Arsenio García Fuertes.
Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad de León.
“A la Leal Infantería, naturalmente”

Introducción.
En el presente trabajo vamos a presentar al lector una síntesis del esfuerzo de guerra que la Intendencia- Provincia de León, y en particular el Bierzo, hicieron durante los tres primeros años de la Guerra de la Independencia.
Además de los cuantiosos suministros en víveres, alojamientos, transportes y dinero a las fuerzas aliadas españolas y británicas, la materialización directa de la participación de los bercianos en la guerra se plasmaría en la formación de dos cuerpos militares de Infantería: el 5º Regimiento de Voluntarios de León (también nombrados en la documentación como “Voluntarios del Bierzo”) creado en agosto de 1808, y el batallón de Tiradores del Bierzo formado en abril de 1809.
Ambos cuerpos de infantería tendrían una corta existencia, reflejo de los duros avatares y desastres que sufrieron las tropas españolas durante los tres primeros años del conflicto. El 5º de Voluntarios creado en septiembre, combatiría en Logroño en octubre de 1808, siendo disuelto en noviembre por el general Javier Castaños junto al resto de la División Leonesa. Por su parte, los Tiradores, tras distinguirse en la expulsión de las tropas francesas del Bierzo en la primavera de 1809 y en el primer Sitio de Astorga de abril del 1810, serían disueltos un año después.
El estudio de la Guerra de la Independencia en el Bierzo a escala local presenta al día de hoy insoslayables dificultades, toda vez que la rica documentación manuscrita e impresa que el conflicto dejó en los Ayuntamientos de Ponferrada y Villafranca no se ha conservado en sus Archivos Municipales. Al contrario que en la ciudad de Astorga o, en menor medida, en León, (con ricas colecciones documentales) en las citadas localidades bercianas, que fueron durante la guerra tanto sedes de la Junta de León como Cuarteles Generales del Ejército Español, la pobreza documental es una triste realidad.
Rebelión de la Provincia de León contra el Imperio.
León jugó un muy importante papel en la rebelión patriota de 1808. A pesar de no disponer de tropas españolas de guarnición, ni armas y tener a un cuerpo de ejército imperial a menos de cinco días de marcha en Palencia, fue la primera capital de las provincias de la Capitanía de Castilla la Vieja y León en sublevarse y establecer una Junta.[1]
La revuelta patriota de León impulsó claramente la de Galicia y es anterior a la que se produce en Valladolid y en el resto de las provincias de la Capitanía. También sería León una de las pioneras en demostrar su apoyo al nuevo rey Fernando mediante dos notables algaradas populares, el 28 de marzo y el domingo 24 de abril.
El Levantamiento final de León, y de toda su Provincia, se produciría entre el 27 de mayo y 1 de Junio de 1808. El detonante será la llegada, el 24 de mayo, de los decretos reales por los que se comunicaba el cambio de Dinastía y se convocaba a León, como Ciudad de Voto en Cortes, para enviar un representante a la Diputación General del Reino que habría de reunirse en Bayona el 15 de junio.
El motín estalla en la mañana del 27 de mayo cuando el núcleo patriota echa al vecindario a las calles. Las autoridades pierden el control de la ciudad, “el pueblo más insensato” campa por sus respetos y exige por la fuerza al Ayuntamiento que se posicione:
“No tardó en conmoverse la ciudad; se cerraron las puertas, y la mayor parte de los vecinos se reunió en el Consistorio y Plaza Mayor… Trataron de llevara al Ayuntamiento a su Ilustrísima; pero estando ya penetrado de mejores sentimientos no quiso ir. Fue insultado en su palacio por un tropel de mujeres, que le preguntaban si tenía religión, Si Creía en Dios y era Cristiano… al día siguiente, que ya el Pueblo había conducido a varios de los más condecorados de la ciudad al Consistorio, llevaron al señor Obispo y le tuvieron todo el día con guardia, para que no saliese…”[2]
El grupo de patriotas redacta una soflama antinapoleónica, al margen del Ayuntamiento, dirigida a todos los españoles, “La Proclama de León “[3] y se envía al estudiante Isidro Balbuena a Galicia con ella. Asimismo, por exigencia del Pueblo amotinado, el Ayuntamiento de León dirige un oficio al Capitán General de Castilla la Vieja, Gregorio de la Cuesta, a fin de conocer sus intenciones ante la renuncia forzada al trono de Fernando VII.
Un capítulo poco conocido de la rebelión patriota en León es que el Pueblo amotinado exigió a sus autoridades el inicio de un alistamiento de tropas voluntarias para defender el trono y la patria contra Napoleón, y que las mismas fueran puestas al mando del Capitán de Milicias Provinciales, retirado en Ponferrada, Tomás Sánchez, natural de Cortijera del Bierzo:
Efectivamente, al día siguiente del motín, el regidor de León y Coronel retirado de Milicias, Manuel Castañón y Monroy, escribiría de urgencia a su antiguo subordinado para que acudiese a León a fin de que asumiera la misión de poner en armas la Provincia, tal y como reclamaban el Pueblo y muchas personas notables de la capital:
“La población de esta Ciudad en la mañana del día anterior a resultas de haberse intentado publicar las órdenes que anunciaban la renuncia a la Corona en SM el Emperador de los Franceses, se conmovió solicitando con vivas ansias ponerse sobre las Armas, y para su dirección claman y piden se presente VM a fin de que sea su Comandante, lo que noticio a VM a instancia del mismo Pueblo. Dios gde. a VM ms as. León y Mayo, veintiocho de mil ochocientos ocho”[4]
Tomás Sánchez, que se había retirado del Ejército en 1802, se pondría de camino hacia la capital, contestando desde Astorga que estaba dispuesto a ponerse al servicio de la Provincia con algunas condiciones:
“ He recibido el oficio de Vm. en que se sirve noticiarme que los habitantes de esa capital tratan de ponerse sobre las Armas y que claman me presente para instruirlos y comandarlos; a lo cual debo decir que yo no puedo tomar a mi cargo mando alguno que no sea de orden del Excmo. Sr. Capitán General de la Provincia como mi inmediato jefe, y aún en este caso no son proporcionados mis conocimientos militares a tan grande empresa que exige una combinación recíproca con las demás Provincias que generalmente no hay.
No obstante para dar una prueba de gratitud y patriotismo a esa población, no tenga VM. reparo en asegurarle que después de cerciorado del beneplácito del Capitán General, y de la unidad de las demás capitales tendré mucho honor en ser el segundo Comandante, y VM. deberá desempeñar el cargo de primero porque le corresponde por todos los aspectos. Mañana a diez de ella, llegaré a la Virgen del Camino en donde esperaré las seguridades que pido… “ [5]
Finalmente, y ante sus reparos, la Junta de León haría Mayor General de Armamento de León a otro militar guipuzcoano (retirado en León con el cargo de Visitador de Rentas) Ramón Martínez y Gutiérrez[6]. Por su parte, Tomás Sánchez, sería ascendido por la Junta al grado de Coronel, con el nombramiento de Comandante de la División de Voluntarios del Bierzo que habría de reclutar y organizar desde Ponferrada.
“La Junta General de Gobierno en quien reside la Soberanía de la Provincia de León, a consecuencia de la propuesta hecha por el Sr Don Manuel Castañón, Comandante General de su Ejército y Gobernador Militar de ella, y cerciorada de la aptitud y circunstancias que concurren en Vm ha venido en nombrarle Comandante de División del Ejército, y especial del Cuerpo que ha de organizar en el Departamento de Ponferrada, que comprende todos los Pueblos conocidos bajo el nombre de la Provincia del Bierzo…”[7]
Entretanto, en muchas localidades de la Provincia la revuelta antifrancesa estaba derivando también en motines antiseñoriales y contra las autoridades municipales que se negaban, por miedo, a rebelarse contra el Gobierno de Madrid y contra el nuevo monarca:
“La ynsurrecion de los Pueblos de este Juzgado acometida el dia siete del corriente y la poca subordinacion que han manifestado y manifiestan contra todos los Curiales… pues temerosos unos y otros de sus amenazas hasta la de quitarles la vida si se presentan en los citados pueblos, no se atreven a salir de esta Villa, no siendo con el correspondiente auxilio militar; por lo que V.S.S. no dudando que un Pueblo enfurecido esta dispuesto a cometer mil atentados … principalmente cuando ya se proclaman por Rey cada uno en su Pueblo y dicen que nadie manda en su territorio.”[8]
En el Bierzo el descontento popular estaba provocando incluso incendios en los montes y bosques señoriales de la cercana Somoza.[9]

En la mañana del 1 de Junio se constituye una Junta General de Gobierno del Reino de León que,en Decreto Real, dirigido toda la Provincia declaraba:
“Que reasume en si toda la Autoridad soberana de la Provincia mientras no se ponga en el Trono de España al señor Rey D. Fernando VII, o a otro legítimamente constituido.
Y que, por último, se declara la Provincia de León, unida con la de Asturias y demás del Reino, a la defensa común y a la expulsión de los Franceses“ [10]
En la sesión de esa tarde, la Junta envía oficios a las ciudades y villas de la Provincia a fin de que se incorporen a la rebelión y elijan un diputado representante a la capital. Las localidades a las que se convoca son: Astorga, La Bañeza, Villamañán, Valencia de don Juan, Ponferrada, Mansilla, Sahagún y Tierra de Burón. [11]
En Valladolid, el mismo día 1 de junio, Cuesta accederá a rebelarse, finalmente, convencido de la imposibilidad de contener el “torrente público“. Así lo comunica a la Junta de León el 2 de junio desde Valladolid. En adelante Gregorio de la Cuesta se convertiría en un tenaz y polémico defensor de la causa patriota hasta su muerte, retirado en Mallorca el 25 de noviembre de 1811.
En todo León, y en particular en Astorga, la suma de Cuesta a la rebelión fue acogida con alivio y entusiasmo. El viejo y autoritario general era muy querido y respetado desde las épocas de la Guerra de la Convención por sus victorias en los Pirineos contra los franceses.
Respecto al Bierzo y sus tres Partidos (Ponferrada, Villafranca y Bembibre), el proceso de protestas y rebelión popular contra las autoridades municipales que habían reconocido, como en el resto de España, a José Bonaparte como rey, se repitieron en la última semana de mayo. El Pueblo, ya inquieto y descontento por la interminable crisis económica, el alza desmesurada de los precios y de la fiscalidad, y apuntillado por la grave crisis política ocasionada en el Gobierno de la Monarquía luego de los sucesos del Escorial y Aranjuez, junto con la presencia amenazadora de 100.000 soldados imperiales en España, no aguantó más; al simple impulso de los sectores pro fernandinos y de la Iglesia Católica, se echó a las calles, exigiendo a su autoridades municipales y militares la rebelión en defensa del trono de Fernando VII.
Villafranca forma también su propia Junta Local de Defensa y Armamento el dos de junio. La misma llegaría a alcanzar notoriedad en ese verano de 1808, junto con la de Astorga, por su beligerancia tanto contra la Junta del Reino de Galicia, como contra una facción de la propia Junta del Reino de León (presidida desde el 14 de junio por el ex ministro de Marina, Antonio Valdés) por la cerrada defensa que hizo Villafranca de la autoridad del Capitán General Gregorio de la Cuesta.
Las palabras de uno de los vocales de la Junta Local de Defensa y Armamento de Villafranca, el canónigo Matías Alvarez de Toledo, nos resumen muy bien el proceso de rebelión (siempre controlado por las elites locales y municipales, contra el Imperio):
“En el día 30 de mayo de 1808 con motivo de haber llegado a la ciudad de La Coruña en posta un estudiante despachado por la ciudad de León, que sin ejército, armas ni municiones se declaró contra los Franceses a imitación de Principado de Asturias, se alborotaron La Coruña y Ferrol proclamando a Fernando 7º y se extendió el fuego al momento a toda Galicia…
Entretanto en Villafranca, pueblo colocado en los límites de León y Galicia, se había formado en dos de Junio una Junta Patriótica con las formalidades correspondientes para evitar desórdenes y auxiliar la causa pública, y en el día tres del mismo sorprendió Millón y medio de reales que Murat enviaba al Ferrol para activar los Armamentos marítimos que debían de conducir al Norte las tropas Españolas que se hallaban en Galicia.
Al momento dio aviso de este acontecimiento al excmo. Sr. Don Gregorio de la Cuesta y a las Juntas de León y Galicia. Esta última lo exigió como suyo propio y aún amenazó con la fuerza armada, pero la de Villafranca, compuesta de personas de honor se resistió heroicamente a estas amenazas, asegurando que aquel fondo era de toda la Nación y serviría en sus manos para la asistencia del Ejército cuando pasase a arrojar a los enemigos del centro de las Castillas, pues ya se sospechaba con algún fundamento que la Junta de Galicia no quería desprenderse de estas tropas para que sostuviesen su Autoridad y proyectos….
Y es indudable que intentó Galicia atraer a su partido a los vecinos de Villafranca y a todo el del Bierzo, pero recibió la más heroica repulsa respondiendo el Secretario de la Junta de dicha villa, con quien se tuvo conferencia, que este País era todo Español y nunca se separaría del Sr Cuesta ni de cuantos sostuvieran la causa de toda la Nación.”[12]
La confiscación que hizo la Junta villafranquina de los casi dos millones de reales que arrieros maragatos llevaban de Madrid al Arsenal del Ferrol (destinados realmente a satisfacer las pagas y gastos de la Real Armada) provocaría un sonado conflicto con las Juntas de León y de Galicia que reclamaban como propio ese dinero. La Junta Local de Villafranca se mantendría inflexible, utilizando dinero para sufragar los cuantiosos suministros que el Ejército de Galicia requeriría durante ese verano en su camino hacia las llanuras de León y Castilla.
Por otra parte, los egoístas intentos de la Junta de Galicia en La Coruña, por retener a sus tropas regulares para la defensa exclusiva de las fronteras de Galicia (en Piedrafita y con puestos avanzados en Manzanal y Foncebadón), no haría sino enervar las críticas de las Juntas Locales leonesas. Incluso la Junta de Santiago se enfrentaría a su superior de La Coruña
La situación de conflicto de la Junta “rebelde” de Villafranca continuaría hasta bien entrado el mes de octubre cuando la Junta Suprema Central, luego de la derrota de Medina de Rioseco y el enfrentamiento abierto del general Cuesta con el Presidente de la Junta de León y Castilla, Antonio Valdés, destituiría a su admirado general castellano. Ello haría que, al contrario de Ponferrada, Villafranca no tuviera ningún diputado representante en la Junta del Reyno de León durante los seis primeros meses de la guerra.
En las Actas de la Junta de León del 3 de junio, se recoge la consulta hecha por el Partido de el Bierzo en boca de Lope Benito de Ron y Queipo de Llano, sobre los pasos que ha dado la ciudad de León en la guerra que se inicia contra Francia.
“Se acuerda contestarle diciendo que esta ha contado siempre con los pueblos de aquel distrito, tanto que ha querido formar de ellos una División de Ejército y al efecto ha comisionado, y acaso se ha presentado ya, con las órdenes convenientes, al capitán retirado don Tomás Sánchez”[13]
Se crearían pues, en este mes de junio de 1808, tres Juntas Locales en el Bierzo: Villafranca, Ponferrada y Cacabelos. A través de documentación indirecta de los Archivos de Madrid, León y Astorga, podemos rastrear en parte la composición de las dos primeras:
Junta de Gobierno, Armamento y Defensa de Ponferrada y su Partido [14]
- Presidente Lope Benito de Ron (Coronel retirado)
- Secretario José Fernández Baeza[15] (Alcalde Ordinario y Tesorero de Rentas Reales).
- Vocales: Felipe Fernández Viniegra (administrador de Rentas Reales), Juan Antonio de Castro (abogado), Francisco de Castro (párroco de San Lorenzo), Antonio Valcarce Peña (Abogado y Fiscal de Rentas, Procurador Síndico), Pedro Andrés Carbajo, Francisco Santaya y Quindós, Juan Caneja Pimentel.
Junta de Villafranca del Bierzo[16]
- Presidente el Corregidor Juan Antonio Tallo Ponce.
- Secretario Ignacio María del Castillo.
- Vocales: el marqués de Villagarcía, Juan Tomás Alonso, Diego Saavedra, Juan Antonio Rodríguez, los canónigos Matías Ramón Alvarez de Toledo y Manuel Goyanes Balboa y el Capitán de artillería Juan Manuel Munárriz[17]
La creación de los Voluntarios de León y la Campaña de Medina de Rioseco
Junio – Julio de 1808
La Junta del Reyno de León comenzaría a reclutar en junio 8.000 hombres con los que formar diez Divisiones o Tercios de Voluntarios de León (unidades de tamaño batallón con 800 hombres divididos en cuatro Compañías) nombrando para ello a cuatro Comandantes responsables del reclutamiento en la Provincia, que fue repartida para ello en cuatro zonas:[18]
- Don Tomás Sánchez[19] (de 41 años de edad, antiguo Guardia de Corps y Capitán de Milicias Provinciales de León retirado): Partido del Bierzo.
- Don Josef Antonio Zappino Estévez [20] (de 34 años de edad; Capitán y Ayudante Mayor del Regimiento Provincial de León): León, Oteros, Arguellos, Valles del Torío, Bernesga y demás que se le agreguen.
- Don Josef Baca del Barco[21] (de 58 años de edad, Capitán, retirado en Sahagún, de la Milicia Provincial de León): Campos, Tierra de Cea, Guardo y Saldaña.
- Don Isidro Casado[22] (de 50 años, Capitán de Granaderos de la Milicia Provincial de León): Astorga, Bañeza, Cabrera y más que se le agreguen.
El entusiasmo patriota lograría el alistamiento de numerosos voluntarios, pero nunca del número fijado por la Junta de León. Un valioso testimonio conservado en el Archivo Parroquial de san Pedro Castañero, en el Bierzo Alto, nos da un fiel reflejo de la agitación de aquellos días:
“Inmediatamente que las gentes de este pueblo tuvieron noticia del motín sangriento de Madrid, incorporados con todos los demás tomaron las armas todos los mozos capaces de manejarlas y se dirigieron a la ciudad de León y de allí a Medina de Rioseco a batirse con las huestes enemigas por primera vez y después sucesivamente hasta el día de hoy que los más de ellos aún permanecen el Real Servicio, a excepción de siete que perecieron en diferentes acciones. No se oía canción que Viva Fernando Séptimo, Viva la Religión y Viva la Patria”[23]
El proyecto de leva en masa (al estilo revolucionario francés que tanto había admirado a Europa en 1792) no pudo llevarse a cabo por diversas circunstancias como la premura, la falta de medios, la inexistencia de una autoridad armada que respaldara en los pueblos las órdenes de reclutamiento de las Juntas, y las propias discordias y celos entre las mismas. Todo ello haría que un mes después, apenas había reclutados y armados unos 2.400 leoneses.
Por otra parte, los desórdenes contra las autoridades continuaban en muchos pueblos, sufriendo la noche del 1 de julio la misma ciudad de León un violento motín, en el que participaron incluso muchos mozos alistados (la asonada arrasaría la casa del Secretario de la Junta, el lacianego Felipe Sierra Pambley). Tras ello, la Junta de León anularía los envíos de fusiles a las Cabezas de Partido prefiriendo entregar las armas a los reclutas una vez que hubieran partido de León, ya encuadrados en sus “Divisiones”, para reunirse con el general Cuesta en Benavente. La clara intención era mantener el control sobre aquel armamento e impedir su utilización en los numerosos desórdenes que tenían lugar por toda la provincia.[24]
En este aspecto, la Junta de Villafranca se haría, el 8 de Junio, con 6.000 fusiles y sus municiones remitidos por la Junta de Galicia, para armar también a los alistados del Bierzo, (y que sería utilizadas en la segunda mitad de julio por el general Joaquín Blake para reponer las pérdidas sufridas en Rioseco), estas armas llegarían luego de varias gestiones realizadas por el vocal de la Junta de Ponferrada, Felipe Fernández Viniegra.
Para iniciar el reclutamiento, la Junta Suprema de León, remitiría impreso a todas las Autoridades Locales de la Provincia el siguiente reglamento de alistamiento:
“ 1º .- Que al siguiente día del recibo de esta orden las Justicias de los Pueblos, bajo de su responsabilidad, hagan que se presenten en esta Capital á disposición del sr. Comandante general de las Armas todos los mozos solteros, que haya en cada uno, sin distinción de talla, ni clase de noble, ó plebeyo, desde la edad de diez y siete años cumplidos, hasta la de cuarenta incoados, sin mas exenciones que las siguientes
- El padre que tenga dos hijos útiles, podrá reservar el que quiera; el que tenga tres no podrá reservar más que uno; el que tenga cuatro, dos; el que tenga cinco, dos; el que tenga seis, tres; y así sucesivamente.
- Que los mozos únicos independientes fuera de la patria potestad, y que vivan de por si con casa abierta, Labradores, Comerciantes, ó Menestrales con el cargo de mantener Madre, ó Hermanas, ó sin el, queden también por ahora exentos.
- Quedándolo también los hijos únicos, ó hermanos únicos, que contribuyan con su trabajo, industria y dirección, á la manutención de su madre, viuda o hermanas huérfanas.
- Y quédenlo por ultimo los hijos únicos de Padre labrador con dos Yuntas, y tierra suficiente, para ellas suya, ó arrendada.
2º.- Que se presenten también todos los que sin embargo de las Exenciones propuestas quieran hacerlo voluntariamente en defensa de sus hogares, y en prueba de su celo y patriotismo.
3º.- Que ninguna de las distinciones referidas excepto la de edad muy avanzada, tal como más de cincuenta años, se presenten, solteros y casados, precisamente en el mismo término a disposición de dcho. Sr. Comandante todos los oficiales militares de cualquiera graduación, Sargentos, Cabos y Soldados que estén en actual ejercicio reformados, ó cumplidos.
4º.- Que de la misma manera las Justicias presenten todos los caballos con sus arreos pertenecientes al Clero Secular ó Regular, y a los particulares seculares, sin más distinción que los propios de Arrieros de oficio, y padres destinados a las Paradas de Postas.
5º.- Que formen un Alistamiento y le presenten a la Junta general por medio de su Secretario de todos los individuos varones que haya en cada Pueblo, con expresión de la edad, y estado de cada uno, notando al margen los que vengan con arreglo al primer Capítulo a tomar las armas.
6º.- …Las Justicias formen inmediatamente una Lista de todas las Armas de fuego, ó blancas, cortas, o largas, recogerlas y depositarlas en una casa segura del Pueblo, y presente a la Junta lista de ellas para que pueda darlas el destino que convenga”. [25]
Sin embargo y a pesar de todas las prevenciones, este primer reclutamiento del mes de junio de 1808 en el Bierzo cosecharía un cierto fracaso. La razón no sería otra que los enfrentamientos habidos entre las Juntas de Ponferrada y Villafranca por la primacía en el mando y la propia negativa de las mismas a dejar la Comandancia de sus alistados al Comisionado por la Junta de León, el Coronel Tomás Sánchez (a pesar de ser berciano). Las presiones de varios vocales a favor del más veterano militar de San Juan de la Mata, Leandro Osorio Quindós (retirado con el grado de Teniente Coronel) hicieron que fuera éste último el que recibiera dicha misión.[26]
Leandro Osorio, con 57 años, tenía, al parecer, una salud quebrantada; los meses siguientes demostrarían que su elección no había sido la más idónea.
Las palabras del Presidente de la Junta de León, Antonio Valdés, al general Cuesta el 28 de julio, nos resumen estos conflictos sucedidos en el Bierzo:
“Excmo. Sr.
La Junta general del Reyno de León en su primeros movimientos se apresuró al nombramiento de un Comandante General de su Ejército, de Comandantes de División y más oficiales subalternos, buscando cuidadosamente entre los de la Provincia los de más probidad, talento Militar y Patriotismo, y desde luego se presentó a sus ojos entre otros, adornado de estas circunstancias con ventaja don Tomás Sánchez, y se le nombró Comandante General de División, con especial aplicación al Departamento del Partido del Bierzo, y encargado de que fuese a organizar el Cuerpo que deberían formar aquellos Pueblos.
Sánchez por un efecto de su moderación conocida, contestó al nombramiento, que acaso sería llevado a mal en el Bierzo, porque había allí otros oficiales de mayor graduación y conocimientos militares, y porque los émulos de su carácter franco e ingenuo no llevarían a bien que aquellos naturales fuesen comandados por un sujeto que no podría disimular sus faltas e hiciese sombra a los personajes que creyesen más acomodados a sus ideas… aún así la Junta mantuvo su nombramiento…
Con efecto, la predicción de Sánchez se verificó, y las representaciones contra él no fueron pocas, pero todas por díscolos y mal contentos. Empezó la discordia entre las Juntas de Ponferrada y Villafranca, y entre los pudientes del País y todos se abrogaron las facultades de nombrar Comandantes y dar plazas militares y de Hacienda. En esta circunstancia la Junta sin fuerza para hacer valer su autoridad y en la necesidad de hacer sacrificios particulares por el bien general, la unión y la armonía tan precisa en el día, acordó contemporizar, y pasó a dichas dos Juntas una orden expresándoles la conducta de Sánchez, sus conocimientos, su patriotismo, y su moderación…”[27]

Ante su reprobación, el mismo Sánchez se apresuró a dimitir ante la Junta de Ponferrada.La Junta de León, sustituiría a Tomás Sánchez, por otro oficial, un experimentado Capitán del regimiento de Voluntarios de Navarra, Josef Pirez[28]. Sin embargo, las dos Juntas bercianas no acataron el nombramiento y pusieron al frente de sus levas a Leandro Osorio.
El veterano militar pondría rápidamente a cuatro de sus hijos a disposición de la Junta de Ponferrada como oficiales instructores y mandos de las levas. Otros dos hermanos ponferradinos (hijos del Secretario de la Junta de Ponferrada, José Fernández Baeza, y futuro Presidente de la de León) Mariano[29] y Marcelo Baeza Flores [30], partirían finalmente con varias docenas de alistados bercianos hacia León en la segunda mitad de junio.
Así nos recuerda aquellos días Antonio Osorio e Ibáñez:
“Desde el momento mismo que dio principio nuestra sagrada revolución y hostilidades de la Guerra declarada por la Nación entera contra el común enemigo se dedicó gustoso a la disciplina militar en que como hijo primogénito de don Leandro Osorio, Teniente Coronel de los Reales Ejércitos y Capitán de Granaderos del Regimiento de Infantería de Toledo tenía ya los mejores principios, atento a los cuales fue en aquel entonces nombrado por la Junta del Partido, jefe para enseñar Conscriptos, sacados en los primeros alistamientos…” [31]
Por otra parte, sobre la calidad profesional de los mandos de las Divisiones de Voluntarios de León, hay que decir que sólo eran militares profesionales los Comandantes de cada División, y eso tras haber sido ascendidos previamente muchos puestos en el escalafón.
De los restantes, ninguno de los oficiales y suboficiales habían estado antes en el Ejército. En las Actas de la Junta de León vemos muchos apellidos de familias distinguidas en la Provincia, jóvenes que, ante la escasez manifiesta de militares regulares, habían sido ascendidos al grado de oficiales por la Junta a fin de encuadrar a las nuevas levas.
La Junta confiaba que al elegir a jóvenes de familias de la pequeña nobleza urbana y rural, su condición les haría ser respetados y obedecidos por reclutas que en su inmensa mayoría eran plebeyos: campesinos, artesanos, jornaleros, criados, estudiantes…. La mayoría de estos mandos habían dejado sus estudios en Colegio Mayor de León, la Universidad, o el mismo Seminario, para alistarse.
Anotamos abajo el número de las unidades de Voluntarios de León[32] y el nombre de sus Comandantes, organizadas por la Junta del Viejo Reino en junio de 1808. Luego precisaremos la reorganización que sufrieron y en que unidades sirvieron los alistados del Bierzo:
- 1ª División de Voluntarios, Comandante el Ayudante Mayor de Milicias Provinciales de León, habilitado de Coronel, don José Antonio Zapino.
· 2ª División de Voluntarios, Comandante el Teniente habilitado de Teniente Coronel, don Felipe Zamora Bueso, capitán de Granaderos Provinciales.
· 3ª División de Voluntarios, Comandante el Subteniente del regimiento de Aragón, habilitado de Teniente Coronel, don Fernando Capacete.
- 4ª División de Voluntarios, Comandante el Capitán de los Voluntarios de Navarra don Alejandro Hoza.
- 5ª División de Voluntarios, Comandante el Teniente de Guardias de Corps don Federico Castañón de 37 años.
- 6ª División de Voluntarios, Comandante el Guardia de Corps don Carlos de Villapadierna de 21 años.
- 7ª División de Voluntarios, Comandante el Guardia de Corps don Alejandro Gómez de Cosío.
- 8ª División de Voluntarios, Comandante el Guardia de Corps don Felix Alvarez de Acevedo de 30 años.
- 9ª División o “ Voluntarios del Bierzo “, Comandante el Capitán del Provincial de Cuenca, don Josef Pirez
- “Tercio Escolar“ (Estudiantes), Comandantes los Guardias de Corps don Juan José Siero y don Isidro Manuel Díaz.
Como el tiempo apremiaba solo pudieron ser enviados al general Cuesta 2.400 hombres que fueron reorganizados en Benavente en Tres Tercios Provinciales de Infantería de Voluntarios de León. Los bercianos reclutados se amalgamarían en la 1ª Compañía del 2º Tercio de Voluntarios de León (al mando del joven José Valcarce[33] natural de Cacabelos), y en la 3ª Compañía del 3º Tercio de Voluntarios (al mando del hijo del Secretario de la Junta de Ponferrada, Mariano Baeza) que se reclutó mayoritariamente en Astorga y que lucharía con gloria en Rioseco, el llamado “Batallón Clavijo”. Estos bercianos serían los primeros en entrar en combate en Rioseco, formando seguramente los 400 efectivos de estas dos Compañías.
Cuadro de mandos de los Tercios “Voluntarios de León”
en la batalla de Medina de Rioseco, 14 de Julio de 1808.
Primer Tercio
Comandante. Ayudante Mayor de Milicias habilitado de Coronel, don José Antonio Zapino.
1ª Compañía de Escolares (Estudiantes).-
Capitán don Santos Diez Sopeña.
Teniente (vacante).
Subteniente don José Provecho.
2ª Compañía.-
Capitán don Manuel Lorenzana Finco.
Teniente don Josef Sierra.
Alférez don Pedro Diez Serrano.
3ª Compañía.-
Capitán don Pedro Antonio Pedrosa.
Teniente don León Sierra.
Alférezdon Felipe Rodríguez y Tovar.
4ª Compañía.-
Capitán don Atanasio Solís.
Teniente don Francisco Rico Valle.
Subteniente don Eusebio Rodríguez
Segundo Tercio
Comandante. Teniente habilitado de Teniente Coronel, don Felipe Zamora.
1ª Compañía.-
Capitán don José Plácido Valcarce.
Teniente don Marcelino Puelles.
Alférez don Aniceto Alfonso Jove.
2ª Compañía.-
Capitán (vacante)
Teniente don Felipe Fernández Sáez.
Alférez don Benito Salazar.
3ª Compañía.-
Capitán (vacante)
Teniente don Miguel Carcedo.
Alférez don Manuel Ferreras.
4ª Compañía.-
Capitán don Melchor Linacero y Fuertes.
Teniente don Manuel Miranda.
Alférez don Bernardo Ríos.
Tercer Tercio o “Batallón Clavijo“[34]
Comandante. Subteniente habilitado de Teniente Coronel, don Fernando Capacete.
1ª Compañía.
Capitán don Antonio Flórez.
Teniente don Antonio Salbadores.
Subteniente don Ceferino Robles.
2ª Compañía.
Capitán don Antonio Rodríguez de Cela.
Teniente don Alejandro Manrique.
Subteniente don Antonio Magaz Cabezas.
3ª Compañía.
Capitán don Mariano Baeza Flores.
Teniente don Pedro Rodríguez de Cela.
Subteniente don Pedro Nájera y Pérez.
4ª Compañía.
Capitán don Manuel de Suquilvide.
Teniente don Josef Alonso Cadenas.
Subteniente don Mateo Domínguez.
Sin detenernos aquí a describir la batalla de Medina de Rioseco librada el 14 de julio de 1808[35], la resumiremos comentando que fue disputada con gran coraje por las bisoñas tropas del Ejército de Castilla y Galicia (compuestas hasta en mas de un 50% de sus efectivos por civiles recién alistados y con apenas cuatro semanas de instrucción); batalla perdida a la postre por la propia división en el alto mando español (Cuesta y Blake actuaron de manera independiente y sin apoyarse) y por la superioridad en caballería y adiestramiento del avezado ejército francés al mando del mariscal Bessières.
En la pequeña historia de esta batalla destaca la señalada actuación que tuvo el 3º Tercio de Voluntarios de León, formado en su mayor parte por astorganos y en el que lucharon también los bercianos de Mariano Baeza; perdida la batalla, Cuesta les ordenó atacar a la vanguardia francesa para proteger la retirada y salvar su artillería. Enarbolando su pendón medieval de Clavijo cargarían a la bayoneta contra los franceses consiguiendo su objetivo, logrando retirarse a salvo después. Así nos lo relata el ponferradino Mariano Baeza en su Hoja de Servicios:
“…de la Tercer División de Infantería levantada por dicha Junta en el principio de nuestra revolución. En este Cuerpo hicieron toda la Campaña de Castilla; y es bien notorio como se condujo en toda ella, particularmente en la batalla de Rioseco en donde se cubrió de Gloria, salvando cuatro cañones y cubriendo la retirada de los Carabineros Reales, por lo que mereció los mayores elogios de los Xefes del Exercito “
La Campaña de Logroño y el 5º Regimiento Berciano de Voluntarios de León.
Agosto – Noviembre de 1808.
La historia nos relata que tras esta derrota, Cuesta y Blake separaron sus ejércitos luego de no alcanzar un acuerdo para defender Benavente. Blake se refugiaría en el Bierzo mientras que Cuesta, tras dejar su Infantería en León, partiría hacia Salamanca.
La Junta de León y Castilla presidida por Antonio Valdés huiría de León hacia Ponferrada en medio de una confusión tal que los restos de los Tercios de Infantería de Cuesta se dispersarían en León regresando cada alistado a su casa.
Cuando parecía cundir el desánimo en la causa patriota y los franceses estaban a punto de entrar en Astorga (luego de ocupar León) llegarían las noticias de la gran victoria del Ejército Español de Andalucía en Bailén. El pánico entre los franceses provocaría un repliegue general de las fuerzas imperiales hasta el Ebro y la huida de José I de Madrid.
La Junta de León y Castilla, refugiada en Ponferrada, tras varios titubeos y discusiones, acordaría integrarse en la Junta Suprema Central establecida en Aranjuez para organizar un Gobierno efectivo. Su siguiente paso sería volver a reunir a las tropas de Voluntarios de León. En esta ocasión se dispondría de más tiempo y medios. El vocal de la Junta, Luís de Sosa y Tovar, conseguiría desde Asturias casi cinco millones de reales del Gobierno británico para equipar a una División de Voluntarios de León formada por cinco Regimientos de Línea y dos Batallones de Infantería Ligera, con un total de 6.000 hombres bajo las armas.[36]
En esta nueva andadura, las rivalidades personales entre el general Cuesta y Antonio Valdés (este último había estrechado sus lazos con la Junta de Galicia y el general Blake) llegarían a tal extremo que las dos partes se desautorizarían ante el resto de autoridades de la Capitanía, provocando nuevos retrasos en el proceso de alistamiento y armamento de la Provincia.
El diplomático británico Richard Vaughan, secretario del Cónsul Charles Stuart, nos dejó este valioso testimonio de su paso, a mediados de agosto, por Villafranca del Bierzo:
“Nada más apearnos, en la Casa de Correos, nos aguardaban para cumplimentar a su llegada a Mr. Stuart, el Presidente de la Junta de la ciudad, el Corregidor y algunos sacerdotes… El Marqués nos insistió para que nos quedáramos en su casa, donde ya nos tenía la comida preparada… Pronto quedó claro en la discusión de los sucesos de la actualidad que nos encontrábamos con admiradores y partidarios del general Cuesta; ahora tuvimos noticia, por primera vez, de las desgraciadas consecuencias producidas por las desavenencias entre este general y Blake[37].
Describían la batalla de Rioseco con menoscabo para éste, y la Junta de Galicia parecía haber perdido todo derecho al respeto y estima de la gente de Villafranca, por haber osado dar el mando de las tropas regulares de su provincia al general Blake, anteponiéndolo a su superior de mayor antigüedad. Otra decisión que tampoco aprobaban, de ninguna manera, nuestros amigos de Villafranca, era la unión de las Juntas de León y Castilla con la de Galicia [38]; censuraban que varios diputados miembros de la primera no fueran naturales de la provincia para cuyo gobierno había sido constituida su Junta. Consideraban muy reprochable la elección de algunos de estos miembros para el Gobierno Central, y no pudimos menos que darnos cuenta que algunos de estos comentarios iban dirigidos al señor Valdés, que marchaba, en esos momentos, camino del Gobierno Central como diputado por la Junta de León, siendo, como era, natural de Castilla…”[39]
Respecto al tema que abordamos en este trabajo, la Junta de León y Castilla acordaría el 3 de agosto, que uno de los regimientos, el 5º, se levaría y organizaría con bercianos. Los otros cuatro regimientos y dos batallones ligeros se organizarían en Riello y en el Ferral del Bernesga.
El 5º Regimiento sería creado oficialmente el 10 de agosto, siendo puesto al mando el Teniente Coronel Leandro Osorio Quindós. Sin embargo, la orden de alistamiento para 1.200 mozos bercianos dada por la Junta de Ponferrada no sería efectiva hasta el 9 de septiembre:
“La Junta de Gobierno, Armamento y Defensa de esta Villa de Ponferrada, capital de su Partido y Provincia del Bierzo: hace saber a las Justicias de los Pueblos, como por orden del Mayor General del Exército del Reyno de León, se mandan reunir todos los mozos alistados del Partido para formar un cuerpo con el Título Voluntarios del Bierzo, y para que tenga efecto acordó la Junta que se verifique su presencia en esta Villa, la mañana del jueves 15 del corriente sin falta alguna”[40]
El Capitán Antonio Osorio nos recuerda, en su Hoja de Servicios, aquellos días:
“… enseguida por la suprema del Reino y Provincia de León, en consideración a sus méritos y a los de su anciano padre, Capitán de la Compañía de Cazadores del Quinto Regimiento Voluntarios de León”
Según el plan ideado por el Mayor General Gutiérrez, deducidos los varones casados y viudos, la “Intendencia – Provincia de León” disponía de unos 18.000 varones en edad militar (de 16 a 40 años). De estos, tras excluir a los que tenían el fuero eclesiástico y estaban ordenados, y a los que estuvieran dentro del reglamento de exenciones publicado en 1 de junio, la Junta leonesa fijaría un cupo de 10.000 hombres (2.000 más que en el primer alistamiento de junio), siendo 6.000 de incorporación inmediata, y teniendo otros 4.000 en reserva (prontos para ser llamados a fin de completar efectivos, ante las bajas en combate que la campaña produjera).
Cuadro de mandos de la División Leonesa.
Agosto de 1808.
- Regimiento Nº 1º de línea, Voluntarios de León, “San Fernando“[41]. Coronel José Antonio Zapino Estévez[42], 34 años de edad; Capitán y Ayudante Mayor del Regimiento Provincial de León.
- Regimiento Nº 2º de línea, Voluntarios de León. Coronel José Baca, Capitán retirado del Regimiento Provincial de León, 58 años de edad.[43]
- Regimiento Nº 3º de línea, Voluntarios de León. Coronel Tomás Sánchez. Antiguo Guardia de Corps y Capitán de Milicias retirado, 42 años de edad. [44]
- Regimiento Nº 4º de línea, Voluntarios de León. Coronel Federico Castañón y Lorenzana, Teniente de Guardias de Corps, 36 años de edad.[45]
- Regimiento Nº 5º de línea, Voluntarios de León. Teniente Coronel, Leandro Osorio Quindós, Capitán de granaderos retirado, 57 años de edad.[46]
- Batallón ligero, “ Ilustres Escolares “ de León. Comandante Interino el Capitán Vicente Bernal, abogado de 24 años [47].
- Batallón ligero, Cazadores de León. Comandante el Teniente Coronel Felipe Zamora Bueso[48], Teniente de Granaderos Provinciales, 30 años de edad.
Según se consigna en un documento del Expediente Personal del Mayor General Ramón Gutiérrez, la organización de estas tropas de Voluntarios sería la siguiente:
“Plan de Arreglo y Formación de Regimientos “
“Se formarán cinco regimientos con todos los alistados de esta Provincia, incluyendo los del Partido del Vierzo, cada Regimiento constará de dos Batallones, y cada Batallón de quatro compañías de fusileros, y una de tiradores escopeteros. La fuerza de cada Compañía de las de Fusileros, será de 125 plazas, y las de Tiradores de sesenta, con lo que la fuerza total del regimiento será de 1.120 hombres, y la de los cinco reximientos de 5.600. La plana mayor de cada uno se compondrá de un Coronel, un Comandante, un Sargento mayor, un Ayudante 1º y un segundo. Estas plazas, a lo menos quatro de oficiales del Exercito, ó de retirados, o dispersos que hubiesen servido. Cada Compañía de fusileros tendrá sus tres oficiales: Capitán, Teniente y Alférez, y las de tiradores, ó escopeteros dos: capitán y Subalterno.
Gracias al subsidio británico la Junta encargaría incluso uniformes de campaña a sus unidades de Voluntarios. El 18 de septiembre la Junta de León acuerda una contrata para confeccionar 6.000 uniformes (casaca corta, pantalón, chaleco y medio botín; valorados cada uno de ellos en 176 reales, con un coste total de 1.056.000 reales) a cargo del comerciante leonés don Manuel Alonso Marbán y del comerciante riojano Francisco Antonio Vallejo (que estaba de paso por la ciudad, camino de Asturias, con una nutrida partida de paños que se retuvieron).
Los vestuarios se basaban en el sencillo y resistente uniforme de campaña (de color pardo y con sombrero de copa) que ya habían vestido varios regimientos españoles en la pasada Guerra de la Convención (1793-1795), y semejante al uniforme provisional que vestían algunos regimientos de Milicias Provinciales al empezar la guerra. [49]
Los Uniformes tendrían colores distintivos en paño de Béjar (grana, azul celeste, anteado morado, verde oscuro y azul turquí) para las pecheras, cuellos y vueltas de las casacas de cada regimiento y para el batallón de Escolares. Los botones serían lisos; de color plata para dos regimientos y dorado para los otros tres y el batallón ligero.
Se adelantaría a los contratistas 250.000 reales a cuenta y los uniformes se confeccionarían en la capital leonesa y localidades aledañas. Los mismos habían de realizarse en tres tallas básicas (grande, mediana y pequeña) y habrían de ir siendo entregados por lotes de 300, 400 ó 500.
Algunas partidas de uniformes sabemos que se confeccionaron en Villafranca del Bierzo, aprovechando el acopio de telas y el frenético trabajo que se hallaba realizando el teniente Francisco Brizuela comisionado allí por el general Cuesta. Es de suponer que los mismos fueran del modelo destinado a los dos batallones del 5º Regimiento de Voluntarios, que se estaba reuniendo en el Bierzo. Dichos vestuarios se remitieron a la capital ya en la segunda mitad de agosto a disposición del Mayor General. [50]
Junto con los últimos batallones levados y que no formarían parte del Ejército de Castilla en el Ebro (los Escolares y de Cazadores de León) estos batallones bercianos serían con toda seguridad los únicos que llegarían a vestir dichos uniformes.
Este hecho nos es confirmado por un documento del Ayuntamiento de León fechado el 29 de enero de 1816, firmado por el que fue primer Presidente de la Junta de León, Manuel Castañón:
“Se proveyó de Vestuario en Septiembre y meses sucesivos de 808 algunos de los 11 Batallones. El Armamento vino de las fabricas de Trubia, recibiendo trigo por cuenta de el. Los Caudales eran provenientes de todas rentas agregadas y ramos indiferentes; de los Subsidios de mas de cuatro millones de Inglaterra, Donativos Voluntarios de particulares y de Corporaciones. “ [51]
Respecto al uniforme de los soldados bercianos del 5º Regimiento de Voluntarios del Bierzo, el Mayor General Gutiérrez nos lo detalla:
“Su uniforme, pantalón y casaquilla corta de paño pardo…vuelta y collarín verde con solapa encarnada, vivo amarillo, y todos, su sombrero redondo alto, levantado por el costado izquierdo, su ala, y al remate de ella la escarapela. Canana a la cintura con su porta bayoneta a la izquierda, y medio botín negro”.
Este proceso de reclutamiento, al igual que el habido en junio, presentó también sus dificultades (al igual que en cualquier otro país de Europa en situación de guerra). A muchos el patriotismo se les enfriaba en el momento de tener que partir a la guerra. Las numerosas y arbitrarias exenciones dadas por amiguismo, intereses, o por presiones de los reclutas y sus familias sobre los alcaldes y curas párrocos encargados del reclutamiento, provocaron innumerables quejas, agravios e incluso deserciones.
En palabras a su superior de un joven oficial de Voluntarios de León, Mariano Norma Ruiz, puesto al frente de un tribunal de alistamientos:
“Mi general y Sr.
Si V.S. en el término de tres días no me exonera de esta Comisión, cometeré el delito de inobedicencia retirándome a mi batallón, pues más quiero con veinte hombres batirme con dos mil franceses que estar aquí una hora.
Todos los alistados quieren exenciones y así es un maremagno y no cumplir yo con mi Comisión. Toda son intrigas; y lo que me parece más acertado respecto tenemos a León por nuestro que se pasen órdenes a las Justicias para que concurran los alistados ante la Junta, y esta resuelva lo que tenga por más conveniente; pues esta Comisión es impropia a todo oficial de honor pues en el aire lo pierden. Dios Guarde a V.S ms. As.”[52]
Volviendo al contexto general de España, tras la victoria de Bailén y la retirada francesa hacia el Ebro, un plan ideado por un Consejo de Generales (Cuesta, Castaños, Llamas, el duque del Infantado en representación de Blake y Lorenzo Cabo de Rozas en la de Palafox) habido en Madrid el 5 de septiembre para expulsar definitivamente a las fuerzas imperiales de España trató, quiméricamente, de repetir a gran escala el plan de flanqueo llevado a cabo en Bailén dos meses antes. En él se acordó que el Ejército de Galicia se situaría en Aranda de Duero, el de Castilla en Burgo de Osma, el de Valencia y Andalucía en Calahorra y el de Aragón en Tudela. El Ejército de Extremadura quedaría entre tanto en reserva.
El día 12 de septiembre, la llamada de las armas se hizo ya efectiva en León. Cuesta, por carta de su segundo el general Francisco de Eguía, había ordenado que comenzaran a salir inmediatamente para Arévalo todas las unidades de Voluntarios ya equipadas.
En las órdenes de Cuesta se amenazaba con las penas de la Ordenanza Militar de insurrección a las Juntas, a las Justicias y a los Militares que se demorasen en el envío de sus alistados u obedeciesen las órdenes de Antonio Valdés de poner a los 6.000 Voluntarios de León a disposición del Ejército de Galicia (ahora renombrado Ejército de la Izquierda) del general Joaquín Blake. Así lo comunica Eguía al Mayor General Gutiérrez:
“He llegado a entender que la Junta dicha de León y Castilla ha dado órdenes para que la tropa y alistados que V.E. reúna pasen al Ejército de Galicia, o se reúnan a las órdenes de su General… Prevengo a V.S. que la citada Junta está extinguida por mi a virtud de justas causas, como aparece de la copia del decreto que incluyo, en el que se declara incurso en el delito de insurrección al que obedezca las órdenes de dicha Junta; que debe V.S. obedecer las mías, como único Jefe Militar, y no otras algunas… Disponga marche a este Cuartel General toda la Gente que se halle reunida en esa Ciudad, o en cualquier otro punto siendo perteneciente a mi Ejército… A cuyo fin dirijo a V.S. mis órdenes que entregará a don José Zapino, don Tomás Sánchez, don José Baca, don Felipe Mier y Berdeja[53], don Federico Castañón y don Mariano Fernández [54], que me constan se hallan en esa o en sus inmediaciones. Y lo mismo hará V.S. entender a los demás oficiales de mi Ejército de cuya permanencia en ese País tenga noticia… e insinúe V.S. a las Juntas y Justicias de esa Ciudad, Astorga, Villafranca, Ponferrada, Benavente y demás de esa Provincia y tránsito, concurran por su parte sin excusa ni pretexto alguno a que tengan cumplido efecto estos mandatos, tanto para la reunión de la tropa, cuanto para que presten los socorros de dinero y víveres necesarios…
Cualquier individuo del Ejército que desobedezca esta orden o tuviese consideración a las de dicha Junta, o del general de Galicia, lo que no espero, será castigado militarmente con la pena que imponga la ordenanza al delito de insurrección” [55]
Por lo tanto, a finales de septiembre los cinco regimientos de Voluntarios leoneses comenzarían a partir hacia Burgos y de allí a Logroño donde habría de fijar su frente el Ejército de Castilla de Cuesta. Así nos lo consignan las Actas de la Junta de León del 2 de octubre:
“Se vio otro oficio del mismo Mayor Xeneral que dice así: pongo en noticia de VSS. que el veinte y ocho a medio día salió de esta para el Cuartel General el Ylustre Cuerpo Escolar a las ordenes de Don Vicente Bernal Comandante Ynterino con la fuerza de trescientos diez y seis hombres provistos de armamento util corriente y el correspondiente Numero de Cananas. Hoy lo ha verificado el 5º Regimiento del Vierzo con Mil ciento doce plazas a las ordenes del Teniente Coronel de Ynfantería y Coronel Ynterino de el don Leandro Osorio el que igualmente va con todo su armamento util y como a VSS. tengo dado parte anteriormente con fecha de veinte, todos los Regimientos han llevado su Armamento completo y corriente, y barios cajones de municiones para el surtimiento de las Plazas…. León 30 de Septiembre “
El día de su partida de León, el 5º Regimiento del Bierzo estaba compuesto por un Coronel, un Comandante, un Ayudante Mayor, un Ayudante Segundo, diez Tenientes, diez Subtenientes, diez Sargentos, veinte Cabos, un Tambor y mil ochenta y un Soldados. En total mil ciento treinta y seis hombres agrupados en ocho Compañías y estas, a su vez, en dos Batallones. Haciendo un recuento observamos la gran falta de oficiales que había; a pesar de la habilitación de jóvenes hidalgos y de veteranos licenciados, no se disponía de Sargento Mayor, ni de Capellán, ni de un solo Capitán de los ocho que debería de haber tenido en plantilla.
Días después de su partida, Leandro Osorio solicitaría a la Junta de León se le remitiesen 120.000 reales a fin de poder afrontar el abono de las pagas de los jefes, oficiales y tropa del Regimiento de “Voluntarios del Bierzo” antes de que la Tesorería del Ejército de Castilla pudiera hacerse cargo de las mismas.[56]
Por otra parte hay que reseñar que la Junta de León y el general Cuesta no olvidaron los buenos servicios del Coronel berciano (despreciado por la Junta de Ponferrada) Tomás Sánchez. Sánchez sería puesto al mando del 3º Regimiento de Voluntarios de León (reclutado en Astorga y heredero del 3º Tercio que tan bien se había portado en Medina de Rioseco).
El 26 de septiembre los primeros regimientos leoneses llegaban a Valladolid:
“De tres días a esta parte han entrado en esta ciudad 2.400 hombres de los voluntarios alistados del Reino de León, y continúan entrando sin intermisión. El celo y patriotismo de este vecindario ha llegado hasta el extremo de tener preparadas ollas abundantes a sus expensas para que los animosos soldados, que llegaban calados de agua por las continuas lluvias, no tuviesen que detenerse en buscar y preparar su alimento… “[57]
En los primeros días de octubre, tras penosas y agotadoras marchas bajo la lluvia, los batallones leoneses comenzaron a entrar en Burgos. La llegada de las tropas leonesas (las primeras patriotas que veían los burgaleses desde la retirada de los franceses en la mañana del 22 de septiembre) llena de entusiasmo a la ciudad:
“La llegada de estas tropas, que no tenían de tales más que el nombre y los fusiles, pues que, vestidas con el traje que cada individuo había sacado de su casa, ni aun cartucheras llevaban, no produjo otro efecto que el de dar expansión a los ánimos hasta entonces comprimidos. “ [58]
Los deseos de la Junta de León para ver en campaña una “División Leonesa“ no se cumplieron finalmente. Con acertado criterio militar (diametralmente opuesto a los intereses políticos de las Juntas Provinciales), el general Cuesta repartió los cinco regimientos leoneses entre las tres divisiones de infantería del pequeño Ejército de Castilla.
En estos días se produciría también la destitución y arresto en Aranjuez del propio general castellano por negarse a obedecer las órdenes de la Junta Central de que se reconciliase con Antonio Valdés. Este hecho perjudicó mucho al novel Ejército de Castilla (rápidamente englobado dentro del Ejército del Centro al mando del general Javier Castaños) donde se apreciaba mucho al veterano general:
“Las tropas de Castilla se desanimaron con la intempestiva separación del general Cuesta, a quien adoraban los oficiales y soldados “ [59]
Ello junto a la falta de adiestramiento, la pobreza del equipamiento y la incompetencia del nuevo general en jefe nombrado por la Central, Juan Pignatelli, llevarían a la desastrosa campaña de Logroño y a la prematura disolución de aquellas unidades.
Las tropas de Voluntarios leonesas quedarían encuadradas en el Ejército de Castilla de este modo. [60]
Ejército de Castilla, Septiembre de 1808
General don Gregorio García de la Cuesta.
1ª División.- General don Juan Pignatelli.
– 1º de Voluntarios de León 2 batallones 1.123 hombres.
– 2º de Voluntarios de León 2 batallones 970 hombres.
– 3º de Voluntarios de León 2 batallones 925 hombres.
– Ylustres Escolares de León 1 batallón 387 hombres.
– Literarios de Valladolid 1 batallón 800 hombres.
2ª División.- General don Francisco de Eguía.
– Provincial de Valladolid 1 batallón 740 hombres.
– Provincial de León 1 batallón 310 hombres.
– Voluntarios Castellanos
de Fernando VII 1 batallón 1.000 hombres.
– Regimiento de Covadonga 2 batallones 1.000 hombres.
3ª División.- Mariscal de Campo Conde de Cartaojal y en su ausencia el Brigadier Conde de Castro Tremiño.
– 4º de Voluntarios de León 2 batallones 1.033 hombres.
– 5º de Voluntarios de León 2 batallones 1.136 hombres.
– Voluntarios de Ledesma 1 batallón 812 hombres.
– Voluntarios de Avila 1 batallón 750 hombres.
Caballería (agregada a la 3ª División).-
– Reales Guardias de Corps 1 escuadrón 100 jinetes 100 caballos.
– Real Brigada de Carabineros 1 escuadrón 100 jinetes 100 caballos.
– regimiento de la Reina 5 escuadrones 773 jinetes 478 caballos.
La campaña española de Napoleón (al frente de lo mejor de su Grand Armeé llegada de toda Europa) lograría batir a los pequeños Ejércitos Españoles que actuaban, además, divididos en el frente del Ebro. Dentro del plan imperial, los mariscales Moncey y Ney habrían de despejar toda la orilla izquierda del Ebro, tomando el gran puente sobre el río en Logroño. Para impedírselo solo estaban las bisoñas tropas leonesas y castellanas levadas por Cuesta.
El primer lugar en el que comenzarían los combates sería en la localidad de El Cortijo, al noroeste de Logroño. Allí, en un recodo sobre el río, existía un amplio vado, el Molino de Assa; un puesto de vital importancia para evitar el paso a los imperiales.

Allí fueron destinados, junto con un batallón soriano, los hombres del 3º de Voluntarios de León de Tomás Sánchez, recién llegados de su marcha desde Burgos y sin poder haber sido aprovisionados de víveres. Así lo recuerda el mismo:
“… y llegando a las puertas de Logroño se le mandó, sin dar descanso a su tropa, pasar al punto del Cortijo, a cubrir los vados del Ebro y estorbar los progresos del enemigo si intentaba pasar por el Molino de Asas.”[61]
El oficial británico Whittingham, que servía en la Plana Mayor del general Castaños, tuvo una desfavorable impresión de estas tropas leonesas y castellanas que defendían la ciudad:
“El Ejército de Castilla… constaba de unos 11.000 hombres, pero para hacerse una idea de su composición sería absolutamente necesario haberlo visto. Eran una gran masa de pobres campesinos, mal vestidos, mal organizados y con pocos oficiales que mereciesen tal nombre. El General y los oficiales de mayor graduación no tienen la mayor confianza en sus tropas; y lo que es peor todavía, los hombres no tienen confianza en sí mismos. Esto no es una exageración sino un fiel retrato “ [62]
Aún así, Javier Castaños ordena defender Logroño a todo trance ante los bombardeos de la artillería francesa y amagos de ataque que comienzan sobre la ciudad.
Entretanto, ya desde la mañana del 25 de octubre sobre el vado de Assa los hombres del Coronel Tomás Sánchez, había comenzado a librar fuertes combates contra varias columnas francesas que bajaban por la carretera de La Guardia en dirección a Logroño:
“… tres días y noches sostuvo un fuego incesante con su gente, que hacía dos días se alimentaba con solo vino, deteniendo horas enteras las distintas Divisiones que pasaron por aquel camino, máxime la tercera, cuya artillería, carruaje y caballería, después de varios esfuerzos, se vio en la necesidad de retroceder al pueblo de La Guardia de donde había salido.” [63]
La presión imperial sobre Logroño y sobre el débil ánimo de Pigantelli aumentaba. Eran ya casi 10.000 los soldados imperiales, de regimientos viejos y veteranos, los que se estaban abalanzando sobre 8.000 bisoños leoneses y castellanos.[64]
Durante la noche del 26 al 27, Pignatelli creyendo ver amenazados sus flancos desde Cenicero por el general Bonnet y desde Varea por el general Merle, convoca una Junta de Generales. Pignatelli y su Estado Mayor deciden abandonar Logroño a las nueve de la noche sin ni siquiera volar su puente para no alertar a los franceses. Se envía la orden de retirada a los batallones de Tomás Sánchez que seguían resistiendo en el Cortijo:
“Seguíamos en esta empeñada Acción cuando a las doce y media de la noche, se nos comunicó la orden de retirarnos a Nalda por la Sierra” [65]
Tomás Sánchez y sus hombres abandonan invictos aquel recodo del “Assa” del río Ebro que durante tres días habían defendido. El deber se cumplió sobradamente aquellos días. Así lo dejó por escrito Tomás Sánchez en su Hoja de Servicios:
“En la defensa de los vados del punto del Cortijo con su regimiento y el de Numantinos los días 24, 25 y 26 de octubre de 1808, evitando la sorpresa de nuestro ejército de Logroño y deteniendo por algunas horas al enemigo que contaba con 14.000 hombres de todas las armas”[66]
En medio de la lluviosa noche, el fuego francés sobre Logroño, desencadena el caos y el pánico en algunas de las unidades españolas que se retiraban.
Gracias a la cortadura de los dos arcos del puente sobre el Ebro, se retrasa el cruce de la caballería francesa unas preciosas horas. Esta se adentra finalmente en las llanuras al sur de Logroño en pos de la infantería de Pignatelli que trataba de alcanzar la seguridad de los montes de la Sierra de la Laguna a unos 16 km.
A la altura de Albelda de Iregua los jinetes franceses alcanzan la retaguardia española. No se produce una desbandada y un desastre total gracias a que las unidades que cierran la marcha, a las órdenes del coronel leonés Federico Castañón, se defienden con éxito. Aún así los franceses toman prisioneros a unos 300 rezagados.[67]
La retaguardia española se componía del 4º de Voluntarios de León, reforzado con varias compañías de los Tiradores de Castilla al mando del Teniente Coronel José Pirez y del Regimiento de Milicias Provinciales de León[68]. En un combate continuo los batallones leoneses y castellanos van cubriendo la retirada.
En esta penosa retirada combaten también los bercianos del 5º Regimiento. Así nos lo recuerda escuetamente en su Hoja de Servicios uno de los hijos de Leandro Osorio, Francisco:
“En la retirada del excmo. Sr don Francisco Javier Castaños se halló de vanguardia con su compañía, siendo coronel del cuerpo don Leandro Osorio”[69]
Entretanto, un furioso Castaños recibe la noticia de la pérdida de Logroño:
“El día 27 me avisó Pigantelli, por un Ayudante, su retirada de Logroño a la Sierra, resultado de la Junta de Jefes que celebró, porque los enemigos aproximaron por la tarde su Artillería hacia el Puente… Los franceses no tardaron en ocupar a Logroño apenas lo vieron abandonado.”[70]
El 27 de octubre Javier Castaños elevará desde Calahorra a la Junta Central una petición para disolver los regimientos de nueva creación del Ejército de Castilla e integrar a sus soldados en los regimientos veteranos del Ejército del Centro. La Junta Central accederá a su petición.
Unos desconsolados comandantes y soldados leoneses, muchos de los cuales habían combatido con distinción los días anteriores en las orillas del Ebro y en la retirada hasta Nalda, conocen, en los días siguientes, la orden de disolución de sus regimientos.
La mayor parte de los jefes y oficiales, al no haber puestos para ellos en las planas mayores y cuadros de los regimientos del Ejército del Centro, son licenciados con pasaportes de tránsito para sus hogares, y con destino a los nuevos cuerpos de Milicias Urbanas que la Central había ordenado que se crearan.
La vergüenza de volver así a León y el temor de ser tenidos como desertores o licenciados con deshonor por alguna falta cometida, hará que muchos se resistan a regresar. Algunos oficiales licenciados, encabezados por el coronel Tomás Sánchez marcharán hacia Aranjuez para protestar el 24 de noviembre de tal decisión ante la Central. Llegados allí, pedirán el amparo de su general Cuesta, que seguía arrestado tras 47 días en espera de ser escuchado ante un tribunal:
“Estando en Aranjuez, tuve el sentimiento de ver presentarse allí un crecido numero de oficiales veteranos y modernos del Ejército de Castilla a quejarse a la Junta Central de haber quedado sin empleo ni destino por resultas de la reforma o aniquilación de dicho ejército…
Me he condolido de varios oficiales que vagaban sin destino ni recurso por no atreverse a presentarse delante de sus familias y convecinos, que forzosamente les deberían atribuir graves delitos, o cuando menos la deserción o la cobardía“.[71]
A pesar de las protestas y amenazas de deserción de la tropa leonesa, la orden de Castaños se fue cumpliendo en los días siguientes. Los alistados de la antigua División Leonesa fueron pasando a los siguientes cuerpos:
- Regimiento nº 1º Voluntarios de León: regimientos de línea Burgos y Cantabria, y el Provincial de Lorca.
- Regimiento nº 2º Voluntarios de León: extinguido el 1 de noviembre en Autol, regimientos Provincial de León y Provincial de Valladolid.
- Regimiento nº 3º Voluntarios de León: Disuelto el 6 de noviembre en Calahorra, regimientos Provinciales de Trujillo y Granada.
- Regimiento nº 4º Voluntarios de León: extinguido en Corella el 4 de noviembre, incorporado al completo al regimiento de línea Africa.
- Regimiento nº 5º Voluntarios de León: Incorporado a los Tiradores de España y batallón ligero de Cazadores de Carmona.
Hay que destacar el enfado y desmoralización que causaría a los soldados bercianos del 5º regimiento ser dispersados e integrados a la fuerza en dos batallones, uno de Milicias y otro Ligero, formado por andaluces.
A los pocos días, gran parte de los soldados comenzarían a desertar. Gregorio de la Cuesta lo recuerda, comprendiendo, en parte, tal actitud:
“Después de la mal premeditada retirada de Logroño, se dio comisión al Conde de Cartaojal para que con los oficiales y tropas de mi Ejército se reemplazasen las faltas que tenían los cuerpos del de Andalucía y se despidiesen los sobrantes, como se ejecutó a discreción…. Gran parte de la tropa disgustada de aquella providencia se retiró en partidas reunidas a su Provincia y a sus casas, donde era mal recibidas de los padres y de las Justicias que no podían creer tales medidas “[72]
Al final, según Tomás Sánchez, se había producido un mal mayor de aquel al que se había pretendido poner remedio:
“ El resultado de esta disolución, por desgracia no ha correspondido a los deseos y esperanzas del que la impulsó, porque no siendo fácil acomodar la voluntad, genio y carácter de tantos mozos honrados con el de veteranos y demás de Provincias remotas, ni que se olvidasen de sus jefes y oficiales naturales que por muchos respetos amaban con la certeza de que habían de servir durante la guerra bajo sus ordenes, era consiguiente el disgusto, desmayo, y aun la emigración.
Así es que las Provincias se han llenado no solo de jóvenes errantes, los mas aptos para la guerra, sino que han producido en ellas los mismos efectos como se advierte ya con harto dolor; siendo para la de León, que tanto se ha sacrificado en el mejor servicio, el mayor de los sentimientos considerar a sus valientes jóvenes confundidos en el nombre y en la realidad; Cuando con ninguno, después de los de Castilla, se ha ejecutado semejante extinción.” [73]
No hay datos para calcular el volumen de deserción entre estos más de 5.000 leoneses adscritos sobre el Ebro a las unidades del Ejército del Centro que se retiraría en penosas circunstancias hacia Castilla la Nueva. Debieron de ser, en todo caso, muy numerosas, por encima del 60 %.
Entretanto y con el apoyo de los diputados de León en la Junta Central (Antonio Valdés y el Vizconde de Quintanilla), Tomás Sánchez y sus oficiales lograrían que aquella autorizara el 28 de noviembre la reconstitución de un único regimiento de Voluntarios de León para reagrupar a los dispersos y dar destino a los oficiales licenciados más distinguidos. Sin embargo la comandancia no sería dada al coronel berciano que tanto había trabajado en este sentido, Tomás Sánchez no volvería a tener ningún otro mando regimental durante la Guerra[74].
La Liberación del Bierzo en el verano de 1809
y la creación de los Tiradores del Bierzo.
De todos son conocidos los avatares de León y el Bierzo en los días finales de 1808 y el comienzo de 1809. A la toma de Madrid por Napoleón el 4 de diciembre, seguiría una fulgurante contraofensiva del Emperador desde la villa y Corte en dirección a Astorga con la finalidad de copar y destruir al ejército aliado británico de John Moore que acudía en auxilio de los ya derrotados ejércitos españoles. Moore, dejaría abandonado al marqués de La Romana (puesto al mando de los restos del Ejército Español de la Izquierda en León tras sustituir a Blake) emprendiendo una alocada retirada hacia La Coruña que dejó un rastro de desolación desde Benavente a Piedrafita. El Bierzo quedaría inerme y abierto a la invasión francesa.

Detenido Napoleón en Astorga al conocer nuevas de la guerra que Austria iba a declararle para apoyar a España, el Emperador ordenaría la invasión de Galicia a los mariscales Ney y Soult.
Sin embargo el intento de someter Galicia se convertiría en una pesadilla para las fuerzas imperiales. En la retaguardia francesa las tropas del marques de la Romana lograrían reconquistar Villafranca del Bierzo el 18 de marzo.[75]
Entretanto, el pueblo gallego iniciaría una violenta sublevación armada contra la ocupación. Los franceses, luego de seis meses de vanos intentos de someter la rebelión (apoyada por las tropas regulares españolas y por la derrota de Soult en Oporto ante las tropas británicas y portuguesas del general Wellesley) iniciarían su retirada hacia León.
Es en este contexto donde haría una breve reaparición Tomás Sánchez en Monforte de Lemos durante el mes de abril. El Coronel berciano, refugiado en Galicia durante la invasión francesa ofrecería sus servicios a la Junta de Lemos, que los aceptaría gustosa, poniéndolo a las órdenes del general Martinengo. [76]
Sin embargo tenemos otro testimonio que nos certifica que el papel desempeñado por este militar berciano (resentido por haber sido postergado por la Junta de León y La Romana en el mando de los Voluntarios de León) no fue demasiado brillante. Así nos lo relata el Comisionado por la Junta Central a Galicia, el Coronel Manuel García del Barrio:
“ Turbó la quietud de la Junta de Lobera la aparición de un D. Tomás Sánchez, hecho Coronel por la de León, que, aparentando comisiones con un papel misterioso, firmado por el Vizconde de Quintanilla, se introdujo con el Vicepresidente Abad de Araujo, sembrando cizañas y desconfianzas contra el marqués de La Romana, pidiendo voto en aquella Junta como lo había pedido en la de Monforte, y después de haber sido reprendido por mi, por la desunión que puso entre los miembros de la Junta con el marqués en tiempo más crítico, emprendió llevar consigo a Sevilla al Abad de Araujo que, por no haberlo conseguido y por la proximidad de los franceses, desapareció, marchándose a Badajoz, en donde esparció voces contra la esperanza de la restauración de Galicia, por cuyos relevantes méritos le premió después el Gobierno aprobándole el grado de Coronel con el sueldo de agregado “[77]
Ya en los primeros meses de 1809 y mientras las tropas imperiales de los mariscales Soult y Ney trataban, vanamente, de sujetar a Galicia y al norte de Portugal, en el Bierzo comenzarían a aparecer grupos armados de hombres de la comarca y de varios oficiales y soldados del disuelto 5º Regimiento que habían regresado a sus casas desde el Ebro. Al llegar a sus hogares y encontrarlos ocupados por el invasor, no se resignarían a esperar con los brazos cruzados. Varias Partidas de guerrillas serían organizadas por los hijos del Coronel Leandro Osorio (Antonio, Francisco y José Osorio e Ibáñez). Los llamados “Tiradores Francos del Bierzo” comenzarían a acosar a las fuerzas imperiales.
El viejo Coronel, sin duda resentido en sus achaques por la campaña del Ebro y el largo y penoso viaje de vuelta al Bierzo no volvería a tomar las armas; sus hijos le sustituirían. Así nos lo relata, Francisco Osorio, de 17 años, que con su hermano mayor Antonio, de 22, se convertirían en Comandantes de Partida:
“Francisco Osorio Capitán agregado…que en el mes de septiembre de 1808 fue nombrado capitán del Regimiento nº 5 de León por la Junta de aquel Reyno y habiendo pasado con dicho regimiento al Ejército del Centro… dándosele de su orden al que expone la certificación… para retirarse a su casa…habiendo llegado a su Patria, que es la Provincia del Vierzo, animado del celo verdadero Español, a pesar de hallarse aquella Provincia ocupada por los enemigos, empezó a recoger cuantos Paisanos querían voluntariamente tomar las armas y molestar a los Enemigos cuanto le era posible…”
Ya el 18 de marzo la Junta de León, refugiada en Oviedo, había autorizado a los dos hermanos a levantar partidas para atacar a los franceses en el Bierzo. Tras la reconquista de Villafranca por las tropas de La Romana, Antonio y Francisco Osorio presentarían a sus “Tiradores Francos”[78] ante el marqués que, enseguida, les animó a continuar. Así lo recuerda Francisco:
“Se halló comisionado por el Excmo. Sr. Marqués de La Romana en la citada provincia del Bierzo en el punto de Torre, mandando dos compañías y dos mil paisanos al paso de las tropas de Soult para Galicia en 17 de abril de 1809. Se halló mandando dichas compañías en todas las acciones, atacando al enemigo incesantemente, impidiéndole su libre comunicación y marchas, ínterin evacuaban aquel país.”
Una de las primeras acciones llevadas a cabo por las guerrillas de los Tiradores había sido la del 10 de marzo en Congosto. Esta y otras muchas acciones de acoso a las tropas francesas nos son relatadas también por el hermano mayor:
“Atacó a la guarnición de Congosto la que hizo prisionera y condujo a Asturias siendo su número de doce dragones habiendo salido herido en esta acción mi persona en la mano derecha; el doce del mismo hizo prisionero un correo, matando tres soldados de caballería que llevaba de escolta, el que fue conducido con sus papeles al Excmo. Sr. Marqués de La Romana; en ocho del mismo atacó una partida de Infantería entre el puente de Magaz de Abajo y Magaz de Arriba, siendo su número de treinta consiguió matarles once de estos, y poner los restantes en precipitada fuga, habiendo vuelto a ser herido en el costado izquierdo de un golpe de bayoneta”
En el ya aludido manuscrito conservado en San Pedro Castañero, su párroco nos habla también de estos combates contra las tropas imperiales acantonadas en el Bierzo. En ellos, los Tiradores Francos del Bierzo lideraron la rebelión de muchos pueblos:
“Desde el primer día que principiaron a pasar las tropas francesas para Galicia hasta finales de marzo del mismo año nueve jamás faltaron del Pueblo cada segundo día la partida que quedó en el Portazgo de Torre; y unos días llevaban dos carros cargados de pan cocido, vino, perniles y gallinas y otros días uno. Unos días venían muy pacíficos y otros no había resistencia que los tolerase, hasta que por fin reunidos los paisanos de este y otros pueblos, los echaron de allí, de Bembibre y de Congosto”
Antonio Osorio continúa en su Hoja de Servicios glosándonos estas acciones de sus Tiradores, engrosados con muchos paisanos que trataban de salvar sus pueblos de la rapiña del invasor:
“En 17 de abril atacó a la División del general Kellerman en el puente de Torre, les mató dos soldados y puso el cuerpo que mandaba este señor en precipitada fuga, les quitó toda una vacada que llevaba para su manutención. En la retirada del general Ney atacó a su Vanguardia entre el campo de San Bartolomé de Cacabelos y el monte confinante a este de Magaz de Arriba. Consiguió matarles 37 hombres, teniendo que retirarse por las fuerzas superiores del enemigo”
Esta última acción de Cacabelos es relatada también por su hermano pequeño Francisco:
“Se halló el 24 de junio de 1809 en la acción efectuada en san Bartolomé de Cacabelos a la evacuación del mariscal Ney en donde hizo prisioneros el 20, 21, 22, 23 y 24 del mismo mes y año 86 y un gran número de muertos.”
Igualmente, el párroco de San Pedro Castañero, nos ilustra sobre los combates trabados con las tropas francesas en las últimas semanas de su presencia en el Bierzo.
“Cuando bajó Kellerman a socorrer a los que estaban en Galicia los de este Pueblo junto con los de otros se fueron al dicho lugar de Torre a esperar aquella División, y les cogieron la piada de bueyes, mataron un sargento y un soldado, y la División retrocedió una legua y se detuvieron desde las cinco de la tarde hasta las diez del día siguiente”
La liberación final se cobraría un duro precio de destrucciones y de muerte. La política de frío terrorismo sobre la población civil de las tropas francesas no haría sino enconar los ánimos de venganza y lucha de los bercianos contra el invasor. Así sucedió en San Pedro Castañero:
“Cuando Ney se retiró de Galicia vengó bien su saña en este pueblo y otros muchos pueblos. A este llegaron el 27 de junio de 1809, entraron como dos mil hombres, poco más o menos, talando todas las mieses y demás campos, y en primer lugar saquearon el Pueblo y enseguida mataron al Sr Cura después de haberle llevado dos veces cargado de vino para Bembibre, le tiraron tres balazos, dos le pasaron el vientre y otro el pecho, diéronle seis puñaladas, todas mortales y después de tan cruel inhumanidad unos le daban incienso con las pajas del rastrojo, otros le leían un Misal. Enseguida cogieron a don Carlos Alvarez… entre los centenos, trajéronlo a puntillazos, lo introdujeron el casa de dicho párroco y le quitaron la vida de un balazo sacándole la lengua con sus agallas. Sucesivamente mataron otros siete hombres del Pueblo sin mayor delito que el haber quedado custodiando sus casas, y con estos una mujer forastera; concluido esto incendiaron el Pueblo por cuatro partes, el que ardió casi todo…todo cayó en sus manos, bueyes[79], ropas, yeguas, mulas etc. Sin perdonar a las mujeres que encontraron, peor que las mismas fieras. Veían estos infelices arder sus casas sin poder aproximarse a apagar el fuego, hasta que el día 29 marcharon los franceses.
…los unos y los otros, muertos de hambre y sed se volvieron al pueblo, y no hallaron quien los socorriese en situación tan deplorable”
Tras la retirada hacia León de los franceses y la liberación del Bierzo con el avance hasta Astorga del Ejército de la Izquierda del marqués de La Romana, llegaría el momento de las recompensas para unos Cuerpos Francos de Tiradores bercianos que fueron reconocidos en sus graduaciones, pagas y suministros, como una nueva unidad del Ejército Regular. Así las dos partidas de Antonio y Francisco Osorio e Ibáñez fueron agrupadas el 2 de agosto en Cacabelos en dos Compañías que habrían de ser las primeras de un futuro Batallón Ligero:
“El Excmo. Sr. Marqués de La Romana conociendo lo útil que era la molestia que a los enemigos se hacía en el Vierzo ofició al que expone mandándole continuase su mérito en aquella provincia, y después de la evacuación del Reyno de Galicia, mandó crear el Cuerpo titulado Tiradores del Vierzo, atendiendo a lo bien que en dicha Provincia se habían portado sus habitantes quando toda ella estaba ocupada por los enemigos.
El sr dn Gabriel de Mendizábal destinó para el intento a cada compañía cien mozos, de mil y seiscientos que el que expone tenía reunidos, nombrándole Capitán de la 1ª Compañía “[80]
La Romana pondría al mando de este nuevo batallón al Teniente Coronel Joaquín María San Clemente. En realidad San Clemente nunca ocupó el puesto, que lo ejerció interinamente desde agosto de 1809 hasta abril de 1810, el hermano menor, Francisco Osorio (éste quedaría al frente de la 2ª Compañía mientras que la 1ª sería mandada por Antonio).
Las dos Compañías de Tiradores del Bierzo quedarían adscritas a la División de Vanguardia del Ejército de la Izquierda. En ella formaban las mejores unidades del Ejército, acostumbradas a ser las primeros en el avance, las últimos en la retirada y a soportar el mayor número de bajas.
Los Tiradores del Bierzo marcharían en la vanguardia del Ejército de la Izquierda, expulsando en agosto de 1809 de la Bañeza a las últimas tropas imperiales que se replegaban hacia Castilla. Sería precisamente la 2ª Compañía de Francisco Osorio (en la que servía como Subteniente su hermano pequeño, José Osorio) la primera en tomar el puente de Cebrones del Río sobre el Orbigo precediendo al Ejército Español. Así lo certifica en su Hoja de Servicios Francisco:
“Se halló mandando dicho cuerpo en la acción de la Bañeza el 14 de agosto de 1809 a las ordenes del señor Comandante General de Vanguardia don Gabriel de Mendizábal precediendo a los demás cuerpos de la Vanguardia”.
El Sitio de Astorga de 1810.
“A últimos de febrero de este año de 1809, el Octavo Cuerpo de Exército, mandado por el General Junot, llegó al norte de España procedente de Bohemia, y reforzado con algunas tropas invadió las Asturias y Galicia; embistió y sitió Astorga, que tuvo al fin que rendirse después de una larga y gloriosa defensa, y de haber causado 2.000 hombres de pérdida al Exército sitiador…”
(Anónimo Francés, “Campaña de Portugal y España en 1810 y 1811“. Traducida del francés al castellano, y aumentada con varias notas por Francisco Xavier Cabanes. Madrid, Imprenta de Collado, 1815, 95 páginas)
Tras la liberación de Galicia y del Bierzo en agosto de 1809, el Marqués de La Romana fue reclamado a Sevilla para formar parte de la Junta Central, dejando el mando de un resucitado Ejército de la Izquierda al Duque del Parque. Este partiría hacia Ciudad Rodrigo con la mayor parte del Ejército. Unicamente quedaron en León los 6.000 hombres de la 4ª División (al mando del brigadier de la Armada Juan José García de Velasco). Su misión, con tan débiles efectivos, era la de guardar las entradas a Galicia por Sanabria y el Bierzo, y apoyar a las tropas asturianas.
Entretanto, en París, y decidido de una vez por todas a aplastar la resistencia española y británica, Napoleón ordenará una nueva invasión de Portugal. Para ello había que tomar primero dos pequeñas ciudades ocupadas por tropas españolas: Astorga y Ciudad Rodrigo; sin capturarlas las tropas imperiales no podían adentrarse en Portugal.
Para el mando español en el Bierzo, era de importancia vital tratar de dominar Astorga para interrumpir el movimiento de las columnas francesas entre el río Esla y los montes de León, asegurando así una mejor comunicación con Ciudad Rodrigo y demostrando que el dominio patriota no se limitaba a las cumbres de los Montes de León, sino que se adentraba en el páramo leonés. Se conseguía también así, reforzar la autoridad y mejorar las relaciones con la Junta de León que había perdido gran parte del territorio bajo su jurisdicción y que, en la cuenca del Bierzo, no hallaba recursos ni víveres suficientes para poder avituallar a las tropas españolas. Manteniendo Astorga y Puebla de Sanabria, las tropas españolas serían capaces de recoger grano de Tierra de Campos arrebatándoselo a los franceses.
Para ello, el nuevo Capitán General de Galicia, Asturias y León, Nicolás Mahy Romo, enviaría a Astorga a sus mejores unidades: cinco batallones leoneses y gallegos con 2.759 hombres. Entre estas tropas estarían las dos Compañías de Tiradores del Bierzo.
La ciudad, con unas viejas fortificaciones medievales, incapaces de resistir el fuego de la artillería, se convertiría en un rompeolas ante cualquier nuevo intento francés por invadir Galicia. Según su nuevo Gobernador, el Coronel José María de Santocildes, en septiembre de 1809:
“El número de los defensores era de mil y cien soldados bisoños de los regimientos de infantería de Santiago, Voluntarios y Cazadores de León, dos Compañías de Tiradores del Bierzo y sesenta Blandengues, ó sean soldados del fijo de Buenos-Aires; todos casi desnudos y muy mal armados. La artillería destinada para sostener el puesto se reducia á dos cañones de á ocho (que habían clavado los Franceses, y despues se rehabilitaron), tres de á cuatro y tres de á tres, servidos… por treinta artilleros tan bisoños que todavía no habian aprendido el egercicio de su arma” [81]
Según el Estado de Fuerza de la Guarnición de Astorga en abril de 1810 (que el mismo Santocildes publicaría en 1815) la fuerza presente de Tiradores del Bierzo era de dos Compañías con 154 hombres (2 Capitanes, 2 Tenientes, 3 Subtenientes, 3 Cadetes, 6 Sargentos, 2 tambores y 146 Cabos y Soldados). Durante el Sitio, tres de estos últimos morirían en combate.
En el Museo del Ejército, se conservan en su Archivo las listas (manuscritas por el mismo Gobernador) de las tropas que formaron su guarnición en 1810. Respecto a los Tiradores del Bierzo nos aparece la siguiente nota con la que podemos conocer los nombres y grados de los oficiales y subalternos que formaron parte de la Guarnición de Astorga:
Compañías de Tropas Ligeras de Tiradores del Vierzo[82]
Lista por antigüedad Tiempo que llevan de servicio
Capitanes Años Meses
don Francisco Osorio* 6 4
don Antonio Osorio* 6 5 (se retiró a su casa)
Tenientes
don Alonso Gutiérrez 5 6
don Carlos Osorio* 5 6
Subtenientes
don José Martínez 5 6
don Benigno Campelo 6 6
don José Lazo de la Vega 6 6 (había servido en Infantería pero se ignora el Cuerpo)
Cadetes
don Diego Osorio* 6 6
don José Osorio* 6 6
don León Ovalle 6 6
Sargentos 1º
don Francisco de Sierra 19 6
don Domingo Alvarez 6 5
(* De los cinco, cuatro eran hermanos e hijos del Coronel Leandro Osorio Quindós.[83])
A pesar de la importancia de Astorga, las reservas de municiones y víveres que Nicolás Mahy pudo proporcionar a la Guarnición a duras penas llegaban para sostener un mes de combates.
La presencia de una fuerza militar española en Astorga era un reto que el mando francés no podía consentir. Tal fue así que ya el 9 de octubre un fuerte destacamento de tropas francesas al mando del general Louis Carriére intentó apoderarse de Astorga. Sin embargo la ciudad (con gran presencia de ánimo de la población civil que animó a la pequeña y bisoña guarnición a resistir, participando incluso en los combates), consiguió rechazar con brillantez la incursión:
“Astorga 13 de Octubre.
Los franceses en número de 2.500 de caballería y de infantería con un obús atacaron esta Ciudad el día 9 por un punto, e hicieron fuego contra ella hasta la tarde. La tropa que había en esta Plaza con los habitantes capaces de tomar armas se presentaron en la muralla, y los restantes con mujeres y ancianos se acogieron a los templos a hacer oración; pues el coronel de Santiago Santocildes así lo ordenó, y que su Divina Majestad se pusiese de manifiesto.
Los nuestros hicieron tan vigorosa oposición a pesar de las granadas que cayeron en la Catedral y algunas casas, que rechazaron a los enemigos con pérdida de 250, sin que de nuestra parte haya habido más que la de 3 muertos y siete heridos. Santocildes es un oficial, que antes de ahora tiene acreditado inteligencia y valor; y este suceso le hace todo el honor, que la opinión le dispensaba con razón y justicia“.[84]
Durante los meses finales de 1809 y los primeros de 1810, la pequeña Guarnición de Astorga se defendió con gran coraje, llegando en sus salidas de combate, y para aprovisionarse de víveres, hasta el Orbigo y Benavente. En todas estas acciones tomarían parte en vanguardia los Tiradores del Bierzo de Antonio y Francisco Osorio.
“Don Joaquín San Clemente, comandante del 1º batallón de Infantería de Toledo y Ayudante general de la 4ª División del Ejército de la Izquierda. Certifico como don Antonio Osorio Capitán de Tiradores del Bierzo, se halló con su Compañía en la defensa de Astorga atacada en 9 de octubre de 1809, hizo una salida a Pobladura del Valle, e introdujo en la Plaza una crecida cantidad de trigo, hallándose los enemigos en Benavente”[85]
La llegada ante Astorga del 8º Cuerpo de Ejército del general Andoche Junot, en marzo de 1810, supondría el inicio del Sitio formal, quedando la Guarnición y su Población aisladas. Nicolás Mahy escribía desde Villafranca del Bierzo el 20 de abril una misiva a la Junta del Principado de Asturias en la que les anunciaba, en un tono desesperado, que el destino de la plaza de Astorga estaba ya sellado:
“Los franceses se han reforzado sobre Astorga de modo que hacen subir su número a 16.000 y con cerca de 2.000 caballos y artillería de batir…siempre aparentan el suficiente para atacar la Plaza, y aun a mi mismo con fuerzas decididamente superiores a las mías en número y clase por no tener yo ninguna caballería, y por descontado, debemos considerar la Plaza perdida…“[86]
Aún así, las tropas de Santocildes continuaron realizando salidas, cada vez más desesperadas, para intentar retrasar la construcción de las trincheras y baterías de asedio imperiales. Un vívido resumen de todas estas acciones nos lo hace el joven Capitán Francisco Osorio:
“Se halló en el bloqueo de Astorga el 9 de octubre de 1809 a las órdenes del general José Maria de Santocildes, en diferentes acciones contra las tropas del general Loison acantonadas en las inmediaciones de dicha plaza. Desde el 11 de marzo se halló en el Sitio de dicha plaza… se halló mandando dicho cuerpo en la salida que se hizo el 30 de marzo para desalojar a los enemigos de las fortificaciones en el punto de la Tejera, igualmente se halló mandando el punto avanzado de Rectivía…
El 22 de febrero mandó una salida y desalojó a los enemigos que se hallaban apoderados de san Justo y san Román. El 16 de marzo desalojó a los enemigos de unos molinos harineros de que se hallaban apoderados. El 21 de marzo mandó la columna de la derecha que salió a destruir la trinchera paralela a Puerta de Hierro que construyeron los enemigos en batería de brecha, logrando destruirla con mucha pérdida del enemigo.”
Desde primeros de abril las dos Compañías de Tiradores del Bierzo fueron destinadas a reforzar la defensa del arrabal fortificado de Rectivía. Así lo certifica Francisco Osorio:
“El 9 de abril, estando de primer Comandante del arrabal de Rectivía rechazó el asalto con gran pérdida de los enemigos, habiendo sido reforzado el punto para el efecto por todos los cadetes de la guarnición.”
Tras varios días de penosos trabajos por la lluvia, el 15 de abril llegaría el parque de artillería pesada de Sitio. Las prisas por tomar rápidamente la Plaza leonesa, a fin de reemprender el camino hacia Portugal en cumplimiento de las instrucciones terminantes de Napoleón, llevaron a Junot a ordenar un precipitado ataque sin dar tiempo a los ingenieros y zapadores a construir todas las obras necesarias para llevar a cabo un asalto con más seguridad para su Infantería.
Armada la batería de brecha francesa con nueve piezas de grueso calibre (a una distancia de apenas 270 metros de la muralla medieval) a las cinco de la mañana del 20 de abril (Jueves Santo) comenzaría el fuego de artillería que se prolongaría durante 30 horas consecutivas. El estruendo del combate llegó, sobre el viento, a más de nueve leguas de distancia:
“El horroroso cañoneo de este día se oyó distintamente desde León, saliendo muchas gentes de aquella ciudad a escucharle desde la pradera llamada del Calvario. Nosotros hemos oído a nuestros abuelos (que vivían a más de seis leguas de distancia de Astorga) que, desde los sitios en que se hallaban labrando sus tierras, se oía el sordo estruendo del cañón tan distintamente que se contaba el número de descargas que se hacían “[87]
Abierta brecha en la muralla, Junot, tras recibir una contundente negativa de Santocildes a rendir la plaza[88], ordenaría un asalto sobre la brecha y el arrabal fortificado de Rectivía a las 17.30 horas del viernes 21 de abril. Ambos fueron rechazados por los españoles en encarnizados combates que llegaron al cuerpo a cuerpo. Sin embargo, los franceses consiguieron atrincherarse en la brecha pasando la noche en ella.
Desesperanzado de recibir refuerzos, y tras haber conseguido resistir el tiempo suficiente a fin de conseguir una capitulación condicional que salvase a la ciudad y a su vecindario de los horrores de un asalto y saqueo generalizado, Santocildes, inerme ante el agotamiento final de sus municiones[89], capituló en la mañana del Sábado Santo, tras 33 días de Sitio formal, con honores de guerra concedidos por Junot.
Según un informe de un soldado de los Tiradores del Bierzo, escrito en Villafranca del Bierzo dos días después, tras lograr evadirse:
“ Marcelo Francisco, natural de Carracedelo, soldado de los Tiradores del Vierzo, cuyo Cuerpo estaba de guarnición en Astorga, y acaba de llegar a este Cuartel General, dice que jueves, viernes y sábado hubo vivo fuego de cañón; con el que abrieron la muralla por Puerta de Yerro, que el Domingo, á eso de las 4 de la mañana capituló la Plaza y que la Guarnición salió de la Plaza prisionera de guerra con Armas y Banderas el mismo Domingo a las dos de la tarde y entregó las armas en la Fuente Encalada, dirigiéndose seguidamente a la Bañeza.
Dice que la Ciudad ha padecido mucho por las granadas; que en la Catedral se quemó la Sacristía y parte de ella. Dice que la Guarnición sólo perdió 60 hombres en el Sitio. Que su Gobernador ha sido también prisionero de Guerra.
Dice que él, con otros compañeros, enterró en la Puerta de Yerro cien franceses, y vio llevar 20 carros de heridos a la Iglesia del Lugar de Carneros“[90]
Antes de marchar prisionera la guarnición hacia Francia, José María de Santocildes recompensaría a varios Cadetes y Sargentos de la Guarnición ascendiéndolos a Subtenientes para que fueran tratados como oficiales por los franceses. Así lo hizo también con los que habían servido en los Tiradores del Bierzo:
“ A los Cadetes don Diego Osorio y don León Ovalle, y al Sargento 1º don Francisco Sierra, concedí el grado de Subtenientes a nombre del Rey nuestro Señor el día de la capitulación porque hallándose ya propuestos para este empleo no fuese en Francia tan desagraciada su suerte, como lo sería considerándolos los enemigos Cadetes y Sargento, pero no dispensé la propia al cadete don José Osorio porque según me he informado posteriormente dejó el Comandante, por equivocación, de incluirlo en la Relación, y por lo mismo le hallo acreedor a dicho ascenso como los demás “
En recompensa al esfuerzo heroico hecho por las tropas y la población civil de Astorga durante el asedio, las Cortes de Cádiz premiarían a la Ciudad y a sus defensores por Real Decreto de 30 de junio de 1811. Así lo recuerda con orgullo Francisco Osorio tras regresar de su cautiverio en Francia en 1814:
“Fue declarado Benemérito de la Patria por las Cortes y condecorado con la Cruz de Astorga y el grado de Teniente Coronel”
Como símbolo del tenaz espíritu de lucha español, durante la marcha hacia el cautiverio en Francia de la Guarnición de Astorga, y en una poco conocida “Gran Evasión“, cerca del 40 % de los soldados y casi del 60 % de los oficiales (encabezados por el propio Santocildes meses después) conseguirían evadirse para volver a las líneas españolas.
De los cuatro hijos de Leandro Osorio que cayeron presos en Astorga, solo el mayor, Antonio, lograría evadirse de la columna de prisioneros:
“Se halló en el 2º ataque de Astorga antes de ser sitiada, el 9 de octubre en que se distinguió, como se puede ver en los papeles públicos del mes de noviembre. Se halló en todos los ataques y durante su Sitio y gloriosa defensa hasta caer prisionero, fugado del poder de estos pérfidos de la villa de Benavente el 24 de abril de 1810.”
Año de 1811.
La disolución de los Tiradores del Bierzo.
A pesar de la caída de Astorga las tropas españolas consiguieron mantener una vigorosa defensa en Manzanal y Foncebadón durante el resto de 1810.
En el Bierzo, Antonio Osorio, con los evadidos de Astorga y nuevos reclutas lograría reconstruir las Compañías de los Tiradores del Bierzo, que por su veteranía y prestigio volverían a formar en la Vanguardia de las fuerzas españolas. Así se certificaba el 20 de agosto:
“El capitán Antonio Osorio e Ibáñez…se halla mandando las dos Compañías que hay del Bierzo en la Vanguardia, y para que conste donde convenga doy el presente que firmo en Villafranca del Bierzo a 20 de agosto de 1810”[91]
El 16 de diciembre el Consejo de Regencia elevaría a la 4ª División española acantonada en el Bierzo a los efectivos y categoría de un nuevo Ejército de Campaña, el 6º Ejército. En todo este laborioso trabajo de organización Nicolás Mahy contaría con la ayuda imprescindible de un gran Jefe de Estado Mayor, el coronel Juan José Moscoso[92]. De él partiría la iniciativa de disolver numerosos batallones que apenas tenían efectivos para agrupar la fuerza disponible en menos regimientos, pero al completo de sus plantillas.
Dentro de esta reorganización los Tiradores del Bierzo serían disueltos en abril de 1811 pasando sus oficiales y soldados a integrarse en el Regimiento de Voluntarios de León. Este cuerpo, durante los años de 1811 y 1812, estaría formado mayoritariamente por naturales del Bierzo, la única comarca leonesa libre de la ocupación francesa.
Gracias a esta reorganización y al duro aprendizaje sufrido tras tres años de guerra, las operaciones realizadas en el verano de 1811 por el 6º Ejército Español cosecharían grandes éxitos en las llanuras de León. Astorga sería reconquistada en 1812, luego de otro duro asedio. En todas estas campañas que siguieron, los Voluntarios de León se distinguirían nuevamente, hasta la victoria final en 1814.
Antonio Osorio no volvería a encontrarse con sus hermanos pequeños hasta el final de la guerra; ello a pesar de que Francisco intento en varias ocasiones fugarse de Francia.
“…y conducido al Depósito de prisioneros en Francia en donde permaneció hasta el mes de enero de 1814, y se fugó y fue apresado y conducido a las Cárceles Públicas de aquel Reyno en donde estuvo hasta último de febrero que se volvió a fugar, y volvió a España a últimos de abril de 1814”.
[1] Carantoña Alvarez, F.(2008) Rugió el León. Todo el Mundo tiemble. El Levantamiento de León en 1808 [León].
[2] Posse, J.; “Memorias del Cura Liberal don Juan Posse con su Discurso sobre la Constitución de 1812“. Edición a cargo de Richard Herr. CIS, Madrid 1984.
[3] Instituto de Historia y Cultura Militar, Madrid (IHCM), Colección El Fraile, V, 864, Nº 3.163. Hay otra copia en la Colección Documental Privada de la familia Alvarez de Toledo de Villafranca del Bierzo. Carpeta 8ª, Doc. Nº 15.
[4] Archivo General Militar de Segovia (AGMS), 1ª Sección, Legajo S – 1306. Tomás Sánchez, de 41 años en 1808, se había alistado como soldado distinguido en 1785 en el regimiento de Toledo con 17 años, consiguiendo entrar en el selecto Cuerpo de las Guardias de Corps. Con ellas había combatido en Guerra de los Pirineos de 1792 a 1795.
[5] AGMS, 1ª Sección, Legajo S – 1.306.
[6] AGMS, 1ª Sección, Legajo M – 1.998.
[7] AGMS, 1ª Sección, Legajo S – 1.306.
[8] Archivo Histórico Municipal de Astorga (AHMA), Actas de la Junta de Defensa de Astorga (1808), Documento nº 323. Informe del Alcalde Mayor de Palacios de la Valduerna, el licenciado Francisco Plácido Cabrera.
[9] Actas de la Junta del Reyno de León. Archivo de la Diputación, Biblioteca Regional Berruela; mes de Junio.
[10] AHMA, Legajo nº 9, Caja nº 2.359, doc. nº 1.071.
[11] AHMA, Legajo Nº 8, Caja nº 2.357, doc. nº 1.
[12] Colección Privada Alvarez de Toledo. Villafranca del Bierzo. Carpeta 4, Nota 1ª.
[13] Actas de la Junta del Reyno de León, día 3 de junio, folio 23 vuelto.
[14] VVAA (2.009) El Bierzo en la Guerra de la Independencia [Ponferrada], suplemento del Diario de León en el Bierzo, Capítulo 1º “El Bierzo ante la Guerra de la Independencia” de J. A. Balboa. También: Archivo Histórico Nacional (AHN), Sección Estado, Papeles de la Junta Suprema Central, Legajo 83 S, doc nº 573. AHMA, Legajo 8, Actas de la Junta Local de Defensa y Armamento, Año de 1808, doc. Nº 12.
[15] Aparece en el Expediente Militar del subteniente ponferradino Santiago Valcarce Armesto una Certificación firmada por él y fechada el 11 de septiembre de 1816. AGMS, 1ª Sección, Legajo B – 150.
[16] AHN, Sección Estado, Papeles de la Junta Suprema, Legajo 74 D, doc nº 350. AHMA, Legajo 8, docs. Nº 4 y 10.
[17] AGMS, 1ª Sección, Legajo M- 4.752.
[18] García Fuertes, A. (2.002) Leoneses en la Independencia. Astorga y el batallón de Clavijo en la batalla de Medina de Rioseco, 14 de julio de 1808 [Astorga], pág. 25.
[19] AGMS, 1ª Sección, Legajo. S – 1306 y 2ª Sección, Legajo 224.
[20] AGMS, 1ª Sección, Legajo. Z – 160.
[21] AGMS, 1ª Sección, legajo B – 11.
[22] AGMS, 1ª Sección, Legajo C – 1.741
[23] Archivo Parroquial de San Pedro Castañero. Relación que da el Pueblo de San Pedro Castañero, Provincia del Bierzo, Reino de León, Partido de Ponferrada, en 1813 de la pasada guerra con Francia. Debo el conocimiento de este documento al historiador y amigo Manuel Olano, Director del Museo Municipal de Bembibre.
[24] A mediados de junio los arrieros maragatos habían traído de Asturias 8.150 fusiles y 2.000 pistolas. Actas de la Junta del Reyno de León, Año de 1808, día 20 de junio, folio nº 67.
[25] Actas de la Junta del Reyno de León, 1 de Junio de 1808, Libro 1, folios 18-19.
[26] AGMS, 1ª Sección, Legajo O – 850. Alistado como cadete en 1766 en el regimiento de Toledo. Veterano del Caribe, de Argel, embarcado en la Real Armada, y de la Guerra de los Pirineos. La Guerra de las Naranjas sería su última campaña.
[27] AGMS, 1ª Sección, Legajo S – 1.306.
[28] AGMS, 1ª Sección, Legajo P – 2.199.
[29] AGMS, 1ª Sección, Legajo B – 58.
[30] AGMS, 1ª Sección, B – 58.
[31] AGMS, 1ª Sección, Legajo O – 841, Carta escrita en Cubillos el 8 de mayo de 1812
[32] Actas de la Junta Suprema del Reino de León. La mayoría de ellas, aunque se organizaban algunas en cuatro Compañías, apenas tenían el tamaño de una Compañía reforzada, y a duras penas superaban los doscientos hombres.
[33] AGMS, 1ª Sección, B – 140.
[34] Así llamado en la Historia de Astorga porque llevaron como bandera el antiquísimo Pendón del mismo nombre que el marqués de Astorga había regalado a la ciudad en el Siglo XV. García Fuertes, A. (2.002) Leoneses en la Independencia…Ob. Cit.
[35] García Fuertes, A. (2.002) Leoneses en la Independencia. Astorga y el Batallón de Clavijo en la batalla de Medina de Rioseco, 14 de Julio de 1808 [Astorga].
[36] Para conocer en profundidad y detalle todo este proceso de formación de la División Leonesa y el conflicto declarado entre Cuesta y Valdés ver García Fuertes, A (2.006) La División Leonesa del Ejército de Castilla. Actuaciones políticas y militares de la Junta Suprema del Reyno de León en los comienzos de la Guerra de la Independencia. Congreso Internacional de Barcelona, [Barcelona]
[37] La derrota de los Ejércitos de Castilla y Galicia el 14 de julio en Medina de Rioseco ante las tropas francesas del mariscal Bessières. Ver García Fuertes, A. (2.003) Moclín, 14 de julio de 1808. Nuevos y viejos datos sobra la batalla de Medina de Rioseco “. Revista “ Researching & Dragona “, n° 19 y nº 21 [Madrid].
[38] Proyecto de fusión de las Juntas de León, Galicia y Castilla propiciado por Antonio Valdés tras la derrota en Medina de Rioseco, al margen de la autoridad del Capitán General Cuesta, y que fracasaría finalmente.
[39] Vaughan, Ch. R.; Viaje por España. Traducción y estudio de Manuel Rodríguez Alonso; Universidad Autónoma de Madrid, 1987. Su diario comienza con la salida del puerto de Falmouth el dos de agosto, y continúa con su viaje por Galicia, León y Castilla hasta llegar a Aranjuez. Allí asistiría a la primera sesión de la Junta Suprema Central.
[40] VVAA (2.009) El Bierzo en la Guerra de la Independencia…Ob. Cit., pág. 85.
[41] Archivo Histórico Provincial de León (AHPL), Protocolos Notariales de Juan de Dios Fernández, Caja 951ª, año 1808, 18 de septiembre, fº 218; en palabras del capellán Rafael Fernández se le dio este apelativo al 1º Regimiento.
[42] AGMS, 1ª Sección, Legajo Z – 160.
[43]AGMS, 1ª Sección, Legajo B – 11.
[44] AGMS, 1ª Sección, Legajo. S – 1.306 y 2ª Sección, Legajo 224.
[45] AGMS; 1ª Sección, Legajo C – 1.982.
[46] AGMS, 1ª Sección, Legajo O- 850.
[47] AGMS, 1ª Sección, Legajo B-2.070.
[48] AGMS, 1ª Sección, Legajo Z – 90.
[49] Chartrand, R. (1.998) Spanish Army of the Napolenic Wars ( I ), 1793 –1808, Osprey Military, Mens-at-Arms Series, nº 321. 1998, y Vela Santiago, F. (2.005) Bailén, el Aguila derrotada[Madrid].
[50] Actas de la Junta del Reyno de León, Sesión del 21 de agosto.
[51] AHML. Año de 1816, Intendencia. Legajo 186, nº 112.
[52] Archivo Basílica de san Isidoro de León, Fondo Luís de Sosa, Caja 315, doc. Nº 109.
[53] Coronel encargado de la formación del regimiento de Voluntarios de Benavente.
[54] AGMS, 1ª Sección, Legajo F – 1.039. Capitán de la artillería.
[55] AHMA, Legajo 8, doc. nº 195, Arévalo, 8 de septiembre.
[56] Actas de la Junta del Reyno de León, día 26 de septiembre, fº 58 recto.
[57] Gaceta de Madrid, martes 11 de octubre, nº 133, pag.1279, Valladolid, 28 de septiembre.
[58] Santillán, R. (1996) Ramón Santillán. Primer Gobernador del Banco de España. Memorias 1808 – 1856 [Madrid], pags. 47-48.
[59] Muñoz Maldonado, J. (1.833) Historia Política y Militar de la Guerra de la Independencia de España contra Bonaparte desde 1808 a 1814 [Madrid], Tomo I, pag.414.
[60] IHCM, CDB, Legajo 4, Carpeta XXIX, año de 1808. «Ejército del Centro, Operaciones en el Ebro».
[61]AGMS, 2ª Sección, División 10ª, Legajo 224. “ Expediente de Organización de los Voluntarios de León “. Representación de Tomás Sánchez a la Junta Central, Aranjuez, 29 de noviembre.
[62] Fuente original: Londres, en el Public Record Office, War Office ( WO ), 1/230, fº. 140; agradezco esta cita al historiador británico Charles Esdaile.
[63] AGMS, 2ª Sección, División 10ª, Legajo 224, Informe de Tomás Sánchez, Ob.Cit.
[64] IHCM, Colección “ General Blake “, Año 1808, Caja 1ª, Carpeta nº 29.
[65] AGMS, 2ª Sección, División 10ª, Legajo 224, Testimonio del comandante Félix Alvarez Acevedo.
[66] AGMS, 1ª Sección, Legajo. S-1306.
[67] Gaceta de Madrid, lunes 12 de diciembre, pág.1.577.
[68] AGMS, 1ª Sección, Legajo G – 2.834. Informe del Capitán Benito González de Andía, natural de Astorga.
[69] AGMS, 1ª Sección, legajo O – 845.
[70] Representación del general Javier Castaños a la Junta Suprema Central, San Jerónimo de Buenavista, 6 de enero de 1809. Recogido en: VVAA (1809) Reales ordenes de la Junta Central Suprema de Gobierno del Reyno y Representaciones de la de Sevilla y del General Castaños acerca de su separación del mando del Exército de Operaciones del Centro con las demás Contestaciones que ha producido este asunto [Sevilla], págs. 38 y 39.
[71] García de la Cuesta, G. (1.811) Manifiesto que presenta a la Europa el Capitán de los Reales Egércitos Don Gregorio García de la Cuesta, sobre sus operaciones militares y políticas desde el mes de junio de 1808 hasta el día 12 de agosto de 1809 en que dejó el mando del Egército de Extremadura [Palma de Mallorca].
[72] Idem.
[73] AGMS, 2ª Sección, División 10ª, Legajo 224.
[74] La Junta de León convocaría de nuevo a sus Voluntarios en los primeros meses de 1809 en las Montañas de Burón haciendo Mayor General a Luís de Sosa. El nuevo Comandante del regimiento sería Félix Alvarez de Acevedo.
[75] González González, F. (1990) Asalto y reconquista de Villafranca [Ponferrada], en Revista de Estudios Bercianos, nº 12, pags. 43 – 52, y VVAA (1809) Informes de los generales la Romana y Gabriel de Mendizábal sobre la reconquista de Villafranca del Bierzo a los franceses, en el Diario de Mallorca del miércoles 10 de mayo de 1809, nº 130, pags 525 – 528. Biblioteca Nacional de Madrid.
[76] AGMS, 1ª Sección, Legajo S – 1.306.
[77] García del Barrio, M. Sucesos Militares de Galicia, Edición de 1891 en La Coruña de Andrés Martínez Salazar, pags.100 – 101.
[78] Así llamadas por estar integradas por civiles que hacían la guerra bajo la cobertura legal del Gobierno Patriota.
[79] De 76 yuntas solo se salvaron 12.
[80] AGMS, 1ª Sección, Legajo O – 845.
[81] Silvestre Santocildes, J. Mª. (1815) Resumen Histórico de los ataques, Sitio y rendición de Astorga, de su Reconquista y Segundo Sitio puesto a la Ciudad, siendo Gobernador en la primera época, y Comandante General del Sexto Ejército en la segunda, el Mariscal de campo de los Reales Ejércitos, don Josef María de Santocildes. Escrito por el mismo [Madrid]. Ver también García Fuertes, A. (2.003) Resumen Histórico de los Ataques, Sitio y Rendición de Astorga escrito por el Teniente General José María de Santocildes. Madrid, 1815. Edición Crítica con Prólogo, Introducción y un nuevo Apéndice Documental [Astorga].
[82] Museo del Ejército, Toledo, Manuscritos. Expediente de José María de Santocildes. Legajo 29/18: Borradores de propuestas de recompensas e instancias dirigidas a S. M. en los años de 1811, 1812 y 1815 pidiéndolas para las fuerzas que a las órdenes del Brigadier don José María Santocildes defendieron la plaza de Astorga.
[83] AGMS, 1ª Sección, Legajo O – 841. Así lo recuerda Antonio Osorio el 29 de septiembre de 1812 al solicitar su retiro luego de tres años de servicios: “Don Antonio Osorio, Capitán 1º del 1er batallón de Voluntarios del Rivero. Hace constar por su Hoja de Servicios y otros dos documentos los que ha contraído por espacio de tres años y medio en esta Campaña, habiéndose hallado en varias acciones, y en el Sitio de Astorga, donde quedó prisionero con otros tres hermanos, y manifestando ser hijo primogénito inmediato poseedor de la casa y Mayorazgos que disfruta su anciano Padre, que no pede atender al cuidado y beneficio de estos. SOLICITA su retiro en los términos que V. A. lo tenga a bien. El Comandante del Cuerpo le contempla acreedor a ala gracia de retiro que solicita.”
[84] Pardo de Andrade, Manuel; “Semanario Político, Histórico y Literario de La Coruña (1809 –1810)“. Edición facsímil, Mª Rosa Saurín de la Iglesia. Fundación Pedro Barrie de la Maza, La Coruña 1996. Tomo I, nº 7, pag. 168.
[85] AGMS, 1ª Sección, Legajo O – 841.
[86] IHCM, CDB, Caja 14, Legajo 18, Carpeta 37.
[87] Rodríguez Díez, M. (1.909) Historia de la Muy Noble, Leal y Benemérita Ciudad de Astorga [Astorga] 1909. Reedición en León de 1981, pag. 426.
[88] Según la Memorias del Ayuda de Campo de Junot, André Delagrave, un disparo de artillería certeramente dirigido sobre el punto de las trincheras donde se situaba el Estado Mayor francés, fue la brutal respuesta de Santocildes. Delagrave, A. (1.902) Memoires du Colonel Delagrave. Campagne du Portugal 1810-1811 [Pàris]. Capítulo II, Asedio de Astorga, pags.23-28.
[89] Según certificación del propio general Junot en su informe al Emperador, a las tropas de Santocildes apenas les quedaban cartuchos para medio día de combate. Belmás, J. (1.837) Journaux des Sièges faits ou soutenus par les Français dans la Péninsule de 1807 a 1814 [Paris].
[90] IHCM, CDB, Año de 1810, Caja 16, Legajo 20, Carpeta nº 57.
[91] AGMS, 1ª Sección, Legajo O – 841.
[92] AGMS, 1ª Sección, Legajo M – 652.
