisco Colombo, recogidas en su hoja de servicios, se nos resume el historial de combate del regimiento de La Muerte durante la primera mitad de 1809:

“Sitió la plaza de Tuy teniendo parte en las acciones que sobre la misma se dieron el 6, 8 y 9 de abril del mismo año. El 27 de mismo en la acción en la acción dada en Puente Adarga desde donde se reunió a la División del Miño que mandara el general La Carrera: Con esta asistió el 23 de mayo a la reconquista de la ciudad de Santiago: en los días 6, 7 y 8 de junio en la retirada de Caldas de Rey y defensa del Puente de San Payo, por cuya acción le concedió S. M. un escudo de distinción habiendo sido recomendado a Sargento Mayor”.[64]

 

  Desde el 2 de mayo de 1809 Colombo figura ya como “Coronel comisionado” en el nuevo Regimiento de La Muerte.

   Los sucesivos reveses y el continuo desgaste de las fuerzas de ocupación francesas, junto a la derrota de Soult en Oporto y el total aislamiento de los dos cuerpos de ejército imperiales del centro de España, obligaron a los dos Mariscales franceses a dar por finalizada la campaña en el noroeste peninsular, retirándose, derrotados, hacia Castilla en junio de aquel año de 1809.

   Ney y su cuerpo de ejército abandonarían Galicia el 26 de junio para no regresar nunca más; treinta y un pueblos del Bierzo fueron entregados a las llamas por el ejército derrotado en su retirada hacia Astorga (causando docenas de muertos); ciudad, en la que entraría el mismo mariscal y duque de Elchingen el 30 de junio. Ciudad que abandonaría en pocos días ante el avance del Ejército de la Izquierda del marqués de La Romana, resucitado y victorioso tras seis meses de campaña.[65]

  En palabras del célebre historiador gallego Andrés Martínez Salazar en 1891:

“La gloria de haber expulsado de Galicia a los Ejércitos de Soult y Ney corresponde casi integra al esfuerzo de los bravos campesinos gallegos, auxiliados por la autoridad y consejos del Marqués de La Romana, quien, ya desde la inmediata frontera portuguesa, o en territorio gallego, fomentaba la insurrección y levantamiento en masa del país, y admiraba y admiró siempre el patriotismo, el valor y la astucia de estos campesinos, que, a su vez, reconocían en aquel experto General las más relevantes dotes y condiciones de mando, y cuyo nombre era unánimemente querido y respetado en Galicia”[66]

   No hay mayor conclusión que aportar sobre la acertada dirección militar y política del marqués de La Romana, que decir que, al contrario que otros muchos generales españoles en la Guerra de la Independencia, no fue derrotado, y que su estrategia de librar (como Fabio Máximo ante Aníbal) una guerra de movimientos y desgaste, apoyado en la resistencia popular, sin plantear batallas a campo abierto (lo cual exasperaba a los franceses - el mismo Ney se desahogaba en cartas a José I en Madrid tachando a La Romana de inepto y cobarde -), lograría el éxito y la victoria a finales de junio de 1809.

   Respecto a nuestro Regimiento de Infantería de Voluntarios de la Muerte o Victoria, decir que el mismo, con parte de los cuerpos gallegos de la División del Miño, y unidos a los cuerpos veteranos que había reconstruido Martín de La Carrera en Puebla de Sanabria y Orense, formarían la nueva División de Vanguardia del Ejército de la Izquierda.[67]

  Aún así, la aprobación definitiva de la constitución de los nuevos regimientos de la desaparecida División del Miño quedó pendiente de la confirmación del Ministro de la Guerra y de la Junta Suprema Central. Como veremos, no todos estos cuerpos recibirían la aprobación final en 1810, entre ellos el Regimiento de la Muerte.

   Hay que señalar que en los ejércitos españoles de la Guerra de la Independencia la “División de Vanguardia” integraba a las mejores unidades disponibles (las más veteranas, seguras y curtidas) pues ellas encabezaban los avances y cubrían las retiradas, siendo las más  expuestas a los peligros del combate, dada la debilidad operativa de la caballería española (se necesitaba mucho temple, abnegación y frío profesionalismo para servir en estos cuerpos de la Vanguardia expuestos al ataque de la poderosa caballería francesa y a recibir siempre el primer envite enemigo o a tener que proteger al resto del ejército cuando este se retiraba derrotado). Los cuerpos de esta División, que harían la brillante campaña de la segunda mitad de 1809 del Ejército de la Izquierda (al mando del duque del Parque), eran una mezcla de los curtidos batallones de infantería ligera con montañeses aragoneses y catalanes del ejército regular, junto con unidades muy fogueadas como el batallón disciplinario de la armada o con una buena moral de combate como el batallón de estudiantes universitarios leoneses. Todos estos cuerpos se integrarían  con los nuevos cuerpos gallegos de la originaria División del Miño que (aunque carecían de una sólida instrucción) tenían una intensa, reciente y victoriosa experiencia de combate en las recientes operaciones contra los franceses en Galicia durante el invierno y la primavera de 1809.

   En palabras del Comandante de regimiento la Muerte, Francisco Colombo, en su expediente personal recordando aquellos hechos:

“En el mismo tiempo fueron creados en aquel reino hasta nueve cuerpos, de los cuales quedaron tres en él y los restantes se unieron al Ejército, incluso el que mandaba el suplicante que fue destinado a la División de Vanguardia”[68]

   Tras la evacuación de Galicia y norte de Portugal por las tropas francesas de los Mariscales Ney y Soult en el verano de 1809, don Pedro Caro y Sureda, marqués de La Romana, consiguió culminar la reorganización del Ejército de la Izquierda. Con nuevos reclutas y unidades levadas en Galicia, León, Asturias y Santander, vuelve a elevar La Romana sus efectivos a una fuerza de 23.000 hombres, con 43 piezas y apenas 420 caballos[69]. El Ejército de la Izquierda quedó reorganizado en cinco Divisiones de Infantería. [70]

   En estos momentos el Regimiento de la Muerte avanzó hasta Astorga, pero no al mando de su Comandante Francisco Colombo, dado que éste había caído enfermo en La Coruña donde quedó hospitalizado, sino al mando de su segundo, el Teniente Coronel habilitado, Francisco Miranda (hasta poco después de la famosa batalla de Tamames, en que Colombo se reincorporaría al frente de su regimiento[71]). Además de la no confirmación del grado de Coronel a Colombo, se planteó ya la posibilidad de reformar algunos de los nuevos regimientos para reforzar los otros más veteranos. Entre los primeros candidatos a ser disueltos estaba el de la Muerte. Ello motivaría la rápida protesta del propio Colombo por boca de su esposa, Ana Canido Roldán de Colombo, que desde La Coruña el 4 de agosto de 1809, escribió al Marqués de La Romana reclamando, además, el grado de Coronel para su esposo:

“Excmo. Sr., D. Francisco Colombo Coronel del Regimiento de infantería de la Muerte, por D. Manuel García del Barrio, comisionado por la Suprema Junta Central Gubernativa del Reino a principios de mayo próximo pasado, ante la superioridad de V. E. con el respeto debido expone que con motivo de la dispersión del Ejército de Galicia, y ocupación de los enemigos de este Reino, comisionó V. E. varios oficiales para alarmar a los pueblos, conducir pliegos, y organizar cuerpos que hiciesen frente a rechazar el enemigo común, y que fue uno de ellos el que representa, pues unido a D. Pablo Morillo, y D. Bernardo González congregaron suficientemente fuerza para la reconquista de Vigo, que con tanto entusiasmo realizaron siendo el suplicante uno de los que tuvieron la mayor gloria en esta importante empresa, y de la que se han deducido las consecuencias felices que experimentamos en la evacuación a los enemigos de este Reino, pues por su consuelo se han interesado todos lo socorros para el sostén del ataque del Puente de San Payo, y auxiliar el ejército de V. E. Todas estas consideraciones estimularon Sr. Excmo. a que el comisionado de la Suprema Junta Central en vía de las facultades con que se hallaba y en consideración a sus servicios, le confiriese el empleo de coronel del regimiento de infantería de la Muerte, que se formó en dos de mayo, mediante a que ya había obtenido el de teniente coronel que V. E. tuvo a bien dispensarle. Con el  cuerpo de su mando ha contribuido a la reconquista de Santiago y defensa gloriosa del Puente de San Payo, cuyo desempeño personal y el de su tropa ha sido bien notorio, como lo podrán testimoniar los jefes que dirigieron aquellas D. Martín de la Carrera, y el conde de Noroña. Estas brillantes acciones en que la suerte le proporcionó distinguirse, le han acarreado émulos que han estado encubiertos, trabajando en destruir su opinión y el buen concepto que debía a V. E. como se manifestó en su primera e interesante comisión que tuvo a bien confiarle, y se […] en que a sus compañeros de armas Morillo y González se les ha confirmado en sus empleos de coroneles, y el suplicante no ha merecido aun esta gracia, que atribuye a lo que lleva expuesto; a que se agrega hallarse ahora con la fatal noticia de que el regimiento que está a su cargo se deshace para completar otros, no siendo ni el más moderno, ni el que menos ha servido. Este pesar unido a el de la continua cavilación con que está luchando su espíritu hace días; por el descontento que ha llegado a entender ocupa en el de V. E. unido al incesante trabajo con que ha procurado merecer sus premios, le han acarreado la grave enfermedad que hace un mes está sufriendo con peligro de la vida, pues se halla sacramentado: Con estos ascendentes, y el de que su opinión está comprometida con los sentimientos del honor de que no puede prescindir por su nacimiento, honradez y acreditado patriotismo; recurre al Tribunal de Justicia de V. E. que como militar sabe hasta donde agobian estos disgustos a los verdaderos servidores del Rey y de la Patria, a fin de que se sirva mandar se vindique su conducta en un Consejo de Guerra para que pasando por este crisol sea castigado, o remunerado a los ojos de la Nación (que está pendiente de este resultado) confirmando en su empleo, y dándole el mando de otro regimiento de los vacantes, o que vacasen, en testimonio de que sus servicios han sido gratos a la justificación a V. E. pues de este modo lograría la tranquilidad de su espíritu, y que V. E. se afiance mas y mas en el concepto de que él hizo cuanto tuvo la bondad de emplearle.

     Dios guarde la importante vida de V. E. muchos años. Coruña veinte y tres de julio de mil ochocientos y nueve = Excmo. Sr. Por indisposición y ausencia de mi marido = Ana Canido Roldán de Colombo = Excmo. Sr. Marqués de La Romana = Coruña cuatro de agosto de mil ochocientos nueve = Respecto que pende de la resolución de S. M. la aprobación de este cuerpo, conservará su grado de coronel como el verdadero comisionado para la alarma de la provincia de Tuy, de que rindió la conquista de Vigo = Al marqués de La Romana.”

   Tras avanzar sobre Astorga y dejar a la 4ª División guarneciendo la ciudad y defendiendo las entradas a Galicia por Sanabria y los puertos de Foncebadón y Manzanal[72], La Romana se disponía a avanzar hacia Ciudad Rodrigo cuando le llegó la orden de la Junta Central desde Sevilla, de que debía de dejar el mando para acudir a integrarse en la misma como vocal por el reino de Valencia.

    Bajo las murallas de Astorga y con el Ejército formado, el 24 de agosto de 1809, Pedro Caro y Sureda daría a la luz una emotiva Proclama despidiéndose de sus tropas:

  “Galicia queda cubierta de cadáveres franceses, ni la antigua Roma, ni la reciente Francia, pueden comparar sus marchas con las incesantes que, en seis meses de desnudez, hambre y miseria, habéis hecho por los impenetrables Alpes de Castilla, Galicia y Asturias, en la estación más irresistible de sus rigores […] no habéis dado ruidosas batallas, pero habéis aniquilado al más soberbio ejército del tirano […] fustigando las tropas enemigas, destruyéndolo en pequeños combates y reduciendo su dominación al terreno que pisaban […] habéis cumplido las más altas obligaciones del soldado…” [73]                     

   Allí en Astorga, tres días antes, desde el cuartel general del Ejército de la Izquierda, se daría orden al Coronel accidental del Regimiento de La Muerte, el Teniente Coronel habilitado, Francisco Miranda, de que los planes de futuro para la unidad se centraban en incrementar sus efectivos:

“Páseme V. S. la propuesta de todos los oficiales que componen el regimiento de la Muerte de su cargo, expresando al margen en los términos que manifiesta el adjunto modelo los servicios de cada uno, y autoridades por que han obtenido los empleos de que no tiene Reales Despachos, y como todo esto puede ofrecer alguna duda convendrá que hemos de proceder a formar la indicada propuesta, se presente V. S. en la Secretaría de Sub-Inspección de mi cargo, a fin de imponerse verbalmente del sistema bajo que podrá efectuarse para no tener necesidad de posteriores reclamaciones; en el concepto que el Regimiento del cargo de V. S.  ha de quedar organizado en dos solos batallones formados bajo el pie de ocho compañías conforme previene la Real Orden de veinte y tres de enero último circulada al Ejército = Dios guarde a V. S. m. a. Cuartel General de Astorga veinte y uno de agosto de mil ochocientos y nueve = Josef María de Carvajal = Sr. coronel del regimiento de la Muerte”[74]

   Por su parte, tras la partida de La Romana, el ejército continuó su marcha hacia el sur bajo el mando del General Gabriel de Mendizábal. El 11 de septiembre entraba el Ejército de la Izquierda en Ciudad Rodrigo donde les aguardaba su nuevo comandante en jefe, el Teniente General Diego de Cañas y Portocarrero, duque Del Parque. Allí se les agregó una 5ª División de tropas recién reclutadas (con la excepción de los veteranos regimientos de Milicias Provinciales de León, Logroño, Toro y Valladolid) al mando de marqués de Castrofuerte.

   El duque decidió avanzar el 5 de octubre en dirección a Salamanca guarnecida por parte del 6º Cuerpo de Ejército Imperial del general Marchand. Conocedor de ello el francés salió en su busca, encontrándose las águilas francesas y las cruces de San Andrés españolas, en la tarde del día 18, en la villa de Tamames[75]. El duque asentó sus tropas sobre las colinas que dominan la villa y aceptó batalla. Al anochecer, y para sorpresa de los franceses, los bisoños españoles habían rechazado con vigor todos sus ataques causándoles cientos de bajas. Cuando un eufórico Del Parque dio la orden de carga a la bayoneta y los regimientos españoles descendieron de las colinas los franceses fueron incapaces de resistir, retrocediendo en desorden. La noche y la prudencia del duque del Parque les salvaron de una persecución y derrota totales.

    El entusiasmo recorrió el Ejército, Tamames era la primera victoria española conseguida tras la de Bailén el año anterior, luego de las numerosas y calamitosas derrotas del invierno de 1808. Al día siguiente se le incorporó el general Francisco Ballesteros con sus 7.000 asturianos de la 3ª División procedentes de Astorga. El Ejército de la Izquierda, pletórico de moral, avanzó sobre Salamanca el 25 de octubre.

   Deseoso de cumplir su parte del plan estratégico urdido por la Junta Central desde Sevilla y apoyar a los tres ejércitos españoles del Centro, la Mancha y de Extremadura que intentaban avanzar sobre Madrid, Del Parque reanuda su avance en dirección hacia Tordesillas. Su intención era la de cortar las comunicaciones con Madrid a las tropas francesas de Marchand (y de su superior François Etienne Kellerman), que guarnecían Zamora, León y Valladolid.

   Enterado el español de que Kellerman estaba enviando refuerzos al rey José en Madrid a fin de hacer frente a la ofensiva española del Ejército del Centro desde el sur, Del Parque inicia su avance el 18 de noviembre. El día 19 expulsa de Alba de Tormes a una brigada del general Marchand que hubo de refugiarse en Toro y pedir auxilio urgente a Kellerman. Los españoles, con 30.000 hombres amenazaban con arrollarles en las jornadas siguientes. Sin embargo, a partir de aquí la fortuna empezó a abandonar a los españoles. En el sur, ese mismo día 19 fue completamente derrotado el Ejército Español del Centro en la gran batalla de Ocaña[76]. Muchas de las tropas francesas que habían participado en la batalla partieron rápidamente hacia el norte para reforzar a Kellerman. Del Parque tardaría varios días en conocer la fatídica nueva.

    Entretanto, las tropas del Ejército de la Izquierda habían proseguido su avance; los franceses evacuan Toro hacia Medina del Campo. Allí, el 23 de noviembre tendría lugar una de las más memorables acciones de la infantería española durante la guerra.

   El Ejército de la Izquierda se lanzó sobre Medina del Campo atacando a las brigadas imperiales de Lavasse y Marcognet que estaban apoyadas por cuatro regimientos de caballería. Hacia las 11 de la mañana, los franceses hicieron cargar a su poderosa caballería contra el ejército español, que avanzaba resuelto hacia la ciudad. En el centro de la línea de batalla hispana se desplegaba la División de Vanguardia (con el regimiento la Muerte), a su derecha lo hacía la 3ª y en la izquierda la 1ª. Los escasos jinetes españoles de Anglona guardaban el frente y los flancos. La 2ª División marchaba en reserva, quedando en el Carpio la 5ª del Marqués de Castro Fuerte.[77]

   La débil caballería española que iba en cabeza fue arrollada, cargando los dos mil jinetes franceses sobre la derecha española. Allí, los batallones asturianos de Ballesteros, abandonados a sus propias fuerzas, formaron en brigadas cerradas y consiguieron rechazar con su fuego las cargas imperiales.

 

[...] Cargaron sobre los tiradores de la 3ª División, y como las guerrillas de caballería nuestra huyeron, acuchillaron a algunos tiradores, y a Molina, el Ayudante General de la División, lo mataron. Los asturianos se portaron; me dio mucho gusto el verlos marchar sin embargo de ver caer granadas y balas, una partió a Dringold, Coronel asturiano, un brazo y un muslo, de cuyas resultas murió “ [78]

   Tras rechazar a la caballería francesa, las tropas españolas formaron de nuevo en columnas de ataque por escalones de División y reemprendieron el avance, a pesar del fuego de la artillería a caballo francesa, en una majestuosa visión de varios kilómetros con sus banderas y cientos de tambores y voces rugiendo al unísono, que los franceses, dándose por derrotados, rompieron el contacto y huyeron. Prudentemente, Del Parque, ordenó detener la persecución, ante el descontento de sus tropas, con una moral muy alta tras la victoria en Tamames.

    Ese mismo día Del Parque conoció la derrota de Ocaña; previendo el contraataque francés con fuerzas superiores si proseguía su avance (estaba inerme en las desnudas llanuras de Castilla por la debilidad de sus jinetes ante la caballería francesa) muy a su pesar y ante la incomprensión y rabia de sus soldados, dio la orden de retirada hacia Alba de Tormes. Partía presuroso en busca de las lejanas montañas donde refugiar a su ejército; un valeroso y desastrado gigante de pies de barro por la debilidad de su Caballería.

   A mediodía de un frío 28 de noviembre, las tropas españolas habían alcanzado la relativa seguridad del río Tormes en su villa de Alba. Sin embargo, el general Kellerman (habiendo recibido, ya de Madrid, los refuerzos pedidos, y finalizada la concentración de la mayor parte de su 6º Cuerpo de Ejército) le seguía los talones. A su frente el francés tenía ya nada menos que 8 regimientos de caballería, con casi 4.000 jinetes (uno de húsares, otro de cazadores y seis de dragones). Si conseguía alcanzar a los españoles en el llano, Del Parque apenas podría defenderse.

   En efecto, el general español confiado en haber dejado muy atrás a los imperiales había ordenado el alto a sus tropas a fin de darlas de comer. En un gravísimo error, solo dos de sus Divisiones, la 3ª y la 5ª, cruzaron el río Tormes para acampar; las otras tres: la Vanguardia, la 1ª y la 2ª acamparon del lado francés. La caballería española recibió órdenes de mandar patrullas hacia la retaguardia en profundidad a fin de vigilar un posible avance francés. Por ineptitud o desobediencia las órdenes no se cumplieron. [79]

   Cuando las tropas se encontraban relajadas y dispersas preparando sus escasos ranchos algunos piquetes de jinetes españoles se precipitaron sobre ellas al grito de que llegaba la caballería francesa. La sorpresa fue total, pero los españoles reaccionan bien.

“Cada uno procura prepararse, los unos a batirse y los otros a pasar el puente. En fin, prodigiosamente, al cuarto de hora ya se hallaban formadas encima del Pueblo todas las tropas que había de aquella parte del Río y los enemigos como a media legua, con numerosísima caballería “[80]

   La situación se complicaba por momentos para Del Parque: llevaría muchos minutos poner a las tropas en formación, la mitad de su ejército no podría ayudar a su otra mitad al estar separados por un caudaloso río y un estrecho puente. Enseguida el duque ordena al general Gabriel de Mendizábal, agregado a su estado mayor, que cruce el puente y fuera ponerse al mando de las tres Divisiones con órdenes de hacer frente al enemigo.

    En un primer momento los exploradores españoles hablan sólo de un regimiento francés de caballería. Fiado en ello, el impulsivo y temerario Mendizábal, arrastrado también por las ansias de combatir de sus tropas, da la orden de ataque.

[…] formó la 1ª División en tres columnas, la Vanguardia algo a la izquierda, a retaguardia de la 1ª, y la 2ª a la izquierda de la Vanguardia. La Caballería delante con órdenes de atacar. Yo me hallaba con el general Mendizábal a la cabeza de las columnas de la 1ª, esperando el momento en que cargase la caballería, pero esta, después de que ya nos habían sacudido algunas granadas y balas, apenas vieron la caballería enemiga no aguardaron mas para echar a correr “[81]

    La caballería española apenas pudo resistir unos minutos. Arrollada huye desordenando y aplasta a sus propios infantes de la 1ª División de Javier Losada y a parte de la 2ª del conde de Belvedere en el momento en que, al ver la carga francesa, intentaban desesperadamente cambiar el despliegue de la columna de ataque a la línea defensiva.[82]  

   Los regimientos españoles iniciaron, con un coraje que conmovió el ánimo de un joven teniente del regimiento de Lemos presente, Ramón Novoa (el cual escribiría años después un señalado poema sobre los Cuadros de Alba[83]), el avance contra los franceses.

“En esta disposición nos dirigimos hacia el enemigo sin poder explicar a VE el deseo que manifestaban de aproximarse a él tanto los oficiales como la tropa. Luego que estábamos a tiro de cañón de las columnas enemigas, un obús y dos piezas, mandadas por el capitán del Real Cuerpo de Artillería D. Martín de Zarandía, empezó a hacerles fuego causándoles mucho daño por sus acertados tiros a los que contestaron los enemigos con los suyos; y aunque causaban algún daño a mis columnas, las valerosas tropas que las componían no titubeaban, ni se les oían más expresiones que: ¡VIVA FERNANDO 7º!, marchando con la bayoneta calada las cabezas de ellas hacia las del enemigo, que por dos veces tuve que contenerlas para que hiciesen alto, pues me parece, Excmo. Sr., que a no haberlo hecho así, se hubiesen arrojado sobre la caballería enemiga [] en un desgraciado momento veo transformada la escena, pues nuestra caballería, atacada por los enemigos, se pone en precipitada retirada, y mis columnas so arrolladas por ella cargando la del enemigo y acuchillando a mis valerosos oficiales y soldados“[84]

   Rotas sus formaciones, la 1ª División resiste a duras penas una de las cargas gracias al fuego de algunos regimientos que consiguen desplegar en línea. Sin embargo, una segunda carga de la caballería francesa de Kellerman (que decide jugársela sin esperar la llegada de su infantería y artillería) desmorona a la 1ª División española. Los miles de jinetes franceses caen sobre ella pasándola a cuchillo a la vista de sus lejanos compañeros.

“ Se aprovechó el enemigo, degollando los que quiso de la Unión, Orense, Corona, Columna de Granaderos, Aragón, y hubiera hecho lo mismo con la Vanguardia que iba a socorrerles, si al momento no hubiera desplegado, con lo que hizo retroceder la furiosa maniobra que traían en fuerza del vivo fuego que hicieron “[85]

   Cientos de muertos y heridos (mayoritariamente gallegos) quedan tendidos en el campo. Otros 2.000 caen prisioneros con toda la artillería. El resto huye hacia el puente bloqueando a las tropas que Del Parque trataba de hacer pasar al otro lado.

    Pero su sacrificio dio unos minutos a los hombres de la División de Vanguardia para formar en brigadas cerradas, de espaldas al río y sobre las pequeñas colinas de los Tejares, un gran cuadro.

    Kellerman agrupa ahora todos sus regimientos de caballería para destruir a la División de Vanguardia española. Pero ésta, para elogio de la Infantería Española, detuvo los repetidos ataques franceses sobre tres de las caras del cuadro español:

“La incomparable Vanguardia formó un cuadro y fue atacada cuatro veces por la caballería, pero las cuatro veces la rechazó con mucha pérdida y ninguna de su parte […] Esta bizarra División fue intimada de rendirse, a lo que contestó con una descarga”[86]

   

    Aún así, la situación del general Mendizábal era crítica; habían sido derrotados y no podían cruzar el río, un solo movimiento y la caballería francesa les arrollaría. Entretanto, a dos horas de marcha, acudían a paso redoblado la infantería y artillería francesas. Cuando llegasen todo estaría perdido, a los españoles sólo les quedaría rendirse o morir. Sabedor que ello suponía la derrota total y masacre de sus tropas, Mendizábal, ordenó, al amparo de la luna, avanzar a paso de carga hacia el puente a fin de cruzarlo como fuese.

    Bajo los relámpagos del fuego de los cañones y mosquetes, los españoles comenzaron a abrirse paso; muchos iban cayendo alcanzados, nadie les recogía pues las órdenes eran de proseguir sin detenerse. Al final los franceses son arrollados. Con pérdidas, pero invictos en medio de la derrota, los regimientos de la División de Vanguardia consiguen cruzar el río y reunirse con Del Parque.

   Pero la noche y el bombardeo francés sobre Alba de Tormes, junto con la desmoralización de muchas de las tropas, trae tal confusión, que, ante el aviso infundado de que la caballería francesa había vadeado el río y les atacaba, se produjo una dispersión de gran parte del Ejército del Duque al ordenar éste una retirada nocturna

    Los “Cuadros de Alba“ pasarían a la historia y leyenda de la Guerra de la Independencia. Todos los que formaron en los “Cuadros de Alba“ recordaron, durante el resto de sus días, aquella terrible tarde de noviembre a las orillas del Tormes.

    Respecto a nuestro Regimiento de la Muerte (que estaba muy debilitado en efectivos), su actuación volvió a ser destacada dentro de la División de Vanguardia; su mismo comandante, Francisco Colombo, salió herido de varias contusiones durante los combates del cuadro contra la caballería al final de aquel terrible día.[87]

  En palabras del Coronel prusiano, y posterior historiador, Berthold Schepeler, que combatía en las filas españolas:

 “El duque del Parque, finalmente, perdió el control, y por todas partes reinaba la confusión de Babel. No había ninguna orden de hacia dónde marchar. O dónde reunirse. Cada uno siguió al grupo más numeroso que encontró, y muchos de estos valerosos soldados sucumbieron a la miseria y a la extenuación. Los españoles se retiraron en tres grandes masas hasta Ciudad Rodrigo, Tamames y Miranda del Castañar (no lejos de Béjar), a la que Del Parque llegaría también.[88]

   A la mañana siguiente de la batalla, Kellerman hubiera querido realizar una persecución vigorosa; pero, confuso por una retirada excéntrica, desiste, enviando una División de Infantería hacia Salamanca, otra hacia Fuente Robles, y deja una brigada en Alba, poniendo en estado de defensa su castillo.[89] Algunos días después, no ocupaba  más que la línea del Tormes, y regresa con la caballería hacia Valladolid, enviando al general Ferrey a Benavente, para evitar la marcha del grano de Castilla hacia Asturias y hacia Galicia.

   Los españoles se reintegraron a sus banderas, y el 4 de diciembre, Del Parque movió su Cuartel General a Bodón, allí no encontró más que poco más de 3.000 hombres que carecían de todo. El 23 de diciembre, el duque se retira más allá de la sierra de Gata, colocando su Cuartel General en San Martín de Trebejos. Entonces el ejército fue establecido entre las montañas y los distritos de Coria y Plasencia, asolados por Soult, los soldados no recibieron soldada alguna durante un mes y también faltaron los alimentos; pues, en muchos cuerpos, un hombre no recibió, para la mayoría de los días, más que 8 onzas de pan y de carne, y para 3.500 caballos en servicio, solamente 8.000 raciones.

 Este excelente Ejército, formado en su mayor parte por viejos soldados habituados a la guerra, fue destruido por la miseria y no fue de ninguna utilidad, pues desde sus acantonamientos era incapaz de fijar al enemigo y en su estado no podía suponer amenaza alguna [] la Junta Central no tenía dinero para este Ejército, pues lo había entregado todo para formar el de Areizaga. Así, 9.000 hombres valientes murieron de miseria hasta el fin de febrero. Durante este tiempo, el duque del Parque, excelente gastrónomo, no se permitió que le faltara de nada.

    En medio del más grande de los desastres y angustias, el pueblo español no abandonó la causa nacional y sus banderas, pero entre las clases altas, Ocaña[90] dio lugar a muchos traidores, que creyeron entonces, todo perdido [][91]

   Los largos meses del invierno de 1809 y comienzos de 1810 serían letales para los restos del Ejército de la Izquierda, refugiados en la Sierra de Gata. Los varios miles de bajas además de por enfermedad y fallecimiento, se debieron, más bien, a la deserción y dispersión de muchos hombres impelidos a regresar a sus hogares por la falta de suministros y víveres.    

   De entre todos los cuerpos, los regimientos gallegos de la antigua División del Miño se vieron muy afectados por estas mermas. Ante la falta de efectivos el alto mando decidió enviar de regreso a Galicia, el 19 de diciembre a un cuadro de mandos del Regimiento de La Muerte con la idea de levar allí nuevos reclutas, quedando en Extremadura un pequeño destacamento al mando de Colombo (que se vio más disminuido al recibir la orden de ceder otros 135 soldados al 1º de Voluntarios de Cataluña). Finalmente, el 10 de junio de 1810 el regimiento de la Muerte (que no llevaba el nombre, ni la adscripción, de ninguna localidad gallega, ni la protección de ninguna de sus Juntas) fue disuelto formalmente por orden del Inspector General de Infantería del Ejército de la Izquierda, pasando los últimos restos de su tropa y mandos a reforzar a otros cuerpos, en especial al Regimiento de Lobera. Se envió orden también a Galicia de no reconstituir allí la unidad, habiendo de pasar los cuadros a disposición de los comandantes de las Divisiones 4ª y Reserva del Ejército de la Izquierda que había quedado en el Bierzo, Puebla de Sanabria y Galicia.

   Francisco Colombo fue destinado como Comandante del 3º batallón del Regimiento de Lobera (con el grado de Teniente Coronel, pues, con gran disgusto suyo, no se le confirmó el siempre postergado ascenso a Coronel). Su 2º al mando, el Teniente Coronel en comisión Francisco Miranda, pasó también al Regimiento de Lobera, pero volviendo a su antiguo grado de Capitán.[92]

  De esta manera acabó (no sin la pena y la protesta de los soldados y mandos del Regimiento gallego disuelto[93]) la historia de este significado cuerpo que combatió con distinción en la liberación de Galicia de la ocupación francesa y en las tres grandes batallas del Ejército de la Izquierda, en su distinguida campaña de la segunda mitad de 1809.

 

   Finalmente la Inspección de Infantería del 5º Ejército concedería en el verano de 1812 el grado de Coronel a Francisco Colombo, con fecha y antigüedad del 8 de julio de 1809.

APENDICES

Hoja de Servicios del Coronel Francisco Colombo

Archivo General Militar de Segovia

El Coronel don. Francisco Colombo, su edad 44 años: su país Peñíscola Provincia de Valencia. Su calidad hijo de Sargento Mayor su salud buena, sus servicios y circunstancias las que expresa.

Tiempo en que empezó a servir los empleos

Cadete del Inmemorial del Rey, 8 de febrero de 1788.

2º subteniente idem. 27 de agosto de 1793.

1º subteniente idem. 6 de mayo de 1794.

2º teniente idem. 11 de septiembre de 1794.

Idem de granaderos. 18 de enero de 1799.

1er. teniente con grado de capitán idem. 30 de diciembre de 1800.

Ayudante mayor idem. 20 de mayo de 1808.

Capitán 1º de Voluntarios de la Victoria. 24 de junio de 1808.

Grado de teniente coronel. 16 de abril de 1809.

Coronel de la Muerte en comisión. 2 de mayo de 1809.

Grado de coronel. 8 de julio de 1809.

Comandante de Lobera. 15 de marzo de 1810.

Agregado al regimiento de Mallorca. 1º de noviembre de 1815.

Idem a éste. 3 de mayo de 1820. –Se refiere al regimiento de Fernando 7º-

Tiempo que ha que sirve, y cuanto en cada uno

De cadete: 5 años, 6 mees y 19 días.

De 2º subteniente: 8 meses y 9 días.

De 1º idem: 4 meses y 5 días.

De 2º teniente: 4 años, 4 meses y 7 días.

De idem de granaderos: 1 año, 9 meses y 12 días.

De 1er. teniente con grado de capitán: 7 años, 6 meses y 20 días.

De ayudante mayor: 1 mes y 1 día.

De capitán 1º: 9 meses y 25 días.

De teniente coronel graduado: 16 días.

De coronel de la Muerte en comisión: 8 meses y 7 días.

De comandante: 5 años, 7 meses y 16 días.

De agregado a Mallorca: 4 años, 6 meses y 2 días-

Idem a éste: 3 meses y 28 días. –Se refiere al regimiento de Fernando 7º-

Regimientos donde ha servido, y clasificación de sus servicios con arreglo a la Real Orden de 26 de noviembre de 1814.

     En el Inmemorial del Rey, Voluntarios de la Victoria, Muerte, Lobera, Mondoñedo, Voluntarios de la Corona, Depósito de Instrucción del 4º Ejército, Mallorca y Fernando 7º: 32 años, 6 meses y 23 días.

     Abono de campaña por entero desde 2 de mayo de 1808 hasta 25 de diciembre de 1812: 4 años, 7 meses y 23 días.

     Idem desde dicho día por mitad hasta 17 de septiembre de 1814: 10 meses y 12 días.

     Total de servicios: 38 años y 28 días.

Campañas y acciones de guerra donde se ha hallado

     Sabemos por este historial que tenía 44 años en 1820, por lo tanto nace en Peñíscola en 1776, ingresando de cadete en el regimiento Inmemorial del Rey en 1788 con ¡doce años!

     En toda la guerra contra la república francesa en Arnegui y Ondarrola el 27 de abril de 1794: En la defensa del campamento de Cruchispila el 17 de octubre  del mismo año: En la defensa y retirada de Roncesvalles: En los ataques del 24 y 25 de diciembre del mismo año sobre las alturas de Zabaldica: Sostuvo la retirada del fuerte destacamento de Garralda: tuvo otras varias acciones raciales, todo en el Ejército de Navarra.

     En la primera guerra contra Inglaterra se halló en la defensa del Ferrol y la Coruña y en los campos volantes de Ares y Zubia, asistiendo a la defensa del departamento del Ferrol en los días 25 y 26 de agosto de 1800 por cuya acción le concedió S. M. un escudo de distinción. La siguiente guerra contra la misma nación la hizo en el cantón de Ares. En la de Portugal se halló en el Ejército de Galicia.

     El año de 1804 sirvió voluntariamente en la expedición que a las órdenes del general Taranco pasó a Vizcaya. En 1806 fue habilitado principal en la última guerra contra Inglaterra sirvió en los campos volantes de la Graña. Desde 1º de febrero hasta fin de junio de 1808 que salió a campaña en la guerra de la revolución contra Francia estuvo comisionado en la persecución de ladrones y contrabandistas y formación de sus causas en las provincias de Santiago y Tuy, habiendo aprehendido 26 ladrones y cuatro capitanes de gabilla. –Todavía en el regimiento del Rey, hasta junio-

     Con el ejército de Galicia se halló en las acciones de Menagaray, toma de Valmaseda, Dueñas, retirada de Valmaseda y batalla de Espinosa de los Monteros. -En esta campaña, desde 24 de junio de 1808, como capitán de los Voluntarios de la Victoria-

     El 31 de enero de 1809 fue prisionero en la plaza de Vigo, de la que se fugó presentándose el 8 de febrero en el cuartel general. El 23 del mismo fue comisionado por el Excmo. Sr. marqués de La Romana con una porción de guerrilla para alarmar y proteger el paisanaje de las provincias de Santiago y Tuy invadidas por los enemigos. Asistió a la reconquista de la plaza de Vigo, de la que se hizo cargo en clase de Gobernador el día 27 de marzo de 1809; -aun en el regimiento de la Victoria- por esta acción se le concedió el grado de coronel recomendándole la superioridad. Sitió la plaza de Tuy teniendo parte en las acciones que sobre la misma se dieron el 6, 8 y 9 de abril del mismo año. El 27 de mismo en la acción en la acción dada en Puente Adarga desde donde se reunió a la división del Miño que mandara el general la Carrera: Con esta asistió el 23 de mayo a la reconquista de la ciudad de Santiago: en los días 6, 7 y 8 de junio en la retirada de Caldas de Rey y defensa del Puente de Sampayo, por cuya acción le concedió S. M. un escudo de distinción habiendo sido recomendado a Sargento Mayor. –Desde 2 de mayo de 1809 ya coronel comisionado de la Muerte, esta recomendación a Sargento Mayor debe referirse al empleo efectivo como tal (cosa que debía haberse reflejado en su historial, pero que al no hacerlo dudamos que le fuera reconocido dicho empleo en este momento)- Pasó a la Vanguardia del Ejército de la Izquierda, hallándose el 23 de noviembre en la batalla de Medina del Campo. (¿Por qué no aparece reflejada la batalla de Tamames -18 de octubre- si está comprobada la presencia del regimiento de la Muerte en ella?) El 28 del mismo en la de Alba de Tormes y cuadro formado por dicha división de Vanguardia, en la que recibió varias contusiones. –Tras esta derrota el regimiento de la Muerte se disuelve destinando a Colombo (coronel graduado) como comandante (o sea, ahora si, sargento mayor efectivo por fecha 15 de marzo de 1810, que en esta año pasó a denominarse comandante) del regimiento de Lobera. Por lo tanto es una degradación en el mando pero no en realidad en su empleo efectivo-

     En el año 1810 concurrió a nueve acciones al frente de la plaza de Badajoz, desde la cual fue destinado a la 2ª división al mando del general O’Donnell. El 18 de octubre del mismo –sigue como comandante de Lobera- por orden del Excmo. Sr. Marqués de La Romana pasó a las de su segundo D. Gabriel de Mendizábal, quien le nombró su ayudante de campo. En el año 1811 se halló con dicho general, que mandaba en Jefe en la toma de Llerena; en las acciones de Azuaya, en la de los Santos, y al frente de Badajoz en los días 10 y 12 de enero. Por orden del mismo pasó a la observación de la plaza sitiada de Olivenza, y habiendo sido encargado para proteger el convoy que debía introducir en ella el coronel Basecourt (se refiere a Juan Procopio Bassecourt, coronel de voluntarios catalanes y hermano mayor del mariscal de campo Alejandro, por estas fechas en el frente de Valencia) el 18 del mismo sostuvo acción sobre Jurumenha contra fuerzas muy superiores libertando el citado convoy. Asistió el 19 del mismo al reconocimiento sobre Valverde: El 20 en la acción de Talavera la Real: En la del 25 sobre Badajoz, y seguidamente su defensa al primer sitio puesto por los enemigos. Salió a la salida del 31 sobre las baterías enemigas: El 4 cruzando la línea enemiga con su general Salió para Yelves regresando a la plaza con las divisiones que estaban en Portugal: el 7 en la toma de las baterías: El la batalla del 19 en el mismo campo habiendo en consecuencia de ella pasado con órdenes a la plaza, de la que salió cortando la línea enemiga la noche del 22 con pliegos del Gobernador para su general: El 13 de abril de 1811 cesó en su destino de ayudante de campo y regresó al regimiento, -de Lobera- donde presentó certificación honorífica de su general. Seguidamente pasó con su regimiento al Ejército de Galicia. -En agosto de 1811, acaba su relación con el regimiento de Lobera (según fecha de su historial) ya que en noviembre parte el regimiento hacia América, quedando Colombo en España. Entre noviembre de 1811 y noviembre de 1815 pasa por varios destinos sin tener más noticias de su carrera militar: Regimientos de Mondoñedo, Voluntarios de la Corona y Depósito de Instrucción del 4º Ejército- Este jefe hallándose agregado al regimiento de Mallorca –desde noviembre de 1815-fue dado de baja por no justificar su existencia en virtud de orden del Excmo. Sr. Inspector General de cinco de septiembre de mil ochocientos diez y seis. –Entre 1816 y 1820 se halla, al parecer, de baja, regresando al servicio en mayo de 1820 agregado al regimiento de Fernando 7º, donde tan solo permanece cuatro meses. Según su historial personal sigue de comandante graduado de coronel.

     Don José Muñoz de la Torre, coronel vivo de Infantería y teniente coronel mayor del expresado cuerpo del que es coronel el Brigadier don José María Torrijos.

     CERTIFICO: Que la hoja de servicios que antecede es copia de la original que queda en la oficina a mi cargo. Madrid veinte y tres de septiembre de mil ochocientos veinte.

     Vº Bº. José María de Torrijos.                                       José Muñoz de la Torre.

NOTAS de Francisco Vela Santiago: Sabemos, por carta de su mujer Ana, que en abril de 1812 se hallaba en la Isla del León, donde casualmente se hallaba el Depósito de Instrucción del 4º Ejército, el cual pasaría a formar el 3er. batallón del regimiento de Mallorca en marzo de 1815, lo que concuerda con su historial  personal.

     A 1 de marzo de 1821 se reconoce en carta al Rey que ha tenido que expatriarse por su adhesión a la Constitución y en la que solicita su rehabilitación, lo que se desprende consigue por el contenido de la misma.

     Desconocemos la fecha de su muerte, pero si sabemos que no consiguió el reconocimiento efectivo del grado de coronel pese a todos sus esfuerzos y documentos acreditativos, que a renglón seguido se presentan.

    

     Según notas del coronel del regimiento de Lobera en agosto de 1811: D. Joaquín Márquez.

- Valor. Acreditado.

- Aplicación. Buena.

- Capacidad. Regular.

- Conducta. Buena.

- Estado. Casado

 

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MINISTERIO DE LA GUERRA

          PRIMERA DIVISION

                   1ª Sección

Documentos justificativos:

Nº 1.-

     Don Francisco Colombo, coronel supernumerario de infantería, ha hecho presente al REY, que por su constante adhesión al sistema constitucional fue perseguido en época pasada, hasta el punto de tener que expatriarse, con cuyo motivo fue dado de baja en su cuerpo; y solicita que a continuación de la nota que existe en su hija de servicios de haber sido dado de baja por no justificar su existencia, se manifieste lo expuesto, haciéndose saber a los cuerpos del ejército, y publicándose en la Gaceta del Gobierno. S. M., accediendo a ésta solicitud, se ha servido mandar que así se ejecute.

     Lo que de Real orden comunicó a V. para su conocimiento y cumplimiento en la parte que le toca. Dios guarde a V. muchos años. Madrid 1º de marzo de 1821.

Nº 2.-

     Señores jefes, oficiales y soldados de la División a mi mando = La necesidad de arreglar ciertos abusos introducidos en el Reino, y cuidar de vuestra subsistencia obligan a vuestro jefe a separarse de vosotros momentáneamente, lo que a pesar de este necesario movimiento se le hace dolorosa su separación máxime no hubiera experimentado por parte vuestra hacia mi persona en la organización de un cuerpo que nos hizo respetable a nuestro común enemigo la mas leve insubordinación, y vi la mas ciega en la observancia de mis mandatos, y órdenes comunicadas a la defensa de la Patria: Durante mi ausencia obedeceréis, estaréis sujetos bajo el mismo pie a las ordenes del brigadier de los Reales ejércitos Don Martín de la Carrera, del que en este intermedio me prometo, y debéis hacerlo vosotros igual paternal amor que se enderece a lustra felicidad, y la de la Patria, a quien habéis jurado defender o morir =  De cumplido tan sagrado deber regresaré a vuestra compañía, y entre vosotros mismos, como hasta aquí lo hice, os acompañaré en la suerte que el Omnipresente nos preparé operar de hallarse como lo están rodas mis operaciones aprobadas por la Majestad Suprema: Vivir seguros, y persuadidos de que esta corta separación es para mi la mas dolorosa, y sensible, y solo me la hace soportable la esperanza de colocarme con la brevedad posible en vuestro seno, del que en medio de mis continuas tareas…

   Cuartel General de Orense, y mayo dos de mil ochocientos nueve = Manuel García del Barrio = Señor Coronel del regimiento de la Muerte.

Nº 3.-

   Siendo de la mayor importancia la organización del regimiento de infantería de la Muerte que está al cargo de V. S. me propondrá inmediatamente para hacerlo a la Suprema Junta Central, los empleos de las respectivas clases de él, en el supuesto de que la elección debe recaer precisamente en los oficiales que han asistido con V. S. en la comisión que desempeñaba por disposición del Excmo. Sr. Marqués de la Romana, y los demás individuos que por su valor y patriotismo considere acreedores a esta gracia, y capaces de llenar los huecos de sus deberes = Me pasará V. S. noticia de los individuos, armas, vestuarios y demás enseres que necesite para el completo de dicho cuerpo, para poder con este conocimiento tomar mis providencias.

     Dios guarde a V. S. m. a. Orense, y mayo dos de mil ochocientos nueve = Manuel García del Barrio = Señor D. Francisco Colombo.

Nº 4.-

     En atención a hallarse V. S. habilitado para el completo de su regimiento, debo advertir lo verifique en los puntos que se constituya haciéndolo por si, o por medio de oficiales de su satisfacción, superando esta conscripción a los mozos comprendidos en la edad de diez y seis a cuarenta y cinco años, sin distinción de clases ni sujetos, y de ellos entresacará V. S. los más útiles, dejando los demás para cuando se pidan, haciendo preferencia de los dispersos, y conscriptos, procurando verificarlo fuera de los Partidos en que están regimentando el Señor D. Pablo Morillo, y D. Joaquín Guijarro, entregándose recíprocamente los sobrantes.

      Dios guarde a V. S. m. a. Orense, y mayo tres de mil ochocientos nueve = Manuel García del Barrio = Señor D. Francisco Colombo coronel del regimiento de la Muerte.

Nº 5.-

     Me es indispensable el que V. S. inmediatamente forme una razón individual del estado de fuerza que tenga, y vaya incorporándosele, haciéndoselo de manifiesto al comandante general de esta división el brigadier D. Martín de la Carrera, haciéndolo al propio tiempo de la relación con cargo, y data de alguna otra partida de Reales que hubieses percibido en fuerza de la comisión del Señor Marqués de La Romana con que V. S. ha obrado dirigiendo otra igual a lo de lo que lo haga a aquel jefe, a la Ilustre Junta de Armamento para su inteligencia.

     Dios guarde a V. S. m. a. Orense, cinco de mayo de mil ochocientos nueve = Manuel García del Barrio = Señor D. Francisco Colombo.

Nº 6.-

    He recibido los adjuntos despachos que me incluye, de los oficiales que me propone, y devuelven firmados, mas es preciso el que V. S. me dirija una relación por batallones, y compañías que me aclare las propuestas y méritos sobre que se fundan, con el estado de plana de oficiales para que en todo tiempo conozca el mundo que yo he distinguido el verdadero mérito y que el conocimiento de él, lo deje a la elección de los coroneles.

     Dios guarde a V. S. m. a. Celanova, seis de mayo de mil ochocientos nueve = Manuel García del Barrio = Señor D. Francisco Colombo.

Nº 7.-

  1. Martín de la Carrera brigadier de los Reales Ejércitos de S. M. el Sr. D. Fernando séptimo, que Dios Guarde, coronel agregado al regimiento de caballería del Rey, segundo comandante de las guerrillas de caballería de este Ejército de la Izquierda, que manda el Excmo. Sr. Marqués de La Romana, y comandante general de las tropas acantonadas en el Ferrol = Certifico que hallándome con órdenes superiores para reunir bajo las mías los distintos cuerpos de tropa y gente armada que a las de varios jefes o caudillos se hallaban en las provincias de Orense, Tuy y Santiago para formar un Cuerpo que obrase ofensivamente según las circunstancias; se me presentó en Orense como uno de los que se hallaban a las órdenes de D. Manuel García del Barrio, D. Francisco colombo, capitán graduado de teniente coronel del batallón de Victoria, acompañado de D. Francisco Miranda, quienes habiendo sido comisionados por el Excmo. Sr. General en Jefe con alguna gente del propio batallón para reunir la que pudiesen, y hacer este genero de (…): habiéndose hallado según parece en la toma de Vigo y ataque a Tuy, ocurridos antes de su reunión que tuvo efecto en Orense el día primero de mayo del corriente año con la fuerza de doscientos cincuenta hombres armados y alguno oficiales, habiéndome pasado el referido D. Manuel García del Barrio un oficio en la mañana de día dos del propio mes, en que me decía que: Cerciorado de los méritos, valor, inteligencia, celo y patriotismo de D. Francisco Colombo había venido en nombre de la Junta Suprema Central en nombrarle coronel de infantería de línea de la Muerte; y añadía, cuyo cuerpo se formaría aumentándose la división que manda este oficial con el nombre de la Victoria: En virtud de lo cual y según mis instrucciones mandé a Colombo, organizar un batallón agregándole provisionalmente gente y oficiales; con cuyo cuerpo ha servido bajo mis órdenes desde aquella época, habiéndose hallado en la acción de Santiago el veinte y tres de mayo en la retirada de Caldas de Rey, y defensa del Puente de Sn. Payo en los días seis, siete y ocho de junio; manifestando en estas acciones su valor, celo y patriotismo: Y para que conste donde convenga firmo esta en el Ferrol a doce de julio de mil ochocientos y nueve = Martín de la Carrera.

Nº 8.-

  1. Gaspar María de Nava Álvarez de las Asturias, conde de Noroña, mariscal de campo de los Reales Ejércitos, y segundo comandante genera del Ejército y Reino de Galicia = Certifico que el coronel del regimiento de infantería de la Muerte D. Francisco Colombo ha estado con la tropa de su mando en la retirada de Caldas de Rey el día seis de junio, y en las acciones del siete y ocho del propio mes en el Puente de Sn. Payo, y que en una y otras ha acreditado su celo, valor, actividad y cabal desempeño: Y para los efectos que convengan al interesado le doy la presente que firmo en la plaza de La Coruña a veinte y cuatro de julio de mil ochocientos y nueve = el conde de Noroña.

 

Nº 9.-

     Excmo. Sr.

  1. Francisco Colombo coronel graduado del Ejército y comandante agregado a Voluntarios de la Corona, ante la superioridad de V. A. con el respeto debido hace presente que en junio del año pasado manifestó a la anterior Regencia con documentos justificativos de los jefes a cuyas órdenes ha tenido el honor de servir el mérito que contrajo en el mando de su regimiento titulado de la Muerte en las acciones de Caldas de Rey, reconquista de Santiago, defensa gloriosa de San Payo, y en las batallas de Tamames, Alba de Tormes y en la formación del cuadro en esta acción, y otros pequeños ataques que ocurrieron por espacio de los catorce meses que tuvo a su cargo el expresado cuerpo el cual fue reformado en junio de 1810 y descendido el suplicante a la clase en que se halla con bien extraordinaria en el Ejército, y si la de darles su agregación a otros ínterin no hubiese vacante quedando en consecuencia perjudicado en su honor el que representa pues aparece como un reo a los ojos de la Nación que lo ha visto trabajar, y distinguirse como ha demostrado y acredita su hoja de servicios y certificaciones que entonces acompañó; circunstancias que le estimaban a clamar de nuevo a la justificación de V. A, para que con presencia de todos los antecedentes y de que hasta ahora no ha logrado otra cosa por resultas de sus representaciones que la refrendación de los despachos que le confirió el capitán general marqués de La Romana de los grados de teniente coronel y coronel por las alarmas que verifico en el Reino de Galicia en la virtud de su orden, y por la reconquista de la importante plaza de Vigo: En esta atención.

  1. V. A. Rendidamente suplica que en considerando expuesto tenga a bien dispensarle su justicia la confirmación de su empleo de Coronel con la antigüedad de su despacho como lo prueba la concesión ratificada de el en 8 de julio de 1809 en uno de los regimientos que se están formando en Galicia, y cuando esto no sea asequible su agregación de tal por optar a las vacantes que ocurran respecto a que mandó su reformado cuerpo, con la ausencia, y consentimiento de los generales marqués de La Romana, conde de Noroña, duque del Parque y D. Martín de la Carrera entendiéndose con los inspectores respectivos como consta de los documentos que ha presentado en su 1ª Instancia: Gracia que espera merecer de la acreditada justificación de V. A. Isla del León 14 de abril de 1812.

                                                                                                  Serenísimo Señor

                                                                                       En virtud de poder de mi marido

                                                                                                      Ana Canido de Colombo

UNIFORMIDAD DEL REGIMIENTO DE LA MUERTE

 

Francisco Vela Santiago

     El único dato de uniformidad de este regimiento es el dibujo que nos presenta Clonard, en su obra sobre la infantería y que representa a los “Regimientos Simbólicos de la Guerra de Independencia”. Entre ellos el de la Muerte, segundo por la derecha, y que, curiosamente aparece de la mano del de la Victoria, en clara alusión a su formación gallega.

     A primera vista parecería vestir al estilo de los “greenjackets” británicos. El regimiento de la Muerte se organiza en enero de 1809 en Pontevedra, entre Verín y la frontera portuguesa y en abril en Vigo, por donde pasaron los greenjackets huyendo del ejército francés por esas fechas. De ahí el hecho de usar este tipo de casacas españolizándolas, eso sí: casaca corta verde oscuro, pero con cuello y vueltas azules, quizás para diferenciarse de aquellos, que los llevaban negros. Una sola tira de botones al centro de la casaca, no tres como los británicos, una clara referencia al ahorro. Correaje cruzado negro (también usual en las tropas británicas de este tipo) y curiosamente cinturón ventral también negro, cosa que nos llama la atención pues no es corriente ver estos tres tipos de correajes juntos. Chacó del modelo inglés, con escarapela encarnada y plumín verde, por ser aquel el color del ejército español, y éste de las tropas ligeras, y un curioso adorno metálico con la forma de una calavera y dos tibias cruzadas, en clara alusión al nombre del Regimiento. Pantalones largos y ajustados de color, que parece gris azulado. Botón blanco y fusil de infantería de algún modelo español. Mochila, al parecer rígida de color marrón con el capote protegido por una curiosa funda a rayas azules y blancas. Sin ninguna otra referencia a su uniformidad, tendremos que dar esta por buena, al igual que hicimos con el de la Victoria, aunque de éste se encontró un dato reciente que la confirmó.

[1] Salvo las breves referencias que nos da, de esta unidad, el historiador militar gallego Félix Estrada Catoyra en 1916, en su Historia de los Ejércitos Gallegos durante la Guerra de la Independencia, los datos sueltos que aparecen en el relato del levantamiento del pueblo gallego de Manuel García del Barrio y la hoja de servicios de su Comandante (AGMS, 1ª Sección, legajo C-3.030), el Coronel Francisco Colombo, no se conservan datos precisos de su organización, cuerpo de oficiales y uniformidad. Nuestras indagaciones en el Archivo General Militar de Segovia (AGMS), no ha dado ningún resultado pues a pesar de su entrada en el índice de la Sección 2ª, División 10ª, Legajo nº 193, en la “Relación de cuerpos de Infantería que van de Mindanao a Murcia”, el expediente consta tan solo de una cuartilla manuscrita; con una breve mención a su creación en Galicia en el invierno de 1809, a su adscripción a la División del Miño, organizada por Manuel García del Barrio, y a quien fue su comandante, Francisco Colombo. Esperemos que, algún día, nuevas indagaciones subsanen este vacío.

[2] Apodado el “lobo solitario” por su cargo de Director de los Servicios de Contraespionaje e Inteligencia españoles durante el reinado de Isabel II.

[3] Natural de las montañas de Santander (Argüeso, 1766), este empresario y comerciante marítimo de profesión, estaba asentado a finales del siglo XVIII en Panamá. Allí se integró como Alférez en la Milicia Colonial, combatiendo a los indios Darienes. En enero de 1799 ante la guerra contra Inglaterra armó en corso varios buques logrando numerosas presas y reducir el contrabando británico en el Caribe; su apresamiento de la fragata británica La Puing de 20 cañones en 1801, le hizo recibir el grado honorífico y sueldo de capitán de infantería con libre destino. En 1806 continuó su guerra de corso contra los británicos. Al comenzar la Guerra de la Independencia estaba en Burgos con su familia; allí se puso a las órdenes del Capitán General de Castilla la Vieja y León, Gregorio García de la Cuesta, actuando como activo agenta patriota en labores de inteligencia y fomento del levantamiento patriota en Castilla la Vieja. Tras colaborar con varios generales españoles (y el mismo John Moore), el marqués de La Romana le enviaría a Sevilla ante la Junta Central, la cual le enviaría el 18 de febrero a Galicia con el nombramiento de Teniente Coronel y la misión de fomentar la rebelión del pueblo gallego contra la invasión francesa (llevaría consigo como ayudantes al capitán de Voluntarios de España, Pablo Morillo y al canónigo de la catedral de Santiago, Manuel Acuña Malvárez). García del Barrio, M. (1811) Sucesos militares de Galicia en 1809 y operaciones en la presente guerra del coronel Manuel García del Barrio [Cádiz]. Ascendido a Coronel efectivo por la Junta Central y refrendo del marqués de La Romana en junio de 1809, sería postergado en su carrera militar, no recibiendo justa recompensa a los meritos cosechados en Galicia en 1809; hasta mayo de 1816 no recibió el empleo de Brigadier. Durante la postguerra fue liberal y amigo personal del célebre general José María Torrijos, sufriendo el exilio hasta la muerte de Fernando VII.

[4] García del Barrio, M. (1891) Sucesos Militares de Galicia en 1809 [La Coruña], reedición facsímil del original publicado en Cádiz por su autor en 1811. Ver páginas 1 – 41.

[5] Por ello cuando La Romana se ofreció al general John Moore a cooperar en un movimiento ofensivo hacia Carrión de los Condes, el 23 de diciembre de 1808, solo pudo poner en campaña 7.000 infantes, 200 jinetes y 8 piezas de artillería. Priego López, J. (1968 – 2007) La Guerra de la Independencia, 1808 – 1814 [Madrid], Servicio Histórico Militar, tomo 3, pág. 194.

[6] Cassinello Pérez, A. (2012) El Capitán General Marqués de La Romana (1761-1811) [Madrid], págs. 156 – 159.

[7] VVAA (1821) Estados de la Organización y Fuerza de los Ejércitos españoles beligerantes en la Península durante la Guerra de España contra Bonaparte arreglados por la Sección de Historia Militar [Barcelona], pp. 25 – 29 y Oman, Ch. (Reed. 1995) A History of the Peninsular War [London], Vol. I, págs. 631 – 632.

[8] García del Barrio, M. (1811) Sucesos Militares…Ob. cit., pág. 40.

[9] Las tropas ligeras del general Robert Craufurd; compuestas por la 1ª y 2ª brigadas de flanco con los batallones 1º/43rd Regt., 2º/52nd Regt., 2º/95th Regt., 1st Light Bn. KGL, 2nd Light Bn. KGL.

[10] García del Barrio, M. (1811) Sucesos Militares…, Ob. cit., pags. 43 – 44.

[11] Hasta la reforma del Ministro Javier de Burgos en 1833, Galicia se dividía en siete Provincias: Santiago, La Coruña, Betanzos, Lugo, Mondoñedo, Orense y Tuy.

[12] García Fuertes, A (2019) La Campaña del ejército auxiliar británico del general John Moore en España (octubre de 1808 – enero de 1809); en: VVAA (2020) Cuaderno Extraordinario. Tres Naciones, Astorga, [Madrid], FEHME, diciembre de 2019, págs. 7 – 46,

[13] Es conocido que, por máxima de Napoleón (“La Guerra alimenta a la Guerra”) y para evitar los grandes trenes y depósitos logísticos que retrasaban los movimientos rápidos de sus tropas, los ejércitos imperiales apenas recibían suministros de Francia y obligaban a los países ocupados a contribuir, “manu militari”, con enormes, y periódicas, cantidades de dinero, víveres, bagajes, alojamientos y material que necesitaban para subsistir y suministrar las pagas a sus mandos y tropas, en un verdadero saqueo organizado (cuando no robo abierto por derecho de conquista) de los escasos bienes de la población rural y urbana que, en el caso español se resistió a ello; de manera pasiva (huyendo a los montes con sus bienes) y activamente (tomando las armas y dando lugar a las guerrillas).

[14] García del Barrio, M. (1811) Sucesos Militares… Ob. cit., pág. 44.

[15] Arteche y Moro, J. G. (1868 – 1902) Guerra de la Independencia, historia Militar de España, 1808 – 1814, 14 Tomos. Priego López, J. & Priego Fernández del Campo, J. (1968 – 2007) La Guerra de la Independencia, 1808 – 1814. Servicio Histórico Militar & Instituto de Historia y Cultura Militar, [Madrid], 9 Tomos; Barreiro Fernández, José R. (2009) Historia Social da guerra da independencia en Galicia [Pontevedra] y Osuna Rey. J. M. (2006) Los franceses en Galicia. Historia Militar de la Guerra de la Independencia en Galicia (1809) [La Coruña].

[16] Exposición del Abad de Couto al Ministro de la Guerra Antonio Cornel, miembro de la Junta Suprema Central en Sevilla, Archivo del Reino de Galicia (ARG), La Coruña, Caja nº 46-E, Documento E-2.

[17] Moscoso y Sequeira, J. J. (1809) Reflexiones sobre la Guerra de España e Instrucción para la Guerra de Partidas o Paisanos escritas por el Primer Ayudante General D. J. M. después de la retirada del Ejército de la Izquierda sobre León en noviembre de 1808 [lugar de publicación desconocido], 36 páginas. El 12 de febrero de 1809 la Junta Suprema Central difundiría, desde su sede en los Reales Alcázares de Sevilla, y a través de su Secretario General, Martín de Garay, otro Reglamento de 49 artículos y 10 páginas ( de autor desconocido pero que sería obra, sin duda, de uno de los vocales militares de la misma) dando instrucciones a los pueblos y civiles para resistir la invasión y tomar las armas contra los franceses: Reglas y Máximas fundamentales que deben observarse para la Defensa de los Pueblos y Ciudades grandes en la presente Guerra, en: http://www.hstmil1805-14.com/regmaxfun.html.

[18] Soult, Nicolas jean de Dieu (1854) Memoires du marechal general Soult, duc de Dalmatie, publiés par son fils [París], edición española de Fernando Valdés Fernández (2010) Memorias, España y Portugal [Madrid], págs. 44 – 45.

[19] Osuna Rey. J. M. (2006) Los franceses en Galicia…Ob. cit., págs. 180 – 186.

[20] García Fuertes, A. (2009) El Inicio de la Guerra de la Independencia en el Bierzo. Tropas bercianas durante el conflicto, 1808 – 1811. Revista del Instituto de Estudios Bercianos, nº 34, pags. 7 – 52. Diciembre de 2009. Monografía sobre la Guerra de la Independencia [Ponferrada]; González González, F. (1990) Asalto y conquista de Villafranca, Revista de Estudios Bercianos (1990),  nº 12, [Ponferrada], pp. 15 – 52, y Diario de Mallorca, nº 130, miércoles 10 de mayo de 1809, Informe de la toma de Villafranca del Bierzo por el mariscal Gabriel de Mendizábal.

[21] Oman, Ch. (Reed. 1995) A History of …Ob. Cit., Vol. II, p. 194.

[22] Moscoso y Sequeira, J. J. (1809) Reflexiones sobre la Guerra de España…, Ob. cit.

[23] Ibídem, pág.36.

[24] García del Barrio, M. (1811) Sucesos Militares… Ob. cit., págs. 46 – 47.

[25] AGMS, 1ª Sección, Legajo C – 3.030; Carta de Francisco Colombo del 5 de agosto de 1809 al Inspector General del Ejército de la Izquierda.

[26] IHCM, Colección ”Duque de Bailén”, Caja 9, Legajo 12, Carpeta 45, doc. nº 22. Año de 1809.

[27] García Fuertes, A. (2008) El Ejército español en Campaña, 1808 – 1809, Congreso Internacional de Bailén, 15 – 21 de abril del 2008. Universidad de Jaén y 2012) “Organización, tácticas y experiencia en combate del Ejército Español”, Desperta Ferro, Historia Moderna, nº 2º, 1812. La Guerra de la Independencia [Madrid], pp. 2-11.

[28] Conversación del marqués de la Romana publicada en el periódico ”El Sensato”, Jueves 9 de abril de 1812 (p. 532), Santiago de Compostela. Editor Juan Francisco Montero.

[29] AGMS, 1ª Sección, Legajo C- 3.030. Nacido en Peñíscola el 2 del 2 de 1779. Hijo de Sargento mayor. Alistado como cadete en el Inmemorial del Rey en 1788; en este regimiento combate en la Campaña de los Pirineos (1792 – 1793) y en la Defensa del Ferrol en agosto de 1800 contra los británicos, donde recibió un escudo de distinción. Desde el 1 de febrero hasta junio de 1808 se encontraba en Galicia (se había casado en 1802 con una natural de Vigo) al mando de una partida de infantería ligera dedicada a la persecución de malhechores en las provincias de Tuy y Santiago (logrando la aprensión de cuatro partidas y 30 bandoleros). Al comenzar la guerra contra los franceses, en junio de 1808, es destinado como Capitán al nuevo regimiento de infantería de Voluntarios de la Victoria (organizado con marinos y penados del Arsenal de El Ferrol). En esta unidad participa en la segunda campaña de 1808 del Ejército de la Izquierda al mando del teniente General Joaquín Blake, combatiendo en las batallas y acciones de Valmaseda, Güemes y Espinosa de los Monteros. Tras tomar el mando en León del ejército el marqués de La Romana, éste se retira a Galicia, sufriendo una gran dispersión. Colombo se refugia en Vigo con su familia y allí es apresado por los franceses, logrando evadirse a los pocos días y reincorporándose el 8 de febrero de 1809 al Ejército de la Izquierda en su cuartel general de Oimbra (Provincia de Orense y Comarca de Verín). Es uno de los muchos jefes y oficiales del ejército regular a los que el marqués de La Romana destinó con pequeños destacamentos de soldados y sargentos a encuadrar a las partidas de civiles gallegos y alarmas que se levantaron contra la ocupación francesa. Participa en la reconquista de de Vigo, plaza de la que queda como breve gobernador el 27 de marzo. Vuelto a campaña,  García del Barrio le ordena organizar su partida de soldados y paisanos en un regimiento regular de infantería con el nombre de “Muerte o Victoria”, el cual pasaría a formar parte, junto con otros regimientos gallegos de nueva leva de la llamada “División del Miño”.  Ascendido a Teniente Coronel participa en el sitio de Tuy en abril, en la acción del Puente de Abalga el 27 del mismo mes, en la acción sobre Santiago el 23 de mayo, en la retirada de Caldas de Rei y en la célebre batalla y defensa de Puente San Payo. Integrada la División del Miño a las fuerzas regulares del brigadier Martín de La Carrera pasa a formar parte de la División de Vanguardia del Ejército de la Izquierda; con ella participa en las batallas de Medina del campo y Alba de Tormes, en cuyo célebre cuadro combate recibiendo varias contusiones. El 1 de julio de 1810 su regimiento es disuelto y sus restos pasan a formar el 2º batallón del regimiento de Lobera, al que es adscrito Colombo; en este destino pasa a la guarnición de Badajoz como Ayudante de Campo del general Gabriel de Mendizábal con el 5º Ejército. Acciones de Llerena, Olivenza, defensa de Badajoz y batalla del Gévora.  y vuelve a su regimiento en Galicia. Ayudante de campo de Mendizábal durante su mando del 5º Ejército. Durante la postguerra fue liberal. En 1820, siendo Coronel, estaba retirado en Vigo, ciudad en la que murió el 25 de enero de 1825 de enfermedad.

[30] Colombo participó en la victoriosa defensa de El Ferrol el 25 y 26 de agosto de 1800, durante el desembarco británico en la bahía de Doniños. En la misma, y al frente de su compañía, en un avance en descubierta rechazó al enemigo, perdiendo la tercera parte de su compañía; recibió el Escudo de Distinción que el Rey concedió a los defensores.

[31] AGMS, 1ª sección, Legajo C-3.030. Hoja de Servicios del Coronel Francisco Colombo.

[32] Ibídem.

[33] García Fuertes, A. (2008) El Levantamiento patriota en Asturias, León y Galicia (marzo – junio de 1808). Revista de Historia Contemporánea Aportes, Nº 67, Año XXIII – 2/2008, pags. 36 – 56 [Madrid].

[34] Espoz y Mina, Francisco (1962) Memorias [Madrid].

[35] AGMS, 1ª Sección, Legajo C-3.030.

[36] “Patillas“, el diablo; expresión castellana de la época.

[37] Gaceta de Madrid, jueves 23 de diciembre de 1808, nº 162, pág. 1.660. Cartas interceptadas por los franceses.

[38] AGMS, 1ª Sección, Legajo C – 3.030. Tal vez esta falta que cometió Colombo (ausentarse, sin permiso, durante la retirada a Galicia, de su unidad) pesó en el ánimo del marqués de La Romana cuando, tras ponerlo al mando, por petición de Manuel García del Barrio, del nuevo Regimiento de La Muerte, el General español no le ascendió a Coronel (al contrario que hizo con los comandantes de los nuevos regimientos de la Unión, Monforte o Lobera), sino que le haría esperar unos meses a que Colombo se ganara ese premio, purgando la pasada falta.

[39] IHCM, Colección Duque de Bailén, Legajo 8, carpeta III.

[40] Informe del Inspector General del Ejército desde Cádiz, el 21 de octubre de 1811, sobre los méritos que acredita Francisco Colombo para lograr la ratificación de su ascenso a Coronel. AGMS, 1ª Sección, Legajo C – 3.030.

[41] IHCM, Colección Duque de Bailén, Legajo 8, Carpeta X. El primer párrafo corresponde a otra carta de la mujer de Francisco Colombo al marqués de La Romana, fechada en La Coruña el 23 de julio de 1809 y conservada en su expediente personal, AGMS, 1ª Sección, Legajo C – 3.030.

[42] IHCM, Colección Duque de Bailén, Legajo 8, Carpeta X.

[43] García del Barrio, M. (1811) Sucesos Militares… Ob. cit., págs. 55 -56.

[44] Ibídem, págs. 86 – 87.

[45] Estrada Catoyra, Félix (1916) Historia de los Ejércitos Gallegos…Ob. cit.

[46] A pesar de que tenía el grado militar de Mariscal de Campo, Gaspar Nava y Alvarez de Asturias, Conde de Noroña, había hecho la mayor parte de su carrera como diplomático. Veterano de la Guerra de los Pirineos, sería nombrado Embajador de España en los Cantones Suizos en diciembre de 1799, puesto que ocupó hasta ser destinado de Embajador en San Petersburgo en septiembre de 1802. Allí se mantenía cuando fue expulsado por el zar Alejandro en septiembre de 1807, por presiones de Napoleón. Llegado a Sevilla en abril de 1809, se le destinó a Galicia, como 2º Jefe del Ejército y Presidente de la Real Audiencia de Galicia y con órdenes de colaborar con el Marqués de La Romana. Martín-Lanuza Martínez, A. (1812) Diccionario Biográfico del Generalato Español. Reinados de Carlos IV y Fernando VII (1788 – 1833) [Madrid], págs. 624 – 625.

[47] García del Barrio, M. (1811) Sucesos Militares… Ob. cit., reedición de Andrés Martínez Salazar en La Coruña en 1891, págs. 170 – 172.

[48] AGMS, 1ª Sección, Legajo M-3.316.

[49] Ibídem.

[50] Ibídem.

[51] Organizado por la Junta patriota gallega del municipio orensano del mismo nombre.

[52] Así llamado por haberse organizado con mozos de Orense y Tuy.

[53] Tras la batalla del Puente San Payo se le agregó a su nombre de “Muerte”, el de “Victoria”.

[54] Capitán del 1º de Voluntarios Catalanes. Enfermo durante la retirada hacia Galicia, La Romana le concedió licencia para curarse en Pontevedra. Refugiado en O Grove, colaboró con el armador gallego y Capitán de corsarios Juan Antonio Gago de Mendoza, comandante de Alarmas de Morrazo, en reunir una nutrida división armada de paisanos para sitiar Vigo. Dicha partida sería el germen de este regimiento. Estrada Catoyra, F. (1909) Reseña de la Conquista de Vigo [Vigo], pág. 37, y Osuna Rey, J. M., Ob. cit., pág. 461.

[55] Organizado en Puenteareas el 14 de abril de 1809 a partir de las gentes armadas que había reunido en el sitio de Tuy el famoso Abad de Villar y Couto, Mauricio Troncoso y Sotomayor.

[56] Organizado por la Junta local de Monforte de Lemos combatió con distinción en el Ejército de la Izquierda, recibiendo el 1 de julio de 1810 los restos de los disueltos regimientos de la Muerte y Mouretán. A este cuerpo se le nombra indistintamente como Monforte o Lemos, habiendo causado la confusión, entre algunos historiadores, de que fueran dos unidades distintas, lo cual es falso; los dos tuvieron al mismo Comandante, Antonio Ponce. El regimiento siguió la guerra, encuadrado en el nuevo Sexto Ejército, hasta el 22 de enero de 1812 en que fue disuelto en la Plaza de Olivenza.

[57] Capitán (andaluz de Puebla de Guzmán, de 50 años de edad en 1808) en el Regimiento de la Corona del Ejército de la Izquierda, al comenzar la guerra. También persiguió malhechores y bandidos en 1806. AGMS, 1ª Sección, Legajo P - 2412.

[58] IHCM, Colección Duque de Bailén, Legajo 13, Carpetas nº 55 y 58.

[59] Sañudo Bayón, J. J. (2007) Base de datos sobre las Unidades Militares en la Guerra de la Independencia Española. Ministerio de Defensa & Secretaría General Técnica, [Madrid].

[60]  García del Barrio, M. (1811) Sucesos Militares… Ob. cit., reedición de Andrés Martínez Salazar en La Coruña en 1891, págs. 195 – 196.

[61] Estrada Catoyra, F. (1909) Reseña de la Conquista de Vigo [Vigo], págs. 140 -141.

[62] Cadete de 19 años alistado en abril de 1804 en el Regimiento de Zamora, natural de Reus. En la expedición a Etruria y Alemania; participa en el sitio de Stralsund y en la guarnición de Dinamarca, regresando con el marqués de La Romana a España el 11 de agosto de 1808. Integrado en el Ejército de la Izquierda, toma parte en la batalla de Espinosa de los Monteros, y luego en partidas de guerrillas en Galicia y en la reconquista de Vigo; es hecho Teniente en junio de 1809, y participa en el sitio de Tuy, en la reconquista de Santiago y en la batalla de Puente San Payo. En la Vanguardia del Ejército de la Izquierda toma parte en las batallas de Tamames, Medina del Campo y Alba de Tormes. Ayudante Mayor en marzo de 1810. Acaba la guerra como Capitán en el Regimiento de Monterrey; presente en las batallas y acciones de Vitoria el 21 junio 1813, Tolosa, San Marcial, y cruce del Bidasoa e invasión de Francia, rechazando al enemigo hasta San Juan de Luz. Toma parte del asedio a Santoña desde el 13 de enero de 1814, conquistando con 200 hombres el fuerte del Puntal en Laredo; citado en la Gaceta de la Regencia. Condecorado con las Cruces de la División del Norte, San Payo, Tamames y San Marcial. AGMS, 1ª Sección, Legajo N – 347.

[63] Clonard en su obra ya citada, afirma que el Regimiento de La Muerte se formó a partir de los cuadros y alguna tropa de tres Compañías sueltas del Ejército Regular; a saber: una compañía del Regimiento de la “Victoria”, otra del Regimiento de “Zamora” y otra de la 4ª División de “Granaderos Provinciales” de Galicia. Por los datos expuestos podemos confirmar que si hay constancia de este hecho con las dos primeras compañías, pero no podemos confirmar que hubiera aportes de las Milicias de Granaderos Provinciales.

[64] AGMS, 1ª sección, legajo C-3.030.

[65] López Caneda, R. (1989) Valdeorras en la Guerra de la Independencia [Barco de Valdeorras], págs. 218 -219.

[66] García del Barrio, M. (1811) Sucesos Militares… Ob. cit., reedición de Andrés Martínez Salazar en La Coruña en 1891, págs. 146 – 147.

[67] La misma estuvo integrada por los Regimientos regulares del Príncipe, Zaragoza, Cataluña, 1º de Gerona, 1º de Aragón y Cazadores de Barbastro; junto con los cuerpos creados en el verano de 1808 al comenzar la guerra: Voluntarios de la Victoria y Escolares de León; y los nuevos cuerpos gallegos creados por García del Barrio: Monforte de Lemos, Morrazo y Voluntarios de la Muerte o la Victoria.

   Otros regimientos de la División del Miño como el regimiento de la Unión se integrarían en la 1ª División del Ejército de la Izquierda del General Javier Losada, mientras que el de Lobera lo fue en la 2ª División del conde de Belvedere. El Regimiento de Mouretán quedaría de guarnición en Galicia y meses después se disolvería pasando sus efectivos al Regimiento de Monforte de Lemos.

[68] AGMS, 1ªSección, Legajo nº C – 3.030. Carta de Francisco Colombo del 8 de marzo de 1811 desde Estremoz, Cuartel General del 5º Ejército.

[69] VVAA, (1821). Estados de la Organización y Fuerza de los Ejércitos españoles beligerantes en la Península durante la Guerra de España contra Bonaparte arreglados por la Sección de Historia Militar [Barcelona], pags. 61 –62 y 64 – 65.

[70] La División de Vanguardia estaba al mando del mariscal de campo Martín de la Carrera; Francisco Javier Losada mandaba la 1ª División; el Conde de Belveder la 2ª; Francisco Ballesteros la 3ª (formada por  cuerpos asturianos) y que habría de llegar desde Santander; la 4ª División estaba a las órdenes del brigadier de la armada Juan José García de Velasco y se formaba de soldados leoneses y gallegos, quedó de guarnición en Astorga y protegiendo las entradas a Galicia por Sanabria y el Bierzo. Una 5ª División se le añadiría con cuerpos reunidos en Ciudad Rodrigo al mando del marqués de Castrofuerte.

[71] AGMS, 1ª Sección, Legajo C – 3.030.

[72] Otros 9.000 hombres, los peor equipados e instruidos quedaron en Galicia como reserva al mando del Conde de Noroña.

[73] Instituto de Historia y Cultura Militar, Colección “ Duque de Bailén “, Legajo 9, Carpeta nº XII, doc. nº 4. Ejército de la Izquierda, Operaciones, Batalla de Alba de Tormes. Proclama del marqués de La Romana al despedirse de sus tropas en Astorga, 24 de agosto de 1809.

[74] AGMS, 1ª Sección, Legajo C – 3.030.

[75] Vela Santiago, F. (2016) De Tamames a Alba de Tormes, 1809. Cara y Cruz del Ejército de la Izquierda [Madrid], Ed. Almena, Guerreros y batallas, nº 114.

[76] Vela Santiago, F. (2012) Ocaña, 1809. El Desastre tras la victoria de Bailén [Madrid], ed. Almena, Guerreros y batallas, nº 81.

[77] Instituto de Historia y Cultura Militar, Madrid, Colección “Duque de Bailén“, Año de 1809, Carpeta nº XII. Ejército de la Izquierda, Operaciones, Batalla de Alba de Tormes. Doc. nº 1, Informe del general Javier Losada a Nicolás Mahy, Ciudad Rodrigo, 4 de diciembre de 1809.

[78] Idem, Ob. Cit.

[79] Días después el Duque del Parque hizo Consejo de Guerra a varios soldados y mandos de caballería por haber causado, con su desobediencia y cobardía, la derrota del Ejército. Varios fueron fusilados.

[80] IHCM, Colección “Duque de Bailén “, Ob cit., Doc. nº 2, Informe del Comandante José Sánchez Boado.

[81] Idem. Los nueve regimientos de la 1ª División formaron cuatro columnas de ataque (informe del general Pol de la 1ª división, Doc. Nº 7). La caballería española estaba formada por reclutas con muy malas monturas y una pésima instrucción y disciplina. Al igual que en otras muchas batallas de la guerra, la derrota fue causada por su pésima actuación.

[82] Ya en la acción de Medina del Campo la caballería española había sido arrollada por la francesa, salvándose la jornada gracias a la serenidad y valor de la Infantería. Como el mariscal de campo Francisco Javier Losada (Comandante de la 1º División del Ejército de la Izquierda) informó días después al Capitán General de Galicia (Nicolás Mahy) tras la derrota:“Todo el Exército insulta a la Caballería, y hasta los mismos franceses han dicho a las guerrillas de Infantería: - Ya sabemos que son valientes, no os expongáis que vuestra Caballería no os ha de socorrer -“, IHCM, Madrid, Colección ”Duque de Bailén”, Año de 1809, Carpeta nº 12. Ejército de la Izquierda, Operaciones, Batalla de Alba de Tormes. Doc. nº 1, Informe de Francisco Javier Losada a Nicolás Mahy, Ciudad Rodrigo, 4 de diciembre de 1809.

-         [83] Novoa, R. (1816) A los Valientes Guerreros del Ejército de la Izquierda, a su magnánimo y sabio General el Excelentísimo Señor Don Gabriel de Mendizábal en la Memorable Acción de Alba de Tormes de 28 de Noviembre de 1809 [Sevilla], Imprenta Real.

[84] IHCM, Ob. Cit., Doc. nº 7, Informe del general Pol,  Comandante de la 1ª división del Ejército de la Izquierda.

[85] IHCM, Ob. Cit., Doc. nº 3, Informe del oficial José de la Fuente.

[86] IHCM, Ob. Cit., Doc. nº 1, Informe de Joaquín Domínguez, y doc. Nº 2, Informe de José Sánchez Boado.

[87] García Fuertes, A (2009) Los Cuadros de Alba. Un Poema épico de la Guerra de la Independencia, Congreso Internacional sobre la Guerra de la Independencia. Madrid, Universidad Complutense. 23 – 28 de abril del 2008 [Madrid].

[88] Allí hizo fusilar a un jinete acusado de decir que la derrota había sido causada por el general al mando.

[89] El duque del Parque había asegurado al menos el puente desde allí por una pequeña guarnición.

[90] Se refiere a la gran batalla de Ocaña perdida el 19 de noviembre por el mayor y mejor equipado ejército español (el del Centro) que fue derrotado completamente cuando avanzaba resuelto a arrebatar Madrid a los franceses. Esta calamitosa derrota ocasionó una gran descrédito de la Junta Suprema Central abrió Andalucía a la invasión y pareció mostrar la derrota final de España. Así lo entendieron las colonias americanas que dieron inicio a su proceso de independencia.

[91] Schépeler, Berthold Andreas von (1829-1831) Histoire de la révolution d´Espagne et de
Portugal, ainsi que de la guerre qui en resulta
; J. Desoer, éditeur [Lieja], Tomo II, Chapitre XXII, pags. 478-482.

[92] En palabras de su coronel Mascareñas: “…Por carecer de capacidades para más al mostrar poca aplicación y menos capacidad, aunque si una buena conducta”. AGMS, 1ª Sección, Legajo M- 3.3016.

[93] Oficiales y soldados argumentaron que se les disolvía a favor de un regimiento, el de Lobera, más moderno, con menos méritos que el suyo y al mando de un coronel, que un año antes era un simple civil, el ex presidente de la Junta de Lobera y caudillo patriota de la rebelión gallega en marzo de 1809, José Joaquín Márquez Donallo, antiguo Contador de Partido y Administrador de Rentas de la Bullosa. Estrada Catoyra, Félix (1916) Historia de los Ejércitos Gallegos…Ob. cit, págs. 127 – 130.


La Guerra de la Independencia en León, 1808 a 1813.

La Guerra de la Independencia en León, 1808 a 1813

Arsenio García Fuertes.

Licenciado en Filosofía y Letras. Miembro del Foro para el Estudio de la Historia Militar de España.

Voy a recorrer un vasto espacio sembrado de sucesos memorables que no merecen la triste suerte del Olvido. Voy a escribir, como pocas veces puede hacerse, entre el ruido de las armas y sin dejarlas de la mano, a la vista de los sepulcros humeantes de muchos héroes muertos para el mundo o para la Nación, y en medio de testigos de sus diversas acciones. Sacaré así a la luz momentos que yacen al lado de las tumbas y de las ruinas que cubren nuestro suelo […].

Introducción

La actual provincia de León, puerta de entrada a Galicia y Asturias sería durante la guerra un continuo campo de batalla entre el Ejército Español y el Imperial. Tras el paso de ejércitos españoles, franceses y británicos por la provincia en 1808 (con la llegada del mismo Napoleón a Astorga en la madrugada del 1 de enero de 1809), León se convertiría en un frente aparentemente secundario de la Guerra Peninsular.

 

Proclama León 1 de junio de 1808
Proclama León 1 de junio de 1808

Los británicos, tras la fallida campaña de John Moore de 1808, harán de Portugal su base de operaciones, centrando en Extremadura y Salamanca su eje de avance hacia Madrid. Por su parte, el llamado 6º Ejército Español que operaría en el noroeste de la Península, tomará León como campo de sus operaciones, convirtiéndose en el imprescindible flanco norte del Ejército anglo lusitano de Wellington entre los años 1811 a 1813.

Tras la liberación de Galicia en el verano de 1809, las fuerzas regulares españolas se harán fuertes en los Montes de León y en la Cordillera Cantábrica. Por el contra, los franceses dominarán las zonas llanas, con centro en la capital leonesa. Una amplia “Tierra de Nadie”, desde Boñar hasta Astorga, será disputada con tenacidad por los ejércitos de las dos naciones. El conflicto se prolongará en tierras leonesas hasta 1813 por medio de continuos combates y con los dos famosos Sitios de Astorga de 1810 y de 1812.

Año de 1808

Iniciada la guerra, durante el verano de 1808, los primeros esfuerzos leoneses para la lucha se materializarían en el reclutamiento de las tropas de Voluntarios de León (8.000 infantes de nueva leva) que la Junta del Viejo Reino alistaría para las campañas de Medina de Rioseco y del Ebro. Un hecho de especial significación para entender la naturaleza del conflicto, dentro del mismo bando patriota, sería el asesinato el 24 de junio (en un motín en Villafranca del Bierzo) del Capitán General de Galicia Antonio Filangieri al que se acusaba, infundadamente, de afrancesado y de retrasar el avance de su Ejército hacia la Meseta en apoyo de los patriotas leoneses y castellanos.

En ese primer verano de la guerra, los ejércitos patriotas de Castilla y Galicia serían vencidos en Cabezón y Medina de Rioseco por los franceses. Sin embargo, la victoria de Bailén del 19 de julio haría retroceder al rey José I y a sus ejércitos hasta el río Ebro. Con un fútil optimismo, los patriotas leoneses creerían (al igual que los del resto de España) que la guerra estaba casi ganada en el otoño de 1808. Un esfuerzo más empujaría a los franceses allende los Pirineos y obligaría al Emperador a negociar el regreso de Fernando VII a España. León vería, ese mismo otoño, la llegada del Ejército Británico aliado de los generales David Baird y John Moore desde Galicia y Portugal.

Sin embargo, Napoleón no podía permitir la humillación de Bailén ante toda Europa. Una fulgurante contraofensiva de Bonaparte, con lo mejor de su <>, derrotaría en octubre y noviembre a los pequeños ejércitos españoles. El Emperador haría su entrada en Madrid el 4 de diciembre. Entre tanto, los restos maltrechos del Ejército de la Izquierda del marqués de La Romana, retrocederían hacia León, azotados por el hambre y el tifus. Entre tanto, Moore, que ya había concentrado sus fuerzas, trató de atacar el 15 de diciembre (en conjunción con La Romana) al mariscal Soult, desplegado en Saldaña y Carrión, y que se hallaba aislado del resto de Cuerpos de Ejército Imperiales.

Napoleón en Guadarrama
Napoleón en Guadarrama

Durante esta tímida contraofensiva aliada tendría lugar la primera acción de la guerra en tierras leonesas: en la madrugada del 21 de diciembre, el 15º de húsares británico sorprende en Sahagún a dos regimientos de caballería franceses a los que derrota. Sin embargo, el ataque final sobre Soult nunca se produciría. En la noche del 23 de diciembre Moore recibió noticias de La Romana: el Emperador había cruzado las nevadas cumbres del Guadarrama

y marchaba con su Guardia Imperial hacia León.

Ambos comprendieron que si eran alcanzados antes de poder alcanzar las montañas serían aniquilados. Moore ordenó emprender inmediatamente la retirada hacia Astorga. Antes de que los españoles pudieran hacer lo mismo, las fuerzas de Soult caerían sobre las tropas del Marques de la Romana en Mansilla de las Mulas.

El 29 de diciembre, la 2ª División (destacada allí para custodiar el puente sobre el Esla) fue sorprendida por la caballería francesa y casi destruida.

Llegado a Astorga, La Romana no convencerá a Moore de resistir en las montañas para dejar libre Galicia de la invasión. El británico decidirá reemprender la marcha hacia

La Coruña para reembarcar su ejército, convencido de la derrota final de España. A los británicos sorprendio

Accion de Mansilla de las Mulas
Acción de Mansilla de las Mulas

el estado desolado de soldados españoles tras seis meses de guerra. Según el sargento Anthony Hamilton del 43º de Infantería:

Es difícil concebir algo en peor estado que el Ejército de La Romana. Se hallaban necesitados de ropa, armas, municiones e, incluso, comida. Había brotado entre ellos una fiebre maligna y el número de enfermos aumentaba a cada hora… este valiente y sufrido grupo aguantó sus innumerables privaciones con estoica paciencia. Constantemente mostraban, incluso en la más profunda adversidad, un coraje y devoción completos a la causa por la que luchaban.

En Astorga, el tifus traído por las tropas españolas despobló la ciudad. La entrada de las tropas imperiales, el 1 de enero de 1809, supondrá el concienzudo saqueo de Astorga durante una semana. Circunstancias terribles que ya hicieron escribir en el siglo pasado.

Los aliados emprenderían una terrible marcha en medio de la ventisca.

Accion Turienzo de Los Caballeros
Accion Turienzo de Los Caballeros

Los españoles cubrieron la retirada británica que, enseguida, degeneraría en caos y saqueos. En Turienzo de los Caballeros,

la mañana del 2 de enero sería cortada la 1ª División española. La caballería imperial la derrotará tomando numerosos prisioneros Cientos de españoles y británicos murieron en la penosa retirada hacia Galicia. Como recordó un oficial de caballería francés, al franquear Manzanal .

1809

Los mariscales Ney y Soult se adentrarían en Galicia en pos de La Romana y Moore, que conseguirían salvar sus ejércitos, aunque el británico morirá en la batalla dada a las puertas de La Coruña.

Entierro de Moore en La Coruña
Entierro de Moore en La Coruña

El español conseguiría avivar una gran revuelta armada popular en toda Galicia que (con el apoyo de sus fuerzas regulares) lograría la derrota y expulsión de los dos mariscales imperiales de la misma en ese verano. Ya el 18 de marzo había tenido lugar, en tierras leonesas, la reconquista de Villafranca del Bierzo.

En una acción de gran audacia, destacamentos de la división de Vanguardia del Ejército del marqués de La Romana (dirigidos por general Gabriel de Mendizábal) capturarían, tras un duro combate, a un regimiento francés refugiado en su castillo. La provincia de León quedaría también liberada de la presencia francesa ese verano al tener que desviar los franceses tropas hacia el sur debido a la fallida ofensiva aliada que, desde Extremadura, el general Cuesta y Wellington emprendieron hacia Madrid (y que acabaría en la batalla de Talavera).

A finales de año, Napoleón ordenará una nueva invasión de Portugal para expulsar a los británicos y cortar su ayuda a España. Para ello había que tomar primero dos pequeñas ciudades españolas: Astorga y Ciudad Rodrigo. Tras la marcha, en agosto de 1809, del Marqués de La Romana hacia Extremadura, únicamente habían quedado en León los 6.000 hombres de la 4ª División del Ejército de la Izquierda, al mando del brigadier Juan José García de Velasco.

En el bando opuesto, el general Kellerman extendía desde Valladolid su autoridad (con guarniciones y columnas volantes) sobre León, Castilla la Vieja, y la línea de comunicaciones entre Madrid y Francia. Sobre los páramos de León actuarán siempre algunas de estas poderosas columnas francesas desde Benavente al puerto de Manzanal, y desde Astorga a León. Astorga será el vértice donde las dos líneas convergían y paso obligado de las columnas imperiales. Por ello, para el mando español será de importancia vital tratar de dominar Astorga.

La Junta de León (que había perdido gran parte del territorio bajo su jurisdicción y en el Bierzo no hallaba víveres suficientes para las tropas españolas) presionaba para mantener destacamentos en Astorga y Puebla de Sanabria desde los que recoger grano en Tierra de Campos quitándoselo a los franceses. Esta terrible precariedad en el abastecimiento a las tropas españolas (que obligó en ocasiones a retirar batallones enteros del frente por no poder alimentarlos) llevaría en los meses siguientes a agrias disputas entre las Juntas de León y de Galicia.

Mapa Provincia León 1809-1812
Mapa Provincia León 1809-1812

 

El 1 de septiembre una de la columnas francesas sorprendió en Astorga a una avanzadilla de los “Voluntarios de León“. La crítica situación se superó por la decidida actuación de los astorganos (que se negaban a entregar la ciudad a un nuevo saqueo). Una desesperada resistencia de soldados y civiles consiguió rechazar a los franceses. Se demostró así que la pequeña ciudad podía resistir con una guarnición a las columnas de Kellerman.

Astorga sería rápidamente ocupada por las mejores tropas de que disponía Velasco: tres batallones leoneses y dos regimientos provinciales gallegos. A la par se iniciaron trabajos para mejorar sus débiles murallas medievales. El 9 de octubre otra columna, al mando del general Louis Carriére, volvió a intentar tomar Astorga. La guarnición (con gran presencia de ánimo de la población civil que volvió a participar en los combates) rechazó de nuevo el ataque. Entretanto, el Teniente General Nicolás Mahy (nuevo Capitán General de Galicia), se mostraba incapaz (debido a rivalidades y desórdenes políticos internos) de que la Junta de Galicia pusiera en pie un numeroso contingente de tropas.

Además, las reservas de municiones que se pudo proporcionar al gobernador de Astorga, José María de Santocildes, apenas llegaban para sostener un mes de combates. Por todo ello, el destino de las tropas españolas de Astorga si eran asediadas estaba sellado, no podrían ser socorridas. Su éxito radicaría en que fueran capaces de resistir el mayor tiempo posible para desgastar a los franceses y dar tiempo a las tropas españolas de Galicia, y a las británico lusas de Portugal, a mejorar sus defensas. Santocildes no se limitó a encerrarse en Astorga. Sus tropas realizaron numerosas incursiones. Los victoriosos ataques del 8 de noviembre sobre Castrogonzalo, y del 25 de enero sobre Puente Orbigo, levantaron gran alarma entre los franceses.

1810

La historia del primer Sitio de Astorga (como la de todos los asedios de aquella guerra) si bien dio gloria a la causa patriota, en el aspecto militar hay que decir que acabó en una rotunda derrota. La obstinación española por encerrarse en ciudades indefendibles, no conseguía más que destruir las escasas tropas que una empobrecida

Sitio Astorga 1810
Sitio Astorga 1810

España a duras penas podía formar, equipar y mandar al combate. Astorga quedaría ocupada el 22 de abril por las tropas imperiales del general Lauberdiere. Rápidamente el alto mando francés haría reparar las brechas en la muralla. Igualmente, y como reflejo de la importancia que los franceses dieron a la ciudad, Astorga arrebataría la capitalidad administrativa a León como sede de la nueva Prefectura del “Alto Esla“.

Tras la toma de Astorga, el 8º Cuerpo de Ejército del general Junot abandonaría León a fin de participar en la invasión de Portugal. Fiado en esta momentánea debilidad de los franceses en la provincia y espoleado por las críticas que le llovían desde Galicia, Mahy ordenaría realizar dos incursiones sobre Astorga y León los días 6 y 7 de junio. El ataque sobre Astorga lo efectuó el brigadier José de Meneses al frente de las Compañías de Tiradores de la División de Vanguardia y el apoyo de los batallones de Cazadores del Rey y del 6º de Marina.

Se desalojó a los franceses de los arrabales de Rectivía y San Andrés, obligándoles a encerrarse en la plaza. En León el ataque lo dirigió el Coronel Félix Carrera con su regimiento del Rivero y el del 2º de Tiradores de Castilla al mando de Francisco Hevia. El ataque comenzó a las cuatro de la mañana. Tras franquear varias puertas de la muralla en la zona del Hospital de San Antonio (gracias a la ayuda de varios vecinos), las tropas de Carrera y Hevia avanzaron por las calles intentando copar a los franceses a quienes creían concentrados en el convento de San Isidoro.

Pero la guarnición imperial era más numerosa de lo que se había supuesto; además se hallaba repartida en varios caserones fortificados. Los españoles, luchando al descubierto, sufrieron numerosas bajas. Los combates se mantuvieron hasta las 11 de la mañana; hora en que Hevia y Carrera se retiraron.

Sin embargo, la demostración de fuerza cobró sus frutos. La marcha del general Sèras desde Zamora a León dejó aislada a la guarnición imperial de Puebla de Sanabria (formada por suizos). El general Taboada atacó rápidamente la villa con la ayuda del portugués Silveira. Tras un asedio de seis días los suizos tuvieron que rendirse. El año acabaría con la reorganización de los Ejércitos Españoles por el Consejo de Regencia.

Las tropas asentadas en Galicia, Asturias y León se agruparon en un nuevo gran cuerpo llamado “6º Ejército”. Este incrementaría sus efectivos hasta los 31.000 soldados organizados en cuatro divisiones (la 1ª destacada en Asturias al mando de Javier Losada, la 2ª en el Bierzo al mando de Francisco Taboada, la 3ª en Puebla de Sanabria al mando de Francisco Cabrera, y una de Reserva en Lugo).

1811

Durante este año, desde sus plazas fuertes en Astorga, La Bañeza, León, Zamora, Puebla de Sanabria, Toro y Benavente, los imperiales (apoyados en una gran caballería de la que carecían los españoles) se limitarán a mantener encerrados a los españoles en los Montes de León y expeditas las rutas hacia Asturias y Extremadura.

En las montañas de León, continuarán los encuentros con los franceses de los comandantes Porlier y Castañón y sus tropas ligeras del 6º y 7º Ejércitos Españoles.

Santocildes y los Voluntarios de León
Santocildes y los Voluntarios de León

En febrero de 1811, tras la muerte de La Romana, sería nombrado Comandante del 5º y 6º Ejércitos (con base en Extremadura y Galicia) el general Castaños. Por presiones de Wellington, la Regencia destituiría a Mahy, como ya hemos dicho, mal visto en Galicia. Por su parte, Castaños daría, el 21 de abril, el mando interino del 6º Ejército al mismo José María de Santocildes que había conseguido escapar de su cautiverio en Francia. Wellington (luego de haber expulsado a los franceses de Portugal tras su victoria defensiva en Torres Vedras y tras la sangrienta victoria hispano británica de la Albuera) haría esa primavera un intento de recuperar Badajoz. Ello motivó una rápida marcha de muchas tropas francesas desde el reino de León hacia Extremadura. Aprovechando este movimiento, Santocildes descendió de las montañas.

A pesar de la escasez de caballería (arma imprescindible para poder actuar el los páramos de León), Santocildes avanzó hacia el Orbigo, y desde Sanabria hacia La Bañeza. Los franceses evacuaron rápidamente Astorga el 20 de junio, volando su gobernador, el general Jeanin, varios tramos de muralla para evitar que los españoles se hicieran fuertes en ella. También y por orden del Mariscal Bessières desde Valladolid (Comandante del Ejército francés del Norte), se evacuó Asturias el 14 de junio, a fin de concentrar sus fuerzas en León.

La veterana división del general Bonet se estableció en el Orbigo. En este contexto tendría lugar el 23 de junio la acción de los “Altos de Cogorderos“. En ella, el general Francisco Taboada conseguiría batir a las tropas del general Jean-André Valletaux. El francés atacó imprudentemente con sus 4 batallones a los 6 españoles de Taboada al norte de Astorga. Los españoles consiguieron detener el avance de los batallones imperiales, cuyos voltigeurs no consiguieron abrirse paso ante la tenacidad de la infantería ligera española. Tras seis horas de combate, y cuando empezaba a oscurecer, llegó al campo de batalla el regimiento de Oviedo de la brigada del general Castañón.

Sin apenas tiempo para tomar aliento, los españoles cargaron a la bayoneta arrollando a la brigada de Valletaux, que murió en la misma carga. El feliz resultado de esta acción causó tal alarma a Bessières, que se interrumpió la marcha de más fuerzas francesas hacia el sur favoreciendo así los planes de Wellington. Igualmente, en clara reprensión a sus fracasos ante las tropas españolas, Napoleón sustituiría a Bessières el 8 de julio por el general Dorsenne. En el lado español también se producirían cambios. A instancias de Wellington, Castaños relevó a Santocildes de su mando interino dándoselo al general Javier Abadía (al que el general británico consideraba, infundadamente, dotado de excelentes dotes de mando). La buena sintonía lograda por Santocildes con sus tropas y con las Juntas de León y de Galicia, desapareció con Abadía. Entretanto, Dorsenne, reforzado (incluso con unidades de la Guardia Joven Imperial) hasta llegar a los 23.000 infantes y 2.500 jinetes, recibió la orden perentoria de recuperar Astorga y arrojar hacia Galicia al 6º Ejército.

Este, tras dos meses continuos de campaña, había reducido sus efectivos a unos 15.000 hombres. El 25 de agosto las tropas francesas iniciaron una ofensiva general, desde León y el Esla, hacia Astorga. Los españoles realizan una retirada ordenada. En un brillante combate, 400 jinetes del regimiento de Húsares de Galicia detienen ese mismo día durante dos horas a los Cazadores a Caballo y a los Lanceros Polacos a las puertas de La Bañeza. La retirada prosiguió y el 26 los franceses reocupaban Astorga. El día 27, la brigada francesa del general André Corsin atacaría a las tropas españolas de Federico Castañón en Foncebadón. Por su parte, la brigada del general Jean Baptiste Jeanin lo hará sobre Manzanal. Allí les esperaron cuatro regimientos españoles al mando de Félix Carrera (1º del Ribero, Tiradores de Castilla, 2º de Asturias y Toledo). En los duros combates habidos en Riego de Ambrós, es malherido el general Corsín. Ese mismo día, el 34º regimiento ligero francés pierde a su coronel, Jacques Bertet, y un Aguila. El estandarte francés, recogido con alborozo, fue donado por Abadía al Apóstol Santiago para ser colocado en el Altar Mayor de su Catedral.

Las tropas de Abadía (aún mandadas formalmente por Santocildes) prosiguen su retirada hacia el Bierzo cubriendo todas las entradas a Galicia y Asturias. Los franceses entran el 28 en Villafranca del Bierzo. Imposibilitados para subsistir en el Bierzo, los franceses vuelven sobre sus pasos. En su retirada los pueblos del Bierzo sufren tal número de saqueos e incendios, que el mismo Dorsenne tendrá que reconvenir a sus mandos por la indisciplina de las tropas. Los españoles, a pesar del terrible desgaste sufrido y la falta de suministros, (que dejan reducidos los efectivos del 6º Ejército a 10.000 hombres) habían conseguido sus objetivos estratégicos (apoyados por la actuación de los cuerpos francos de Pablo Mier, Porlier, Longa, Merino y Julián Sánchez en la retaguardia francesa). Sin embargo, la capacidad operativa del 6º Ejército estaba muy mermada: <>. En Galicia, Santocildes sería puesto al mando del pequeño Ejército de Reserva y ascendido al grado de Mariscal de Campo. La brillante actuación del 6º Ejército motivó una elogiosa misiva del Duque de Wellington al nuevo mariscal español.

Igual haría Javier Castaños, desde Valencia de Alcántara:“. En el frente de los Montes de león, el invierno transcurriría con escaramuzas en los puertos y grandes estrecheces entre las tropas españolas. Ello motivo el cese de todas las operaciones ofensivas, levantando no pocas críticas en las Juntas de León y Galicia. En respuesta a ello, el mando español denunció la desatención sufrida por las tropas: Nadie ignora la brillante y ventajosa campaña del 6º Exército en el último verano, la que ha sido terminada por una retirada necesaria, oportuna y gloriosa.

En ella nuestra bizarra y sufrida tropa, descalza en gran parte, se batió con denuedo, orden y pericia, arrancando elogios a nuestros enemigos…Pues sepa Vms. y el publico, con admiración, que el mismo Ejército ha sufrido en julio y agosto ultimo sobre Astorga las mayores necesidades, hasta el caso de mendigar el soldado y perecer algunos de hambre, sin que los cortos y únicos auxilios que la Junta Provincial de León se esmeró en proporcionar, las exacciones en aquel desastrado país y el pelear para comer, fuesen suficientes medios a mejorar tan fatal situación...confúndanse los que preguntan: ¿Por que no avanzan? Durante el invierno de 1811 el 6º Ejército caería en un caos logístico por la incapacidad de Abadía.

Las Juntas de León y de Galicia (que no podían ocultar su enojo contra él) lo vieron aumentar cuando aquél cumplió una orden de la Regencia por la que separó varios batallones para enviarlos a las Colonias americanas que habían iniciado su emancipación contra España. El debilitamiento de unas tropas, tan costosamente reunidas, era más de lo que las autoridades patriotas podían soportar en silencio.

1812

Apoyado por los informes del Comisionado británico en la Coruña, Howard Douglas, el 1 de abril Castaños destituía a Abadía. La primavera fue aprovechada para volver a poner orden en el 6º Ejército. El 17 de junio José María Santocildes sería nombrado Comandante en Jefe en propiedad del 6º Ejército, ante el júbilo de la opinión pública. A mediados de ese mismo mes (según lo acordado con Wellington) el general Castaños ordenaría al 6º Ejército volver a avanzar desde el Bierzo hacia la Meseta. El avance se efectuó, pero Santocildes, ante las iras de Wellington que no consideraba esencial recuperar Astorga, decidió sitiarla el 17 de junio (a pesar de que el 6º Ejército carecía de artillería de grueso calibre para abrir brecha en sus murallas). La ciudad había sido convertida en una verdadera fortaleza por los franceses.

Astorga Sitio 1812
Astorga sitio 1812

La Plaza había recompuesta en todo su antiguo recinto, recalzados sus torreones, y derribados algunos que privaban la defensa, los mas de los parapetos aspillerados, aumentada la espesura en parte de sus terraplenes, cubiertas las Puertas con tambores, y demás obras exteriores, blindajes, estacadas, y en ciertas partes abierto el foso. Piezas de artillería colocadas en los nuevos reductos […] los Arrabales unos derribados enteramente, como el de Rectivía, otros incendiados como el de San Andrés, y parte del de Santa Clara […] Y todo esto hecho a costa de infelices paisanos que, maltratados a palos y encerrados como bestias por espacio de muchos meses, fueron otros tanto esclavos destinados a los trabajos.

El Generalísimo británico insistió en que las fuerzas españolas avanzaran inmediatamente sobre Valladolid, para amenazar el flanco derecho del Ejército francés de Portugal al mando del general Marmont. Ante esta insistencia, Santocildes dejó a la División de Reserva bloqueando Astorga, con toda la escasa artillería del Ejército. Con el resto de sus fuerzas (8.000 hombres y 500 jinetes) Santocildes avanzó para atacar otras plazas en manos francesas: Zamora, Toro y Tordesillas. El peligro potencial al que se enfrentaba Santocildes era muy grande; con un pequeño cuerpo de infantería y apenas medio millar de jinetes y sin artillería, el adentrarse en los desnudos llanos de Tierra de Campos exponiéndose a un rápido contraataque francés (que podría superar a sus fuerzas ampliamente en número y calidad) era una invitación a un seguro desastre. Aún así, el español avanzó valientemente en ayuda de Wellington.

Las nuevas de la victoria del británico en Arapiles el 22 de julio supusieron un gran triunfo para la causa aliada. Sin embargo, para las fuerzas de Santocildes la situación comenzó a complicarse. Tordesillas sería forzada a rendirse, pero Zamora y Toro no pudieron ser tomadas, por la falta de artillería. Astorga, con sus poderosas obras de fortificación y artillería (superior a la de las propias fuerzas españolas sitiadoras), parecía imposible de tomarse con rapidez. Las tropas españolas de asedio tampoco querían destruir la pequeña ciudad con un fuego indiscriminado de la artillería: “Los franceses no temen ser incomodados con granadas, ni por nuestros fuegos, porque saben la consideración que debemos tener con los infelices habitantes“. Los pocos astorganos que residían aún en la sitiada ciudad sobrellevaban con gran miseria los días del largo asedio. En el año 12, estando ocupada por el enemigo la cercaron nuevamente nuestras tropas, y fue tan grande la escasez y apuros, que llegaron hasta comer caballos, gatos y ratones y a sostenerse de hierbas y otras plantas […] Murieron muchos al cuchillo del hambre […] Así se gloría Astorga en que sus arruinadas murallas, arrasadas casas, y la falta de gran número de habitantes, den testimonio público de su acendrada lealtad y heroico patriotismo, por lo que mereció ser igualada a las incomparables Zaragoza, Gerona y Ciudad Rodrigo.

La situación tampoco era mejor entre el Ejército Español sitiador. La comarca estaba despoblada y a duras penas se conseguían recoger víveres. A la escasez causada por cuatro años de guerra, se sumaba la pérdida de las cosechas de aquel año (que daría lugar a la “Gran Hambruna de 1812“). El general francés Clausel, que había tomado el mando del Ejército de Portugal tras su derrota en los Arapiles, había conseguido reorganizarlo. El 13 de agosto, Clausel avanza sobre Valladolid con 25.000 hombres. Desde allí la 1ª división al mando del general Maximilien Foy (con 12.000 hombres y 2.500 jinetes) contraatacó con fuerza para liberar a las guarniciones francesas sitiadas de Astorga, Zamora, Toro y Tordesillas. En gran inferioridad, las fuerzas españolas vuelven a replegarse sobre Astorga, cuya guarnición seguía resistiendo. Con gran habilidad, los españoles conseguirán evitar que los franceses (más preocupados en liberar a sus compañeros de Toro y Zamora que en alcanzarles) se les acercaran lo suficiente como para entablar batalla. El día 15 de agosto los españoles tienen que levantar el asedio de Toro, al que llegaría dos días después el general Foy para recoger a la guarnición francesa. Tras otro día de frenética retirada camino Benavente, las agotadas tropas españolas del Conde de Belveder (que había sustituido a un enfermo Santocildes) pudieron repasar el Esla en la tarde del 18. Varios cuerpos habían hecho marchas forzadas de ocho leguas diarias. En la mañana del 19 llegaría Foy a Benavente.

Rápidamente se entabló combate con la reducida caballería española que retrasó a los imperiales el paso del río con cargas y retiradas por escalones. En dicha jornada los jinetes españoles demostrarán un gran coraje y destreza salvando del desastre a sus compañeros de la Infantería. Al mediodía la vanguardia española alcanza La Bañeza. Allí recibieron la buena nueva de que la desmoralizada guarnición francesa de Astorga (a la que se había conseguido ocultar la llegada de la columna de socorro del general Foy) se había rendido a las 9 de la mañana (tras considerarse abandonada luego de 67 días de asedio). Burlado, en sus propósitos, Foy retrocederá a Zamora, evacuándola el 29 de agosto. A pesar de todas las penurias y de sus fracasos a la hora de tomar Zamora y Toro, la actuación de las tropas del 6º Ejército había sido digna de elogio:

El Exército, animado del mejor espíritu desearía haber hecho más, pero la voluntad no alcanza a suplir los

Premio Astorga Cortes de Cadiz
Premio Astorga Cortes de Cadiz

medios que hubiera necesitado para contrarrestar al enemigo. Falto de Artillería y de Caballería el Cuerpo de Operación y teniendo que obrar en un País muy abierto, no podía ciertamente oponerse a un Enemigo que le presentaba cuando menos tanta Infantería y le excedía en casi toda la Caballería.

La campaña de 1812 acabaría con la efímera toma de Madrid por Wellington y el fracasado asedio británico a Burgos. Tras los mismos, el ejército imperial aún tuvo fuerzas para hacer retroceder hacia Galicia y Portugal a las tropas aliadas. La ciudad de Astorga (declarada “Benemérita de la Patria“ por las Cortes de Cádiz el 30 de Junio de 1811) era una sombra de su pasado tras cuatro años de guerra y dos asedios sufridos. Apenas contaba con 456 habitantes, de los 3.500 con que había comenzado el conflicto.

1813

Napoleón, tras su derrota en Rusia en el invierno de 1812 (perdiendo lo mejor de su Grand Armèe) tuvo que retirar este año numerosas tropas de su Ejército de España. Por ello, el control francés sobre León en 1813 se limitaría a incursiones de columnas desde Valladolid y Palencia para recaudar contribuciones y víveres.

Astorga sufriría su presencia hasta el 23 de febrero. En León, la última entrada de tropas francesas tendría lugar el 3 de mayo.

Brigadier Diedo del Barco
Brigadier Diedo del Barco

Tras tomar como rehenes a 15 vecinos distinguidos, e imponer una contribución de 500.000 reales, los franceses se retiran. Pero la acción no tuvo resultados sobre el ánimo del vecindario que se sabía vencedor en la guerra.

Los imperiales evacuarían Valladolid el 4 de junio. Ese verano, las tropas del recuperado 6º Ejército (rebautizado ahora como 4º) avanzarían desde sus acantonamientos en el Bierzo hacia el Ebro, protegiendo el flanco norte de Wellington. Las definitivas victorias aliadas en Vitoria y San Marcial, forzarán la expulsión de José I y de los franceses de España.

Los leoneses alistados en el regimiento de “Voluntarios de León“ acabarán la guerra en los sangrientos combates que llevaron a la toma del “Gibraltar del Norte” (el Peñón de Santoña) a finales de febrero de 1814.

Muchos cayeron allí, a pocos días de la victoria y la paz. Ellos fueron los últimos leoneses en combatir y sufrir aquella guerra.


La Historia del pendón de Clavijo como enseña del Tercer Tercio de Voluntarios de León.

La Historia del pendón de Clavijo como enseña del Tercer Tercio de Voluntarios de León.

Comienzos de la Guerra de la Independencia en Astorga

 

Arsenio García Fuertes.

Doctor en Historia por la ULE

 

…Volviendo a Astorga, la cuestión que más nos importa acaeció en la mañana del día 11 de junio. Desde León llegó un Memorial presentado en mano por parte de los mandos de la Tercera División de alistados que se estaba formando con el núcleo de reclutas astorganos y de la comarca. En él se solicitaba como enseña de la unidad una antigua bandera de origen medieval y perteneciente a los Marqueses de Astorga y depositada desde hacía más de trescientos años en las Casas Consistoriales de la Ciudad. Recibía el sobrenombre de “ Clavijo “ pues según la tradición un antepasado de los Osorio la había ondeado en aquella batalla legendaria de la reconquista[1].

   El cuerpo de oficiales del Tercio encabezado por su Comandante Fernando Capacete, el único militar profesional de todos ellos, encabezó una propuesta el 11 de Junio desde León capital a los Regidores  de Astorga pidiéndoles que se les cediera aquella antigua bandera:

 

“  Con el motibo de la forzosa marcha  a que estamos comprometidos , no es posible a esta Junta equiparnos de las correspondientes Vanderas y Divisa de que hay costumbre, por lo tanto, savedores de que en este Pueblo se conserva una Vandera del mayor aprecio con el sobrenombre de Clabijo esperamos de la Justificación, Zelo, Amor y Patriotismo de los yndibiduos y avitantes de la espresada Ciudad, nos la franquee con la protesta que hacemos los arriva referidos, y tropas de ese Partido destinados al mismo Cuerpo, de derramar la última gota de sangre en su defensa…

Firmado

Don Fernando Capacete

don Antonio Rodríguez de Cela         don Antonio Joseph Salbadores

           don Alejandro Manrique       don  Manuel Suquilvide y Ariza

don Pedro Rodríguez de Cela. ”[2]

 

   Esta carta aparecía rubricada, como vemos, por varios jóvenes de notorios apellidos astorganos de familias distinguidas que, ante la escasez manifiesta de militares regulares en la provincia, habían sido ascendidos al grado de oficiales por la Junta Suprema de León a fin de encuadrar a las nuevas levas.

   La Junta confiaba que al elegir a jóvenes de familias de la pequeña nobleza urbana y rural, su condición de privilegiados les haría ser respetados y obedecidos por reclutas que en su inmensa mayoría eran plebeyos: campesinos, artesanos, jornaleros, criados, estudiantes.... como vemos, se atendió más a la nobleza del apellido que a las cualidades necesarias para ejercer un mando militar en combate.  Más adelante, cuando tratemos de los cuadros de mando y organización de los Tercios de Voluntarios de León, volveremos sobre este punto.

   La Junta Local de Astorga trató este asunto en la mañana del 12, la bandera era muy valiosa por su antigüedad y prestigio y el Ayuntamiento la guardaba como un verdadero tesoro:

“ Se presentó y dio parte de un memorial dirigido por los Caballeros Oficiales de las Compañías formadas en la Capital de la Provincia de los alistados de esta Ciudad en el que solicitan de esta Junta se les entregase una Bandera que posee la Ciudad llamada con el nombre de Clabijo. Se reflexionó que no hera a propósito para conducirse a los Campos de Batalla por tener la forma de un pendón pequeño, mas sin embargo, advirtiéndose la Urgencia, y que el apurado tiempo no dejaba arbitrio para disponer otra mas cómoda. Se acordó entregarla inmediatamente a los Comisionados que se presentaron a buscarla bajo el correspondiente recibo, y con la protesta de derramar toda su sangre en el Campo del Honor, antes que abandonar tan renombrada divisa “

   Como vemos la propuesta que fue atendida favorablemente por la Junta Local patriota de Astorga. Las banderas y enseñas militares tenían un simbolismo e importancia que hoy se nos escapa con nuestra mentalidad moderna. Heredaban la tradición de los estandartes de las legiones romanas y resumían en sí el honor, el espíritu de cuerpo, y simbolizaban la dignidad y el orgullo, en medio de las penalidades de la vida militar, de los cientos de hombres que formaban cada unidad. Perder una de ellas en combate era la mayor desgracia que podía acontecer a un Cuerpo ( junto con el de ser disuelta la unidad por rebelión o cobardía ); así como capturar una bandera enemiga era la mayor prueba de valor. La batalla podía ser perdida y sufrirse muchas bajas, pero si se salvaban las enseñas la derrota no lo era tanto.

   Servían, igualmente, para agrupar a los soldados de un Cuerpo en medio de la confusión de la batalla si el enemigo rompía la línea y se mezclaban las unidades. Hay historias terribles llenas de heroísmo de hombres que salían de una batalla con docenas de heridas por salvar las banderas que les habían dado en custodia, y a veces  muriendo con ellas, por preferirlo a sufrir la vergüenza ante sus compañeros de perder la enseña que se les había confiado.

  Las banderas eran llevadas por hombres escogidos, siempre con una escolta de algún cabo y suboficial. Nadie se presentaba voluntario para el puesto, hubo casos, en alguna batalla, de tener una bandera hasta cuatro o más abanderados al ir muriendo uno tras otro en la lucha: y era lógico, el enemigo, sobre todo la artillería, solía tomar como blanco el lugar de la línea donde se situaban las banderas, y en esa zona era donde más enconado era el combate cuerpo a cuerpo.   

 

 


[1] A nuestro juicio es una de tantas falsificaciones “históricas” con que muchas familias nobiliarias trataban de reforzar la pretendida antigüedad de sus linajes a sucesos pretéritos o, como en este caso, batallas existentes sólo en la leyenda popular. De todas maneras se le rendía gran consideración a esta bandera que el Ayuntamiento astorgano sacaba anualmente en solemne procesión el día de la Asunción, con “estampido de batalla”, y con escolta de la milicia ciudadana gremial desde el siglo XV, y a la que se rendían honores de Capitán General. Era recibida en la Catedral por el Cabildo bajo dosel, y por ello el Marqués pagaba 60.000 maravedíes al mismo. Aunque con los años, los marqueses, residentes en la Corte, dejaron de realizar los pagos y la procesión se iría perdiendo. La Bandera se guardaba en un cofre de tres llaves a cargo cada una, del Corregidor, del Síndico del Común, y del representante del Marqués.

[1] Documento nº 283, Legajo nº 8, Actas de la Juntas Local de Defensa y Armamento, y documentación aneja. AHMA.


Accion Turienzo de los Caballeros 2 de enero de 1809

Aniversario de la Acción de Turienzo de los Caballeros

2 de enero de 1809, Guerra de la Independencia.

 

La Guerra de la Independencia tuvo su comienzo a lo largo de los meses de mayo y junio de 1808 ante el intento de Napoleón de apoderarse de España y de situar en su trono a su hermano mayor José I Bonaparte, con lo que España se convertiría en un país satélite y subyugado a Francia.

Ante ello el pueblo y los Ayuntamientos de las Provincias se alzaron en armas contra el gobierno afrancesado de Madrid y con la ayuda del Ejército español que se negó a reconocer a José I, comenzó una larga y terrible guerra de seis años que supondría el nacimiento de España como nación política gracias, también a las Cortes de Cádiz. Una serie de afortunadas victorias españolas al comienzo del conflicto (Bailén, 1º Sitio de Zaragoza, Valencia…) supusieron en el verano de 1808 una precipitada retirada del rey intruso y de las tropas imperiales desde Madrid hasta el río Ebro. Ante semejante humillación ante toda Europa, Napoleón hubo de venir en persona a España con lo mejor de su Grand Armée. En octubre de 1808 el Emperador entraría en España derrotando rápidamente a los pequeños ejércitos españoles y tomando Madrid el 4 de diciembre. Desde allí y sabedor de que en Astorga y en León se concentraban el ejército británico del general John Moore que había desembarcado en la Península para ayudar a los españoles y los restos del Ejército Español de la Izquierda al mando del Marqués de La Romana, el francés se lanzó en una ofensiva fulgurante desde Madrid y que llevaría a entrar en Astorga el 1 de enero de 1809.

 

Regimiento de infanteria del Rey
Regimiento de infantería del Rey

Ante la imposibilidad de detener su avance, Moore y La Romana decidieron retirarse de Astorga el 31 de diciembre hacia Galicia para salvar sus tropas. Moore se encaminaría por Manzanal y Piedrafita hacia La Coruña, mientras que el marqués de La Romana y sus tropas (azotadas por el hambre, la nieve y el tifus) tomarían la ruta de Foncebadon para desde Ponferrada marchas hacia Orense.

El 2 de enero de 1809, la retaguardia de las tropas españolas fue alcanzada por la poderosa caballería francesa del general Franceschi en un combate en la carretera que ascendía desde Turienzo de los caballeros hasta Foncebadón. Las debilitadas tropas españolas combatieron para abrirse paso hacia Foncebadon y para ganar tiempo para que el resto del ejército pudiera escapar hacia Molinaseca. Con su sacrificio, estas tropas españolas lograron su objetivo, a pesar de sus bajas y de un elevado número de prisioneros.

El combate de Turienzo de los Caballeros, del 2 de enero de 1809, es un hecho de armas que se recoge en todos los libros de historia franceses y españoles de la guerra de la Independencia y de la Campaña de Napoleón en España. Justo es que recordemos hoy estos hechos

 

Artículo

“ Permítame decir a Vuestra Majestad que vuestro Trono hoy le sostienen miles de cadáveres que palpitan aún..., y que la circunda un foso de Sangre Española; con que dígnese mirarla V.M., que ni ofende con su vista, ni despide mal olor, y al cabo, la Sangre de los Hijos siempre pareció bien a los ojos del Padre “

Isidoro Francés y Cabañas,

Canónigo de la Real Iglesia de San Isidro, al Rey Fernando VII, Madrid, Dos de Mayo de 1815.

Todo lo que aquí se relata aconteció hace dos siglos. Todas las personas que mencionamos existieron y sus hechos están documentados.

 

 

La última bandera. Turienzo de los Caballeros – Puerto de Foncebadón, 2 de enero de 1809

De Madrid al Cielo.

  

Batalla de Turienzo de los Caballeros 3 de enero de 1809
Batalla de Turienzo de los Caballeros 3 de enero de 1809

 

El carruaje lleno de heridos y civiles había atascado el avance de la deslavazada columna que, en aquel amanecer del día dos de enero de 1809, trataba de franquear el nevado puerto de Foncebadón. Varios miles de soldados derrotados del Ejército del Marqués de La Romana escapaban del cerco francés para buscar refugio en Galicia. El mismo Napoleón había llegado con su Guardia Imperial a la cercana Astorga el día anterior.

 

Era un Ejército desecho por las derrotas, el hambre, el invierno y una terrible epidemia de tifus que había dejado aniquiladas las unidades. Cientos de refugiados acompañaban a los soldados en su camino hacia las salvadoras montañas. Venían de todas las partes de España, algunos del mismo Madrid.

El fusilero Juan Molina se acercó con varios compañeros para volver a colocar en su eje la rueda perdida por el carruaje. Uno de los rostros le miró; ambos se reconocieron. Había conocido aquella cara en una calle de Madrid ocho meses atrás, nunca había llegado a saber el nombre de aquella mujer.

Con un terrible esfuerzo los soldados consiguieron poner en marcha el carromato. Juan y la mujer apenas cruzaron palabra alguna, se miraron un largo instante. La mujer sonrió con gratitud en medio de la tristeza reinante. No pareció extrañarle verle vestido con aquel uniforme. Ambos habían tomado dos caminos aquel día en que las calles de Madrid se llenaron de sangre, muerte y violencia.

Un eco mortecino de lejanas trompetas empezaron a llegar desde el valle. La caballería francesa estaba cerca. La columna reemprendió la marcha. Los tambores empezaron a redoblar y los batallones españoles empezaron a formar en batalla. Juan Molina se giró un instante; el carruaje se perdía en la curva que el Camino Real trazaba sobre las últimas laderas que llevaban a coronar el puerto. Al menos ellos se salvarían.

Sus recuerdos quedaron con él…

 

1 de mayo de 1808. Madrid.

Las Lágrimas del Cielo.

 

El teniente ceutí de veintinueve años, Jacinto Ruiz Mendoza, contemplaba la lluvia de domingo que resbalaba por los cristales de la fonda de su patrona María Paula Variano. Allí residía desde la llegada de su regimiento a Madrid. Se llevó la mano a la frente, la fiebre había vuelto a hacer su presencia; solía acompañar a sus continuos ataques de asma. Decidió mandar un parte al Cuartel de Voluntarios de Estado, en la Ancha de San Bernardo; guardaría cama al día siguiente.

La situación en Madrid estaba a punto de estallar. El nuevo rey de España estaba ausente en Bayona para entrevistarse con Bonaparte y un ejército de 36.000 franceses ocupaba Madrid en calidad de no se sabía qué oscuros designios trazados por Godoy y el Emperador. Los franceses habían sido recibidos con cordialidad como aliados; apenas tres semanas habían bastado para quitarse la careta. Venían a quedarse en España. Los madrileños temían que viniera, asimismo, a imponer un monarca francés.

Al contrario que en el resto de Europa, los movimientos del Emperador no estaban provocando pánico, temor y sumisión. Los españoles seguían pensando de sí mismos que eran un Pueblo de Señores y de Reyes. Nunca se someterían a ningún mandato extranjero.

En la abarrotada Puerta del Sol la muchedumbre, agolpada durante todo el día esperando inútilmente la llegada de los Correos de Bayona, desprendía ira y rabia.

Francisco Martínez Valentí, abogado aragonés, permanecía expectante también con su tío Jerónimo y su hermano pequeño Joaquín. Los tres estaban ante la puerta del comercio familiar, “ Martínez Hermanos “ en un bajo de Sol. Hablaban acaloradamente, pero todos estaban de acuerdo, los gabachos habían secuestrado al rey ante sus narices. Si los generales y la Junta de Gobierno no hacían nada, ellos lo harían, el Pueblo. Costase lo que costase.

Unos metros más abajo, el riojano Esteban Velilla, médico de los Reales Ejércitos, abandonaba ya Sol con su esposa Rosa Ubago, camino de la Posada de la Soledad, en la Cava Baja. Para no asustar más a su joven esposa no decía nada pero en su ánimo violentas pasiones se desataban contra los franceses. No sabía qué haría si aquello estallaba.

El joven criado italiano del marqués de Cerralbo era de los que más consignas coreaba subiendo por la concurrida Carretas. Bartolomé Pechirelli vio pasar echa una furia a una rubicunda chispera; la seguían tres jóvenes que debían de ser sus hijos. Mostraban la misma rabia y determinación que la madrileña. Clara del Rey, castellana de Villalón del Campo, hubiera abofeteado al primer francés que se hubiera encontrado. Pero en aquel atardecer gris de domingo apenas se veía a los hijos del Emperador. Todas las tropas francesas estaban acuarteladas y, según se decía, bajo las armas y dispuestos a entrar en Madrid al menor estallido.

Pues bien, que entraran, Madrid era de los madrileños, aún por delante del mismo rey de España. Así lo había reconocido el mismo Carlos III en tiempos de Esquilache.

Hacia el sureste de la ciudad, en la Hostería de la Plaza de Matute, aledaña al Teatro del Príncipe, la lluvia y la sed provocada por la tensión política de Madrid la habían llenado de acalorados parroquianos. El vino no ayudaba a calmar los ánimos. El patrón, Pepe Villamil, lanzaba significativas miradas a las dos escopetas de caza que tenía colgadas tras el mostrador. Dos de sus criados, José y Miguel Muñiz, oriundos de Asturias, no le iban a la zaga a la hora de pontificar como si de encumbrados miembros del Consejo de Castilla se tratara.

Varios de sus parroquianos eran buenos tiradores de perdiz. Las piezas que estaban corriendo por Madrid aquellos días eran de mayor tamaño.

 

DOS DE MAYO DE 1808.

DONDE COMIENZA ESPAÑA.

SOL

   

Todos los que no corrían y chillaba con dolor y rabia parecían paralizados por el estupor y el miedo. No se sabía muy bien como había empezado el tumulto. Vicente y Mauricio Torres apenas recordaban como habían llegado hasta allí. Habían salido, aquella mañana del lunes con su hermana pequeña, de tres años, hacia uno de los mercados del centro. Ahora estaban allí, luchando por sus vidas, junto con cientos de madrileños. La Puerta del Sol había quedado llena de cadáveres y moribundos. La lucha había comenzado en Palacio, los franceses habían disparado contra la multitud desarmada que quería impedir la marcha de los últimos Infantes Reales. En Sol los vecinos habían atacado a la caballería francesa de la Guardia Imperial con la fuerza de la desesperación, con navajas, con piedras, con los puños y los dientes…

Los Torres habían conseguido salir de allí con su hermanita. En aquella iglesia en la que habían encontrado refugio, todos apilaban muebles contra las puertas que la soldadesca francesa intentaba derribar. Algún afortunado les hacía fuego con escopetas y pistolas. El ruido de los combates retumbaba en las bóvedas de la iglesia, detonaciones de fusil y del cañón, gritos de odio y de muerte, relinchos, ayes de heridos que agonizaban…

Vicente, empuñando un sable, trofeo de un Cazador de la Guardia degollado, se quedó apuntalando la puerta junto con un aprendiz de carpintero de quince años, Gregorio Arias. Mauricio, a instancias de su hermano mayor, había subido a lo más alto de uno de los retablos para poner a salvo allí a la niña que llorosa no cesaba de tenderle los brazos. Se quitó la faja y ató con ella a su hermana a una de las imágenes.

La puerta empezó a ceder, muchos intentaron escapar por la parte trasera del templo, otros se prepararon para vender caros los últimos instantes de sus vidas. Las trompetas francesas tocaban a degüello. Llenos de espanto escuchaban afuera los gritos de los heridos a los que remataban los franceses.

Cerca de allí el abogado Francisco Valentí y su tío Jerónimo llegaron corriendo ante las puertas del comercio familiar. Varios soldados franceses y algunos mamelucos desmontados les rodearon. Francisco, que tenía la levita manchada de sangre y de pólvora, vio que iba a morir. Su tío consiguió refugiarse en el comercio, pero a él le rodearon machacándole a golpes, con crueldad, sin prisas. Varios dependientes del comercio aledaño de Perez&Santayana se echaron a la calle para intentar salvarle en una mezcla de forcejeos, gritos y ruegos con los franceses.

Al final, un sargento francés, cansado del macabro juego, armó su pistola y descerrajó al abogado un disparo a quemarropa que salpicó de sangre, huesos y masa encefálica a los que le protegían.

Un grito desgarrado rompió el repentino silencio; su hermano pequeño Joaquín se había echado a la calle para auxiliarlo. Mesándose la cara se precipitó sobre el cuerpo inerte, ya un guiñapo de trapo, de Francisco.

Los franceses se fueron de allí.

LA PUERTA DE TOLEDO

MUJERES DE MADRID.

 

María Delgado y Ramírez estaba cubierta de sangre, de la cabeza a los pies, como un matarife más de los mercados de ganados junto al Manzanares. La angosta puerta de Toledo se había convertido en un matadero. Al oído de los primeros disparos de cañón hacia Palacio, todo el barrio, como el 19 de marzo cuando los Sucesos de Aranjuez, se había arrojado a las calles. Muchos hombres estaban fuera en sus trabajos, pero las manolas de los barrios bajos de Madrid corrieron a la avenida principal, la calle de Toledo.

Todos daban vivas al Rey, a la Virgen de Atocha y a España. Maldiciendo a los franceses y al mismo Napoleón, al que tanto habían admirado muchos de ellos hasta hacía pocos meses.

Algunos ya habían dado caza de algún francés desperdigado (otros más misericordiosos los habían puesto a salvo de la cólera popular). Alguien gritó que había que taponar la Puerta de Toledo, que la caballería francesa acuartelada en Carabanchel habría de entrar por allí. Varios centenares de mujeres con sus hijos y maridos corrieron por la avenida abajo. Llevaban cuchillos de cocina, sartenes; otras comenzaron a hervir agua y aceite…

Al final los escuadrones de gabachos habían llegado. Nadie dio un paso atrás. El choque fue terrible, antes de caer despedazadas a golpes de las pesadas espadas de los coraceros, las manolas desjarretaron muchos caballos a cuchilladas; los jinetes que caían eran degollados y linchados. Los caballos se venían abajo llenos de heridas, patinando en la sangre y pisando sus propias tripas.

María Delgado cayó alcanzada por un tiro de pistola que le partió la pierna; junto a ella los cadáveres se amontonaban informes. Mostraban los ojos muy abiertos y ya no gritaban, solo se vaciaban de sangre y de vida en silencio, bajo la gritería del combate. Tras más de cuarenta minutos de lucha a cara de perro, quebrando la resistencia que se les hacía desde los portales, las esquinas y los balcones, los franceses llegaron a la Plazuela de la Cebada.

Antes de alcanzar la Plaza Mayor, tuvieron que vencer aún otra contundente resistencia. Medio centenar de los presidiarios de la cercana Cárcel de la Corte habían pedido salir a combatir contra los extranjeros, bajo la promesa de no escapar. En el arco de Toledo se hicieron con una pieza de artillería francesa tras matar y ahuyentar a sus servidores. Los presos consiguieron hacer fuego tres veces contra los imperiales. Luego se dispersaron por las calles para seguir luchando y salvar el pellejo.

El presidiario Francisco Pico quedó tendido en su sangre sobre las losas de la plaza. Fue de los pocos que no pudo cumplir su promesa.

 

MONTELEÓN

LA COLINA DE LOS LEONES.

 

El Parque de Artillería de Madrid, sito en el antiguo palacio de Monteleón, fue el último foco de resistencia armada patriota de aquel día, y el que más consiguió resistir. Las crónicas francesas contaron que el mariscal Murat sabía bien que mientras siguiera sonando el cañón de Monteleón, los madrileños (los miles de ellos que no habían salido a combatir) abrigarían esperanzas de Victoria.

El teniente Jacinto Ruiz dirigía el fuego de una de las cuatro piezas asentadas a las puertas del Arsenal por los artilleros. Un oficial exento de las Guardias de Corps, José Pacheco, le vendaba en medio de la gritería y el humo del combate, una fea herida de metralla en el brazo.

Ruiz no sentía dolor, ni miedo; estaba fuera de sí, al igual que todos los madrileños que estaban con ellos, con los únicos militares españoles que se habían unido al Pueblo para luchar en pos de una dignidad mancillada por sus propios reyes y gobernantes que les habían dejado solos. A las once de la mañana los artilleros de Monteleón habían decidido unirse al Pueblo que se agolpaba a las puertas del Parque pidiendo armas. Dos capitanes de artillería se las habían dado, y ellos mismos, la compañía de infantería de Voluntarios de Estado enviados allí para reforzar la seguridad del Arsenal, se habían unido a la rebelión… y que saliera el Sol por Antequera…

El final de todo aquello estaba ya escrito; habían dado armas al Pueblo, sino morían a manos de los franceses serían sometidos a un Consejo de Guerra y fusilados por rebelión.

Apenas dos centenares de vecinos y otro medio centenar de infantes y artilleros peleaban, entre aquel laberinto de calles estrechas que llevaban a Monteleón contra toda una brigada francesa que les atacaba desde san Bernardo y Fuencarral. Como leones acosados habían detenido en sangre dos asaltos generales. Ruiz dudaba de poder aguantar el próximo.

Los dos oficiales de artillería, un andaluz y un cántabro, se multiplicaban en el manejo de las piezas, pero faltaban los balotes de metralla. Los muertos se amontonaban entre los cañones, a los heridos se les trataba de llevar hacia dentro del patio.

Junto a Ruiz, el hostelero Pepe Villamil trataba de recargar lo más rápido que podía su arma. Desde el final de la calle de San José los franceses les estaban cazando como conejos. Para defender la entrada al Parque tenían que luchar a pecho descubierto junto a las piezas. Villamil había arrastrado tras de sí, aquella mañana, a sus cinco empleados. Le habían seguido como un solo hombre junto con varios vecinos más. Los hermanos asturianos José y Miguel Muñiz combatían juntos pegados a la tapia del convento de Maravillas que miraba a Monteleón.

Habían conseguido atravesar media ciudad hasta lograr llegar a Monteleón; los fusiles los habían conseguido en el retén de Inválidos del Ayuntamiento.

A la voz del capitán andaluz, que se paseaba sereno entre la lluvia de balas y metralla francesa, Villamil y los Muñiz, con todos los que les seguían, hicieron la última descarga y se retiraron detrás de las piezas ya recargadas. Cada vez quedaban menos artilleros; a cada uno que caía acudían mujeres y hombres a suplirles.

La salva de las piezas españolas llevó dos balas rasas hacia la Ancha de San Bernardo con un terrible mugido de fuego, humo y destrucción. Los franceses se replegaron momentáneamente. Una de las mujeres se destacaba por encima de todos ante la puerta de Monteleón, Clara del Rey vociferaba y tiraba de las ruedas para colocar de nuevo el cañón en posición. Su marido Manuel González y sus tres hijos, Juan, Ceferino y Estanislao (el mayor de diez y nueve y el menor de quince años) la habían seguido hasta allí para luchar juntos.

Todo era ruido y humo en las estrechas calles que llevaban a la colina de Monteleón. Los tambores franceses no cejaban de sonar. Se preparaba el asalto final. El que acabaría con todos ellos.

El delgado y pálido teniente de Infantería de Ceuta seguía empujando las piezas y animando sin cesar a los artilleros y civiles que seguían con él.

¡¡¡ Fuego, Fuego Artilleros !!!

La misma descarga que alcanzó al teniente Ruiz, atravesándole el pecho, quebró el cráneo de Clara del Rey. El aire se escapó de los pulmones horadados del teniente que cayó al suelo sobre los cuerpos de las mujeres y hombres que habían luchado con él. Antes de perder el conocimiento escuchó los gritos de uno de los hijos de Clara rodeando a su madre inerte. El capitán andaluz, rota la cadera también por la metralla, apenas se sostenía orgulloso, sable en mano, junto al último de los cañones.

Antes de que se le cerraran los ojos, ajeno ya a casi todo, Ruiz observó que junto a él la sangre de los soldados y los civiles, los nobles y los plebeyos, se mezclaba libre en el polvo de la calle; tenía el mismo color, sentía las mismas cosas, regaba la tierra por una misma causa. Comprendió lo que era una Nación…

 

PRINCIPE PIO, RETIRO, EL PRADO

VENGANZA QUE NINGUN TERROR DETUVO.

 

Juan Molina huía intentando llegar al taller de su padre en los barrios altos de la ciudad. Había combatido en Sol y presenciado la masacre allí habida. Llevaba el terror grabado en la mirada. Al huir por Carretas había visto a dos niños de apenas diez años tendidos sobre las aceras, aún aferraban en sus pequeñas manos crispadas las últimas piedras con las que habían combatido contra los jinetes franceses que les habían matado.

Al doblar una esquina se encontró con una mujer que intentaba arrastrar un cuerpo ensangrentado hacia la seguridad de un portal, tan solo un anciano la ayudaba con desánimo. La mujer no cesaba de llorar y llamar a su marido. Juan Molina se detuvo y se echó en brazos el cuerpo.

El herido, Esteban Rodríguez Velilla, llevaba el uniforme de los médicos del ejército. Comenzada la revuelta había salido a combatir dejando a su mujer en la posada donde se alojaban. Armado de su espadín había combatido junto a los presidiarios de la Cárcel Real en la Plaza Mayor. Juan observó que tenía un profundo tajo de sable en la cabeza y una herida de bala en la pierna. Un asustado portero accedió a franquearles el paso y recoger al herido en su casa. Rosa Ubago no cesaba de llorar en silencio musitando a su esposo palabras de ánimo con el cariñoso acento de su Galicia natal.

Seguían escuchando descargas y gritos lejanos. Francisco ya no tenía nada más que hacer allí, se dirigió hacia la puerta. Rosa Ubago dejó un momento a su esposo y dándole un largo abrazo le dio las gracias por haber sacado el cuerpo moribundo de Esteban de la calles.

Lejos de allí, en uno de los grandes patios del Buen Retiro Antonio Martínez, palafrenero de las Reales Caballerías miraba al pelotón francés que iba a ejecutarlo. Estaba tan furioso que no sentía miedo. El no había llegado a combatir, le habían detenido cuando salía de esquilar las mulas de la Real. Las tijeras de su trabajo le habían condenado. Moría por nada, lamentando no haber matado a ningún francés. Aún les insultaba, fuera de sí, cuando la descarga francesa le reventó el pecho.

Ante el teatro de los Caños del Peral, un joven fraile esperaba rodeado de los soldados que le habían detenido y arrebatado el fusil francés con el que había combatido hasta quedarse sin cartuchos. Francisco Gallego era capellán del cercano convento de la Encarnación. Aquella mañana se había unido a su grey contra los ateos hijos del anticristo Napoleón. Ahora todo había concluido.

Un cortejo de generales a caballo se detuvo ante él. El mismo Murat observó su rostro y hábitos manchados por la pólvora.

Cura – le dijo con sorna enseñándole la cercana colina del Príncipe Pío a donde empezaban a llevar a los reos – quien a hierro mata a hierro muere.

El fraile le miró displicente. El terror no aplacaría a Madrid, ni a España entera. Su Vida y su Reino ya habían dejado de ser parte de este mundo. Dios le juzgaría.

Juan Molina llegó a su casa. El silencio se rompía con tenues llantos de varias mujeres. A su padre lo acababan de traer de las calles cercanas a Monteleón. Se dejó caer de rodillas junto a su cuerpo agonizante. No podía apartar la mirada de las heridas (abiertas por la negruzca sangre) por las que los franceses le habían arrancado la vida. Su madre y varias vecinas chillaban de dolor tapándose el rostro con sus manos y pañoletas. El hijo no decía nada, solo miraba a su padre muerto.

“Venga a tu SANGRE que murió inocente”

Hasta algún día, en algún otro lugar.

 

El soldado aterido y hambriento, vestido como un mendigo, vio partir sobre la nieve negra, de barro y miseria, al último de los destartalados carruajes. Entre los heridos y los niños, Rosa Ubago acertó a hacer a Juan Molina un postrer gesto de gratitud y despedida con la mano.

Las trompetas francesas daban los toques de carga. Varias frías ráfagas disiparon por unos instantes la bruma. Los escuadrones imperiales se hacían ya visibles en el Camino Real.

El brigadier Juan Rengel, llegando a caballo hasta ellos, gritó muy sereno y ronco, en la blanca inmensidad, a lo que quedaba de la otrora poderosa 1ª División:

¡¡ Por batallones !!. ¡¡ Fuego perdiendo terreno!!.

Los Comandantes del Inmemorial, del Mallorca, del Hibernia, Sevilla y 1º de Barcelona fueron repitiendo la orden a sus desfallecidos infantes.

¡¡ Batallones Impares !!

¡¡ Batallones Impares. Rompan el Fuego !!.

Mientras la mitad de los batallones retrocedían a paso redoblado para tomar posiciones desde las que cubrirles, el resto se prepararon para recibir la carga. El brigadier Francisco de la Rocque, comandante del Mallorca, miró con tristeza las banderas enrolladas de sus dos batallones. Tras un momento de duda, ordenó desplegarlas al viento oscuro y helado de la mañana. Luego, se volvió sobre los restos del 1º batallón que cerraba la retaguardia.

¡ 1º de Mallorca, media vuelta a la Izquierda !. ¡ Alto !. ¡ Bandera y Guías a sus puestos. Prevénganse para cargar !…- De la Rocque se quitó el sombrero para saludar a sus Soldados - ¡ Señores, que Dios reparta Suerte !

¡¡ CARGUEN !!.

Los tambores de las debilitadas compañías seguían resonando. El único pífano sobreviviente al tifus y al hambre, se unió triste pero firme a los roncos redobles. Juan Molina mordió febrilmente el cartucho de papel con sus labios reventados por el frío. Sus pensamientos estaban muy lejos. En su Madrid natal. Recordó a su padre Francisco, y a su novia, muertos también un día como aquel, ocho meses atrás.

Los españoles, permanecían firmes, resignados y resueltos, la caballería imperial cargaba al trote en columna, con varias de sus compañías abriéndose trabajosamente por los flancos del Camino Real. Sonó una trompeta, varios cientos de sables fueron desenvainados.

Nos van a escabechar - Se oyó decir a alguien entre las filas -. La voz no tenía acritud, ni miedo, ni rabia, tan solo parecía constatar algo evidente, como la serena soledad que mostraba el minúsculo batallón formado en la desolada y blanca ladera que llevaba hacia el puerto, al que ya nunca llegarían.

De Madrid al Cielo - dijo un paisano suyo a sus espaldas -.

Será…- apuntó fatalista Juan -

Juan Molina, madrileño de Maravillas, hijo de chisperos y fusilero del regimiento de Mallorca, a la orden de la Rocque apretó con fuerza su mosquete apuntando hacia los jinetes. No pensaba morir aquel día sin vengar la sangre de los suyos. La sangre derramada por los hijos del Emperador el Dos de mayo de 1808.

El resto del Ejército del buen marqués de La Romana había conseguido franquear el puerto. También toda la columna de refugiados que huía hacia Galicia. Iban a darle bastante trabajo a los imperiales durante una hora al menos. Bastaría.

Le pareció, por un momento, escuchar la voz de su padre, su mano agarrando la suya cuando era niño en las calles de Madrid. Palabras de amor y de valor, muy lejanas, le llegaron por encima del fuego de la primera descarga…

 

“Y la noche siguió al día

Y los contadores de historias dicen

Que la música hizo brotar el valor en sus almas

Porque algunos, un día de batalla

Navegaron a través de los blancos páramos

Sin mirar atrás, sin temor, sin llorar.

¿No escuchas mi llamada?

Tan lejos en los años estás…

Todas tus palabras en la tierra

No me alivian como tu mano

Por mi vida sigo adelante, pobre de mí"

(Q, B M)

EPÍLOGO.

(Archivo Municipal de Madrid, Lista de víctimas, 1816 y 1817 y Hospital General, Comisaría de entradas, 1808, tomo I, Mes de Mayo)

 

Placa conmemorativa Acción Turienzo de los Caballeros
Placa conmemorativa Acción Turienzo de los Caballeros

 

 


Toma del Fuerte del Rastrillar de Laredo

TOMA DEL FUERTE DEL RASTRILLAR DE LAREDO, 21 DE FEBRERO DE 1814.

 

 

Elogio de la 1ª Brigada de la 3ª División de Infantería del 4º Exército Español al mando de Diego del Barco

En la reconquista de Laredo y Santoña

“   Excmo Sr.

   No tengo noticias se hubiesen intentado asalto alguno en Santoña, Laredo y sus Fuertes hasta el arribo de la 1ª Brigada de la 3ª División del que fue 4º Exército, la qual en virtud de Orden del Excmo. Sr. Duque de Ciudad Rodrigo, salió desde los campos de Bayona para la conquista de aquellos interesantes puestos, para lo qual, faltando los auxilios prometidos de artillería de grueso calibre y munición hueca, adelantó sus ataques el Brigadier Dn. Diego del Barco, habiendo empezado en la noche del 13 de febrero del año 1814 por la toma por asalto del Fuerte del Puntal con una compañía de cazadores del Regimiento de Monterrey a cargo de su Comandante en comisión dn. José Miranda, precisando abandonarlo en el inmediato día 14, porque jugaban a un mismo tiempo mas de sesenta piezas de a 24 enemigas, sin contar con los fuegos del mar.

   El 20 del mismo mes fuimos llamados a el alojamiento del Sr. Barco, los primeros gefes de los Regimientos Toledo, Voluntarios de León,  Monterrey, en donde se formó un Consejo de Guerra para realizar las espinosas empresas, resultando que a las nueve de la inmediata noche, yo, con doscientos y sesenta hombres elegidos, atacase la Villa de Laredo y las obras exteriores de su Fuerte, y que Don Joaquín Zárate Comandante de Voluntarios de León, con todo su Regimiento y una compañía de Granaderos de Monterrey la nariz de greda que forma el Fuerte por la parte del este; efectivamente asalté la villa y a muy pocos minutos fue herido mortalmente Barco, recayendo en mi el mando de la Brigada, disponiendo enseguida derrivasen las Puertas de la Villa y abriesen a pico los pretiles formados por los enemigos para impedirnos la comunicación y conducción de las escalas, y tomadas las Casas Fuertes se sostuvieron con el mayor empeño a nueve pies de la estacada del 2º recinto enemigo hasta el día 25 que su Guarnición rindió las armas quedando Prisionera de Guerra y en nuestro poder la artillería de a 18, 24 y 36, y por consequencia, abandonaron los enemigos los Fuertes del Brusco, y Gromo, entregando el Puntal por la Capitulación entablada para la entrega de Santoña por el General dn. Carlos Lemet.

   Luego que el Excmo. Sr. dn. Manuel Freyre, General en Gefe del mismo Exército tuvo noticias de haber quedado enteramente realizadas las empresas, recibí en 29 de Marzo un pasaporte de S.E. para que con la Brigada de mi mando marchase para Francia y lo verifiqué en 1º de Abril, entregando en la misma mañana la Villa de Laredo y su Fuerte a dn. Juan López Campillo...

    En los asaltos a Laredo y Santoña,... en aquellas empresas sostuvo la Brigada la bien sentada Opinión que siempre mereció, cuyos Gefes, Oficiales y Tropa arrostraron con denuedo su Muerte, llenando a porfía sus deberes contribuyendo a la Gloria una compañía del Regimiento de la Bureba, y luego participó el todo de este Regimiento. Con lo que contesto a el oficio de V.E., fecha 5 del corriente. Bilbao, 9 de Marzo de 1816.

   ( rubricado )  Manuel de Gamíndez, Coronel del regimiento de infantería de Toledo. “

( AGMS, 1ª Sección, Legajo L – 1.466, Expediente de Juan López Campillo, Comandante del 2º de Tiradores de Cantabria )

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Acciones y batallas en las que participaron los Voluntarios de León

BATALLAS, ACCIONES Y SITIOS

  • Batallas y Sitios

Cabezón

12 de junio de 1808.

Medina de Rioseco

14 de julio de 1808.

2º Sitio de Zaragoza.

Diciembre 1808 – Febrero 1809.

1º Sitio de Astorga

Febrero – Abril de 1810.

2ª Sitio y Reconquista de Astorga

Julio de 1812.

Vitoria

21 de Junio de 1813

San Marcial

31 de Agosto de 1813.

Paso del Bidasoa

7 de Octubre de 1813.

Bloqueo y Reconquista de Santoña.

Febrero - Marzo de 1814.

  • Acciones

El Cortijo.

25 al 28 de octubre de 1808.

Logroño

30 de Septiembre y 1 de octubre de 1808.

Defensa de la Ciudad de León

Julio de 1809.

1ª Defensa de Astorga

1 y 2 de Septiembre y 9 de Octubre de 1809.

Puente de Castrogonzalo

8 de Noviembre de 1809.

Altos de Cogorderos

23 de Junio de 1811.

Puente de Órbigo

2 de Julio de 1811.

Altos de San Román

15 de Julio de 1811.

Campos de la Bañeza

26 de julio de 1811.

Retirada desde los Campos de Astorga hasta Valdeorras

25 Agosto de 1811.

Campomanes

5 de Noviembre de 1811.

Santianes de Molins

19 de Diciembre de 1811.

Campo de Balmonte

19 de Diciembre de 1811.

Otero de las Dueñas

6 de Abril de 1812

Campos de Orbies y Turón

21 de mayo 1812

Ataque al pueblo de Nava

17 de Junio de 1812.

Ataque a los pueblos de Escovio y Corao

18 de Junio de 1812.

Retirada del 6º Ejército desde Valladolid hasta Rabanal del Camino

15 al 19 de Agosto de 1812.

Villamuriel

25 de Octubre de 1812.

Tolosa

25 de Junio de 1813.

Puente de Yancí

1 de Agosto de 1813.

Monte Calvario y laderas del Lescuin

6 de Noviembre de 1813

Ascaín

10 de Noviembre de 1813.

San Juan de Luz

11 de Noviembre de 1813.

Toma de los fuertes del Rastrillar de Laredo.

21 y 22 de Febrero de 1814.

Invasión de Francia

Agosto – Septiembre de 1815.


Los ilustres escolares de León en la guerra de la Independencia

 LOS ILUSTRES ESCOLARES DE LEÓN

EN LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA.

1808 - 1810

 

Arsenio García Fuertes

Foro para el Estudio de la Historia Militar de España

“Porque yo también fui de aquellos

 que vivían, día tras día, sin pensar en nada,

hasta que  un día

escuché el sonido de la guerra,

lo dejé todo, y seguí al tambor”

(R. L. Stevenson)

                                                                           A la memoria del estudiante Isidro Balbuena, enviado desde León a Galicia, en junio de 1808, para anunciar la rebelión patriota; muerto en combate, cinco años después,  en una de las últimas batallas de la Guerra de la Independencia, siendo oficial de los Voluntarios de León.

Hoy tomamos la pluma para ofrecerles una historia poco conocida, la de varios cientos de jóvenes que, al inicio de la Guerra de la Independencia dejaron sus libros y sus pupitres para vestir la casaca militar. Hablamos de los cerca de 400 estudiantes (leoneses y foráneos que estudiaban en nuestra provincia) que en el verano de 1808 se alistaron voluntariamente a la llamada de la recién creada Junta Patriota del Reino de León, formando un pequeño y famoso batallón de infantería ligera, los “Ilustres Escolares Voluntarios de León”.

La existencia de unidades de voluntarios, adscritas a los cuerpos del ejército regular, tiene carácter excepcional y solo se ha producido en contadas ocasiones de la historia de España, hablamos de situaciones de guerra y de circunstancias críticas. Una de ellas tuvo lugar durante los primeros meses de la guerra contra Napoleón.

En muchas ciudades de España, sedes de universidades y colegios de gramática, los estudiantes, llevados de un sentimiento general antinapoleónico, se alistaron durante el verano de 1808 (a veces acompañados de algunos de sus profesores) logrando del mando militar y político patriota el privilegio de que pudieran servir en unidades formadas exclusivamente por estudiantes, no integrándose en las unidades regulares ni en el resto de nuevos cuerpos de voluntarios (formados por reclutas de leva y por voluntarios de extracción, mayoritariamente, campesina).

Así, en las universidades de Valladolid, Oviedo, Santiago de Compostela, Toledo y Salamanca se organizaron batallones y compañías de “Escolares”: los “Literarios de Santiago”, los “Voluntarios de Honor de Toledo”, los “Literarios de Oviedo”…; otras dos ciudades sin universidad lograron organizar, igualmente, dos cuerpos de infantería integrados por estudiantes: León y Benavente.

La enseñanza en España, entonces como hoy, se dividía en diferentes etapas. Se comenzaba con las “Escuelas de Primeras Letras”, luego (nunca antes de los nueves años) se pasaba al “Colegio o Escuela de Gramática” (equivalente a nuestra Enseñanza Secundaria); en la misma se impartía gramática y literatura latinas, geografía, historia, matemáticas, filosofía y doctrina cristiana. Estos estudios se prolongaban entre cuatro y seis años (eso si el alumno no repetía curso) y eran obligatorios para aquellos jóvenes que tuvieran intención de seguir la tercera y última etapa educativa: los estudios universitarios o la carrera eclesiástica.

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Uniformidad escolares de León

“Plan de Arreglo y Formación de Regimientos “

(AGMS, 1ª Sección, Legajo M- 1.998. Hoja de Servicios del coronel Ramón Martínez y Gutiérrez)

Uniforme de los Escolares de león, agosto de 1808, Riello (León).

El Cuerpo de Estudiantes formará un batallón separado con la fuerza de 200 á 300 hombres que podrán reunirse con la denominación de Cuerpo Ilustre Escolar. Su plana mayor constará de un Comandante, un Sargento mayor, y dos Ayudantes 1º y 2º, dividido en cuatro compañías a la mayor fuerza que alcance con los mismos tres oficiales cada una.

   Su uniforme, pantalón y casaquilla corta de paño pardo, solapa anteada, collarín celeste, vuelta morada, y todo vivo encarnado. En el collarín dos letras iniciales, al lado izquierdo una Y, y al derecho una E, y en la vuelta un galoncito de oro estrecho tirado. Sombrero redondo tendido, y al fin de la copa su plumero chico encarnado, ó escarapela que lo figure.

 

Actas de la Junta de León del 2 de octubre de 1808.-

 

   “Se vio otro oficio del mismo Mayor Xeneral que dice así: pongo en noticia de VSS. que el veinte y ocho a medio día salió de esta para el cuartel general el Ylustre Cuerpo Escolar a las órdenes de Don Vicente Bernal Comandante Ynterino con la fuerza de trescientos diez y seis hombres provistos de armamento util corriente y el correspondiente Numero de Cananas. Hoy lo ha verificado el 5º Regimiento del Vierzo con Mil ciento doce plazas a las órdenes del Teniente Coronel de Ynfantería y Coronel Ynterino de el don Leandro Osorio el que igualmente va con todo su armamento util y como a VSS. tengo dado parte anteriormente con fecha de veinte, todos los Regimientos han llevado su Armamento completo y corriente, y barios cajones de municiones para el surtimiento de las Plazas el Primero y Cuerpo Escolar al completo de cananas, y el segundo y tercero como la mitad de la fuerza provistos de este utensilio, y todos con cierto número de Vaquetones con su saca de trapos para la limpieza del fusil; además el primer Regimiento llevo cuarenta calderas y ollas para rancho, y el Cuerpo Escolar once pero los otros carecen de ellas todos, lo que comunico a esta Suprema Junta para su inteligencia y debido conocimiento. León 30 de Septiembre“

 


Historia del Regimiento

Regimiento de Infantería de Línea

 

Voluntarios de León

Con fecha de 30 de noviembre del 2.005, cuatro personas crearon en Astorga la presente Asociación de Recreación Histórica. Como en el resto de Provincias de la Nación Española al comienzo de la sublevación patriota, de junio de 1808, la Junta Suprema del Reyno de León ordenó el alistamiento de 10.000 leoneses. Estos formaron 10 batallones de infantería de línea ( agrupados en cinco regimientos de Voluntarios de León ) y otros dos de infantería ligera ( Escolares y Cazadores ). Tras numerosas y épicas actuaciones, en 1811 sólo quedaba un único regimiento de Voluntarios de León que, agrupando a todos los hijos del Viejo Reino, “ recorrió toda España hasta pisar suelo francés “. Declarado “ Benemérito de la Patria “ por el primer Sitio de Astorga en abril de 1810 ( en el que cayó prisionero consiguiendo su evasión, casi en bloque, en su marcha cautivo hacia Francia ), combatió también en Cabezón, Medina de Rioseco, Logroño, Ribadeo, Sitios de Astorga, Altos de Cogorderos, San Marcial y Paso del Bidasoa. Convertido en uno de los mejores regimientos del 4º Ejército Español fue escogido como punta de lanza para la reconquista de Santoña y Laredo ( “ El Gibraltar del Norte “ ), lo que conseguiría al precio de muchísimas bajas. Soldados dispersos de esta unidad combatirían también en Tudela, 2º Sitio de Zaragoza y La Albuera.

El grupo ha reconstruido sus uniformes, recibidos de Gran Bretaña en 1811, en base a documentos del Archivo Municipal de León, del Archivo Histórico Nacional y a los patrones de confección británicos.

 Archivo Histórico Municipal de León, año de 1812, julio-septiembre, legajo 182, nº 70.

Documento nº I.

 “  Nota de las prendas de Vestuario que se necesita para el regimiento de Infantería de Línea de Voluntarios de León.

 Casacas de 1ª y 2ª talla de paño pardo, cuello y vuelta encarnado, vivo blanco, dragonas a los hombros como la vuelta, y al cuello de pardo con vivos blancos, abrochada,la casaca lisa por delante, conforme la tiene en el día y el mismo corte                                              1.200.

 

Pantalones de blanqueta, 1ª y2ª talla, en su defecto de paño pardo                                                                   1.200.

Botines de pardo                                                                                                                               1.200.

Chalecos de lienzo con mangas                                                                                                               1.200.

Camisas                                                                                                                                          2.400.

Corbatines de pana negra                                                                                                                      800.

Morriones, con escudo de León, pompones y cordones para el morrión, blanco                                                     1.200.

Escudos de granadas para los granaderos                                                                                                 150.

Idem de trompas para los cazadores                                                                                                       150.

 

Utiles para los gastadores

Mandiles de baqueta con sus bolsas                                                                                                     7.

Palas                                                                                                                                          2.

Picos                                                                                                                                          2.

Hachas                                                                                                                                       3.

 

Útiles para el regimiento

Cajas de guerra, portacajas y baquetas                                                                                            12.

Destornilladores, agujas para los fusiles, de cada cosa                                                                      1.200.

Baquetones                                                                                                                              16.

Sacatacos                                                                                                                              50.

Documento nº II

Carta del coronel de los Voluntarios de León, don Clemente de Sierra, al Ayuntamiento de León y Diputación del Común.

“ Faltaría a los sentimientos de gratitud que me animan si en vista de satisfactorio oficio tanto para mi como para los valientes defensores leoneses que tengo el honor de mandar y que acabo de recibir de ese Ylustre Ayuntamiento y Diputación del Común, por medio de capitán Don Felipe Tovar, retardase el manifestar con las más sinceras expresiones, cuanto agradezco a  V.S. el Voluntario donativo que para cubrir la desnudez de estos bravos e infatigables Soldados me hace.

   Vuelvo a repetir doy a V.S. las más expresivas gracias a nombre de mi regimiento por ello; y añado que para que cuanto antes vea cumplidos mis deseos, se sirva V.S. disponer desde ahora se emplee dicha cantidad y mas si se saca de donativo, en paño azul, para que los uniformes sean iguales al que hasta aquí han usado, en su defecto de paño pardo, procediendo a la construcción de Casacas que tanto se necesitan, y de este modo tengan todo el efecto que se propone, tanto la piadosa intención de V.S. como la mía.

   Conociendo al mismo tiempo los deseos y patrióticos sentimientos que esa ciudad manifiesta por el bien de sus Hijos, y con la confianza de que no dejarán de contribuir con cuanto les sea posible, remito la adjunta nota para que V.S se entere de las prendas que necesita este regimiento para su perfección, y vea si hay modo de que quede enteramente equipado, diputando sujeto que se encargue de su construcción, no haciéndolo por mi parte en vista de haberlo consultado con el Sr. Comandante General y no haber resuelto.

   Vivo persuadido no omitirá V.S. igualmente que esa Diputación, los medios más oportunos para este efecto. Así lo espero.

   Dios guarde a V.S. ms. as. Rueda ( poco legible ), 6 de agosto de 1812. “

Se consiguió bastante dinero, por lo que los uniformes se hicieron azules.